En las últimas semanas ha estado en el candelero informativo la situación del Tanque de CEPSA que un día llegó a convertirse casi en paradigma de la cultura de Santa Cruz. El petróleo, carburante por excelencia, permitió que una sociedad necesitada de espacios culturales y apoyada por colectivos privilegiados, con voz y con mando en plaza, se encontrara con un antiguo depósito que ha pasado a ser BIC o lo que es lo mismo Bien de Interés Cultural, y uno se alegra de estas cosas porque con ello se detectan un par de situaciones: de un lado la enorme sensibilidad de una sociedad moderna que busca alternativas para los aspectos más lúdicos de la cultura emergente; de otro la búsqueda de soluciones para el desarrollismo urbanístico con el que se ha afectado a la zona de mayor impacto urbano reciente, con la peor de las arquitecturas, el diseño más hortera y el enriquecimiento más burdo, para promotores y constructores que jamás se haya visto en la capital. Pero Santa Cruz va a conseguir tener una importante base cultural gracias a la actividad propiciada por el Excmo. Cabildo Insular. Ejemplos los tenemos en el centro de museos ubicado en el antiguo Hospital Civil, en el complejo de Exposiciones y Congresos, en el magno Auditorio, en el ya próximo IODAC o Instituto Oscar Domínguez, a lo que habrá forzosamente que unir las varias salas de exposiciones, locales de reunión, salas de conciertos y un largo etc., que están haciendo de Santa Cruz una importantísima capital de la cultura, que podrá competir con las más modernas villas nacionales y hacer de su versatilidad el paradigma que fue la Capital con la Exposición Surrealista de 1935, con el grupo Gaceta de Arte, que dio aquellas figuras generosas y hoy tan utilizadas de Domingo Pérez Minik, Eduardo Westerdall y otros, con el grupo Nuestro Arte, y un sinfín de cualificados centros culturales que han marcado pautas y dado orientaciones fundamentales, que han calado en la mentalidad ciudadana. Por supuesto que esto ha sido debido a los entendimientos entre instituciones, a la comprensión entre políticos, a la priorización de obras y a la potente inversión que ha significado la realización de construcciones cuyos presupuestos se han multiplicado por tres, con la generosa aportación económica que saliendo de la misma caja de todos, se quedan en las faraónicas obras cuyos beneficios culturales tendrán que empezar a estudiarse y esperar unos años para conocerlos, frente al desahucio en que se han movido espacios culturales, riquezas arquitectónicas especiales como ha sido, por ejemplo, el Teatro Leal de La Laguna, que ha esperado diez años para que tres instituciones, Ministerio de Fomento, Cabildo Insular y Ayuntamiento, se pusieran de acuerdo para que de un reparto tripartito surgieran los quinientos o seiscientos millones que se precisan para una restauración; la conversión de la incendiada Iglesia de San Agustín en Auditorio, que lleva casi cuarenta años convertida en una ruina que guarda gallinas de los padres betlehemitas; o estudiar en qué convertir con rentabilidad cultural eficaz el Instituto Cabrera Pinto, el viejo Hospital de Dolores, el Convento de Santo Domingo, lo que queda del convento de San Francisco y espacios de acuartelamiento; la casa del Padre Anchieta, el Palacio Nava y otros viejos edificios que se rehabilitan a capricho de instituciones para ampliar servicios. Parece claro que ha sobrado voluntad política y entendimiento entre las autoridades de la capital, para afrontar unas infraestructuras capaces de acoger con mucha dignidad las aspiraciones culturales de una sociedad moderna, ansiosa y capaz, como es la sociedad chicharrera. Por el contrario, siendo del mismo partido, el Ayuntamiento de La Laguna en la penosa etapa de gobierno anterior al actual, ha marginado a sus ciudadanos, ha cerrado salas, ha impedido la celebración de conciertos y actividades teatrales y no ha conseguido motivar al Cabildo Insular para comprometerle a afrontar la construcción o el desarrollo de infraestructuras culturales, -aunque sí es cierto que ha colaborado intensamente en la recuperación de algunos edificios históricos fundamentales- y el gobierno actual, carente de iniciativas, más preocupado por aparentar y propiciar la forma de ganar una mayoría absoluta en la próxima legislatura, ha ido quemando semanas y años en una gestión burda, incoherente y caótica donde se encontró con la rentabilidad heredada de convertirse en Patrimonio de la Humanidad, cuya gestión está dejada de la mano de Dios y se reduce a cuatro días de fiesta de altavoz, donde se conforman con enseñar los viejos interiores, maltrechos, de un patrimonio que merece más atención y protección diaria y reparten el regalo de unas fotocopias de catálogos y planos de la ciudad que, pomposamente, se entregan a los turistas en un punto de información, situado en la Plaza del Adelantado, ante la perplejidad que produce tamaña hazaña editorial. La cultura es otra cosa y de eso sabíamos algo las generaciones pasadas, cuando éramos partícipes de una cuidada selección de actos. Por eso me pregunto que si se ha logrado convertir en BIC un "bidón" de petróleo para seguir dedicándolo a la cultura, cómo no se consigue potenciar una "laguna" que ya es BIC desde 1985, para que siga derramando cultura sobre su pueblo, pero que sea una cultura que vaya más allá del altavoz y la pandereta. ¿Alguien tiene la respuesta?