Un Verdadero Cambio

Santiago Rojas, en su libro sobre Esencias Florales, enuncia tres tipos de cambio que se pueden realizar en una situación de vida, cualquiera que sea: El primero es la Sustitución: se toma el objeto y simplemente se reemplaza; con acierto afirma que esta es la forma más ineficiente de cambio, pues en realidad éste no se realiza. El segundo tipo es la Transformación: se toma el objeto y se le realizan modificaciones; el objeto se mantiene y se convierte en más aceptable; normalmente este tipo de cambio se realiza en las capas superficiales sin observar la naturaleza del objeto. El tercer tipo, el más profundo de todos, es la Transmutación: ante el que se observa la naturaleza del objeto.

Todos estamos capacitados para realizar cualquiera de estos tres tipos de cambio, y en el camino de encontrar cambios verdaderamente satisfactorios, podemos entonces acceder a la forma más profunda, que es la que proviene del ser. Vamos a comprender esto mucho mejor desde el ámbito de la Salud.

Sabemos bien que en esencia el cuerpo integrado del ser humano se compone de 4 niveles básicos: el plano físico, el emocional, el mental y el espiritual, en su orden, de mayor a menor densidad. Un ser que llamamos "completo" tiene en cuenta en sus procesos de desarrollo los 4 planos integrados; desconocer alguno de ellos es una forma de "amputación" de nuestra naturaleza, en la que por no reconocerlo no significa que dicho plano no actúa, sino que, por el contrario, ejerce influencia sin que lo notemos conscientemente.

Así, para ejemplificar, cuando se tiene un Dolor de Cabeza, dicho dolor se manifiesta y expresa desde los 4 planos:

‡  A nivel físico con la sensación de tensión que genera el dolor;

‡  A nivel emocional, guarda relación con altos niveles de angustia y/o ansiedad, por el miedo que desemboca en la sensación de incapacidad para manejar una situación entre otros factores;

‡  A nivel Mental, expresa un bloqueo por autocrítica e invalidación de sí mismo y exceso de pensar ("pensadera");

‡  Desde el Plano Espiritual refleja un problema de Orgullo y por tanto, un llamado de atención hacia la fe, la confianza en la Sabiduría que proviene de Dios.

Igualmente, el dolor entonces puede enfrentarse desde todos y cualquiera de los 4 planos:

¤  En el plano físico resulta útil una medicina; para los que optamos por la natural, puede ser esencias florales, agua aromática tranquilizante o presionar puntos de acupuntura, por ejemplo, tomando con los dedos índice y pulgar de una mano la carnosidad localizada entre los dedos índice y pulgar de la otra, en la parte más cercana a la Y que forman los huesos; se presiona durante 3 a 5 minutos mientras se toma tiempo para relajarse físicamente y luego se suelta; se siente dolor al presionar.

¤  Para el plano emocional, ayuda mucho la relajación física, visualizar una luz violeta o blanca que entra a la cabeza y la invade. También tomar tiempo para relajarse y observar el dolor; al cabo de un rato se intensifica; si se le observa sin resistirse a él, no genera sufrimiento; luego se localiza en un punto y va desapareciendo, y ese momento resulta indicado para un diálogo consigo mismo que nos revela el origen emocional del dolor. También ayuda tomar agua muy despacio y visualizar la entrada de agua al cuerpo y la energetización que provoca, llegando al cerebro y facilitando el fluido eléctrico en él así como el funcionamiento adecuado de todos sus procesos.

¤  Para el plano mental ayuda repetir "me amo y me apruebo; me veo a mí y todo lo que hago con amor; estoy a salvo".

¤  En el plano Espiritual una oración sentida de confianza en Dios.

Estos serían sólo algunas de las posibilidades; comprender todos los planos resulta más eficaz. Si se tratara de seleccionar alguno para empezar, trabajar el plano físico ayuda más en el momento del dolor para disminuirlo y poder acceder a los otros, y un trabajo completo dedicaría tiempo y energía a los demás, especialmente a los más sutiles que son los de mayor incidencia.

Lo mismo sucede en todas las situaciones de la vida. El plano físico es la expresión exterior de la percepción que se tiene internamente. Una persona que sufre dolor de cabeza no es que no tenga la capacidad de valorar sus procesos sino que la ha desconocido por un momento. Nuestra percepción provoca un concepto de la realidad de forma específica que expresa limitaciones en el exterior cuando existen en nuestro mundo interior; desde aquí, cualquier cambio verdaderamente favorable se realiza desde el interior, y espontáneamente se va notando en el aspecto físico a medida que éste se consolida.

 

 

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