"MAS MIRAO MAL, ME QUEDAO CON TU CARA"

Galer�a de justicieros chungos del cine de toda la vida
Tanto revival chorra de los 80 y de los 90, tanto Mecano, y tanto echar la mirada hacia atr�s y nadie se acuerda de aqu�llos fen�menos audiovisuales que se repitieron en las estanter�as dedicadas al cine de acci�n en los videoclubs de la pen�nsula, archipi�lagos, Ceuta y Melilla. Hablar y clonar la est�tica ochento-noventera est� de moda y, consecuentemente, bien visto, pero ay de aqu�llas pel�culas en las que el justiciero de turno le sacaba las tripas al malo tambi�n de turno... hoy en d�a, dentro del �mbito de lo pol�ticamente correcto (el que acu�� el t�rmino habr�a de ser carne de estos justicieros), s�lo se permiten salidas de madre parecidas en ciertas producci�nes orientales y en todo lo que toca ese enfant terrible del cine yanqui quiz� sobrevalorado que es Quentin Tarantino. Pero que nadie se enga�e, el cine de antih�roes que se tomaban la justicia por su mano a base de repartir hostias como panes logr� su c�nit en esa �poca que ahora se recuerda de forma tan s�mamente selectiva. Los kilos de balas gastadas en acribillar al perverso personaje que encarnaba el mal y sus secuaces y esbirros, los litros de hemoglobina perdidos por �stos y la violencia como arma para equilibrar la balanza de la justicia no eran algo censurable ni la obra de un visionario que quisiese ilustrar qui�n sabe qu� tipo de met�foras, eran los ingredientes de una peli de acci�n como mandan los c�nones. Y en cuanto el cine oriental, concebir cine violento y cine de autor eran cuestiones contradictorias, pues si bien por entonces directores como Akira Kurosawa dedicaba metraje al fen�meno del samurai, en el otro extremo ten�amos las denominadas "pel�culas de chinos" en las que se repart�a estopa con patadas inveros�miles y llaves de kung fu que fueron responsables de que, por aquellos tiempos, muchos cr�os se apuntasen al gimnasio del barrio a aprender k�rate o judo (como fue el caso de un servidor).
�Por qu� hoy en d�a la violencia cinematogr�fica, ficticia, engendra tanto miedo y tanta sospecha? Habr� quien justifique esta cautelosa actuaci�n comprobando el nivel de influencia que tiene en el p�blico infantil y juvenil, y que vea consecuente que los zagales le metan una paliza al primero que se les cruce sin perder detalle del acontecimiento registr�ndolo en la c�mara de video del tel�fono m�vil, o que unos chavales pertrechados con escopetas se atrincheren en un instituto, o cualquier otra salvajada. Pues sepan, muy se�ores m�os, que si bien estos criminales justifican sus actos como macabra celebraci�n de filmes violentos, violencia ha existido en el cine desde sus comienzos, y saber discernir la ficci�n de la realidad es un problema mucho m�s grave que puede depender del sistema de valores que se nos inculca en todos los niveles de educaci�n. Este tema siempre me ha recordado a aqu�llos energ�menos que afirman que Wagner era un nazi xen�fobo y racista porque Hitler escuchaba sus arias. Desgraciadamente, la incultura y la estupidez, como la violencia, ha existido desde siempre. Pero para sociolog�as est�n Anthony Burgess y otros autores igual de iluminados.
Quiz� por todo esto, ahora, muchos cineastas abordan la violencia como una licencia art�stica, pero que nadie se lleve a enga�o, el g�nero que nos ocupa, como casi todo en la vida, es un modo de redenci�n ante las injusticias del mundo. Por eso, los Stallones, los Schwarzenegger, y los Charles Bronson, como ejemplos del justiciero chungo de los blockbuster de los 80 y 90, son los protagonistas de estas l�neas.
Marion Cobretti (Sylvester Stallone)
Cobra, 1986

Todo un cl�sico en la prol�fica filmograf�a dentro del g�nero del sinpar Stallone. Si en vez de tanto icompetente, el cuerpo nacional de polic�a contase entre sus filas con un tipo como Cobra, en Marbella los �nicos edificios que destacar�an de entre las casas de pescadores, ser�an monasterios y conventos de clausura. Prototipo de justiciero chulazo que se pasa por el forro los derechos de asesinos, delincuentes y dem�s gentuza, es el poseedor del look m�s macarra e intimidatorio de cuantos agentes del orden ha dado el s�ptimo arte. Marion Cobretti, teniente de la polic�a de Los �ngeles, es f�cilmente reconocible por sus oscuros ropajes de cuero, sus gafas de pera Ray Ban Aviator, cerilla a modo de "palillo del jugador de domin�", rictus del tipo "t� sigue toc�ndome los cojones...", y una pipa modelo Magnum 357 tuneada con la que impart�a la ley. Quitando estos tres �ltimos atributos, su imagen bien podr�a haber sido inspirada por uno de los mayores humoristas de todos los tiempos, Eugenio.

La trama de la pel�cula gira en torno a una especie de tribu urbana comandada por un tal Cazador nocturno, que se dedica a liquidar a golpe de mazo, hacha o cuchillo de temible estampa a quienes se les pone por delante. En una de sus macabras actuaciones, se les escapa por los pelos una mujer, Ingrid, modelo de profesi�n y residente en Los �ngeles (Brigitte Nielsen), que necesita protecci�n oficial al ser la principal testigo de uno de los asesinatos. Y claro, el currela m�s chungo del departamento de polic�a, Cobra, se dedica a escoltar a la periquita mientras sufre los m�s diversos intentos de asesinato por parte de los malos. Persecuciones, destrozo de coches (incluido el que sufre el Mercury Monterrey de 1951 de Cobra, pese a las mariconadas de �ltima tecnolog�a que incorporaba, como la turbopropulsi�n, gracias Contre por la informaci�n), musiquilla de mal rollo (misteriosos sintetizadores en momentos de puro thriller, soniquete de mazas chocando -especie de leiv motiv de los malos-, y �xitos ochenteros), t�rridas escenas pasionales entre Cobra e Ingrid, y violencia desmedida entendida como las m�s heterodoxas formas de acabar con los malos. Entre estas �ltimas destacamos dos, la que corre un tiparraco encharcado de gasolina que recibe la cerillita mordisqueada de Stallone hasta terminar como un ninot, y la que sufre el Cazador nocturno, colgado de un gancho como si fuese un jam�n de bellota, que lo traslada hasta las abrasadoras llamas de una siderurgia.
A modo de nota informativa, el gui�n de "Cobra" no fue el fruto de una noche de resaca, sino que se trata de una adaptaci�n de una novela de Paula Gosling realizada por el propio Stallone. �Extra�ados? Pues sepan que el bueno de Sly fue nominado al Oscar en 1976 en dos categor�as por "Rocky", la de mejor actor y la de mejor guionista, como lo oyen.
La frase: "El crimen es una plaga... y yo soy el remedio".
Paul Kersey (Charles Bronson)
Yo soy la justicia, 1981

El padre de todos. La historia de Paul Kersey, arquitecto y padre de familia, no tiene parang�n en el g�nero, ya que, encarnando a este personaje, Charles Bronson lleg� a participar en 5 pel�culas que versaban las aventuras de este vengador justiciero y concienciado urbanita. "Death wish" (Deseos de muerte) fue el nombre de esta saga de pel�culas, que en Espa�a fueron rebautizadas como "El justiciero de la ciudad" (Death wish, 1974), "Yo soy la justicia" (Death wish 2, 1981), "El justiciero de la noche" (Death wish 3, 1985), "Yo soy la justicia 2" (Death wish 4, 1987) y "El rostro de la muerte" (Death wish 5, 1994).
Una
de dos, o este personaje fue gafado de por vida por una gitana tuerta, o en otra
vida fue un hijo puta de cuidado, porque lo que este hombre sufre no es normal.
En la primera pel�cula violan a su mujer y a su hija, matando a la primera y
dejando graves secuelas psicol�gicas a la segunda. En la segunda pel�cula matan
a la hija perturbada del film anterior y a la criada mejicana. En la tercera se
cargan a un amigo, en la cuarta, las drogas matan a otra hija de un nuevo
matrimonio, y en la quinta unos mafiosos asesinan a la (nueva) prometida de
Kersey. Si este continuado tocamiento de cojones no es como para salir a la
calle con una pistola y acribillar a todo criminal, quinqui y yonqui que salga a
su paso, que baje Dios y lo vea. Aunque podr�amos detenernos en cualquiera de
las cinco pel�culas, destacaremos la segunda de la saga, quiz� por eso de que
tiene el nombre m�s chulo.
El
tipo en cuesti�n, Paul Kersey, ya las ha pasado canutas tras su primera
incursi�n en el servicio de limpieza de la ciudad, cargandose, uno por uno, a
todos los criminales que hasta el momento, le han destrozado la vida. Pero, como
el santo Job, a�n no sabe todo lo que se le viene encima. La principal
diferencia con el personaje b�blico radica en la forma de afrontar las
desgracias que le sobrevienen por las tropel�as perpetradas por los que le
buscan las cosquillas. En vez de lamentarse al ver de nuevo a su familia
ultrajada por macarras callejeros, se l�a la manta a la cabeza y sale a la
b�squeda de estos rev�lver en mano. Adios a los malos elegantes, finos y
calculadores. Aqu� los malos se ajustan m�s a lo que la Real Academia de la
Lengua define como personas pertenecientes a grupos marginados de la sociedad
por su forma de vida, criminal y pendenciera, a�ado; los quinquis.
La gracia de la peli consiste en ir viendo, detenidamente, los quehaceres de los sibilinos criminales cuando aparece este justiciero, otrora tranquilo ciudadano al que el continuo tocamiento de huevos convierte en un aut�ntico depredador. Ya sea con los malos d�ndole una somanta de palos a otro desgraciado, o robando, delinquiendo, en l�neas generales, Paul Kersey aparece cual fantasma del averno para repartir plomo en forma de balas que terminan impactando en zonas que van desde la cabeza hasta la zona inguinal del cabronazo de turno. Cabronazos que, por otra parte, saben que quien va a acabar con sus vidas es aqu�l tipo al que jodieron bien a gusto, pensando que un simple arquitecto no iba a tomarse la justicia por su cuenta. Si no, la cosa no iba a tener gracia ni mensaje: no delincas, chaval, que cualquier mindundi al que fastidies puede esconder bajo su aspecto borreguil y sosegado un implacable justiciero sin escr�pulos.
La frase (apuntando a la cabeza de un macarra hispano que lleva colgada del cuello una cruz de oro escala 1:1 y justo antes de volarle los sesos): "�Crees en Dios? Ahora vas a ir con �l".
John McClane (Bruce Willis)
Jungla de cristal, 1988
S�, reconozco que he visto "S�lo en casa 2"
(como t�, seguramente, no lo niegues). Y evidentemente, me he hecho la pregunta
que todo el mundo que la vi� debi� hacerse en su d�a: �c�mo co�o se van a
olvidar unos padres a su reto�o dos veces seguidas? Pues lo mismo pasa con las
peripecias de John McClane, que hasta en tres pel�culas tuvo la mala suerte de
estar en el lugar y en el momento equivocado siendo testigo de los vand�licos
actos de terroristas y mentes criminales diversas. Incluso se permite la iron�a
de comentarlo en la segunda parte de "Jungla de cristal": �pero c�mo
demonios me puede pasar esto otra vez?
Aunque la tercera entrega de la saga no se ci�e estrictamente a la pauta, el
hilo argumental viene a ser similar. John McClane, polic�a de Nueva York,
durante sus d�as de asueto, decide visitar a su mujer, por poner un ejemplo. Y
si ser� casualidad que en el preciso instante en que se relaja o en que visita
al se�or Roca para hacer sus necesidades, un peligroso escuadr�n terrorista
secuestra el edificio o monta la de San Quint�n en un aeropuerto, ya es mala
leche.
Ni
mear le dejan a uno. Los ladinos criminales, por su parte, se dedican a hacer el
mal (robar, b�sicamente, carg�ndose a todo el que se les pone por delante) sin
tener en cuenta que, escondido en alguna parte del edificio / aeropuerto, son
vigilados de cerca por un h�roe por accidente que dar� al traste con sus planes.
Si habl�bamos de indumentaria al referirnos a Cobra, no �bamos a hacer menos en el caso de McClane. Podr�amos clasificarlo como look casual, pantalones de pinzas, pies descalzos y una invariable camiseta de tirantes que termina con m�s mierda que el rabo de un oso (restos de sangre de varios tipos, sudor, p�lvora, gasolina... vamos, que al final de la pel�cula la camiseta andaba sola).
El personaje de McClane es un ejemplo m�s de un hecho que se puede desprender tras el visionado no s�lo de esta saga, sino aplicable al resto de tipos que tienen que tomarse la justicia por su mano: las fuerzas de seguridad (polic�a y FBI, b�sicamente) del pa�s del whopper trabajan menos que los Borbones, se quedan impasibles viendo como los malos se regocijan en su maldad. La justicia, como instituci�n personificada en jueces que tambi�n pecan de la misma pasividad, tampoco sale bien parada. Un ejemplo de lo primero lo tenemos en la primera pel�cula de la saga que nos ocupa en estas l�neas. Si bien en un primer momento aparece un poli que cree y apoya a McClane (Reginald Vel Johnson, m�s conocido por el papel de Carl Winslow en "Cosas de casa" -�habr� interpretado este actor m�s papeles que el de polic�a?-), no tarda en aparecer el FBI para a) desacreditar a McClane y b) cagarla bien cagada al morder el anzuelo de la trampa que le tiene preparado el malo, Hans Gruber (Alan Rickman). Al final, claro est�, la her�ica actuaci�n de nuestro justiciero se saldar� con los malos muertos, los buenos vivos, los del FBI a la altura del bet�n y el reportero amarillista de reminiscencias nievesherreriles gan�ndose una buena hostia.
La frase (invariablemente, al cargarse a alguno de los cerebros criminales): "Yipy-kay-yi, hijo de puta".
Harry Callaghan (Clint Eastwood)
Harry el sucio, 1971
Antes de ser reconocido, meritoriamente, como exquisito director de culto, Clint
Eastwood se pase� por las pantallas de medio mundo interpretando los dos papeles
que quiz� le dieron mayor fama; como cowboy de torva mirada y como el inspector
de homicidios del cuerpo de polic�a de San Francisco: Harry Callaghan. Como
vaquero, el bueno de Clint se ajusta bastante al papel de implacable justiciero
(sirvan como ejemplos "Cometieron dos errores" y "Sin perd�n"),
pero sin lugar a dudas, el que sirve de modelo al canon que aqu� predicamos es
el del agente de la ley desencantado por la ineptitud de la justicia. Criticadas
en su d�a por su violencia, las aventuras de Harry Callaghan se reparten en
cinco pel�culas, que van desde 1971 hasta 1988. La saga la componen "Harry el
sucio" (Dirty Harry, 1971), "Harry el fuerte" (Magnum force,
1973), "Harry el ejecutor" (The enforcer, 1976), "Impacto
s�bito" (Sudden impact, 1983) y "La lista negra" (The dead
pool, 1988).
Callaghan es toda una leyenda en el departamento de homicidios de la
polic�a de San Francisco, admirado por compa�eros y criticado por jefes que no
comparten los m�todos por los que se le conoce con el seud�nimo de Harry el
sucio. Como en toda pel�cula policiaca de la �poca, al protagonista, Harry, se
le asigna un compa�ero novato de rasgos hispanos que flipa en colores viendo las
t�cnicas con las que su instructor aborta golpes, suicidios o hechos delictivos
diversos. Todo esto es morralla hasta que la pel�cula entra verdaderamente en
harina. Entra en escena Scorpio (joder, esto es un nombre de villano, no
"Duende verde" o gilipolleces por el estilo).
De extraordinario parecido con
el otrora futbolista Robert Prosinecki, Scorpio (Andy Robinson) se gana la fama
de malo al secuestrar a una adolescente. La vida de esta pobre desdichada
depender� de la velocidad con que Harry le siga los pasos a Scorpio, que le va
dejando a aqu�l pistas que le llevan de una cabina telef�nica a otra por toda la
ciudad siguiendo las instrucciones que le va dando el p�rfido y canalla
criminal. Con nuestro justiciero echando los higadillos al haberse pateado media
ciudad a paso bastante ligero, Scorpio aguarda en un parque, lugar de la cita
final, para molerle a palos. Ergo la chica muere. El pr�ximo paso del clon malo
de Prosinecki es menos ortodoxo: contrata a un mat�n para que, en pleno �xtasis
masoquista, le propine una brutal paliza de la que Scorpio (viva imagen de "El
Lute" tras la somanta de palos) culpa, en p�blico, a Callaghan. Desacreditado y
con un mosqueo considerable, Harry le sigue la pista a Scorpio, que comienza a
preocuparse por las consecuencias que puede traer el tocarle los cojones a un
tipo como el que interpreta Eastwood. En la persecuci�n final, el malo no duda
en secuestrar un autob�s escolar para finalmente intentar huir a trav�s de un
complejo industrial medio abandonado. Ergo Callaghan le atrapa y, tras soltarle
la lapidaria frase de rigor, le mete un tiro. Los responsables de la cinta,
suponemos que sin considerar a�n el fil�n que ofrec�a el personaje, deciden
cerrar la pel�cula con Harry lanzando a sobaquillo su placa a las abisales
profundidades de las aguas estancadas del complejo industrial, una clara alusi�n
al desencanto y a la ineficacia del sistema judicial, o lo que se quiera pensar.
La frase (antes de cargarse a Scorpio): "Ah ah... s� lo que est�s pensando, cerdo; si dispar� seis balas o s�lo cinco. Te aseguro que con todo este ajetreo yo tambi�n he perdido la cuenta. Pero siendo este un M�gnum 44, el mejor revolver del mundo, un arma capaz de volaaaarte los sesos, �no crees que debieras pensar que eres afortunado?... contesta hijo de perra...." (Si quieres escuchar esta frase en versi�n original, pincha aqu�. Si no quieres pues no pinches, all� t�).
John Hatcher (Steven Seagal)
Se�alado por la muerte, 1990
Cu�n
injusto ser�a no incluir en esta secci�n a uno de los actores orgullosamente
encasillados en el rol de justiciero capaz de terminar con ese ej�rcito del mal
representado por mafiosos, asesinos, proxenetas y dem�s escoria a base de
repartir hostias como panes. La particularidad de los personajes interpretados
por Seagal, a diferencia de los anteriores at�picos h�roes citados, reside en
que a �ste no le hacen falta las armas de fuego para desatar un infierno all�
donde va. Considerado un Dios por los protot�picos fans de las artes marciales,
Seagal predica un mensaje claro en sus pel�culas, a falta de armas, buenas son
tortas, literalmente.
Para entender el tipo de papel que borda, es necesario repasar la biograf�a de este tipo metido a actor que, en tan s�lo nueve pel�culas, mandaba al otro barrio a un total de 187 maleantes. Entre otros datos relevantes, cabe decir que Seagal fue el primer occidental en impartir clases de aikido en Jap�n, pa�s en el que residi� durante algo m�s de diez a�os aprendiendo toda suerte de disciplinas y artes marciales. Fue en este pa�s en el que se impregn� asimismo de toda la cultura zen, convirti�ndose al budismo. A�os m�s tarde volvi� a sus Yanquilandia natal para abrir un gimnasio en el que uno de sus alumnos le propuso pasarse al cine para interpretar al t�pico chulazo reparte mandobles en pos de la justicia. Tambi�n se dice que trabaj� para la CIA como experto en seguridad, trabajo en el que conoci� a la que ser�a una de sus esposas, la deseada Kelly LeBrock, la mujer de rojo. Su primer papel cinematogr�fico le marc� para interpretar a posteriori todo tipo de polic�a o ex-polic�a que redime el crimen a patada y pu�etazo limpio. Incluso aqu� encontramos una particularidad, la criticada, por excesiva, violencia de la que hace uso en sus pel�culas, como es el caso de la que nos ocupa, "Se�alado por la muerte" ("Marked for death", agradecemos la falta de inventiva a la hora se espa�olizar el t�tulo).
John Hatcher trabaja como agente de la DEA, "Drugs Enforcement Administration",
agencia antidroga dependiente del departamento de Justicia de Estados Unidos. Su
apacible vida hasta el momento en el que viene a empezar la pel�cula se ve
truncada por una misi�n llevada a cabo en M�jico, en la que tras una cagada, su
compa�ero muere (advertencia: por mucho que escasee el trabajo, nunca os met�is
a compa�ero de polic�a con pinta de justiciero, s�lo caben dos posibilidades,
morir y quedar lisiado).
A la
vuelta a los USA, consternado, y como buen cristiano que es, confiesa sus pecados
en la parroquia del barrio, haciendo hincapi� en el hastiazgo que le procura la
impura vida que lleva haciendo uso de la violencia en nombre de la ley. El
p�rroco, quiz� m�s hastiado todav�a de escuchar la retahila de razones que aduce
Hatcher, le recomienda a este que vuelva a su Chicago natal y que se de a la
vida contemplativa. Lo que el agente no sabe empero, es que su barrio, otrora
oasis de tranquilidad, es ahora un lugar en el que los capos jamaicanos de la
droga campan a sus anchas esparciendo un clima de terror y mal rollito vud�. Sin
quererlo, Hatcher se ve involucrado en un tiroteo entre bandas rivales que tiene
lugar, prec�samente, en el bar en el que nuestro personaje tranquilamente se
toma una copichuela. Al cargarse a varios de estos traficantes en la escaramuza
formada, el temible Screwface -l�der de una de las bandas- jura hac�rselas pasar
putas a Hatcher. El primer acto de maldad contra la figura del ex-agente va
dirigido contra su sobrina, a la que los ladinos traficantes disparan a
bocajarro no sin antes intentar hacer lo mismo con su madre, a la saz�n hermana
del personaje interpretado por Seagal. Suponemos que con este tipo de actos, los
criminales creen hacer ver al h�roe de turno su err�neo comportamiento esperando
que salga huyendo hacia el m�s remoto lugar del planeta o que se entregue para
sufrir una muerte r�pida. Pero los hay que no aprenden; atacar a familiares,
amigos o mascotas es, como hemos visto hasta ahora, el motivo que m�s le hincha
las pelotas al t�pico justiciero con pocos escr�pulos y menos ganas de que los
jueces arreglen las cosas. Con un mosqueo considerable, Hatcher promete vengar a
su familia, y acompa�ado por Max, amigo de este, y Charles, polic�a jamaicano
que le sigue los pasos a Screwface, comienza a seguir los pasos de la p�rfida
banda de narcos. Estos, por su parte, har�n lo propio, intentar dar caza al tr�o
calavera que intenta acabar con su ilegal trapicheo a gran escala. Tras
infinitos tiroteos, patadas voladoras, piquetes de ojos y variadas pr�cticas de
vud�, la pel�cula nos muestra el enfrentamiento final entre el Bien -Hatcher- y
el Mal -Screwface-. Como no pod�a ser de otra manera, el malo sufre una horrible
y cruenta muerte a manos de Seagal, al que se le ve disfrutar mientras le
arranca a aqu�l los ojos y el coraz�n como detalle final, tras romperle alg�n
que otro hueso de cuajo . Criaturita...
La frase (tras vaciar un cargador sobre un criminal y lanzar a otro por una ventana): "Uno pens� que era invencible. El otro que pod�a volar. Ambos se equivocaron".
Ben Richards (Arnold Schwarzenegger)
Perseguido, 1987
Como colof�n a este sucinto repaso sobre estos valedores de la justicia que no
dudan a la hora de actuar al margen de la ley para que �sta prevalezca,
terminaremos con uno de los filmes m�s delirantes de Arnold Schwarzenegger (no he
necesitado recurrir a google para escribir el nombre correctamente, no en vano
tuve un poster de "Terminator 2" colgado de la pared de mi habitaci�n en la �poca
en que sali� la pel�cula y a fuerza de verlo soy capaz de deletrear semejante
apellido sin pesta�ear), uno de esos personajes a los que una especie de
psic�tica transmutaci�n les hace creer que sigue aplicando justicia ya en la
vida real en el estado de California. Cuestiones morales aparte, por mucho que
reniegue de los roles actorales violentos por los que se hizo famoso -como si
ahora fuese la reencarnaci�n del Dalai Lama-, y por mucho que se rebusque en su
filmograf�a, rara es la pel�cula en la que no mata al menos a una docena de
desgraciados. Si hemos escogido "Perseguido" quiz� sea por su visionaria concepci�n de los programas televisivos del futuro; luego ya vendr�an Grandes Hermanos, Islas de los famosos y dem�s "telerrealidades" (con unas comillas de aqu� a Tegucigalpa). La peli ubica la acci�n en el a�o 2019, y se centra en un programa televisivo lider de audiencia, "El corredor", especie de San Ferm�n en el que un recluso concursa para lograr su libertad y p�blica redenci�n. El mecanismo del programa es sencillo, en un inmenso per�metro restringido lleno de c�maras en Los �ngeles se suelta al preso y a una especie de grupo de
gladiadores del futuro, los Cazadores, cuya misi�n es dar caza al concursante.
Al tiempo, ya veo a Mercedes Mil� soltando a las hordas del mal por las calles
de San Agust�n de Guadalix pidiendo la cabeza de cualquier imputado en el caso
Malaya. Pero a lo que vamos, uno de esos concursantes es Ben Richards,
ex-funcionario que fue encarcelado al negarse a disparar desde un helic�ptero a
unos pac�ficos manifestantes que piden comida (como en toda pel�cula futurista
que se precie, se supone que
Estados Unidos se ha convertido en un pa�s
totalitario - he dicho se supone, �verdad?). Ya tenemos pues la excusa perfecta,
el motivo por el que se le calienta la sangre al prota, no s�lo se le castiga
por apelar a los derechos humanos, sino que, adem�s de aparecer como el
responsable de la masacre, pues los manifestantes terminan siendo exterminados,
encima se le condena a participar en un programa del que no sale vivo ning�n
concursante. En "Perseguido" el n�mero de personajes buenos se cuenta con los dedos de una mano; el de Arnold, el
interpretado por Mar�a Conchita Alonso, y otros dos m�s de menor transcendencia art�stica, que al igual que Chuache concursan en "El
corredor"; el resto son una panda de hijos de puta de cuidado: William Laughlin,
presentador del programa y superestrella televisiva; los cazadores, mal�simos
pertrechados con las m�s dispares armas para acabar con los concursantes; el
grueso de la sociedad, masa sedienta de sangre enganchada al programa. Se podr�a
duiscutir la idea de la televisi�n como moderno opio del pueblo, la obscena
fascinaci�n que existe por la violencia televisada y dem�s, pero recuerden,
estamos hablando de una pel�cula de Scwarzenegger... por lo dem�s, el desarrollo
de la pel�cula no deja lugar a las sorpresas: los malos, en pos de aniquilar a
nuestro protagonista, terminan cayendo como chinches, pero sufriendo, como ha de ser. El p�blico del programa, por su parte, pasa de romperse las vestiduras al comprobar el infierno de desata Richards, viendo morir uno a uno a sus �dolos televisivos, a admirar a aquel por los huevos que le echa al asunto. El final, brutal, Chuache termina llegando al plat� del concurso y, tras desvelar la cruel farsa haciendo hincapi� en el hecho de que la violencia no ha de ser un espect�culo, asesina al p�rfido presentador al lanzarle a toda leche por el tunel por el que, hasta ese momento, sal�an los concursantes.
El proceso de producci�n de la peli est� lleno de curiosidades: "Perseguido" est� basado en una novela de Stephen King, que apareci� en los cr�ditos con el seud�nimo de Richard Bachman, escrita en el tiempo r�cord de 72 horas. La direcci�n de la cinta corre a cargo de Paul Michael Glasser, el Starsky de la televisiva serie "Starsky y Hutch", realizador que se decant� por Schwarzenegger como protagonista de la pel�cula, qued�ndose con las ganas otros actores, como Dolph Lundrgen o Christopher Reeve, que estuvieron a punto de interpretar al sufrido Ben Richards. Y otras cosas menos transcendentes...
La frase (con Chuache teniendo a su disposici�n a uno de los tecnogladiaroes, que, desarmado, le ruega no mandarle al otro barrio): "No, no matar� a una persona indefensa, ni siquiera a un marica s�dico como t�..." (Sobra decir que, posteriormente, este tecnogladiador sirve como abono a las petunias, como todo quisqui que no tuvo m�s cojones que formar parte del grupo de los malos de la pel�cula).
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