
o San Dios, qui�n me mandar�a a m� invitar a Jessica Fletcher

Como
visitante de esta p�gina, nadie duda de las intenciones de la bell�sima
persona que que eres. Pero supongamos por un momento que en tu dulce existencia,
aparece una mosca cojonera que no te deja vivir en paz. Las opciones para
evitarlo, evidentemente, son muchas, pero volvamos a suponer que te inclinas por
la m�s radical. Tras a�os planeando como cargarte al cenizo de turno, se te
presenta una oportunidad pintiparada para mandarle a dar la tabarra a san Pedro
bendito. Una fiesta, o una presentaci�n de un libro, o una reuni�n familiar,
siempre con varias decenas de sospechosos a las que cargar, y nunca mejor dicho,
el muerto. Cojonudo. Lo tienes todo preparado, suena el timbre y se te presenta
Jessica Fletcher con las maletas.
Pues nada, yo de t�, me olvidaba de lo de cargarse a la gente, me piraba al
aeropuerto y cog�a el primer avi�n con destino a cualquier rep�blica bananera
en la que la v�ctima en potencia no te pudiese encontrar. Porque si a�n con la
se�ora Fletcher rondando por los alrededores se te ocurre seguir con tu plan,
vete eligiendo entre celda con vistas a la calle o al patio.
Ci��monos a la serie que para luego es tarde. La acci�n se centra en un pueblecito de Maine llamado Cabot Cove. Un pueblecito normal, con su sheriff, su m�dico, sus tranquilas gentes, y sus cr�menes cada dos por tres. Llegaba a ser una especie de Puerto Urraco yanqui, solo que a lo bestia. S�lo decir que la acci�n se tuvo que desplazar a otros lugares en los que nuestra Jessica Fletcher aparec�a cual poeta de la mousse porque, de seguir situando los cr�menes en Cabot Cove, no iba a quedar ni el cartero.
El
caso es que nuestra protagonista se dedicaba al saludable ejercicio de escribir
novelas de misterio, y es que viendo lo que la rodeaba s�lo le quedaba esa opci�n,
aparte de la de montar una empresa de pompas f�nebres en Cabot Cove, negocio
que seguramente le reportar�a m�s beneficios que las ventas de sus
apasionantes libros.
Porque como San Miguel, donde iba, triunfaba. Fuese a donde fuese, alguien la
cascaba. Aparte de las consabiadadas horas delante de la m�quina de escribir,
am�n de otras actividades como dar paseos en bicicleta saludando a todos los
habitantes del pueblo, o la de investigar, linterna en mano, el jard�n de turno
en busca de pistas, poco se sabe de la vida de nuestra protagonista. Por lo
visto, antes de lanzarse a la vor�gine editorial, Jessica Fletcher, viuda de un
se�or Fletcher del que nunca se supo, trabaj� como profesora sustituta
formando parte de una asociaci�n de padres de alumnos. Pasando revista a las
envilecidas hordas de alumnos de la E.S.O., es normal que la se�ora Fletcher,
que ya no estaba para muchos trotes, abandonase la ense�anza y se dedicase a
otros menesteres m�s tranquilos. Tranquilos para ella, claro, porque en su
barrio los vecinos fijo que no dorm�an, y seguro que iban al ba�o en grupos de
tres para no quedarse solos con qui�n sabe qu� asesino en potencia.
La
l�nea argumental de la serie ten�a dos variantes, la que situaba la acci�n en
Cabot Cove, y la que se centraba en otras ciudades, para no acabar con el nivel
demogr�fico del pueblo, con la consiguiente consigna de "No es un
chiste, Cabot Cove existe". En cuanto a la primera opci�n, decir que
para los habitantes de este peculiar pueblecillo, el lema del cuponazo "te
puede tocar a t�", ten�a connotaciones mucho m�s macabras de lo que
pudiera imaginarse. En este caso, el argumento ven�a a se siempre el mismo.
Jessica es invitada a una cena familiar, una boda o una comida campestre. En el
transcurso de la reuni�n, se produce una acalorada discusi�n con amenazas de
muerte de por medio entre dos individuos, el individuo A ("fiambre") y
el individuo B ("sospechoso"). Al poco, el individuo A consolida su
condici�n de fiambre y aparece con un cuchillo clavado en la espalda, con la
marca de un jarronazo en la cabeza, con dos tiros... Es entonces cuando aparece
otro de los personajes fijos de la serie, el doctor Seth Hazlitt. La secuencia
es la siguiente: alguien, por lo general la cu�ada de la v�ctima,
descubre el cuerpo sin vida, grita, al lugar acuden en tropel todos los
sospechosos, el m�dico se acerca al cad�ver, que ha aparecido con 37 pu�aladas,
le toma el pulso y al rato se vuelve hacia el grupo de sospechosos, todos con
cara de consternaci�n, buscando la mirada de nuestra Jessica. Es entonces
cuando sentencia "est� muerto". Llegados a este punto, es de
estudiar el caso del m�dico. En un total de 264 episodios, ni una puta vez
apareci� curando una gripe ni unas anginas, el t�o s�lo certificaba
defunciones. Eso s�, le sobraba el trabajo, aunque uno se pregunta qu� ser�a
de este hombre de no existir la seguridad social, porque poco iba a cobrar a sus
pacientes. Sigamos con la secuencia. Tras el correspondiente chan cha cha
chaaan de la m�sica para crear ambiente de tensi�n y fundido a negro, la
siguiente escena tiene lugar en el exterior de la casa - mansi�n - residencia
del siniestro crimen. Mientras unos enfermeros trasladan al sujeto A
(recordemos, "fiambre") envuelto en un saco negro a una ambulancia (en
todo caso conducida por el doctor Frankenstein, en los USA los coches f�nebres
deben de ser para los inmensamente ricos),
el sujeto B ("sospechoso" "yo no he hecho nada, soy
inocente...") sale de la casa esposado y escoltado por otro de los
personajes para echar de comer aparte; el sheriff Amos Tupper. Valiente
personaje que comparte incompetencia con el m�dico, ya que a lo largo de los,
recordemos, 264 episodios, que se dice pronto, ni en una puta ocasi�n detuvo a
la primera al culpable, tiraba por lo f�cil y enviaba al calabozo de la comisar�a
del pueblo al que no era, que siempre hab�a discutido previamente con la v�ctima.
Como en el caso del m�dico, nunca se le vi� poner una multa, investigar ning�n
robo (de esto, como de los cr�menes se encargaba Jessica Fletcher), ni disparar
un solo tiro. En fin, pese a ajustarse bastante al canon de funcionario del
Estado al no dar palo al agua y al no cumplir nunca la funci�n que le estaba
encomendada, ninguno de los sospechosos injustamente detenidos interpusieron
acciones legales que le relegasen a patrullar el desierto cuando menos. Aunque
bastante suerte corr�an los sospechosos, porque de haber situado los guionistas
la acci�n de la serie en el Estado de Tejas y no en el de Maine, la silla el�ctrica
dejaba sin luz de M�jico para arriba.
Indudable
referente de personajes como Margarita Landi,
Jessica Fletcher abanderaba la investigaci�n y comenzaba a interrogar a los
sospechosos; el sheriff por su parte, si acaso daba un poco el co�azo haci�ndoles
preguntas intranscendentes. En todos los episodios nuestra protagonista se
escabull�a a medianoche del dormitorio que ocupaba en la casa lugar del crimen
y se pon�a a investigar, linterna en mano, por el jard�n. Cualquier ne�fito
al verla podr�a identificarla entonces como una lun�tica empecinada en
encontrar gnomos a la luz de la luna, pero, en sus infinitas dotes de intuici�n,
siempre decubr�a reveladoras huellas que apuntaban al culpable. Eso s�, el d�a
que tuviese que resolver un crimen en un bloque de pisos, se le iba a acabar el
chollo de campar por el jard�n como alma en pena. Estas pesquisas nocturnas
llevaban a nuestra oto�al hero�na a encontrar una huella de mocas�n en el
barro, una colilla o a escuchar alguna conversaci�n tras una ventana en la que
una pareja rehac�a sus rom�nticos planes, antes truncados por la v�ctima del
crimen. A lo largo de la ma�ana del d�a siguiente, Jessica se entreten�a
tratando de averiguar que calzado utilizaba cada sospechoso, qui�n fumaba una
determinada marca de tabaco o qu� soterradas intenciones se escond�an tras
promesas de amor infinito.
As�,
mientras el sheriff y el m�dico se dedicaban a dar palos de ciego en la
investigaci�n, la se�ora Fletcher daba con la pista clave del caso. Ahora
bien, en vez de cumplir con la c�vica labor de informar al sheriff para que �ste
detenga al culpable, se empecina en tender una trampa al asesino que le haga
confesar su crimen. De este modo, con cualquier excusa, se queda a solas con el
peligroso y ladino criminal y le suelta la retahila de pruebas que le
incriminan. En este momento, el asesino, acorralado por las incontestables
deducciones de la escritora, saca a relucir un arma de fuego (rev�lver, pistola
autom�tica, semiautom�tica, corta, de gran calibre, aqu� hay variedad, s�lo
faltan el arcabuz y la espingarda) y ante la temerosa mirada de Jessica,
pensando que la mujer se llevar� el secreto a la tumba, hace una confesi�n en
toda regla: "S�, yo le mat�" "Lo hice as�"
"No me lavo las manos despu�s de ir al servicio" "Devuelvo
las pel�culas al videoclub sin rebobinar"... Llegados a este punto de
tensi�n, con el malo apuntando a Jessica, mientras se ven en flashback im�genes
del crimen, aparecen, bien detr�s de las cortinas, bien en el marco de la
puerta a la que el asesino da la espalda, el sheriff y varios agentes de la ley
a su servicio, con las frases de rigor:
- "�Quieto Flanagan! �Est�s bien, Jessica?"
- "S�, Amos".
- "�C�mo lo supiste?"
- "Fu� f�cil, s�lo Flanagan fuma Ducados".
- "Est� bien, �llev�oslo chicos!"
Y as�, y tras ver c�mo el falso culpable vuelve a respirar en libertad, el episodio toca a su f�n.
Por
lo que respecta al cambio de escenario, las historias con cr�menes cometidos
fuera de los lindes de Cabbot Cove (en un crucero, en grandes ciudades...) eran
b�sicamente las mismas
con la salvedad de sustituir la m�quina de escribir, mec�nica amiga en m�s de
cien aventuras, por un moderno y funcional procesador de textos tipo 386. Por lo
dem�s, la serie repet�a el mismo patr�n, con la excepci�n de que en los �ltimos
cap�tulos, los cr�menes que nos mostraba la peque�a pantalla eran
recreaciones de los que aparec�an en los libros de la se�ora Fletcher.
Pese al hecho de que cada vez que uno se sentaba delante de la tele para ver "Se ha escrito un crimen" sab�a de qu� iba a ir la historia, no hay que olvidar que se llegaron a emitir 12 temporadas, y el calado o la fama llev� a esta serie a traspasar las 625 l�neas, comercializ�ndose, desde libros supuestamente escritos por la sinpar Jessica Fletcher, hasta juegos de mesa que, visto lo visto, bien pod�an ser la versi�n de Parker de la tabla de la ouija.
Como dato curioso, se�alar que la serie fue cancelada en mayo de 1996 en la cadena yanqui CBS porque varios estudios de mercado detectaron que la audiencia bajaba considerablemente con cada nueva temporada. El hecho de que dicha audiencia hubiese quedado relegada a televidentes de la tercera edad en su mayor�a, explicaba este descenso, ya que temporada a temporada, estos iban pasando a mejor vida. Y eso que no formaban parte del reparto de ning�n episodio de esta serie, en la que conocer a Jessica Fletcher, el �ngel de la Muerte, pod�a traer m�s de un disgusto.
una producci�n del profesor moriarty. 2002-2007. frikiworld @ gmail.com