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PERDONA NUESTRAS OFENSAS ASÍ COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN

Libéranos de toda atadura así como Permitimos

a otros Vivir sus Experiencias

Comprensión y Liberación


1. Ejercicio Inicial

a. Toma un nudo de hilo o lana. Piensa en la manera como se hizo. Intenta deshacerlo. ¿Cómo se resuelve el nudo? ¿Y qué pasa si está muy enredado? ¿Cuáles son las consecuencias?
* (Para grupos). 5 o 6 personas hacen un círculo mirando al centro. Cierran los ojos. Estiran los brazos hacia delante y lentamente caminan hacia el centro hasta que tocan manos de otros y toman una en cada mano. Abren los ojos. Sin soltar las manos, intentarán deshacer el nudo.
b. Haz una lista de todas las palabras que asocies con “nudo”. ¿Qué relación tiene la actividad anterior con los nudos en las relaciones interpersonales? ¿Por qué se arman?

2. Reflexión

“¿Por qué te pones a mirar la paja que tiene tu hermano en el ojo y no te fijas en el tronco que tu tienes en el tuyo? Y si tú tienes un tronco en tu propio ojo, ¿cómo puedes decirle a tu hermano: «déjame sacarte la paja que tienes en el ojo»? ¡Hipócrita! Saca primero el tronco de tu propio ojo y así podrás ver bien para sacar la paja que tiene tu hermano en el suyo” [Mt.7,3-5].

El Perdón es la forma de liberación más profunda. Cuando te perdonas a ti mismo, lo haces gracias a la comprensión de tu realidad con tus limitaciones incluidas; así, desarrollas el arte de comprender a los otros, pues puedes ver que también ellos viven dentro de su realidad particular, imposible de conocer en su totalidad.

Para perdonar primero está la intención, que invita a observar la realidad de forma más amplia. Normalmente los problemas se resuelven cuando se dispone el espacio para conocer los hechos, pues lo cierto es que dichos problemas se originan a partir de un fragmento, de una parte de realidad magnificada. Cuando se elige el Perdón no se hace necesario conocer el por qué de la situación; basta con saber que hubo una percepción parcial, un temor, tensión o cualquier bloqueo detrás de las expresiones negativas; que las circunstancias son diferentes para quienes participan. Basta con la intención de no juzgar y el deseo de alivianar las cargas.

Equivocarse es propio de la naturaleza humana y su proceso de aprendizaje. ¿Quién dijo que los errores no estaban permitidos? Y sin embargo, molestan, pues no es lo que esperas —u otros esperan de ti— y poco a poco cuando ves en tu memoria, guardas los errores de los otros al igual que los tuyos. Estos pensamientos se vuelven como frutos que van dañando el interior, provocando juicios, exigencias, rigideces, actitudes de prevención y señalamiento y pérdida de la espontaneidad, de la libertad para actuar, para amar. Por temor al error se controla el comportamiento. Temer o cortar (negar) el error es también limitarse en la posibilidad de aprender de las experiencias.

Desenredando los nudos que tienes dentro puedes liberar las ataduras de tu corazón con respecto a otros. ¡Aligera el peso! Deja que el pasado se vaya para poder crear tu presente con una nueva actitud cargada de liberación. Abraza con sencillez tu naturaleza humana y la de todos, para volver a tu original claridad y liviandad.

3. Trabajo Individual

a. Para realizar este ejercicio necesitas estar dispuesto a observar de ti mismo lo que te cuesta trabajo.
Toma una hoja y escribe las cosas que te molestan de los demás. Revisa qué hay en el fondo de esa molestia.
Una vez hayas terminado, con honestidad y sin juzgarte o culparte por ello, reconoce estas actitudes en ti. Porque sólo molesta aquello que no queremos ver en nosotros mismos; esto es la Proyección o Reacción en Espejo. Esto te permite comprender que del mismo modo que en ti se dan actitudes que no puedes manejar completamente, ¡a los otros les pasa lo mismo!
b. Toma una experiencia dolorosa o por la que antes te hayas culpado o reprochado. ¿Qué aprendiste? Hay aprendizajes de la vida que de ninguna otra forma se hubieran dado y por lo que valen la pena las experiencias.
c. ¿Hay alguien a quien no hayas perdonado? ¿O alguien a quien no hayas pedido perdón? ¿Qué esperas para estar liviano?

4. Ejercicio Final

a. Recuéstate y con los ojos cerrados siente el latido de tu corazón y tu sangre. Coloca tu mano sobre tu corazón como una concha que lo escucha. Imagina que tu sangre va recogiendo desechos del cuerpo y llevándolos a los pulmones para que con cada exhalación sean liberados. Al inhalar traes nueva vida y al exhalar liberas. Siente cómo dejas ir viejos hábitos o máscaras... como la sangre de Jesús que libera los pecados, ahora todo en ti fluye y se limpia.
b. Realiza una oración para la liberación de críticas, reproches y todo tipo de culpas. Pide la apertura, pureza, disposición, entendimiento y comprensión necesarias para ti y para los otros.
c.
Haz ejercicios para las articulaciones del cuerpo que te permitan liberar estancamientos y mejorar tu movilidad. Masajea también las articulaciones de las palmas de las manos, las plantas de los pies, los dedos y el cráneo, que aparentemente están fijas.
 

 

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