5ª Bienaventuranza


Bienaventurados los misericordiosos
porque ellos alcanzarán misericordia

Da con el alma y recibirás con el alma

 


1. Ejercicio Inicial

Piensa en alguien a quien no le has demostrado tu afecto como quisieras. Con materiales sencillos, elabora un regalo simbólico. Tómate el tiempo que necesites. Haz lo que te nazca desde el fondo de tu ser (Puedes hacer lo mismo por alguien que no se espera un regalo de ti). Dispónte para entregarlo con todo el corazón.

2. Reflexión

Se dice que cuando Jesús veía las necesidades de los que a él se acercaban, lo sentía «en las entrañas»; así siente una madre al hijo amado cuando algo le puede pasar, con amor absoluto, con compasión («padeciendo con»). Sintiendo profundamente el desconsuelo de los hombres, Jesús ofrecía soluciones profundas: para sanar las enfermedades iba directo al origen: el perdón de su pecado, de su alejamiento de Dios.

A veces parece que los intentos por ayudar a otros en su dolor se quedan en saber la historia y poco o nada se hace realmente, comenzando porque existe una enorme dificultad para escuchar y, por tanto, para vincularse de verdad. Tal vez se está esperando tanto la atención o reconocimiento de los demás que se olvida que los otros también la necesitan.

En la sociedad actual las conversaciones frecuentemente giran en torno a los problemas. Pareciera incluso que no se quiere salir de ellos; y bueno, finalmente generan ganancias, como la de estar acompañado. Y entre tanto problema, el corazón se va endureciendo. Sin embargo, una sincera sensibilidad despierta la capacidad de abrir la atención misericordiosa desde lo más profundo del ser, y con ella la sabiduría para un acompañamiento más eficiente. Y quien recibe este tipo de apoyo, eso mismo generará, por lo que obtendrá respuestas de amor y compasión igual a las que ha ofrecido.

La misericordia o compasión no es lo mismo que hacer por los demás las cosas que ellos pueden hacer por sí mismos. Acompañar y comprender asertivamente no se queda «simpatizando» con el sufrimiento del otro, sino que brinda ante todo fuerza, ánimo y la confianza necesaria en sí mismo para continuar... y hacer lo mismo por otros.

3. Trabajo Individual

a.
¿Qué tanto te encierras en tus problemas? ¿Buscas soluciones?


b. ¿Cómo está tu capacidad de escucha y misericordia, de ponerte en el lugar de los demás olvidándote realmente de ti?


c. ¿Utilizas frecuentemente la palabra «pobrecito» o alguna expresión similar con los otros y/o contigo?


d. ¿Haces algo por servir de respuesta a las necesidades de otros sin hacer por ellos las cosas?

4. Ejercicio Final

Destina un espacio para orar. Enciende una vela y se consciente de la presencia de Dios; siente tu unión como ser humano con todos los seres que viven distintas realidades, que se ven atrapados y sin luz en medio de las situaciones que padecen. Desde lo más profundo de tu corazón y de tus entrañas, envía misericordia. Pide a Dios que haga crecer esa misericordia en ti para ser instrumento suyo en el encuentro de la armonía y la paz que hoy tanto se está necesitando.
 

 

 

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