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Costo
de capital y valor terminal. 26.May.2000
La
determinación del costo de capital es fundamental para evaluar
proyectos e inversiones. Dicho costo puede estimarse como el
costo de oportunidad de una inversión alternativa. El método
standard para determinar el valor terminal es inconsistente
con una visión de equilibrio de largo plazo.En efecto, dicho
método tiende a devaluar el valor terminal de las
acciones.
DEFINICION
El
costo de capital es la tasa requerida en función de las
expectativas para evaluar los flujos de fondos provenientes de
una inversión particular.
El
concepto de costo de oportunidad siempre se sustenta en
variables esperadas. Y estas se formulan según las
expectativas del mercado.
Los
componentes básicos del costo de capital son 1) la tasa de
interés, 2) la inflación esperada, y 3) el riesgo. Los dos
primeros forman el valor temporal del dinero.
Desde
una perspectiva económica, el costo de capital puede estimarse
como el costo de oportunidad de una inversión alternativa. En
consecuencia, su estimación está influenciada por el momento
del mercado, lo que puede volverla muy volátil.
Existen
varios métodos para estimar el costo de capital, también
llamado costo de riesgo al accionista. La forma más popular
proviene de un modelo teórico de valuación de activos conocido
como CAPM –siglas de Capital Asset Pricing Model-.
De
acuerdo con el CAPM, la tasa requerida a la que nos referíamos
se computa sumando la tasa libre de riesgo al producto entre
la Beta y el premio que el inversor pide por salir de una
inversión segura y comprar una canasta de riesgo accionario
bien diversificada.
(1) TLR + Beta *
Premio.
En
general, la TLR se toma del rendimiento de un bono argentino
largo (por ejemplo, un Global 2017 o un Global 2027), que se
sitúa en torno al 12%.
La Beta es el indicador
de riesgo específico, y varía según el tipo de inversión que
se trate. Para una inversión de riesgo comparable al promedio
del mercado, el Beta vale 1.
Finalmente,
en la Argentina el premio exigido por tomar riesgo accionario
se estima entre un 3.5% y un 4.5%. Estos valores resultarían
de los diferenciales de rendimiento a largo plazo entre un
índice de acciones y un índice de bonos.
Computadas
las tres variables para una inversión en la Argentina en una
actividad de riesgo similar a la canasta de mercado, el costo
de capital sería del 16%.
Para
actividades más riesgosas que el promedio del mercado, por
ejemplo con un Beta de 1.25, el costo ascendería hasta a 17%. Y para
actividades menos riesgosas, con un Beta de 0.75, el costo
sería de sólo 15%.
ALGUNAS
REFLEXIONES SOBRE EL COSTO DE CAPITAL Y LA TEORIA DE LA
VALUACION.
En
la estimación del precio de una acción o de un proyecto de
vida infinita –como es el caso de cualquier empresa que cotiza
en bolsa- se debe computar un valor terminal.
En
la práctica, el analista realiza proyecciones de la compañía
mirando 5 o 10 años en el futuro. Asume que ese el tiempo que
la empresa demora en llegar a una situación de crecimiento
estable llamada steady state (estado estacionario).
Para
ilustrar uno de los motivos de esta nota imaginemos que
estamos valuando una empresa que ya ha alcanzado el estado
estacionario. Siendo así, el precio de la companía puede
estimarse por el modelo de Gordon.
Este
modelo descuenta el nivel de flujo de caja propio del inicio
del steady state a una tasa particular. Esta resulta de la
diferencia entre el costo de capital y la tasa de crecimiento
estable que muestra la compañía a partir del steady state.
(2)
Precio = Cash
Flow estacionario
C.riesgo – T.crecim.
Supongamos
que la empresa genera un cash flow de US$ 100 millones, que el
costo de riesgo es el 12%, y que la tasa de crecimiento
sostenido del flujo de fondos es del 2%. Esta última debe ser
consistente con la tasa de crecimiento de la economía en el
largo plazo.
Computando
el precio a través del modelo, el valor de la empresa
imaginaria sería US$ 1.000 millones.
Esta
es la cuenta que suelen realizar los valuadores. Pero a mi
juicio la cuenta sufre de un defecto: la tasa que se usa para
calcular el costo de riesgo es la tasa de los bonos cortos,
cuando debería utilizarse una tasa consistente con el
endeudamiento a largo plazo.
En
la medida en que esta última es inferior a la primera, los
precios computados tienden a reducir el valor terminal de las
compañías.
Si
el Estado Argentino tuviera que pagar en forma permanente una
tasa del 8% anual, y si la economía creciera al 2% anual,
entonces la situación llevaría al Estado a incurrir en
default.
Estas
consideraciones destacan que el método usualmente empleado es
inconsistente: no respeta la lógica de la consistencia
económica de largo plazo.
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