IV

 

DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA

Danos Lo que Necesitamos en Alimento y Sabiduría

Aceptación y Entendimiento


1. Ejercicio Inicial

a. Si tuvieras la lámpara de Aladino, ¿qué deseos pedirías?
b. Toma una maleta y obsérvala. Define qué es. Qué contiene. Qué tipos de maletas existen y cuáles son sus funciones. Imagina que vas a hacer un viaje: ¿qué empacarías en tu maleta? ¿Cuáles cosas son necesarias? Toma tu maleta y mira lo que cargas en ella: ¿es imprescindible?
c. Imagina que la vida es una maleta. Revisa tu equipaje. ¿Con qué cuentas en ella para vivir? ¿De qué la has llenado?

2. Reflexión

“No trabajen por la comida que se acaba sino por la comida que permanece y que les da vida eterna. Esta es la comida que les dará el Hijo del Hombre, porque Dios, el Padre, ha puesto su sello en Él” [Jn.6,27].

La primera imagen de “pan” nos remite al alimento material. Sin embargo, habiendo Dios surtido la Tierra para las necesidades físicas del hombre, el alimento que continúa ofreciéndonos es esencialmente espiritual y desde ahí nutre todas las esferas del ser.

Infortunadamente en una sociedad que resalta lo material y crea necesidades a este nivel y la forma de satisfacerlas, se deja de lado la fuerza que tienen otras áreas del ser. Y sin embargo, rara vez quien “tiene todo” puede ser realmente feliz, al tiempo que muchas personas con grandes limitaciones materiales sí lo son. Cuando puedes ir más allá de lo evidente, compruebas que las necesidades que Dios está llenando se dirigen a la esencia; son las del alma, las de entendimiento y conocimiento, las de sabiduría y paz.

El entendimiento es una virtud que conduce y a la vez se basa en la apertura. Cuando reconoces la diversidad infinita dentro de este mundo y el cambio constante que es la vida, y eres consciente de las limitaciones individuales para desenvolvernos en ella, estás en la capacidad de comprender que siempre hay un “para qué” se viven las cosas y que se vive justamente lo que se necesita. Toda crisis se resuelve con un aprendizaje que ha implicado un cambio de paradigma y cuando la disposición a vivir las situaciones es amorosa, se aprende mucho más de ellas.

Ante una situación difícil se tienen dos opciones: o se sufre o se acepta. Ninguna de las dos probablemente la va a resolver más rápido, pero la apreciación permite que aflore una mejor disposición y puedas manejarla con más armonía y entendimiento. El sufrimiento es señal de que hay aspectos rígidos en ti. Sin embargo a nadie le es dado algo que no pueda manejar; subvalorar tus capacidades o las de los demás no ayuda. De ahí que sea indispensable conocerte y comprender, para que por muchos cambios o dificultades que traiga la vida, ésta te encuentre con el corazón dispuesto para entender, crecer con ello y alimentar tu espíritu.

3. Trabajo personal

a. ¿Cuáles son tus necesidades actuales? ¿Cuáles son tus necesidades aquí y ahora?
b. ¿En qué ves que Dios te alimenta?
c. ¿Cuáles son las cualidades o virtudes que te permiten también nutrir a los demás? ¿Qué tan dispuesto estás para nutrir a los otros (dar pan al hambriento, visitar al enfermo, escuchar al afligido, aportar comprensión y nuevas percepciones)?

4. Ejercicio final

a. Recuéstate (si es posible en pasto) y siente el apoyo del suelo. Relájate y siente todo tu cuerpo. Lentamente, ponte de pie; siente tu nueva postura física y a las plantas de los pies sosteniéndote. Camina lento, muy lento, muy conscientemente, centrando tu atención en el apoyo que te da la Tierra (los investigadores dicen que caminar requiere un mínimo esfuerzo; la fuerza de gravedad, los ligamentos y huesos hacen el trabajo de inclinarse para “ser caminado”). Siente cómo la Tierra te apoya por lo que eres.
b. Centra tu atención en el “Hoy”, en el presente. Aquí y ahora. Observa cómo la vida satisface muchos aspectos de ti que normalmente pasas por alto.
c. Los mensajes de Dios también pueden reconocerse en las apreciaciones sabias de otros. Rescata aquellas que alimentan el espíritu.
 

 

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