Para una conferencia encargada, pero no anunciada, y por lo tanto no impartida, estuve recavando unos datos económicos de la ciudad de los Adelantados, que en alguna medida pueden ayudar a su mejor conocimiento. Recordé que hace unas semanas apareció una información que situaba a La Laguna en la ciudad número 32, a nivel nacional, por sus costes; los siempre molestos y desorbitados impuestos nos clasifican y nos crucifican en un alto nivel económico, que en manera alguna se corresponden con los servicios que "disfruta" la ciudadanía. Una ciudad permanentemente en situación provisional en materia de tráfico, una ciudad vacía de contenidos culturales, solo presentes cuando se produce un evento singular, sin una continuidad teatral, artística, coral, cinematográfica, como ha sido durante otros largos tiempos atrás; una ciudad en constante crispación política, reflejada en los medios de comunicación; una ciudad en permanente improvisación, de la que se "expulsó" de su interior a los estudiantes universitarios, dispersándolos en distintos campus; una ciudad que ha vivido siempre de espaldas a la Universidad, con la que ha sido casi incapaz de entenderse. Creo que aún no se le ha entregado al Ayuntamiento, la medalla de oro de la Universidad, con motivo del quinto centenario de la ciudad, por "falta de espacio en la agenda", o quién sabe por falta de qué. De los datos recavados nos encontramos que para los casi ciento cuarenta mil habitantes de su término municipal, cuenta con 812 bares y/o restaurantes, con 17 pensiones y/o hoteles, con 324 establecimientos de comestibles. Así mismo cuenta con 2.024 comercios al por menor y 826 establecimientos comerciales al por mayor y 1.278 profesionales que cotizan impuestos por disponer de despachos al público. En La Laguna hay setenta mil fincas y cincuenta y dos mil viviendas. De momento hay casi seiscientas solicitudes de licencia para realizar obras de nueva planta y una cincuentena de solicitudes de restauración, reforma o consolidación dentro del casco histórico. Desde 1998 a febrero de 2001 ha aumentado su parque móvil en 7.408 vehículos de nueva matrícula, lo que equivale a un aumento de siete coches diarios, estando en febrero de este años en 82.600 vehículos, lo que nos da una relación de un coche por cada 1,7 habitantes que no está nada mal, considerando la trampa en la que estamos metidos con las obras interminables de la autopista Santa Cruz Laguna, y sus encuentros con la Vía de Ronda; la casi ausencia de aparcamientos, o los que se construyen y no se ponen en marcha, como los de la plaza del Cristo o los que esperan el largo advenimiento, como son el caso de los de la calle Las Quinteras. Los servicios de limpieza que acaban de volver a ser contratados, pueden desesperar al más optimista. Por falta de una eficaz ordenanza o de un control policial adecuado, las calles rebosan de basuras en torno a los contenedores que a partir del próximo año se van a multiplicar pasando de cuatro mil unidades en todo el término municipal. Las basuras se amontonan y se enquistan dando ese pobre aspecto de ciudad desbaratada y descontrolada, donde el descuido de los perros vagabundos, los sagaces gatos y un importante número de roedores merodean, y si no lo creen párense a observarlos. Los hermosos caminos de la vega, los accesos a la Mesa Mota, los entornos a San Diego, los Límites con la Verdellada, Los muros por San Francisco de Paula, las inmediaciones de San Miguel de Geneto, las cercanías de la Finca España, las nuevas vías de Guajara, los infinitos recovecos de Cuesta y Taco, las inmediaciones de las piscinas de Bajamar, la costa de Punta del Hidalgo, los caminos vecinales de Guamasa, el Hortigal y Valle de Guerra y los interiores de Tejina, dan tristeza por su secular abandono. ¿Que exagero? Pues vayan a verlo. Y es que no solo hay concejales despreocupados o descuidados, sino ciudadanos desaprensivos que se deshacen de sus sobrantes domésticos, poniéndolos al borde de los caminos poco visitados, en las cunetas de las fincas abandonadas, en los vertederos que se van creando por descuido. Pero así no vamos a ningún lado. En los despachos no se conocen los problemas, quizás se resuelvan. Un término municipal tan grande, con tanta riqueza paisajística, con tanta movilidad, con tanto poder económico, no puede estar dejado de la mano de Dios, como hasta la fecha está. No se puede implicar a todos los ciudadanos de La Laguna a que se comprometan y sientan suya la calificación del Casco como Patrimonio de la Humanidad, si no damos unos mínimos de calidad que se correspondan con los elevados costes que se pagan por vivir en la ciudad. A la vista del panorama político, de cómo se desarrollan las cosas, de cómo se despachan los asuntos, me temo que no podremos esperar mucho, salvo que se den cuenta de que les queda año y medio de gobierno, y que las cosas se han diluido entre los dedos, y entre dimes y diretes se ha pasado un tiempo precioso donde ni siquiera se ha podido digerir la condición de Patrimonio de la Humanidad. Esa minoría de edad que nos confieren incluso el Cabildo y el Gobierno, que dan la espalda a importantes actuaciones económicas y culturales, que no cuajan, esa indiferencia con que los políticos de nuevo cuño miran al pasado, solo nos puede llevar a desaparecer como identidad, para crear sobre ella la nueva versión de los nacionalismos trasnochados, que son los que les sirven a determinados personajes para afianzarse y medrar cada cuatro años.
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