II

 

1ª parte:

SANTIFICADO SEA TU NOMBRE
Un Espacio Sagrado Útil a La Vida
Pureza: Disposición e Introspección


1. Ejercicio Inicial

a. Evoca algún momento, objeto, ser o lugar sagrado. Trae a tu mente todo aquello que lo hace sagrado.

¿Cuál es su historia?

¿Cómo llegó a ti?

¿Qué sentimientos te acompañan al pensarlo?

¿Cómo lo cuidas o mantienes?

b. De acuerdo con lo anterior, ¿qué significa “Sagrado”? Escribe todas las palabras que se le asocien.
c. A nivel no material, ¿qué puede ser sagrado en la vida?

2. Reflexión

“Cuando ores entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está allí a solas contigo. Y tu Padre que ve lo que haces en secreto te recompensará” [Mt.6,6].

Santificar el Nombre de Dios es hacerlo Sagrado y para ello pueden concedérsele espacios como altares o, más especial aún, otro tipo de lugar interior: el corazón, centro de toda intención y acción. De nada sirve saber de la existencia del Padre Creador que todo lo Une si dentro de nosotros no le damos el espacio para que habite. Por eso Jesús nos invita a crearle un lugar para que esa Unidad reconocida en la primera frase, pueda desde allí iluminar permanentemente.

Del mismo modo que cuando se va a realizar una siembra importante, para crear un espacio sagrado el terreno ha de prepararse con devoción y perseverancia. Lo primero que se hace es limpiarlo, purificarlo para que ningún desorden distraiga del fin primordial, dándole espacio a la semilla de vida.

El Padre mismo participa en esa limpieza. A él puedes también entregarle todo lo que te aleja de Él; sólo una fuerza amorosa superior a ti puede transformarlo y por respeto a tu libertad, es necesario que tu intención y tu voluntad le den permiso para intervenir.

3. Trabajo Personal

a. ¿Qué consideras necesario dejar atrás (apegos, situaciones, sentimientos, ideas) de modo que puedas disponerte mejor para lo que está por llegar?
b. Frecuentemente se espera afuera lo que puede ser creado adentro. ¿Cuáles cosas quisieras que fueran sagradas para tu corazón?
c. ¿Qué tanto tiempo te concedes para el silencio y la meditación? ¿Cómo puedes darle más espacio a lo sagrado?

4. Ejercicio Final

a. Busca un espacio de silencio (ojalá uno destinado en tu casa para el recogimiento). Al respirar, siente que Dios también lo hace dentro tuyo. Junto con el latido de tu corazón y tu respiración, creas música, un lugar de paz y silencio dentro de ti. Desde ahí, desde este altar en tu corazón, todo es posible.
b. Durante el día, recuerda tomar una respiración profunda con la intención de despertar ese sentir del lugar sagrado dentro de ti y de Dios habitándolo.
c. En cualquier momento relájate y siente tu altar interior. Nota qué partes del cuerpo se despiertan y cuales están separadas. Sin juzgarlas, date cuenta y acéptalas con amor. De igual modo, detecta tus rechazos, prevenciones o temores; abrázalos en tu corazón.

 


2ª Parte:

VENGA A NOSOTROS TU REINO

Que tu Consejo Dirija Nuestras Acciones

Pureza Mental


1. Ejercicio Inicial

a. Siéntate cómodamente. Durante un minuto piensa en todos los problemas o situaciones difíciles de la vida que se te han presentado o se te pueden presentar. Siéntelos dentro de ti.
Ahora piensa durante un minuto en las situaciones agradables, amorosas, en las que has compartido en armonía o que pueden presentarse. Siéntelas.
Observa la diferencia en las sensaciones que hay entre estas dos. Reflexiona sobre el poder de la mente.
(Para grupos: en vez de pensar las situaciones, se verbalizan).
b. ¿Cuáles son los ideales que gobiernan el mundo de hoy?

2. Reflexión

“Y si la luz que hay en ti resulta ser oscuridad, ¡qué negra será la oscuridad misma!” [Mt.6, 23b].

Cada reino tiene su rey y sus leyes que lo unifican. Del mismo modo que a nivel externo, dentro de ti mismo también tienes un rey que dicta tus leyes y bajo las cuales actúas: tu pensamiento, tus ideas que son tus creaciones, semilla de tu realidad.

Pedir a Dios su reino dentro de ti es pedirle también que él gobierne tus acciones, y esto es, que en tu mente estén sus leyes. La contaminación del pensamiento con supuestos, juicios, deseos, nostalgias, críticas, definiciones, fantasías que distan mucho de la realidad concreta que estás invitado a vivir, todo ello sostenido en temores e inseguridades, te distancian de lo que tienes en el presente y de la disposición total para vivirlo.

La mente y la palabra tienen enorme poder; una palabra puede construir o destruir fácilmente; un pensamiento puede llevarte a la tristeza o a la alegría y constantemente el contenido de tu mente te hace ir de un estado emocional a otro. Cuando asumes esto con conciencia, notas que basta con el esfuerzo de detener pensamientos destructivos de cualquier clase y reemplazarlos por otros positivos que estimulen la acción y la unidad para ver cuánto cambia tu vida. Tu estado emocional y tu actitud frente a la vida está en tus manos.

Así, puedes disponerte para entrar en sintonía con el Amor, que es la ley de Dios. Sólo experimentándolo puedes comprobar su efecto unificador y creativo, y para vivirlo has de permitir al pensamiento que se impregne de él, pues en la mente está el motor generador del camino de la vida.

3. Trabajo Personal

a. ¿Qué tan consciente eres del poder de tu palabra mental y verbal?
    1. Observa la velocidad y el contenido de tu mente. Revisa los juicios, supuestos, generalizaciones, críticas, chismes, definiciones o estigmatizaciones de ti o los demás. Reemplázalos por observaciones más justas y positivas.
    2. Observa tus palabras. Sé consciente del efecto que causan sobre otros. Busca la manera de ser cada vez más impecable en el uso de tu palabra.
b. ¿Qué tan claros tienes tus ideales personales? ¿Suelen ser los que dicta la masa?
c. Hay quienes dicen que “los santos se hicieron practicando totalmente una sola de las frases del evangelio”. ¿Hay alguna frase que sea muy significativa para ti? ¿Cómo la vives?

4. Ejercicio Final

a. Tu altar interior te permite aclarar tus ideas y metas. Siéntate, relájate, entra en contacto con los ritmos de la respiración y el corazón. Pon tu mano sobre el corazón y visualiza alguna situación que te interese resolver. En medio del silencio y la tranquilidad, permite que tu corazón hable a tu mente sobre la mejor manera de resolverla. Al terminar, da gracias por este momento.
b. Concédete un tiempo cada día para entrar en silencio y tomar conciencia de las ideas que pasan por tu mente. Acéptalas y reconoce aquellas que traen malestar; englóbalas en bombas y déjalas ir por el aire o lánzalas a tu mar imaginario. Toma conciencia de tus sentidos y sentimientos cuando purificas tu mente.
c. Esta es una meditación muy profunda y muy especial, ideal para practicar todo el día: Camina y toma conciencia de la participación de tu mente en la dirección que tomas al caminar. Ahora involucra al corazón y siente que el movimiento del cuerpo ahora es dirigido por él.

 

 

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