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3ª Bienaventuranza
Bienaventurados los mansos (afables)
porque ellos heredarán la Tierra
A mayor flexibilidad mayor resistencia
1. Ejercicio Inicial
Coloca un cojín o colchoneta cerca de ti como para caer en él. Párate en
un solo pie y resiste hasta donde más puedas; cuando ya no aguantes,
déjate caer. Si ya no tienes fuerza, tu disposición natural va a ser la de
soltarte totalmente; así no te harás daño. ¿Qué sentiste?
En grupo: Cada uno de los participantes asumirá un rol de animal. Suéltate
a personificarlo mientras entras en interacción con los demás animales.
Hasta que el coordinador no diga, deberán mantenerse en el rol. Se
comparte la experiencia.
2. Reflexión
Para la mentalidad occidental la idea de firmeza está muy ligada a la de
rigidez: rutinas que se confunden con disciplina, ideas inflexibles que se
toman como decididas y claras, personalidad invariable, gustos, hasta
músculos firmes como corazas externas son socialmente aceptados. De forma
muy sutil se estimula la innatural dureza y esto se va dando en el
carácter bajo la convicción de estar fortaleciéndose. Sin embargo la
naturaleza nos recuerda la necesidad de soltarse: si la Tierra no fuera
infinitamente flexible, no permitiría a la semilla entrar y brotar en
ella. Y lo mismo sucede con el cuerpo: si el arquero de Fútbol no se
suelta, puede quebrarse huesos fácilmente. Lo flexible es más resistente.
Doblegarse se ha entendido como perder el orgullo; así es difícil darse
cuenta de que todo cambia y estás aprendiendo a vivir cada momento. Cuando
en el interior las cosas son iguales siempre, esa forma de relación hará
que caigas fácilmente en rutinas o comprensiones preestablecidas e
inamovibles (incluso morales) y esta es la principal fuente de
sufrimiento. La vida en su naturaleza es cambiante y pide que lo seas
también, que cedas a cada momento y así permitas la entrada de nuevas
experiencias y comprensiones de ti mismo y de los demás.
Sólo de esta manera puedes estar receptivo para que surja en ti la bondad,
la humildad y la capacidad de confiar en la voluntad de Dios y recibir lo
que tiene para ti. Del mismo modo que en la Tierra, tu poder para crear y
producir, tu vigor y fortaleza, crecerán hasta traer nuevos frutos.
3. Trabajo Individual
a.
¿Qué aspectos de ti están rígidos? Ser objetivo en esto puede ser difícil;
entonces con el fin de crecer como persona, pregunta a alguien cercano.
b.
Presta atención a las conversaciones que sostienes. Puede que sea
frecuente definir (las características de ti mismo o de los demás, las
explicaciones, razones o causas de algo) o suponer según tus percepciones.
Mira esto desde el punto de vista de la rigidez y considera que las cosas
«pueden ser» como las planteas pero que también, como dice la canción, «de
según como se mire todo depende». Definir limita la posibilidad de
conocimiento.
c. Realiza ejercicios físicos de
flexibilidad y estiramiento; así el cuerpo recuerda a la mente la riqueza
de ceder y estar dispuesto. ¡Pon música instrumental y crea tu Danza
libre!
4. Ejercicio Final
Descálzate y camina por distintos suelos que incluyan pavimento y tierra.
Siente en la planta de tus pies la diferencia. Quédate en la tierra y
siente sus cualidades: su textura, temperatura... mientras caminas,
visualiza todo lo que se mueve bajo ella, la vida que continúa brotando
sin ser vista y la gran capacidad productiva que tiene. Acuéstate en ella
y siente que tu cuerpo y tu ser se une a ella. Respira con ella: toma y
suelta aire al tiempo que tomas energías y sueltas tensiones. Agradece...
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