I

PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN LOS CIELOS
Nacimos de la Unidad
Apertura y Unidad


1. Ejercicio inicial

a. En silencio, en el lugar donde estás, da un giro de 360° lentamente para reconocer todos los objetos, seres, colores y formas que están alrededor tuyo. Simplemente obsérvalos, siéntelos cerca de ti.


b. Durante 10 minutos realiza en silencio cualquier actividad; en ella sé consciente de la vida que se esconde en cada persona y elemento con que entras en contacto (una mesa esconde a su fabricante, un libro a su escritor e inspiración entre muchas otras cosas). Permítete sorprenderte con la cantidad de vida que te rodea detrás de cada objeto.


c. Expresa tus impresiones por escrito o verbalmente (cuando se realiza en grupo).

2. Reflexión

“En el principio ya existía la Palabra; y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Por medio de él, Dios hizo todas las cosas; nada de lo que existe fue hecho sin él. En él estaba la vida y la vida era la luz de la humanidad. Esta luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no han podido apagarla” [Jn.1,1-5].

Basta con un momento de detenerse a contemplar con el corazón abierto y sin juicios para detectar la gran cantidad de vida que se mantiene y recrea a cada instante. Sin embargo, se suele creer que la realidad es lo evidente, lo que normalmente se ve y se siente. ¿Qué tan amplia es tu percepción de la vida?

Las investigaciones indican que solamente podemos percibir con nuestros sentidos totalmente atentos máximo un 1% del universo circundante. Un 99% se sale de nuestras capacidades; las ondas electromagnéticas y muchas vibraciones, formas de luz y sonido, no se encuentran dentro de lo que puede captar el hombre (de hecho, todo objeto tiene una vibración propia); las palabras de la mente y las emociones también están allí causando un efecto aunque no sea palpable.

¡Cuánta vida!, ¡cuánto movimiento que normalmente pasamos por alto! ¡Todo está en permanente movimiento! Cada célula de cada elemento sobre esta Tierra vibra, tiene vida propia, se transforma y funciona en ciclos armónicos. Todo respira a su manera. Y todo, animales, vegetales, minerales, planetas, estrellas, participan en armonía dentro de esta gran unidad que llamamos Universo.

Dios está en medio de nosotros en este Universo de Vida. Cuando extiendes tu visión de Él y abres tu percepción, encuentras que la armonía y cooperación natural son parte de sus atributos. Sin embargo, mientras te sigas viendo como un individuo separado de esa unidad, seguirás sintiendo la división y fragmentación. En cuanto más consciente eres de formar parte de esa fuerza eternamente creadora, sentirás en ti esa creatividad y participación y del mismo modo podrás irradiarla desde tu corazón.

3. Trabajo Personal

a. ¿Me doy tiempo para detenerme a observar la vida? ¿Me siento unido a la vida que me rodea?


b. Las actitudes negativas son formas de defensa, por algún temor escondido. Sin entrar en juicios o reproches, sino en reflexión: ¿Cuáles de mis actitudes generan división? ¿Qué actitudes resultarían más eficientes?


c. ¿Soy consciente de que mi cuerpo, mi sentir, mi pensar y mi alma son una sola unidad? ¿A qué le he dado menos importancia?


d. ¿Acepto que la oscuridad en todas sus manifestaciones es también parte de la vida? ¿Tiendo a quedarme en las oscuridades de la vida? ¿Cómo puedo disponerme a vivirlas con mayor tranquilidad y apertura?

4. Ejercicio Final

a. Este ejercicio se realiza con los ojos cerrados. Repásalo, pídele a alguien que te lo lea o grábalo muy despacio.
Cierra los ojos. Durante 10 minutos, siente tu respiración permitiéndola fluir a su propio ritmo. Toma conciencia de cada movimiento al interior de tu cuerpo, de todo cuanto trabaja sin necesidad de tu atención. Notarás como cada vez hay más movimiento.
Visualiza que todo cuanto está alrededor tuyo respira también y comparte contigo el aire: seres humanos, plantas, animales, seres del cielo y la Tierra, objetos... Siente cómo al inhalar también te alimentas de parte de ellos y al exhalar das de ti, intercambiando.
Como si volaras, visualiza tu casa desde lo alto... poco a poco ve observando tu ciudad... ahora tu país... el continente... planeta... sistema solar... universo donde te encuentras. Obsérvalo todo como un gran cuerpo, como una unidad de la que eres parte... Vuelve del Universo a los planetas... la Tierra... el continente... el país... la ciudad... y el lugar en donde estás. Siente tu cuerpo. Abre lentamente los ojos.


b. Cada vez que respires siente que al inhalar renuevas la vida que habita en ti, despertando todas las partes de tu cuerpo, y al exhalar liberas lo viejo; permite que el oxígeno que apoya la regeneración de cada célula sea la manifestación de Dios Padre que a todos nos crea y mantiene en unidad. Hazlo como una oración.

 

 

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