El Mandamiento del Amor

 

 

“Entonces, uno de ellos, doctor de la ley, le preguntó para tentarlo: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el principal y primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo».  [Mt.22, 35-39]

1. Ejercicio Inicial

Escribe y/o pronuncia todos los valores derivados del amor. Relaciónalos con imágenes, con situaciones. Naturalmente sonríes cuando sientes en el corazón todas estas expresiones de amor. Toma conciencia de tu respiración y del funcionamiento de todo tu cuerpo, siente como sube tu energía, aumentan las defensas, sientes creatividad, iniciativa.

2. Reflexión

Cualquier intento por profundizar en estas palabras puede quedarse corto. Este mandamiento, que sustenta e impulsa todo lo demás, se refiere al sentir más profundo, que impregna el inconsciente y brota desde el centro como fuerza vital. El amor al que se refiere Jesús es el reconocimiento de la existencia de Dios adentro y afuera en todo brillo, vibración, luz, movimiento y calor, tan cerca de ti que está dentro, cuyo poder se expresa en creación permanente y transformante. Este amor influye sobre todo lo que hay dentro de ti conduciéndolo a niveles más elevados de maduración. Al actuar primero que todo en lo personal, mediante el aprecio —no rechazo— de todo lo que es tu ego, desvanece toda ambición, dolor y ansiedad del mundo material, trayendo plenitud al alma, a tus pensamientos, sentimientos y, por ende, acciones.

Ahora bien. Todo lo que se vive adentro se expresa hacia afuera y, de este modo, la única forma de comprobar que se ama es en las relaciones con las demás personas (“El árbol se conoce por su fruto” [Mt.12, 33]). Hay a quienes elegimos para estar cerca y hay quienes están por destino. Todos son nuestro prójimo: toda persona, conocida o no, que sea nuestro vecino en un momento dado. Y se trata de establecer una relación armoniosa con todas las personas. Cuando comprendes que dentro de ti existen “muchos yo” conciliables entre sí, puedes hacer que la relación con todo tipo de persona sea también armónica y cooperativa. Así, también el reconocimiento de Dios adentro se realiza en el afuera, provocando unidad y la capacidad de reconocer los esquemas o ideas que desde tu mente bloquean tu acercamiento a todos los seres humanos, para por fin asumirlos a todos como hermanos.

En estos tiempos se hace indispensable despertar la buena voluntad para unificar fuerzas en este proyecto universal de armonía. El amor a Dios logra cualquier cosa que te propongas y es este Amor el que provoca mayor flexibilidad para construir juntos una nueva sociedad. Si en medio de tanta oscuridad descubrimos esta fuerza, el gozo espiritual nos llenará de ahínco para el propósito de desvanecer toda diferencia, todo límite con los otros, que es lo mismo que experimentar la eterna luz de unidad que es Dios mismo.

3. Trabajo Individual

a. ¿Qué experiencias o ideas te alejan de creer en la fuerza del amor?


b. El temor es la fuerza que se opone a la del amor. ¿Eres consciente de tus temores? ¿Cuáles son los principales?


c. Describe situaciones personales donde hayas vivido el amor incondicional. ¿Qué regalos te han concedido?

4. Ejercicio Final

Toma un momento (ojalá diario) para evocar la presencia de Dios. Toma conciencia de lo mucho que suponemos de él y lo poco que sabemos: lo único que podemos comprender es que es el Ser que desborda de Amor. Permite que su presencia impregne tus pensamientos y sentimientos, y en oración, dale el poder de guiar tus palabras y acciones.
 

 

 

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