Decido volver al Patrimonio Histórico, porque hay sobrados argumentos, que van dejando los "expertos", en las páginas de la prensa o en los escenarios de la ciudad. Comienzo por alabar el trabajo de los maestros canteros y de la dirección técnica que han realizado la Torre Norte de la Catedral. Agradecer al Ministerio de Cultura la inversión realizada y congratularme porque aquella torre que no pudo terminarse en el siglo pasado y fuera rematada en falso, cuando Rodrigo Vallabriga hiciera su templo en "goticohormigón" concluido allá por 1915, sea hoy una palpable realidad. Reconocer un trabajo bien hecho, ver de nueva planta la cúpula que aparece truncada en fotos y pinturas del pasado siglo, es de agradecer. Felicitar a los profesionales y muy específicamente al arquitecto Márquez Zárate, por conseguir afanar a contratistas, albañiles y canteros en un empeño común y darnos en estos primeros días de mayo del 2000 la alegría de una obra bien terminada. Obras interesantes pudieran ser las que se realizan en el antiguo Hospital de Dolores. La profesionalidad de Maribel Correa nos puede despejar las dudas que otros arquitectos nos van dejando. Las obras que realizó en el Cabrera Pinto son sobradamente juiciosas, con sus alegatos de modernidad en algún rincón del tercer claustro y texturas descubiertas en la pared descarnada, limítrofe con el templo de San Agustín, como para no dudar de la buena ejecución en este nuevo reto. Sebastián Matías ha ido colocando las difíciles piezas del rompecabezas del convento de las Madres Dominicas, el convento de las Catalinas, en su lugar. La difícil y sin embargo espléndida fachada a tres plantas que en su interior mira al naciente, nos da muestras de una fuerte maduración profesional, que si bien se ha encontrado con cuestiones de difícil solución, ha sido cauto y parece que puede concluir su esforzado y complejo trabajo con éxito. En poco tiempo las monjas expondrán a la visita el convento restaurado. Dudas me quedan del torreón que los arquitectos Saavedra y Abreu han realizado en la adaptación del antiguo Seminario a las necesidades museísticas que contempla el programa que precisa el Cabildo Insular para instalar el Museo Etnográfico de Tenerife. Los expertos de la UNESCO no lo han visto con buenos ojos y se habla de un reestudio de la solución adoptada como zona de intermediación entre plantas. De lo que no me queda ninguna duda es del insistente dislate que se ha realizado en la Casa de los Capitanes Generales, de manos del arquitecto Joaquín Galera, que sufre acciones de corte experimental con suficientes grados de irresponsabilidad. En unas recientes declaraciones, este arquitecto manifiesta, que ha ejercitado actuaciones modernas y arriesgadas. Lo más lamentable es que el edificio ha sido ocupado desde su nacimiento por el CICOP que a pesar de vehicular a innumerables expertos durante diez años, no haya pedido un socorro especial para este inmueble que ahora habrá de ser rescatado de tamañas arbitrariedades. Es de esperar que el Nobel Saramago que el día 19 va a ser Socio de Honor de esta ONG, clame al cielo y que le escuchen. Esto en Lisboa no lo hubieran permitido.