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7ª Bienaventuranza
Bienaventurados los que trabajan por la paz porque ellos serán llamados
hijos de Dios
Siembra paz, cuida la siembra
y cosecharás en todas las edades
1. Ejercicio Inicial
Recuerda algún proyecto que hayas desarrollado durante largo tiempo.
Repasa sus diferentes momentos: su comienzo, estructuración, plan de
acción, actividades concretas, resultados y conclusiones. A partir de las
conclusiones, mira cómo fueron dándose gracias a los compromisos que
asumiste, los cambios que se fueron dando y tu disposición comprometida
para lograrlo. Los proyectos a largo plazo, de compromiso constante, dejan
huellas más profundas. ¿Qué te dejó este en especial?
2. Reflexión
Saber desempeñar un trabajo es un arte que se va desarrollando con el
tiempo. Del mismo modo, traer la paz no es cuestión de un día sino de
disciplina y, como en una siembra, tiene etapas de preparación del
terreno, esparcir la semilla, cuidar de su crecimiento, cosechar y
celebrar los frutos.
El trabajo es un compromiso que no cuesta cuando es lo que se desea. Así,
quien desea la paz, y la unidad que brota de ella se ha desarrollado en el
corazón, siembra espontáneamente frutos de compasión y de apoyo que los
otros sienten con convicción.
El hijo es la personificación que comenzó también como una semilla y ahora
es vida en sí misma. Ser hijos de Dios es también ser expresión de su
herencia en este mundo, siendo sus instrumentos o canales que favorecen el
fluir de Su amor actuando a su manera. Esta forma de acción atrae a otros
para construir, partiendo de la maduración individual, un mundo de más
armonía. El impulso perseverante y disciplinado que se le de a una idea
puede lograr gigantescas transformaciones.
3. Trabajo Individual
a.
¿Qué te has propuesto trabajar para
traer paz a tu vida? ¿Cuánto te has sostenido en esos propósitos más allá
de sus fracasos?
b.
Presta atención a tus palabras: ¿Son optimistas o más bien tiendes a
señalar errores tanto tuyos como de otros? ¿Te quejas, rechazas, culpas o
por el contrario, buscas entendimiento? ¿Irradian paz?
c.
¿Qué ideales son necesarios para que tu
vida tenga más paz y emane paz para los otros? Organiza un plan de acción
posible y agradable.
4. Ejercicio Final
Siéntate cómodamente y evoca el sentimiento de paz. Nota cómo tu
respiración toma un ritmo tranquilo, despierto. Siente cada célula y parte
de tu cuerpo trabajando en paz unas con otras, cada una ofreciendo algo
diferente e integrándose con las demás. Observa la paz habitando en cada
rincón de ti y queriéndose expresar. Cada vez que te alteres, podrás
volver a este estado. Destina un tiempo de meditación cada día para
recordarle a tu cuerpo esta sensación y permite que la paz tome las
riendas de tu vida todos los días.
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