Es de notoria necesidad que se haya establecido la prioridad de ordenar, cuidar y hasta mimar la zona de La Cuesta y Taco, - zona de influencia intermunicipal- que aporta un contingente notable de habitantes a la Ciudad de Aguere y por la misma razón a la de Santa Cruz, ya que no en vano es una continuidad del tejido urbano de ambos municipios. En la década de los sesenta, a comienzos, se planteó un Plan de Ordenación Urbana realizado por los arquitectos Sánchez Real, Henriquez, Díaz Llanos y Saavedra y propiciado por el Instituto de la Vivienda y el Ayuntamiento de La Laguna. Fue un plan que llegó tarde, que poco aportó a la realidad del momento, ya que la iniciativa privada superaba cualquier intento de ordenamiento oficial que, por supuesto, no cuajó. Sin embargo la participación de los movimientos vecinales hicieron posible un acondicionamiento del medio urbano, donde se produjeron acerados, pavimentaciones de calzadas, ordenaciones de plazas y limpieza de barrancos que marcaron un antes y un después, de la zona de mayor especulación del suelo de ambos términos municipales. Mucho ha llovido desde entonces, -cuarenta años- mucho ha crecido el espacio urbanizable, mucho se ha construido y mucho se ha afectado, por los diferentes planes, las malas condiciones urbanas, los malos accesos, los taponamientos, los pésimos servicios, el derroche de suelo rural invertido en una catastrófica gestión urbana, que ha propiciado complicadas actuaciones municipales, lamentables situaciones familiares, grandes enriquecimientos por especulación, y graves errores y permisividades que han complicado incluso la convivencia. Bueno es, por lo tanto, que el Ayuntamiento se acuerde de esos otros habitantes que en casi 50.000 engrosan el censo poblacional del municipio con todo lo que trae consigo de costos y de beneficios. Mientras este nuevo paso se da, habrá que ir pensando en un Plan Urban para el casco de la ciudad que no sabe lo que es una capa de pavimento, un acerado en condiciones y una atención al mobiliario urbano, a los servicios públicos y al desarrollo, desde hace décadas. Mientras una gestión clara y aparentemente correcta, vuelve del revés el tejido urbano de Santa Cruz y lo transforma en una ciudad amable, quizás hasta vivible, con empretilados adecuados, arbolados y ajardinados, y creación de zonas peatonales y coherencia en todo el pavimento de acerados y calzadas, La Laguna asistida por unas cuadrillas de aprendices de albañilería, nos aturde con rebajes en las esquinas que se convierten en rampas de lanzamiento para los ancianos, -aunque sean necesarias para los impedidos-, con parches y reparches, con remates mal ejecutados lo que está pidiendo seguramente dar coherencia a esas pendientes forzadas de esquinas y entradas de garajes, y calidad en las ejecuciones. Hay que decir que las aceras del casco histórico se han convertido en frágiles dameros de losetas de cuadradillo, salteadas de piezas de fundición, para alojar llaves de paso de las viviendas, donde faltan multitud de tapas, bordeadas por pretiles de basalto heredados de la ciudad antigua y cuyo conjunto forman un popurrí infame de colores, desconches, ausencias de vigilancia y peligros que acechan bajo la falta de tapas de hierro o de planchas de alcantarillado o de baldosines rotos. La aventura de encontrar una papelera donde depositar cualquier detritus, las pretenciosas farolas fernandinas, descontextualizadas en la anárquica ridiculez de los edificios de falso histórico que, a pesar de ser hechos pro arquitectos, no hay por donde cogerlos, realizados en los setenta, la permisividad de los colgajos de cables para propiciar iluminaciones festeras, o de los manojos de trensados negros de telefónica, que parten los edificios horizontalmente y las calles a su ancho y largo, sin respetar que ya vamos para tres años que somos patrimonio de la humanidad. Que no me digan que no precisamos de un Plan Urban que ordene, dicte normas, propicie soluciones acordes con este nuevo estatus que nos hemos dado. La Laguna precisa de un par de congresos, dos o tres master y algún que otro título de experto en cuestiones de Patrimonio. Hay que darle la vuelta a la cuestión urbana, hay que dignificar la vida ciudadana, y si hay que empezar por La Cuesta y Taco, pues que se empiece, pero de paso que no se olviden de Tejina, Valle Guerra, Bajamar y La Punta, núcleos agrícolas o turísticos que también dan habitantes a su censo y economía a sus arcas. Y por último dar algo al caso histórico que viene a ser un patio común del que todos somos usuarios y del que debemos sentirnos orgullosos.

Plan Urban para el casco histórico
Adrián Alemán de Armas
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