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III
HÁGASE TU VOLUNTAD
ASÍ
EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO
Que
tu Deseo de Unidad se Haga Realidad
Entrega y Voluntad
1. Ejercicio Inicial
a.
Visualízate en el Cielo durante unos
minutos. Luego describe detalladamente todo lo que lo constituye y los
sentimientos que lo acompañan (Si es en grupo, entre todos lo
reconstruyen).
b.
¿Cuándo has vivido el cielo? ¿De qué
depende que te encuentres en él?
c.
¿Hacia dónde se dirige en el fondo la
voluntad de todos los hombres?
2. Reflexión
“No amontonen riquezas aquí en la Tierra, donde la polilla destruye y las
cosas se echan a perder y donde los ladrones entran a robar. Más bien
amontonen riquezas en el Cielo, donde la polilla no destruye o las cosas
se echan a perder ni los ladrones entran a robar. Pues donde esté tu
riqueza allí estará también tu corazón” [Mt.6,19-21].
Una vez purificados el corazón y la mente, con la claridad y la
disposición para que Dios actúe, entregarle la voluntad es permitir que
con su fuerza se establezca una nueva comprensión y sentido de vida basado
en el amor. La voluntad de Dios no difiere de la del hombre; su
intervención impregna con la fuerza de lo sutil (el amor, la paz, la
sabiduría) lo material de la vida (situaciones, lugares, incluso
actitudes) y cuando te abres a Él, te prestas como herramienta de cambio a
la vez que lo vives en ti mismo.
Al pedir que se haga su voluntad estás listo para actuar a su manera. Y
paradójicamente esto no requiere mayor esfuerzo o sacrificio, pues cuando
las cosas se hacen con amor no cuestan ningún trabajo; por el contrario,
va creciendo la intención de vivir de esta forma hasta convertirla en
parte de sí mismo.
Aquí se trata de reunir la diversidad posible de habilidades en un solo
propósito. Nuestra civilización no conoce los alcances de una convivencia
en armonía debido a la constante guerra externa e interna que se ha
mantenido a lo largo de la historia. La forma de atacar la guerra ha sido
con guerra, incluso a nivel personal: la crítica, el rechazo, los juicios
de todo tipo, tanto contigo mismo como con los demás, son formas de tratar
al opuesto. En cambio, si tienes la intención de aprender de lo que es
distinto, das un paso importante para ajustar el sendero en uno solo que
permita construir juntos un mundo diferente por encima de las limitaciones
humanas y materiales. La conciencia y responsabilidad de las acciones de
la voluntad es también la base de la disposición individual.
3. Trabajo Personal
a.
¿Cuáles
suelen ser tus reacciones en momentos de dificultad, angustia o rabia?
b.
¿Hay alguna
situación o relación que te perturbe? ¿Cómo sueles manejarla? Después de
pensarlo con calma, ¿cómo podrías resolverla mejor?
c.
Muchas veces sabes cuales son las
mejores opciones, pero el orgullo o la impaciencia se interpone: ¿Esperas
algún tipo de recompensa por lo que haces por los demás? ¿Qué tanta
oportunidad le das al amor incondicional para demostrar sus resultados?
¡No siempre las ganancias son materiales! ¿Cuáles son las ganancias del
amor? ¿Qué tan significativas son para ti?
4. Ejercicio Final
a. Siempre que necesites
organizar o aclarar una situación, ve al silencio de tu corazón, pon las
manos sobre él e imagina la mejor respuesta. Pide a Dios confirmación de
tu acción.
b.
Recuéstate y relájate. Siente el apoyo de tus huesos. Centra tu atención
en la espina dorsal y visualiza cómo dentro de ella se están generando
anticuerpos y cómo se comunican con las células del timo (cerca al
corazón) que informan lo que se necesita. Siente la capacidad del cuerpo
de cambiar lo que no te pertenece o hace daño (lo que no eres) en lo que
eres. Únete a esa percepción como una forma de oración por la unidad de
todo tu ser y la del mundo.
c.
Haz una oración por todos los que has
sentido en contra tuya o de otros. Desde tu corazón, envíales el amor que
necesitan para actuar con mayor armonía.
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