La idea acerca de Dios

 

Intentar aproximarse al conocimiento de Dios, implica bucear en el origen mismo de la vida, en el sentido del progreso, en el objetivo de universo.
Y si bien tratar de explicarlo con nuestro finito lenguaje humano conduce en cierta manera a limitar su trascendencia y grandiosidad, es necesario para establecer parámetros donde encuadrar nuestras ideas, dirigir nuestros sentimientos, pensamientos y clarificar nuestro hacer.

Por eso decimos idea de Dios, porque nuestra imperfecta humanidad aún está muy lejos de conocer cabalmente qué es, pero sí podemos sentirlo como una verdad que guía y protege nuestra existencia, fuente de todo amor y justicia.

La armonía y perfección de la obra divina debe impulsarnos a ampliar y profundizar nuestra mira, nuestro sentir y tratar de percibir y sentir a Dios a través de su creación y de nosotros mismos, que también somos su obra. Por ello también es inmanente y trascendente al hombre, porque está tanto en la naturaleza como en el interior de cada uno de nosotros.

El existe dentro y fuera de cada ser, en el universo y en el alma, que es la manifestación del amor divino que nos distingue y caracteriza como humanos, confiere razón al progreso y sentido a la evolución.

Con el avance de los nuevos descubrimientos y teorías, Dios ha dejado de ser patrimonio de las religiones o sectas que lo limitan a veces, lo humanizan o bien lo utilizan realizando en su nombre, feroces batallas o guerras. En nombre de Dios, Alá, Mahoma, etc., muchas veces se mata y se sojuzga, originándose guerras religiosas y flagrantes violaciones a los derechos de los pueblos.

Pero más allá de ello, que no es más que el resultado de la codicia y el ansia de poder del hombre que utiliza a Dios como excusa, la idea de Dios sigue innata y vigente en millones de personas en forma íntima y profunda, porque el ser en esencia tiene naturaleza divina.

Dios es hoy también patrimonio de la ciencia que reconoce su presencia de diferentes maneras. Los mismos científicos explican que "pretender una prueba científica sobre la existencia de Dios, sería asignarle a este una naturaleza entendible desde el punto de vista del conocimiento humano, por lo tanto equivocarnos conceptualmente sobre qué es Dios".

El es patrimonio del espíritu del hombre, más allá de su cultura, su conocimiento de la vida, su etapa evolutiva. Es quien da sentido a toda la evolución y respuestas a nuestros interrogantes más íntimos, representa la seguridad de que alguien nos ama profundamente y protege, sin juzgarnos y castigarnos.

Debemos desterrar la idea de Dios como un juez que castiga o recompensa según sea la naturaleza de nuestros actos, cosa que lleva a una concepción especulativa de la vida. El hombre es el responsable de su accionar, de los pensamientos y sentimientos que alimente y debe asumir este compromiso en forma consciente, sin suponer que lo están castigando o beneficiando por sus actos.

Asumir el propio compromiso de vida, con lo que esta tiene de difícil y maravilloso, es aceptar en parte, el reto que como espíritus encarnados se nos ofrece: el de vivir en concordancia con los valores sustentados y el amor superior.

Para acercarse a El, tampoco se necesitan posiciones físicas especiales, ni lugares determinados: el corazón sereno, la mente dispuesta y el alma abierta a la espiritualidad pueden ser poderosas llaves que permitan conectarse en ese vínculo íntimo y trascendente que fortifica, lleva paz a los corazones y tranquilidad en los momentos más duros de la existencia.

Tal vez podamos intuir una voz divina imaginaria que se confunda con algunos versos del poeta Mario Vecchioli cuando expresó: "...yo estoy en todo tiempo/ y en todo sitio./ Y soy la luz, la vida, la alegría/ que tú has oído y visto/. Si caminaste el día oyendo/ y viendo y comprendiendo, yo te digo/ que hoy en verdad tu corazón estuvo/ hablando con el mío." (Diálogo con Dios).

Los seres humanos buscamos constantemente conocer a Dios, pero la idea que tenemos de El no es uniforme: para unos podrá ser una fuerza superior, para otros una energía, algunos lo identificarán con una imagen humana, pero lo que sí podemos todos intentar es llegar a sentirlo como una realidad que da sentido a nuestra vida, a creer en El, a saber que Dios existe y encauzar entonces nuestros pensamientos, sentimientos y acciones al bien que se va comprendiendo.

Cuando podamos decir: "Yo creo en Dios porque siento que sin El no puede existir nada, porque otorga sentido al Universo y a cada existencia", entonces podremos mirar la vida de otra perspectiva, alejada de la inmediatez de lo material, no poniendo condiciones a las circunstancias y afianzarnos así, con fe y humildad, en la aceptación de lo que tengamos que atravesar.

No es concordante afirmar que se cree en El y luego rebelarse ante lo que consideramos injusticias de la vida, porque su conocimiento implica una actitud diferente. Intentemos apreciar la existencia de otra manera, aun aquellas cosas y hechos que escapan a nuestra comprensión pero que sabemos que responden a una causalidad, a una planificación superior.

Si lográramos detener por un momento la vorágine que sacude nuestros días y repensar la vida de otra forma, si pudiéramos serenarnos y percibir más profundamente lo que nos rodea: la belleza de la naturaleza, la sabiduría de la leyes físicas, la perfección de la creación, no sólo comprenderíamos intelectualmente la existencia de un Creador sino que podríamos llegar a intuir su esencia.
Esencia que anida adormecida en cada ser humano que se dispone a adquirir en cada existencia un nuevo aprendizaje, basado en los valores trascendentes de la solidaridad, el respeto, el trabajo y la paz, tan amenazada en estos días.

Valorar cada vida humana, respetar a cada individuo en su etapa de progreso, en cada sentimiento que alberga, implica dar un pequeño e importante paso hacia la aceptación y reconocimiento de Dios como Creador del universo, manifestado a través de la Justicia y Misericordia de sus leyes.

Muchas veces nos acercamos a Dios a causa de un gran dolor que sacude nuestras vidas, porque es El un factor importante de sensibilización, de apertura que permite elevarse por sobre lo material y buscar más allá de la propia fragilidad, las respuestas y la ayuda para superar esas etapas dolorosas. Pero también podemos percibir a Dios a través de la felicidad, porque de ella emana un estado vibratorio cuando está asentada en nuestras conquistas espirituales y en una visión trascendente de la vida que otorga serenidad y paz en la conciencia y en el corazón.

El agradecimiento y la valoración de todo lo que se tiene, que ayuda a nutrir el alma y dar sentido a la existencia, son formas fundamentales de contactación con lo divino, porque evidencian un espíritu noble que se recoge no sólo en los momentos de lucha, sino también en aquellos que se revisten de íntima felicidad.

Por todo ello es importante que nos acerquemos a El diariamente, en forma sencilla y sentida, a través de la fuerza del pensamiento, del control de los sentimientos y conductas que ya comprendemos que debemos cambiar.

Cambiar para percibir a un Dios al que le quitemos humanidad y le agreguemos trascendencia, porque de El emana el amor en todas sus formas, la justicia y la misericordia que nos protegen y guían en cada existencia, en cada camino.

www.sev.org.ar

Volver arriba


Volver a Inicio


Hosted by www.Geocities.ws

1