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De
los sentidos hacia la mente
Frente
a la gran cantidad de pensamientos, se habla de "matar la
mente": y es que normalmente nos proponemos demasiadas cosas; nos
decimos demasiado, analizamos demasiado, conjeturamos, suponemos;
criticamos lo que no nos gusta o alabamos; programamos; deseamos,
aceptamos, rechazamos... Juzgamos: o bueno o malo, o bonito o feo, o lejos
o cerca, o adentro o afuera.
Sin
embargo, la mente es una herramienta bellísima y fundamental. Podríamos
pensar más bien en "soltar
lo innecesario",
de modo que nuestra atención se enfoque en la realidad cotidiana con una
mirada despejada de todo lo que vamos creando a partir del pensamiento.
Hagamos
el siguiente ejercicio:
Siéntate
en una postura cómoda con la cabeza y la mirada hacia abajo y cierra los
ojos...
(La primera vez que hagas el ejercicio puedes enfocar la mirada en el
texto mientras aprendes la secuencia, deteniéndote al finalizar cada
instrucción).
Comienza
por tomar contacto con tu respiración a su ritmo, de modo que poco a poco
te hagas aún más consciente de todas las partes y sensaciones de tu
cuerpo... Siente tu estar aquí y ahora... Sonríe suavemente... Pasa
saliva y así toma conciencia del sentido del gusto y, tanto como puedas,
de los movimientos al interior de tu cuerpo... Percibe los olores...
Escucha todos los sonidos posibles...
Lentamente
abre los ojos y observa tus piernas y tu cuerpo, tomando contacto visual
con él... observa todo tu cuerpo... Poco a poco extiende la mirada a los
objetos alrededor, con la conciencia de que este momento es totalmente
nuevo para tí y así todo puedes verlo como totalmente nuevo... siéntete
descubriendo tu mundo, conectándote con él...
Comienza
a mover lentamente tus manos; toma una mano con la otra y siente tu piel:
su textura, temperatura... recorre tu cuerpo con tus manos de la cabeza a
los pies... luego dispón tus piernas para ponerte de pie... ponte de pie
y camina con toda atención; recorre el lugar y toma conciencia de tu
capacidad de unirte a él gracias al movimiento... acércate a algún
objeto y tómalo; siente su textura, temperatura... finalmente, agradece
tu capacidad de sentir, de percibir; estírate como desperezándote y
tomando el mundo...
Aunque
muchas veces es la mente la que crea las sensaciones y actitudes, ella es
la gran receptora y organizadora de todo tipo de información sensorial;
detenernos en los sentidos apoya la posibilidad de darnos cuenta que la
vida nos va dando todo lo que necesitamos y mucho más, en tanto soltamos
lo que se espera y atendemos a lo inesperado que se presenta
permanentemente.
Sólo
mediante la conciencia despierta podemos conocer, estar presentes en el
mundo, con nosotros mismos y en cada situación. Activando la atención,
la mente cumple una función que sirve a la Vida, se despeja gracias a la
intención de entablar contacto con el presente y, así, podemos soltar lo
innecesario y sabemos más de la Vida misma.
Toda
interpretación que hacemos está limitada por la percepción que tenemos
de las cosas, y se convierte en un juicio. Si, por ejemplo, nos miramos a
los ojos, no con el deseo de investigar ni el temor que el otro
"descubra" algo en la mirada, sino con la valiosa y sencilla
intención de Entablar Contacto, la relación con nosotros mismos y con
los demás cobrará un sentido muy distinto, más amplio, abierto y
dispuesto para el saber, el amor y la Paz.
"Es
el amor, no como concepto intelectual ni un imperativo moral o cualquier
otra cosa. Es una emoción de fondo que existe cuando uno está conectado
con la energía disponible en el universo que, obviamente, es la energía
de Dios".
James
Redfield: La Novena Revelación
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