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Ama a Tus Enemigos
“Yo les digo: amen a sus
enemigos y oren por quienes los persiguen. Así ustedes serán hijos de su
Padre que está en el cielo; pues él hace que su Sol salga sobre malos y
buenos, y manda la lluvia sobre justos e injustos. Porque si ustedes aman
solamente a quienes los aman, ¿qué premio recibirán? Sean ustedes
perfectos como su Padre que está en el cielo es perfecto.”
[Mt.5, 44-46ª.48], [Lc.6, 27-35]
1. Ejercicio Inicial
¿Cuál ha sido la situación más difícil de tu vida hasta ahora? Repásala
bien. Hoy, desde tu experiencia actual y habiéndola sobrepasado, ¿qué dejó
la experiencia? ¿En qué favoreció a tu madurez personal?
2. Reflexión
En este texto Jesús está pidiendo un amor más entregado y exigente, el que
obliga a mirar a quien no se quiere ver y a respetar a quien no lo hace.
Cuando se recibe algún tipo de ofensa, insulto o agresión, la reacción más
frecuente es igual, la de entrar en la defensa de sí mismo, aunque también
se termine agrediendo al otro. Jesús propone otro tipo de reacción: una
que por encima de todo considera la humanidad de todos los seres y
defiende la vida en todas sus expresiones.
Todo tipo de enemistad tiene una parte de orgullo y defensa de territorio
subyacente, y en mayor o menor grado se cierra la posibilidad de
comunicación y por tanto de conciliación. Allí hay algo de terquedad y
probablemente de ofensa, que resulta más fácil ver en el otro que en sí
mismo. Sin embargo, para pelear se necesitan dos: en uno puede existir la
clara intención de conflicto pero si no encuentra receptividad, es como la
semilla que muere por falta de agua.
El tipo de amor que se requiere para amar a los enemigos contiene en sí
mismo una fuerza más profunda y exigente, pues también requiere de la
confrontación consigo mismo y la participación que se tiene realmente en
la discordia. Todo lo que sucede afuera es repercusión de lo que sucede en
el interior y, como en un espejo, las relaciones interpersonales pueden
convertirse entonces en la mejor herramienta para el crecimiento personal:
lo que te molesta en el otro está reflejando aquello que te molesta en ti
mismo.
Esta es una de las verdades que resulta difícil de aceptar; el ego no
quiere reconocer que aquello que tanto perturba está dentro de sí. Pero,
si no fuera así, ¿por qué habría de molestar? Poner la otra mejilla es
también hacer un giro en la visión, cambiar la actitud y revisar qué es lo
que se está haciendo como para que el conflicto se mantenga. La paz y
armonía con todos los seres, independientemente de la gravedad de las
acciones de los demás, es algo que depende única y exclusivamente del amor
que se albergue y exprese en el corazón. Y posiblemente este tipo de
situaciones requieran de un amor mucho más poderoso, pero para eso también
está Dios siempre ofreciéndolo sin límites.
Estar en completa paz es una decisión personal. El enemigo que ves afuera
te recuerda el enemigo que está dentro de ti. Tan pronto te concilias con
ese que te habita, descubrirás la comprensión para mirar al otro con otros
ojos, con otra disposición en el corazón y verás la gran riqueza que trae
el ponerse en el lugar de los demás, que entre más distintos parecen más
te ofrecen para extender tu horizonte de visión de la vida.
3. Trabajo Individual
a.
Toma alguna actitud que quieras cambiar de ti. ¿Qué es lo que te molesta
de eso?
¿Para qué lo quieres cambiar?
Como todo tiene su utilidad, ¿para qué te ha servido?
Y finalmente, ¿cómo podrías obtener esas mismas ganancias de otra forma?
Si ya no necesitas esa actitud puedes dejarla fácilmente.
b.
¿Qué fortalezas has desarrollado
gracias a enfrentar situaciones complicadas en tu vida?
4. Ejercicio Final
Enciende una vela. Toma conciencia de la presencia de Dios contigo durante
este ejercicio representado en la luz de la vela. Recuerda a todas las
personas que de alguna manera rechazas, conocidas y desconocidas.
Ahora toma a una de ellas e imagínala en actividades cotidianas: con seres
queridos sonriendo... imagínala triste... sufriendo... ...tranquila.
Observa cómo lo que te molesta se vuelve relativo: lo que te molesta está
en tu relación con ella: ¿Cuál ha sido tu actitud frente a ella? ¿Qué es
lo que conoce de ti? ¿Qué cosas valiosas de ti no conoce? ¿Has intentado
relacionarte desde ahí? Imagina un encuentro con esa persona, con una
actitud diferente de parte tuya.
Para cerrar, agradece su presencia. Envía amor a todos aquellos en los que
antes pensaste, y dispónte para encuentros más comprensivos y amables.
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