CAPITALISMO Y CAMPESINADO: EL MARXISMO Y LAS CLASES SOCIALES EN EL CAMPO

 

 

Eduardo Azcuy Ameghino

 

 

“La filosofía de la praxis… es la plena conciencia de las contradicciones, con la que el filósofo, entendido individualmente o como grupo social, no sólo comprende las contradicciones sino que se ve a sí mismo como un elemento de la contradicción y eleva este elemento a principio de conocimiento y, por tanto, de acción. El ‘hombre en general’, cualquiera que sea su presentación, es negado y todos los conceptos dogmáticamente ‘unitarios’ son diluidos y destruidos como expresión del concepto de ‘hombre en general’ o de ‘naturaleza humana’ inmanente a todo hombre”

Antonio Gramsci

 

 

 

1. Introducción

 

El objetivo de estas notas es doble. Por un lado nos proponemos reflexionar sobre las relaciones entre campesinado y capitalismo, debatiendo críticamente las interpretaciones que transforman a dichos conceptos en términos absolutamente excluyentes, de las que luego resulta, por ejemplo, la postulación de la inexistencia de campesinos en la pampa húmeda durante el siglo XX.[1] Por otro lado reuniremos los conceptos fundamentales acerca de las clases sociales en el campo tal como fueron formulados por los dos dirigentes e intelectuales marxistas que han realizado los aportes teóricos más destacados al acervo del materialismo histórico luego de los propios fundadores.

Los ejercicios propuestos se conectan estrechamente con la necesidad de discutir algunos conceptos que se han generalizado en parte de la literatura dedicada al estudio  de la estructura agraria pampeana, caracterizados por expresar una concepción mecanicista y esencialmente errónea de la concepción marxista sobre los sujetos sociales agrarios característicos de las sociedades capitalistas. Obviamente resulta relativamente más sencillo mostrar este reduccionismo analítico -que asimila el capitalismo con una descampesinización total-, al menos en términos de hacer notar su no correspondencia con la teoría clásica, que producir una intervención eficaz en la caracterización de la estructura de clases pampeana, la que en todos los casos será el resultado, desde este marco conceptual, de la integración de las categorías generales –ellas mismas en continua revisión en cuanto a su pertinencia- con las realidades concretas (actuales y/o históricas) objeto de estudio, mediante las correspondientes y específicas labores de investigación.

Esta afirmación, que divide aguas entre los procedimientos pretendidamente científicos y las generalizaciones abstractas y doctrinarias -e incluso las meras expresiones de deseos-, no inhibe en absoluto el hecho esencial (al menos para los marxistas) de la necesidad de la teoría y sus instrumentos de análisis (a modo de una caja de herramientas) para orientar y desplegar acabadamente la producción de conocimientos en el terreno de la historia, la economía, la sociedad, la política, la cultura y en cualquier otro plano específico de indagación de lo social. De allí la importancia de precisar el contenido de algunas nociones en torno a las cuales las discrepancias trascienden largamente el campo de lo teórico, dada su proyección en términos de política y vida cotidiana sobre muchas más personas que aquellas que suelen participar del momento puramente intelectual  del asunto.

 

2. Algunas precisiones preliminares

 

El concepto "campesino". En su modulación más general se denomina campesino a todo productor directo que reproduce su existencia mediante la aplicación de su fuerza de trabajo -y la de su grupo familiar y/o grupo doméstico- predominantemente al cultivo de la tierra y/o la cría de ganado, cualquiera sea su relación jurírica con el medio de producción fundamental que se constituye en su laboratorio natural. Esta definición básica prescinde del resultado económico de la explotación más allá del logro de la subsistencia y reproducción de sus operadores (incluido el recurso a diversas formas part time de peonaje y trabajo a jornal), es decir que no se toma en cuenta la producción o no de excedentes, ni su probable acumulación monetaria o trasmutada en diversas objetivaciones de la riqueza social. Tampoco resulta un componente determinante del ser campesino el destino de su producción, la que puede ser predominantemente para el consumo familiar o para el mercado.

Finalmente, aun cuando se está considerando en general a la organización social de la producción como base para pensar la categoría, al no incorporarse la caracterización de las relaciones de producción definitorias de la inserción del núcleo campesino en una sociedad concreta, se introduce un concepto caracterizado por su carencia de historicidad. Es decir que a diferencia de otros, como obrero, no remite a ningún modo de producción en particular. De hecho, campesinos como los que han sido definidos existen prácticamente en todos los tipos de sociedad que ha conocido la humanidad. En este sentido la categoría campesino, a secas,  se asemejaría en su indeterminación a otras como terrateniente o mercader, como lo expresara críticamente Vilar al señalar su preocupación por “el empleo de la palabra ‘campesino’ sin calificativo, como si existiera un campesino-concepto, un campesinado en sí”; dicho de otro modo, la “desconfianza hacia una utilización de la palabra ‘campesino’ aisladamente empleada, sin más distinciones ni análisis”.[2]

Lo que a menudo disimula esta situación es que dado que generalmente se parte de considerar una sociedad concreta, un momento histórico específico, es decir un marco de precisas coordenadas espacio-temporales, esta sola alusión dota de historicidad a las mencionadas categorías, precisándolas hasta concederles una personalidad más definida.

En el marco del feudalismo el rasgo esencial del campesinado fue su sujeción personal, su dependencia, respecto a los señores. En este tipo de sociedad, en cualquiera de sus heterogéneas corporizaciones históricas, todo o una parte del trabajo excedente campesino fue rendido a partir de la estructuración de un sistema de relaciones de producción "impuestas al productor por la fuerza, e independientemente de su voluntad, de cumplir ciertas exigencias económicas de un señor, ya cobren éstas la forma de servicios a prestar o de obligaciones a pagar en dinero o especie".[3] Así, un heterogéneo repertorio de mecanismos basados en el ejercicio de variadas formas de compulsión extraeconómica (una fuerza coercitiva que puede ser, entre otras expresiones, “el poder militar del superior feudal, la costumbre respaldada en algún tipo de procedimiento jurídico o la fuerza de la ley”) contribuye a diseñar la arquitectura social en la cual el concepto de campesino se determina hasta constituirse en la clase social campesinado. La principal del modo de producción feudal, cuyas contradicciones, conflictos y luchas contra los terratenientes y otros explotadores de su plustrabajo se tradujo en la dinámica principal de dicho régimen de producción a lo largo de siglos de historia en oriente y occidente, con las especificidades, características y modalidades propias de cada momento y lugar.

De esta manera, en el heterogéneo mundo feudal corresponde hablar de un campesinado feudal, sujeto, dependiente; y junto a él, en un plano secundario en términos de escala social, aquí y allá, grupos campesinos relativamente independientes como producto en muchos casos de los resultados de la propia lucha de clases y de otros factores socioeconómicos, generalmente entrelazados con los de tipo geográfico y ecológico.[4]

Si se nos permite simplificar hasta fijar algunas grandes líneas del proceso histórico que el marxismo ha sintetizado teóricamente, hay que señalar que sobre la base de lo anterior (como realidad dominante, nunca única), y con vistas a pensar el origen y desarrollo del capitalismo, el campesinado debía ser “liberado” de dos de sus rasgos esenciales: la relativa sujeción y dependencia personal respecto a otras clases y categorías sociales dotadas de cuotas de poder suficientes para establecer y reproducir coactivamente dicho tipo de vínculos; y la disponibilidad de un relativo control sobre las condiciones de producción que le facilitaban un acceso directo a los medios de subsistencia y en consecuencia a la reproducción de su existencia: “el proceso que engendra el capitalismo (es) el proceso de disociación entre el obrero y la propiedad sobre las condiciones de su trabajo, proceso que de una parte convierte en capital los medios sociales de vida y de producción, mientras de otra parte convierte a los productores directos en obreros asalariados”.[5]

Una vez cumplidos estos requisitos, existen fuertes evidencias -registradas y producidas por buena parte de la literatura histórica, y en particular por la marxista- acerca de tres resultados emergentes (y concurrentes) de los procesos transicionales:

a) que el campesinado feudal deja de existir en lo fundamental, aunque no necesariamente por completo, y mucho menos en términos de inexistencia de subsistencias y herencias precapitalistas, en algunos casos tan poderosas como débil resulta el desarrollo capitalista al que pueden condicionar de diversas maneras;

b) que subsiste parcialmente la clase social campesinado que tiende a integrarse y redefinirse en el marco de las determinaciones propias del predominio y el desarrollo del modo de producción capitalista, lo cual otra vez la carga de (una nueva) historicidad;

c) esta clase campesina sigue siendo objeto de las tendencias a la descampesinización, manifestando una crispación constante e irregular entre su naturaleza campesina y los efectos de las leyes de desarrollo capitalista que continúan erosionando la organización social familiar de la producción en la que impulsan procesos concurrentes de aburguesamiento y proletarización.

 

 

 

 

 

 

 

 

3. El campesinado y el desarrollo del capitalismo

 

 “En todos los paises capitalistas, aun en los mas avanzados, subsisten todavia restos de explotacion medieval, semifeudal, de los pequeños campesinos por los grandes terratenientes”

Vladimir Lenin, 1920

 

¿Cómo hablar de ‘capitalismo’ en el siglo XV, o incluso para referirse al siglo XVIII francés?

Pierre Vilar

 

 

Casi nadie pondría en duda que el campesinado es la clase social más extendida y numerosa de cuantas coexistieron en el interior de las sociedades precapitalistas, en especial en aquellas temporalmente más próximas al surgimiento del capitalismo que, como señalara Engels en 1878, “no ha llegado a dominar sino después de introducirse la gran industria, es decir desde hace cien años”,[6] y esto sólo en Inglaterra, ya que a comienzos del siglo XIX son escasísimas las naciones –como Francia- en las que el régimen capitalista se presenta como hegemónico.

En este sentido la lenta, tortuosa y zigzagueante formación de dicho modo de producción, es decir el desarrollo de la burguesía y el proletariado modernos -la "acumulación originaria de capital"- resultan inescindibles de los movimientos de polarización y diferenciación social del campesinado, de los que al cabo de determinados procesos históricos se produciría la emergencia de buena parte de las clases paradigmáticas del régimen capitalista.

La proletarización parcial de los campesinos y el monopolio relativo de medios de producción, dinero y tierras por una minoría enriquecida, resultan así dos elementos característicos de la descomposición del campesinado precapitalista, en cuyo seno, sin embargo, la dialéctica acumulación-desacumulación no resultaba absolutamente novedosa en tanto aquí y allá se manifestó la existencia de fracciones de productores de posición relativamente acomodada junto a otros grupos demunidos que debieron extremar su repertorio de estrategias de supervivencia para reproducir su existencia.

La más esencial novedad que introducen los procesos originarios del capitalismo es que una tan antigua como ocasional -y generalmente poco significativa a escala social- relación de producción comienza lentamente a definirse, imponerse y generalizarse; lo cual incorpora una noción desconocida hasta entonces de cambio y transformación, toda vez que la acumulación de patrimonios dinerarios y mercantiles se complejiza y redefine, constituyéndose en acumulación de capital.

Dicha distinción es de gran importancia pues previene potenciales anacronismos analíticos, siempre presentes cuando no se diferencia suficientemente la economía mercantil de la economía capitalista,[7] y por ende la acumulación de riquezas (como producto y expresión de vinculos productivos precapitalistas) con la reproducción y ampliación de las relaciones de producción salariales constituidas al grado de resultar suficientes para soportar y desarrollar el nuevo régimen de producción.

Estas consideraciones no son más que una introducción muy general al fenómeno que ha sido denominado como proceso de descampesinización, en tanto manifestación e indicador del avance de la formación del capitalismo en el campo. Efectivamente, como se desprende de lo expuesto, la proletarización de una parte del campesinado y la transformación en burguesía de otra parte, resultan emergentes de la crisis y diferenciación social que crea las condiciones para la transformación de los antiguos productores directos.

Ahora bien, de ninguna manera la teoría marxista afirma la absolutización de dicha descampesinización. De hecho, se trata de una tesis ajena al materialismo histórico en tanto en su marco conceptual sólo corresponde hablar de una descampesinización suficiente. ¿Suficiente para qué? Suficiente para poder afirmar el predominio a escala social de las relaciones de producción capitalistas por sobre otras relaciones anteriores con las que estas inevitablemente coexisten.  

Así como sin descampesinización relativa no resulta pensable el predominio del régimen capitalista, y aun reconociendo la tendencia a la continuación del proceso en esas nuevas condiciones, nada de ello autoriza a teorizar la desaparición total del campesinado, y menos aun a hacerlo en nombre del marxismo, sobre el que luego se cargará el descrédito que previsiblemente surge de la constatación de la presencia en prácticamente todos los países capitalistas (tal como la especificara explícitamente Lenin, y se verá más adelante) de productores directos no proletarizados en las respectivas estructuras agrarias.

Por otro lado es necesario puntualizar que la descampesinización suficiente (para la vigencia del capitalismo) implica una transformación sólo parcial del campesinado, en tanto una fracción significativa de los patrones o empresarios agrarios continúan siendo ellos mismos productores directos -además de explotadores de trabajo asalariado-, lo cual ha sido reflejado en la teoría marxista mediante la categoría de campesinos ricos; y una parte de los asalariados rurales continúan operando explotaciones agrarias, propias o arrendadas, insuficientes para la reproducción del núcleo familiar, por lo que deben recurrir periódicamente a la venta de su fuerza de trabajo, lo que constituye una característica de los semiproletarios y de los pequeños campesinos.

Una vez alcanzado el predominio del régimen capitalista, estos rasgos, que van caracterizando cada vez más a ambas fracciones de clase, dan cuenta del grado de descomposición de las determinaciones que otorgaban unidad y consistencia al concepto (y la realidad) de campesinado –con variaciones sustanciales según tiempos, lugares y circunstancias-, lo cual remite a una compleja mixtura de subsistencias campesinas.[8]

Si bien tiende a solaparse sistemáticamente en la maraña de relaciones productivas típicas de las estructuras sociales agrarias, el recurso a la distinción entre población y producción facilita una especificación clara acerca de qué significa predominio del régimen capitalista en el campo; esto es, que lo esencial de la producción, la mayor parte de los productos agropecuarios, se realizan en explotaciones en las que la fuerza de trabajo principal (no necesariamente la única) es la asalariada. Tómese nuevamente el ejemplo de EE.UU: en 1992 sólo un tercio de las farms utilizan obreros rurales y sin embargo resultan responsables de alrededor del 80% de la producción total.[9]

Esta comprobación permite al mismo tiempo observar como surge, razonable y naturalmente, la evidencia acerca de que gran parte de  las explotaciones –no de la producción- son operadas directamente por sus titulares propietarios o arrendatarios,[10] se basan predominantemente en el trabajo familiar, y podrían en rigor ser perfectamente catalogadas como campesinas, encuadrándose en alguno de sus tres estratos básicos. Así, “la persistencia de un campesinado (…) en la mayoría de las economías capitalistas más avanzadas proporciona un ejemplo adecuado de la desigualdad del desarrollo capitalista en la agricultura”.[11]

Estos campesinos, caracterizados por ser todavía una fracción muy numerosa dentro del universo de las explotaciones agrarias, a medida que avanza el desarrollo capitalista van perdiendo su antigua incidencia en la producción, aun cuando lo hacen de manera mucho más lenta y tortuosa de lo que se podría suponer a partir de una visión lineal de la descampesinización, incluso en países de capitalismo maduro a fines del siglo XX. (Y también de lo que recomienda una concepción mecanicista y unilateral del proceso de concentración capitalista de la economía y la producción agraria).

Parte de esta lentitud se manifiesta en que tanto los campesinos ricos como los pobres forman de hecho parte de la dinámica capitalista, se integran a ella, la expresan en la parte que les toca, y van desapareciendo al ritmo de la inexorable marcha de las leyes de este régimen de producción, donde la tendencia a la concentración y al monopolio se manifiesta mediante la eliminación de las pequeñas explotaciones que no pueden soportar sin quebrar las imposiciones originadas en el crecimiento de las escalas necesarias para mantener los ingresos que hacen posible la subsistencia en el mercado; “pero esta eliminación no debe ser comprendida únicamente en el sentido de una expropiación inmediata. Puede adoptar también la forma de un largo proceso de ruina, de deterioro de la situación económica de los pequeños agricultores, que se prolonga por años y por decenas de años”.[12]

El proceso de diferenciación y polarización social que afecta al campesinado en el período de formación del capitalismo se manifiesta destilando clases y fracciones de clase relativamente más unívocas y puras  -burgueses (no productores) agrarios, obreros rurales (full time)- y otras más complejas e impuras, en las que coexisten no eclécticamente viejos y nuevos atributos social-productivos. El campesino rico-burgués y el campesino pobre-semiproletario son ejemplo de este fenomeno de superposición, articulación y solapamiento de funciones y determinaciones donde el papel del trabajo asalariado va remodelando a los viejos actores.

Este concepto, que debe pensarse a partir de la profunda ruptura con el pasado que significa el predominio de un  nuevo modo de producción, engloba entre su gama de manifestaciones la desaparición lisa y llana de una parte del campesinado, transmutado en burguesía y proletariado (en su mayor parte reclutado por la industria y los servicios urbanos); y también la subsistencia de otra parte, siempre significativa, en la que los procesos de desarrollo capitalista reflejan su dinámica y contradicciones en las formas y características que va adoptando el propio campesinado subsistente (productores directos agrarios no proletarizados, ni aburguesados lo suficiente como para abandonar el trabajo productivo),  es decir, las características del inacabado -pero suficiente en los términos ya explicados- proceso de descampesinización.

A la luz de estas reflexiones, y como premisa para avanzar en el análisis de las relaciones entre capitalismo y campesinado, el marxismo debería ser desvinculado de las visiones simplistas que suponen que el campesinado resulta incompatible con la producción mercantil, dado que son muy numerosos los casos histórico-concretos en los cuales puede observarse, y así lo sintetiza la teoría, la coexistencia de la producción para el mercado y el trabajo familiar, campesino, mezclado incluso con formas de esclavitud y/o de peonaje precapitalista. De hecho el capitalismo presupone la mercantilización y monetización suficientes de la producción social, las que se elevan a componentes de dicho régimen sólo cuando una nueva mercancía, no desconocida pero sí escasa hasta entonces, surge y se generaliza hasta predominar en escala social: la fuerza de trabajo libre.

Vale insistir, aun cuando suelen aparecer confundidos al observarse las apariencias del plano histórico, no es el destino mercantil de la producción sino el predominio a escala social del sistema salarial el epicentro de la instalación del nuevo régimen de producción capitalista. Y el campesinado es un protagonista principal de estos sucesos. No por cierto los campesinos medievales enfeudados, sino aquellos que ya son producto de la crisis de los viejos modos de producción y que van readecuando aceleradamente el funcionamiento de sus unidades de producción a las demandas de mercado y a la generalización del uso del dinero.

La presencia de burgueses y proletarios puros en el agro (producto de procesos completos de descampesinización) coexiste largamente con un campesinado subsistente que a medida que avanza el capitalismo profundiza sus contradicciones internas de manera que, via una descampesinizacion parcial, las fracciones de clase en las que se ha dividido tienen a antagonizar y a divorciarse vaciando cada vez más de contenido a la condición común de campesinos. En este sentido la polarización y diferenciación social -y la descampesinización- continúan desarrollándose, dado que si bien se remontan a los orígenes del capitalismo, se trata de rasgos que formarán parte de la dinámica básica de la evolución histórica de dicho régimen.

Estas consideraciones ayudan también a recordar que una cosa es la teoría del modo de producción capitalista en su "normalidad" -es decir una pura construcción intelectual que refleja los rasgos fundamentales del concreto real abstraídos y sintetizados, es decir determinados contenidos generales y no formas específicas- y otra la realidad de las sociedades en las cuales el capitalismo surge y se desarrolla.

O sea que el modo histórico de manifestarse de los procesos de descampesinización y desarrollo capitalista resulta bien distinto de acuerdo con las determinaciones espacio-temporales y las circunstancias que los enmarcan y condicionan. En este sentido -por ejemplo considerando a EEUU, Argentina y Paraguay- no son similares los grados de consolidación del capitalismo, ni los momentos y condiciones de su surgimiento, ni los obstáculos y condionamientos que encontró en cada caso, ni el modo como los enfrentó. No es lo mismo, sin duda, un capitalismo autónomo que se transforma luego en imperialismo, que otro condicionado desde su nacimiento por la dependencia externa y el poder de las viejas clases dominantes de origen precapitalista.

Este tipo de diferencias contribuyen a explicar la existencia de estructuras de clases agrarias que si bien poseen elementos comunes (capitalistas), también muestran discrepancias significativas en torno al peso que mantienen las explotaciones familiares o campesinas como agentes de la producción social de alimentos y materias primas, y en consecuencia al grado de plasmación del proceso de descampesinización; que como puede observarse en el plano de análisis de las historias nacionales actúa articulado con factores económicos y extraeconómicos que tanto pueden contribuir a su aceleración como a contrarrestarlo y congelarlo relativamente durante períodos prolongados de tiempo.

El capital es una relación social de producción, y el capitalismo un modo de producción basado en el predominio de dicha relación. Esto significa que para el marxismo es siempre la organización social de la producción, por sobre cualquier otro factor y determinación, la que define el contenido de clase de cada sociedad concreta. Así, por ejemplo, la maquinaria más moderna, la agricultura de precisión, el recurso satelital, etc., no bastarán para definir por si mismos la naturaleza capitalista o no de un régimen de producción, aun cuando tendencialmente puede aceptarse que “el molino movido a brazo nos da la sociedad de los señores feudales; el molino de vapor, la sociedad de los capitalistas industriales”.[13] Muchas unidades productivas pueden parecerse a las capitalistas, e incluso “funcionar” como tales, y sin embargo no serlo.

En rigor, sólo cuando los medios de producción (trabajo muerto, objetivado) se transforman en instrumentos para la succión de trabajo vivo -creador de valor- mediante el régimen del salariado, es factible afirmar la existencia de capitalismo. Este principio teórico-metodológico puede relacionarse con diversos planos de análisis. Desde el macro, propio del conjunto de la sociedad o de un ámbito regional, donde se definirá en base a las relaciones de producción predominantes en escala social; hasta un plano micro, de un relativamente pequeño universo de explotaciones agrarias e incluso de cada una de ellas en su especificidad.

Si bien al definir y enfatizar el régimen de producción dominante en una determinada sociedad puede resultar aceptable que otras relaciones queden momentáneamente subsumidas a las principales, [14] basta el paso al plano de la práctica política para descubrir la gravedad de los errores a que puede inducir una visión unilateral de la estructura de clases, u otro tipo de fallas teóricas como la asimilación del predominio del capitalismo a una descampesinización total.

 

4. El marxismo y las clases sociales en el campo

 

“La cosa observada es tal como es. Nosotros la observamos, y somos nosotros quienes, a partir de esta observación, construimos un ‘modelo’ reflejando el mayor número posible de características del objeto o, en todo caso, de sus rasgos fundamentales. La prueba del éxito de esta operación la constituye la capacidad de acción sobre el objeto que nos da la construcción del modelo”.

Pierre Vilar

 

Como se indicó en la introducción, uno de los objetivos de estas notas es poner a consideración del lector las categorías principales que fueron utilizadas –se podría afirmar que exitosamente, lo cual les ofrece un aval difícil de subestimar- por las organizaciones políticas marxistas que dirigieron las dos revoluciones de mayor envergadura que conoció el siglo XX. Para ello nos remitimos en primer lugar al aporte de Lenin, sintetizado teóricamente en un documento presentado en 1920 al Segundo Congreso de la Internacional Comunista;[15] y en segundo término a la elaboración de Mao Tse Tung,[16] que sirvió de base al accionar político de los comunistas chinos en un país donde el descollante papel del campesinado exigía la mayor exactitud teórica como garantía de la eficacia de la acción colectiva popular. Vale señalar también que las categorías propuestas por Mao en 1933 constituyeron la base de la caracterización de las clases sociales rurales utilizada al planificarse y ejecutarse las transformaciones democráticas y socialistas en el campo chino luego del triunfo de la revolución, en especial a partir de la promulgación de la Reforma Agraria en 1950.[17] 

En todos los casos la propuesta marxista expresada en los textos que siguen apunta a no “ver” el campo “plano”, evitando, como pedía Gramsci, “los conceptos dogmáticamente unitarios”;[18] es decir aquellos que como productor rural, hombre de campo, agricultor, hacendado, y muchas otros similares, impiden reflejar en la teoría la diversidad de clases, fracciones de clase y capas que coexisten contradictoriamente en cualquier estructura agraria.

No solicitaremos en este caso disculpas por las citas extensas pues en ellas se manifiesta el núcleo del asunto que consideramos. En este sentido el método de exposición será, con pequeñas modificaciones, el que ambos autores utilizan en sus trabajos, transcribiendo el contenido de cada categoría encomillado e identificado.

Vale destacar que Lenin prologó su texto indicando que las masas trabajadoras y explotadas del campo están representadas en todos los países capitalistas por las clases que enseguida expone:

1) “El proletariado agrícola, los obreros asalariados —contratados por año, por temporada, por jornada— que ganan su sustento trabajando a jornal en empresas capitalistas agrícolas” (Lenin).

Mao por su parte señala que, “por regla general, los obreros —incluyendo los asalariados agrícolas— no poseen tierras ni aperos agrícolas; algunos de ellos poseen un insignificante pedazo de tierra y muy pocos aperos agrícolas. Los obreros viven total o principalmente de la venta de su fuerza de trabajo”.

2) “Los semiproletarios o campesinos parcelarios, es decir, los que ganan su sustento, en parte mediante el trabajo asalariado en empresas capitalistas agrícolas e industriales y, en parte, trabajando en la parcela propia o tomada en arriendo, lo que les suministra sólo cierta parte de los productos necesarios para la subsistencia de sus familias. Este grupo de la población trabajadora del campo es muy numeroso en todos los países capitalistas”. (Lenin).

3) “Los pequeños campesinos, es decir, los pequeños labradores que poseen, ya sea como propiedad o tomada en arriendo, una parcela de tierra tan reducida, que cubriendo las necesidades de sus familias y de su hacienda, no precisan contratar jornaleros” (Lenin) Complementariamente, en relación con las posibilidades que abría el triunfo de la revolución, el autor señala que algunas de las necesidades económicas de este grupo son: a) La supresión de los arriendos o la exención de la entrega de una parte de la cosecha a los grandes propietarios agrarios: por ejemplo los metayers o aparceros en Francia e Italia.  b) La supresión de las hipotecas. c) La supresión de las múltiples formas de opresión y dependencia de los grandes propietarios agrarios: disfrute de bosques, etc. d) La ayuda inmediata a sus haciendas por parte del poder estatal proletario (renovar o incorporar medios de producción), la transformación de las cooperativas y asociaciones agrícolas -que bajo el capitalismo sirven a los campesinos ricos y medios- en organizaciones destinadas a ayudar, en primer término, a los campesinos pobres, es decir, a los proletarios, semiproletarios y pequeños campesinos, etc. “En este sector son inevitables las vacilaciones, por lo menos en cierta medida, en favor de una libertad de comercio ilimitada y del libre ejercicio de derechos de propiedad privada, pues este sector, siendo ya -si bien en pequeña parte- vendedor de artículos de consumo, está corrompido por la especulación y por los hábitos de propietario” (Lenin).

“De los campesinos pobres, algunos poseen una parte de la tierra que trabajan e insuficientes aperos agrícolas; otros no poseen tierra alguna y sólo tienen insuficientes aperos agrícolas. Por regla general, los campesinos pobres tienen que tomar en arriendo la tierra que trabajan, y sufren la explotación pagando el arriendo de tierras o el interés de préstamos y vendiendo una pequeña parte de su fuerza de trabajo. Si de ordinario los campesinos medios no tienen necesidad de vender su fuerza de trabajo, los campesinos pobres, en cambio, se ven obligados a vender una pequeña parte de la suya: este es el criterio principal para distinguir entre estos y aquellos”. (Mao)

Como aporte a la discusión que hemos propuesto acerca de las relaciones –y la convivencia de hecho, aun en el marco de su incompatibilidad y de la tendencia a la descampesinización- entre capitalismo y campesinado, es necesario destacar que en el marco teórico del materialismo histórico los tres grupos que se han señalado, en su conjunto, “constituyen en todos los paises capitalistas la mayoría de la poblacion rural”.[19]

4) “Por campesinos medios, en el sentido económico de la palabra, debe entenderse a los pequeños agricultores que poseen, ya sea a título de propiedad o en arriendo, también pequeñas parcelas de tierra, si bien tales que, en primer lugar, proporcionan bajo el capitalismo, por regla general, no sólo el rendimiento necesario para sostener pobremente a su familia y su hacienda, sino también la posibilidad de obtener cierto excedente, que puede, por lo menos en los años mejores, convertirse en capital; tales que, en segundo lugar, permiten recurrir, en muchos casos —por ejemplo en una hacienda de cada dos o tres—, al empleo de mano de obra asalariada. Un ejemplo concreto del campesinado medio en un país capitalista avanzado lo ofrece en Alemania, según el censo de 1907, el grupo de explotaciones con 5 a 10 hectareas, una tercera parte de las cuales emplean obreros asalariados”. (Lenin).

Por su parte, Mao señala que “de los campesinos medios muchos poseen tierras; algunos poseen sólo una parte de la tierra que trabajan y toman en arriendo el resto; otros no tienen tierra alguna y toman en arriendo toda la que trabajan. Todos ellos disponen de suficientes aperos agrícolas. Los campesinos medios viven total o principalmente de su propio trabajo. Por regla general, no explotan a nadie, sino que muchos de ellos sufren la explotación en pequeña medida pagando el arriendo de tierras o el interés de préstamos. Pero, por lo común, los campesinos medios no venden su fuerza de trabajo. Un sector de ellos —los campesinos medios acomodados— explotan a otros en pequeña medida, pero esta explotación no es constante ni constituye la fuente principal de sus ingresos”.

5) “Los campesinos ricos son los patronos capitalistas en la agricultura, que explotan su hacienda, como norma, contratando varios jornaleros; estos campesinos ricos sólo están relacionados con el ‘campesinado’ por su nivel cultural poco elevado, por su modo de vivir, por su trabajo personal manual en su hacienda. Los campesinos ricos constituyen el sector más numeroso entre las capas burguesas (...) Las condiciones especiales que complicaron y frenaron la lucha del proletariado, triunfante sobre la burguesía, contra los campesinos ricos de Rusia se reducen principalmente a que la revolución (...) pasó por una fase de lucha ‘democrática general’, es decir, en su base, democrático-burguesa, de todo el campesinado en su conjunto contra los terratenientes; luego a la debilidad cultural y numérica del proletariado urbano; por último a las enormes extensiones del país y al pésimo estado de sus vias de comunicación” (Lenin).

“Los campesinos ricos por lo común poseen tierras. Sin embargo, algunos sólo poseen una parte de la tierra que cultivan, y toman en arriendo el resto; otros no poseen tierra ninguna y toman en arriendo toda la que cultivan. Los campesinos ricos generalmente disponen de instrumentos de producción relativamente buenos y abundantes y bastante capital líquido, y participan ellos mismos en el trabajo, más una parte o la mayor parte de sus ingresos proviene siempre de la explotación. Su principal forma de explotación es la explotación del trabajo asalariado, (mediante la) contratación de asalariados agrícolas al año. Ademas, pueden ejercer la explotación dando en arriendo parte de sus tierras, prestando con usura o dedicándose a la industria y el comercio. La mayoría de los campesinos ricos también administran tierras públicas. Deben ser considerados asimismo como campesinos ricos aquellos que poseen una superficie relativamente grande de buenas tierras y trabajan parte de ellas por sí mismos sin contratar asalariados agrícolas, pero explotan a otros campesinos por medio  del arriendo de la tierra o de la usura, o en otras formas. Los campesinos ricos practican constantemente la explotación, y, para muchos de ellos, esta constituye la fuente principal de sus ingresos (Mao).

6) “Los terratenientes y grandes latifundistas, es decir quienes en los países capitalistas explotan de un modo sistemático, ya directamente o por medio de sus arrendatarios, a los obreros asalariados y a los pequeños campesinos —a veces incluso a los campesinos medios— de los alrededores, sin tomar ellos parte alguna en el trabajo manual, y pertenecen en su mayor parte a familias descendientes de los señores feudales —nobleza en Rusia, Alemania, Hungría; señores restaurados en Francia; lores en Inglaterra; antiguos esclavistas en EEUU— o a los magnates financieros particularmente enriquecidos, o bien a una mezcla de estas dos categorias de explotadores y parásitos” (Lenin).

“Son terratenientes quienes poseen tierras, no trabajan ellos mismos o se dedican sólo al trabajo secundario —menos de un tercio del año en las más importantes faenas de la producción agrícola fundamental, como arada, siembra y cosecha; y aun un tercio del año en tareas no esenciales—, y viven de la explotación de los campesinos. Los terratenientes practican la explotación principalmente por medio del arriendo de la tierra, y además, mediante la usura, la contratación de asalariados agrícolas o la industria y el comercio. Pero es el arriendo de la tierra la forma principal en que los terratenientes explotan a los campesinos” (Mao).

Aun cuando resulta obvio, corresponde precisar que el material transcripto invita inmediatamente a discutir –además de su contenido específico y sus matices diferenciales- su grado de utilidad y correspondencia con otras realidades rurales diferentes a las de China y Rusia en la primera mitad del siglo XX, realidades emergentes de estructuras agrarias dotada con mayor y aun con menor grado de desarrollo capitalista; y también las diferentes modulaciones que admiten los conceptos en uno y otro caso, e incluso las necesidades de reelaboración de algunos de ellos.

De todas maneras, salvo algún aspecto muy puntual, no ha sido ese el objetivo que nos hemos propuesto, sino, como un paso previo, contribuir al conocimiento de elementos teóricos que por distintas razones no resultan de fácil acceso para el lector interesado en las cuestiones agrarias. Y además, por supuesto, mostrar como capitalismo y campesinado aparecen reflejados, dinámicamente, en categorías que dan tanto cuenta de los factores orientados hacia la descampesinización y el desarrollo capitalista como de aquellos otros que fundamentan la permanencia de las explotaciones campesinas.

Finalmente, antes de pasar al siguiente punto, quisiera remarcar un aspecto del pensamiento teórico marxista que si bien naturalmente puede resultar muy poco significativo para quienes se ubican intelectualmente (y son una absoluta mayoría) fuera de su encuadre, debería significar un fuerte llamado de atención para todos aquellos estudiosos que asumen sus postulados. Como recordara en alguna oportunidad Gramsci, “llevar a una masa de hombres a pensar coherentemente y de modo unitario el presente real y efectivo es un hecho ‘filosófico’ mucho más importante y ‘original’ que el descubrimiento por parte de un ‘genio’ filosófico de una nueva verdad que se convierte en patrimonio exclusivo de pequeños grupos intelectuales”.[20] Esto significa que en tanto el objetivo sea, más que su interpretación, la transformación del mundo, no resulta un elemento de juicio de importancia menor el que nos hallemos ante elaboraciones teóricas en relación a las cuales el papel de la práctica social-política ha funcionado como un criterio sistemático para corroborar, refutar y/o corregir los principales conceptos puestos en juego, siendo ellos mismos tanto una síntesis de la experiencia social-popular (reelaborada mediante los procedimientos de la investigación científica) como una guía para la acción.

Por otra parte, por suerte, lo anterior no significa sacralizar el marco teórico, que se reajusta y redefine –sobre la base de sus principios fundamentales- con el movimiento contradictorio y permanente del concreto real, y con mucha más razón frente a objetos de estudio-transformación que varían según épocas, geografías y circunstancias, las que van introduciendo mutaciones en su propia naturaleza.

 

5. Marxismo y descampesinización: reflexiones y problemas

 

“El modo capitalista de producción sólo se apodera en forma lenta y despareja de la agricultura”

Karl Marx

 

Como se ha podido observar, en el núcleo duro de la tradición marxista en materia de caracterización de las clases sociales en el campo en la primera mitad del siglo XX no existe una incompatibilidad (absoluta) práctica –y eso refleja la teoría- entre campesinado y capitalismo. En todo caso, en los dos autores trabajados, se comprueba como parcialmente el capitalismo también se va desplegando mediante la descomposición relativa y la polarización social tendencial de los productores directos campesinos, es decir “desde adentro” de las diferentes fracciones del propio campesinado, lo cual entrega tanto elementos de descampesinización como de subsistencia de dichos sujetos sociales, los que se combinan de diferentes maneras –y con distintos resultados parciales- según el caso histórico que se trate: “en Rusia, por ejemplo, Lenin describe el movimiento de expropiación-proletarización como consecuencia de la liberación de los siervos en 1861. En Francia, en donde se mantiene la propiedad en pequeñas parcelas, es ante nuestros ojos, con la ayuda de la legislación gaullista, donde se prosigue la expropiación-proletarización del campesino. En los Estados Unidos se considera que el porcentaje muy bajo de población ocupada en la agricultura es un signo de ‘desarrollo’. También es la medida de una proletarización”.[21]

En relación con esta diversidad, quisiera referirme a ciertas variaciones que impone el desarrollo histórico a los procesos de descampesinización -en tanto en un momento cargan un signo podría decirse progresista, para transformarse luego en reaccionarios- y cómo impacta esto en la teoría.

Generalmente no existen mayores controversias respecto al sentido progresivo que le cupo en el devenir histórico de la humanidad a la desestructuración del mundo feudal y la formación del régimen burgués, con sus valores de “libertad, igualdad y fraternidad” en los que se enmarcó la nueva forma de organización social de la producción basada en el régimen salarial. En dicho contexto, aun cuando poco se repara en que “el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo”,[22] la descampesinización formó parte y se benefició de aquel signo positivo de la evolución post-feudal, resultando en buena medida una consecuencia de las luchas de clases que contribuyeron al hundimiento de las sociedades estructuradas en torno a la coerción extraeconómica y a la ausencia -en distintos grados- de libertad personal para los productores directos.

Sin embargo, una vez establecido el predominio del capitalismo en escala social (incluida la estructura social agraria), y desplegadas sin mayores limitaciones sus leyes económicas, el sentido del proceso de descampesinización se invierte y se transforma en su opuesto. La razón principal de este fenómeno debe buscarse en el rápido agotamiento del contenido revolucionario del capitalismo una vez logrado el objetivo de su implantación y consolidación, y en la emergencia de su más profunda naturaleza clasista, mediante la cual una ínfima minoría de la población se va enriqueciendo desmedidamente al mismo tiempo que se agudizan el empobrecimiento, la explotación y la ruina de la gran masa de los productores directos.

Si bien en estas circunstancias algunas interpretaciones especialmente dogmáticas (y/o evolucionistas) del marxismo podrían seguir considerando progresista la continuidad del proceso de liquidación de las explotaciones campesinas, resulta indudable que la  descampesinización que tiene lugar en las sociedades capitalistas es profundamente reaccionaria en tanto significa la profundización de la ruina de numerosos pequeños y medianos agricultores, la que suele ir acompañada de otras consecuencias tan socialmente indeseables como el éxodo y el despoblamiento rural, el incremento de los latifundios, la degradación ambiental, la indefensión nacional, la concentración cada vez mayor de la producción, la riqueza, los medios de producción y la tierra, el incremento de la desocupación y la pobreza, etc.

Resumiendo lo expuesto, se podría afirmar que el capitalismo implica un proceso de eliminación suficiente de las antiguas estructuras campesinas; que a pesar de ello subsisten heterogéneos conglomerados campesinos más o menos articulados, aquí y allá, al nuevo régimen de producción ya consolidado; que en estas circunstancias las leyes del capitalismo siguen operando ciegamente en el sentido de continuar con la descomposición y ruina del campesinado; y por último, que una vez que del capitalismo sólo queda en firme su naturaleza opresiva y reaccionaria, el proceso de descampesinización pierde todo contenido progresivo pasando a primer plano la necesidad de la lucha contra sus efectos, la que en determinadas condiciones puede llegar a formar parte del conflicto más general que enfrenta a la mayoría de la población –urbana y rural- con la vigencia de dicho modo de producción.

Por cierto que este desemboque, diríamos contemporáneo, de la problemática de la descampesinización admite fuertes matices, según se trate –por ejemplo- de un país imperialista basado en una sociedad industrial avanzada; de un país dependiente con claro predominio del régimen capitalista aunque relativamente subdesarrollado; o de un país dependiente con fuertes resabios precapitalistas y un grado agudo de frustración económica. Bastaría pensar en los casos ya mencionados de Estados Unidos, Argentina y Paraguay (y de Chiapas dentro de México, o de la sierra dentro del Perú, como otra dimensión del mismo fenómeno que aludimos) para comprobar la heterogeneidad, los diferentes grados de plasmación, las distintas fuerzas motrices y los variados obstáculos, que muestran los procesos de descampesinización, como parte de diferentes procesos de desarrollo capitalista: plenos en el centro, trabados, deformados y dependientes en la periferia.[23]

O sea, nuevamente, que una vez definido el contenido básico de qué es y cómo se forma originalmente el capitalismo, y de cuáles son sus tendencias de desarrollo (en todo lo cual resulta decisivo el papel de los mecanismos de expropiación-proletarización) -lo cual implica un grado de descampesinización suficiente-,  es necesario afirmar que las relaciones entre capitalismo y campesinado constituyen un aspecto clave para la comprensión de las estructuras sociales rurales, en las cuales el tipo y grado de desarrollo capitalista puede remitir a casos tan o más heterogéneos que los mencionados arriba.

En este contexto teórico se puede comprender plenamente lo que señalaba Lenin en 1920 respecto a que “en todos los paises capitalistas, aun en los mas avanzados, subsisten todavía restos de explotación medieval, semifeudal, de los pequeños campesinos por los grandes terratenientes, como, por ejemplo, los Instleute (o arrendatarios) en Alemania, los metayers en Francia, los aparceros arrendatarios en EEUU (y no sólo los negros)”.[24]

Instalado de esta manera el marco teórico, indudablemente se enriquece y complejiza la posibilidad de estudio bajo la guía del marxismo de realidades tan disímiles como la crisis de las family farms del medio oeste americano, de los chacareros de Pergamino, de los sin tierra brasileños o de los campesinos indios zapatistas.

Por cierto que de todos modos subsisten problemas teóricos cuyo mejor tratamiento será logrado sin duda al calor del estudio de casos (estructuras agrarias) concretos, de la investigación comparada, y de la síntesis y elaboración conceptual.[25] Sólo como ejemplo se podría señalar que una misma categoría, digamos campesino rico, tiende a englobar sujetos sociales tan disímiles como un farmer altamente capitalizado en tierras y maquinarias de última generación, cuyo trabajo productivo no genera más que una muy pequeña parte del valor total producido en su explotación principalmente por varios obreros rurales; un chacarero propietario de su tierra que la cultiva junto a dos asalariados (o recurriendo a un “servicio de maquinaria”); o un arrendatario que trabaja el suelo con arado tirado por bueyes y cosecha a mano contratando fuerza de trabajo asalariada estacional.

Esta pequeña muestra de diversidad y heterogeneidad, que podría repetirse en relación con cada una de las fracciones del campesinado que han sido definidas en el punto anterior, no sólo no debería resultar incompatible con dichas categorías, sino que, y este es un problema a resolver nacional y/o regionalmente, dentro del marco teórico marxista se constituye en un incentivo y un estímulo para el enriquecimiento, reelaboración y ampliación de los conceptos básicos en línea con los desafíos que entrega cada realidad agraria según el tipo de país que se trate, cada diferente nivel de desarrollo del capitalismo, el peso relativo y variable de las distintas herencias precapitalistas, los cambios en las formas y los contenidos de la “pluriactividad” desplegada por parte de los sujetos sociales agrarios,[26] etc. En esta dirección una primera estrategia elaborada para captar matices y asimetrías al interior de cada fracción del campesinado ha llevado, por ejemplo en el análisis maoista, a la incorporación de categorías tales como capa inferior y capa superior, por ejemplo del campesinado medio.[27]

Finalmente, un obrero rural de mediados del siglo XIX y uno que maneja las computadoras que programan el funcionamiento de los robots de la industria automotriz en vísperas del 2000, no dejan de ser ambos obreros, con todo lo que ello tiene en común en términos teóricos, es decir en la definición de fondo de un tipo de condición social basado en la relación de producción de compra-venta de fuerza de trabajo. Lo cual no niega en absoluto las particularidades y especificidades de cada uno, al igual que la de aquellos campesinos ricos que se mencionaban antes, a condición de no confundir la teoría con la realidad, no asimilar lo empírico-concreto a lo abstracto y conceptual; teniendo siempre presente que el norte que sirve como guía para escapar de los pantanos intelectuales (y políticos) en los que inevitablemente recaerá una y otra vez el trabajo de investigación social es la premisa de la transformación de la realidad, tal como expresamente lo planteara Marx en calidad de principio liminar de su contribución teórica.[28]

 

 

 

 

6. Campesinos medios: núcleo duro del campesinado en el capitalismo

 

“Sí, claro, gritaban los arrendatarios, pero es nuestra tierra. Nosotros la medimos y la dividimos. Nacimos en ella, nos mataron aquí, morimos aquí. Aunque no sea buena sigue siendo nuestra. Esto es lo que la hace nuestra: nacer, trabajar, morir en ella. Esto es lo que da la propiedad, no un papel con números”.

John Steinbeck. (Viñas de Ira)

 

 

Por último aludiré críticamente a la categoría de campesinos medios, dado que en ella se concentra más que en ninguna otra la persistencia de las unidades de producción campesina, aun en el capitalismo maduro.

Así como el campesino rico expresa un tipo muy extendido de burguesía agraria, caracterizada por conservar rasgos campesinos expresados en su participación directa en la producción, y el campesino pobre tiende crecientemente a su proletarización (o directamente encubre tras los atributos campesinos a un asalariado), el campesino medio es la fracción campesina relativamente menos afectada por la descomposición de la clase como producto del desarrollo del capitalismo (descampesinización suficiente).

De esta manera el campesinado medio constituye un agregado social en el cual las consecuencias de la desestructuración del campesinado se han manifestado con menos intensidad, y como tal representa el núcleo más pertinaz de la persistencia de la producción familiar en estructuras sociales agrarias dominadas largamente por el capitalismo. A su vez, esta afirmación debe comprenderse teniendo en cuenta que se trata de productores directos que se han ido adaptando a funcionar económicamente al interior del régimen capitalista, lo que en muchos sentidos los lleva a actuar de hecho como burgueses, aun cuando en rigor, desde el punto de vista del análisis marxista de la organización social de la producción, son campesinos y no capitalistas.

Siempre que se tenga presente que  generalmente los campesinos medios se hallan en el centro de los procesos de polarización social (que no se circunscriben al origen del capitalismo sino que hacen a la esencia de su desarrollo), y que por lo tanto la tendencia dominante que se manifiesta históricamente –especialmente acelerada en los períodos de crisis económica- es hacia su eliminación por la (gran) producción capitalista, se podrá reconocer que son precisamente algunos rasgos de su condición campesina los que les facilitan adoptar conductas económicas de autodefensa social que en líneas generales se hallan vedadas a las explotaciones plenamente capitalistas.[29]

De esta manera, determinado sin eclecticismo el aspecto principal de la dinámica de los procesos socioeconómicos en el agro, es posible observar como históricamente el campesinado medio puede renunciar a percibir la renta del suelo (incluido el interés sobre el capital invertido) –en el caso de los que son propietarios fundiarios-, puede resignar toda o parte de la ganancia media que les correspondería como capitalistas, e incluso puede regular su remuneración como productor directo aun por debajo del equivalente al salario correspondiente. Estas y otras posibilidades contenidas en el repertorio de estrategias de supervivencia de las explotaciones campesinas  las diferencian de las empresas puramente capitalistas, donde diversos obstáculos objetivos y subjetivos dificultan severamente la adopción de conductas económicas similares a riesgo de negar y vaciar de sentido el carácter de productoras de plusvalía a través de la producción de mercancías que poseen por definición las unidades capitalistas.

Por otra parte la peculiar situación socioproductiva de los campesinos medios los suele colocar también en el centro de la escena en materia de lucha y resistencia frente a las consecuencias de los procesos de concentración económica (de la propiedad de la tierra, del capital y de la producción),[30] lo cual resulta particularmente observable en países dependientes como Argentina, donde además es fuerte el peso de la clase terrateniente de origen precapitalista –visualizada históricamente por amplias franjas del campesinado como responsable de muchos de sus problemas de acumulación y desarrollo-, al tiempo que, como ocurre en la pampa húmeda, se halla firmemente instalado el modo de producción capitalista.[31]

Sin perjuicio del contenido fundamental de la categoría, es decir productores directos caracterizados por contratar fuerza de trabajo asalariada sólo en forma esporádica y por la relativa excepcionalidad del recurso a la venta de su propia energía laboral, la apertura de esta fracción de clase en por lo menos tres capas diferenciadas, una superior (acomodada), una media y otra inferior, permite observar mejor los efectos desestructurantes del capitalismo sobre el campesinado, que en este caso empujan a una pequeña porción de los medios hacia la fracción de campesinos ricos, y a otra –más numerosa- hacia la condición de pobres e incluso en algunos casos a su total proletarización, preservándose en la capa intermedia los atributos más característicos de la categoría de campesinos medios.

Vale insistir: si bien ciertas confusiones resultan explicables por debilidad o ausencia de pensamiento teórico, o por el peso del "sentido común" y del vocabulario cotidiano de la época articulados con matrices empiristas de investigación, ello no autoriza a confundir dos realidades -y a las categorías que las expresan- tan disímiles como la producción capitalista y la producción campesina (familiar),[32] aun cuando la segunda se halle subsumida en una economía capitalista consolidada. Así, un productor directo que trabaja con bueyes y anticuados instrumentos de trabajo, que vende sus granos al precio que le indica el acopiador, que no explota trabajo asalariado ni tampoco enajena el suyo, es un campesino medio; tanto como lo es otro productor directo que utiliza cosechadora con aire acondicionado y pasacasette, que vende en el mercado de futuros, pero que al igual que el anterior ni compra ni vende fuerza de trabajo.

El concepto es el mismo porque (desde la perspectiva teórico-metodológica del análisis marxista) la esencia de las relaciones sociales en base a las cuales esta fracción de clase realiza su producción es la misma. Lo cual no niega en absoluto la existencia de notables diferencias y asimetrías entre unos y otros -propiedad de la tierra, tipo de tecnología disponible, situación financiera, escala de producción, mera subsistencia o acumulación de capital, etc-, que obligan a introducir y definir nuevos subagregados de productores que reflejen, como ya se indicó, la estratificación al interior de la categoría básica.

 

7. Resumen y conclusiones

 

En primer término, más allá aciertos y errores, considero imprescindible reiterar mi convicción acerca de la necesidad de retomar y dar a conocer los riquísimos contenidos teóricos y metodológicos que el acervo marxista ofrece, sin perjuicio de su prioridad como orientador de la praxis revolucionaria, a todos aquellos interesados en la investigación y el estudio de los diferentes planos de lo social; lo cual en todos los casos contribuirá a revertir siquiera parcialmente la actual correlación de fuerzas que caracteriza la coyuntura intelectual (político-cultural) internacional y local en vísperas del nuevo milenio, cuasi absolutamente monopolizada por las diferentes expresiones del pensamiento burgués en línea con los éxitos relativos que el sistema imperialista y capitalista mundial ha obtenido en los últimos veinticinco años.

En última instancia el disparador de estas notas ha sido el estímulo polémico ofrecido por diversas interpretaciones de la problemática agraria argentina en las que se suele dar por sentada la inexistencia de un problema campesino en el país, en virtud del supuesto de que el modo de producción capitalista se habría afirmado en el campo antigua y profundamente lo que excluiría la presencia con alguna relevancia del campesinado, especialmente en el ámbito pampeano.

De esta manera, luego de precisar preliminarmente los rasgos esenciales del concepto de campesino o campesinado, hemos procurado en primer lugar aclarar, y explicar, como campesinado y capitalismo no sólo no son conceptos que se excluyan de manera absoluta, sino que el campesinado constituye una parte importante de la estructura de clases "clásica" de los países capitalistas; aun cuando su papel tiende secularmente a restringirse como producto de la dinámica de la acumulación de capital que los impulsa a la crisis, ruina y expropiación. Tendencia que es mas lenta, tortuosa y zigzagueante de lo que se supone en algún caso.Retomamos pues la teoría marxista del desarrollo del capitalismo en el agro, especificando el sentido de los denominados procesos de descampesinización.

Así como está absolutamente demostrado que si la masa campesina precapitalista no resulta objeto de profundos procesos históricos de descomposición, diferenciación y polarización social, contribuyendo de ese modo al surgimiento y desarrollo de las dos clases fundamentales del modo de producción capitalista, no existirá capitalismo alguno; también resulta evidente –y así lo hemos planteado- que para que pueda afirmarse el predominio de dicho régimen socioeconómico basta con que el trabajo asalariado se presente como la relación social principal (no única, ni absolutamente predominante) en la producción agraria, lo que equivale a situar la descampesinización en términos de un cierto grado de plasmación, que denominamos necesario, relativo y suficiente para la vigencia del capitalismo.

Posteriormente, una vez alcanzada la entidad de suficiente, la tendencia a la descampesinización continúa, como lo muestran las estadísticas históricas de muchos países donde la desaparición de explotaciones basadas en el trabajo familiar es lenta pero constante; y donde las que utilizan asalariados –que normalmente son las menos- concentran lo esencial de la producción. Aun así, junto a esta dinámica principal, suelen presentarse factores contrarrestantes, y en primer lugar las propias políticas agrarias, como se observa en Francia donde subsiste un campesinado de manera artificial, o en EEUU donde los subsidios estatales han retardado la culminación del proceso de descampesinización.[33]

Más allá de estas precisiones, otro punto sobre el que hemos argumentado es la posibilidad de establecer dos fases esenciales dentro del proceso de descampesinización, una que se podría denominar precapitalista y otra postcapitalista, entre las cuales el rasgo a destacar sería el cambio de caracter –de progresivo a reaccionario- que se produce de una a otra etapa. A su vez en la segunda, en especial en el capitalismo avanzado, el contenido de rémora o subsistencia de lo antiguo que expresa el campesinado se mezcla, y se solapa, con otras modalidades campesinas hipermodernas e hipertecnologizadas, que poseyendo en común el caracter familiar de la producción, se diferencian por el grado general de desarrollo alcanzado lo que permite a las explotaciones más capitalizadas ponerse relativamente a salvo de la crisis y la desaparición compitiendo hasta cierto punto con las unidades de tipo capitalista pleno (en realidad lo hacen mientras la dotación familiar es suficiente, pues sino deben "hacerse" capitalistas o retroceder hacia la capa superior de los campesinos pobres y a la obtención de ingresos extraprediales).

El caso mencionado alude principalmente a la categoría de campesinado medio, sobre la cual, dada su problematicidad expresada en las actitudes que hacia ellos mostraron las grandes experiencias revolucionarias del siglo XX y su especial resistencia a los efectos de la descampesinización, hemos realizado una serie de consideraciones, concientes de sus alcances polémicos y de la necesidad de estimular la discusión en torno al problema de dicha fracción de clase.

Finalmente, como ejemplo concreto de como presenta la teoría marxista las relaciones entre campesinado y capitalismo, se han transcripto los contenidos básicos de las principales categorías con las que los dirigentes de las revoluciones rusa y china encararon el análisis de las clases sociales en el campo, tanto durante la revolución democrática como en la posterior experiencia socialista, incluída la realización de profundas transformaciones y reformas agrarias.

Nuestro mayor deseo, vinculado a la problematizacion, actualización y desarrollo de estas importantes contribuciones, es haber logrado contribuir a romper el cerco de silencio y marginamiento que pesa sobre un marco teórico, que cuando encuentra un lugar bajo el sol del mundo del pensamiento suele serlo a través de versiones de segunda o tercera mano, de “profesores universitarios” (en el sentido que le atribuía Marx al concepto), o directamente de revisionistas de sus contenidos esenciales y de “lecturas” burguesas adecuadamente esterilizadas del contenido radicalmente revulsivo de todo orden establecido que acompaña al marxismo desde su origen.



[1] Así, no resultan infrecuentes señalamientos acerca de “la conspicua ausencia de una ‘clase campesina’ que desempeñe un papel económico o político de alguna significación a lo largo del último siglo (…) la problemática campesina, que es enteramente marginal, irrelevante social, económica y políticamente…”. Atilio Borón y Juan Pegoraro. Las luchas sociales en el agro argentino. En: P. González Casanova (Comp.) Historia política de los campesinos latinoamericanos. Siglo XXI, México, 1985, p. 194.

[2] Pierre Vilar. Iniciación al vocabulario del análisis histórico. Crítica, México, 1988, p. 268.

En el mismo texto Vilar enfatiza su “desconfianza hacia la utilización de la palabra “campesino” aisladamente empleada, sin más distinciones ni análisis”.

[3] Maurice Dobb. Estudios sobre el desarrollo del capitalismo. Siglo XXI, Bs As, 1976, p. 53.

[4] La existencia de núcleos de campesinado independiente en el marco del mundo feudal, en la transición y en el propio capitalismo se ha constituido en un asunto sumamente discutido y problemático, habiendo sido utilizado en muchos casos (con fuerte influencia del pensamiento Chayanoviano) para intentar fundamentar la existencia de una “economía campesina”, lo que habitualmente se presenta como un cuestionamiento al concepto de modo de producción, una noción clave dentro de la concepción marxista de la historia 

[5] Karl Marx. El Capital. Crítica de la economía política. FCE, México, 1968, Libro I, p. 608.

[6] Federico Engels. El Anti-Duhring. Introducción al estudio del socialismo. Claridad, Bs As, 1972, p. 160.

[7] Una consecuencia que suele inducir este error teórico es confundir formas precapitalistas de la acumulación de riquezas con la moderna acumulación de capital, extendiendo la vigencia del capitalismo más allá del ámbito histórico de su eficacia, y otorgando en consecuencia una cuota de modernidad a sujetos sociales que distantes de resultar una encarnación del capital pueden incluso expresar su antítesis.

[8] Dicha presencia campesina expresa en algunos casos a un fenómeno real y vigente, y en otros a meros fenómenos aparenciales que encubren la consumación relativa de la descampesinización, como ocurre en el caso de una parte de los farmers estadounidenses que ocultan mal detrás de su registro censal su cuasi plena condición de burgueses y proletarios.

[9] U.S. Department of Commerce.  Bureau of the Census. U. S. Census of Agriculture, 1992.

[10] En 1990 aproximadamente 1.819.000 pequeñas y algunas medianas farms produjeron y vendieron solamente el 23% de los productos agrarios, mientras que 321.000 explotaciones que concentran los recursos productivos de la agricultura americana - produjeron el 77%. Así, entre las grandes factory farms y alrededor de un millón de granjas donde el part time farming y los correspondientes ingresos extra-farm constituyen lo esencial del ingreso familiar, se observa la subsistencia de numerosas farms basadas en el trabajo familiar, que procuran sostenerse en base a los ingresos provenientes de la venta de sus productos, las que constituyen un conjunto en transición cuyo destino es crecer, o ser cada vez más part-time farming, o desaparecer.

Willard W. Cochrane. The development of American Agriculture. A historical analysis. University of Minnesota Press, 1993,  p. 162.

[11] Howard Newby. La sociología rural institucionalizada. En: H. Newby y Eduardo Sevilla-Gúzman. Introducción a la sociología rural. Alianza, Madrid, 1983, p. 62.

[12] Vladimir Lenin. Nuevos datos sobre las leyes de desarrollo del capitalismo en la agricultura. Obras Completas, Cartago, Bs As, 1960, t. XXII, p. 73.

[13] Karl Marx. Miseria de la filosofía. Respuesta a la filosofía de la miseria del señor Proudhon. Siglo XXI, México, 1981, p. 91.

Vale destacar que con frecuencia la comprensión unilateral de este tipo de metáforas (que tomadas aisladamente, es justo reconocerlo, se prestan a ello) ha dado lugar a diversas impugnaciones del concepto de modo de producción, y en especial al papel decisivo de las relaciones sociales de producción y a su expresión jurídica en el derecho de propiedad vigente en cada época histórica. Más allá del economicismo, la teoría marxista presenta a la relación fuerzas productivas-relaciones de producción como una unidad de contrarios, cuya dialéctica condensa la estructura y la dinámica del modo de producción, en el cual resulta clave el papel del que Gramsci denominaba “el complejo de las relaciones sociales”.

[14] Al respecto el propio Marx nos da un ejemplo sumamente claro, tanto de una caracterización donde se enfatiza el aspecto principal de un fenómeno como de los peligros de subestimar la especificidad, en última instancia irreductible a lo dominante, de otras determinaciones contradictorias de la totalidad analizada: “Si hoy podemos dar el nombre de capitalistas a los propietarios de plantaciones en Norteamérica y si realmente lo son, se debe a que representan una anomalía dentro del mercado mundial basado en el trabajo libre”. Karl Marx. Grundrisse. Lineamientos fundamentales para la crítica de la economía política. FCE, México, 1985, p. 368.

Para aquilatar las consecuencias de un error teórico de esta clase basta imaginar la magnitud del fracaso que sufrirían aquellos empresarios políticos que procurando realizar un trabajo de agitación y propaganda entre los trabajadores de las plantaciones de Alabama confundieran, allí, capitalismo con esclavismo. Por otra parte es necesario reconocer que a mediados del siglo XIX la mencionada “anomalía” se extendía a buena parte del planeta.

[15] Vladimir Lenin. Primer esbozo de las tesis sobre el problema agrario. Obras Completas, t. XXXI, p. 145 y ss.

[16]  Mao Tse Tung. Cómo determinar las clases en las zonas rurales (1933). Obras Escogidas, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekin, 1976, tomo I, p. 149 y ss.

[17] Decisiones relativas a la diferenciación de situación de clases en el campo. En: Ley de Reforma Agraria de la República Popular China. Ed. Independencia, Bs As, 1986.

[18] Antonio Gramsci. Introducción a la filosofía de la praxis. Ed. Península, Barcelona, 1970, p. 125.

[19] Vladimir Lenin. Primer esbozo de las tesis sobre el problema agrario… p. 148.

Ingresando de pleno en las polémicas que ventilamos, el autor afirma que “la ciencia y la estadistica burguesas emplean sistematicamente el engaño, disimulando por todos los medios el profundo abismo que media entre las clases rurales indicadas y los explotadores, los terratenientes y capitalistas, asi como entre los semiproletarios y los pequeños campesinos, por un lado, y los campesinos ricos por otro”.

[20] Antonio Gramsci. Introducción a la filosofía de la praxis... p. 14.

[21] Pierre Vilar. La transición del feudalismo al capitalismo (1963). En: AA.VV. El modo de producción feudal. Discusión sobre la transición al capitalismo. Ed. Ambos Mundos, Bs As, 1982, p. 61.

[22] Karl Marx. El Capital. Crítica de la economía política… Libro I, p. 646.

[23] Sobre la base de la tesis marxista que señala que el surgimiento y desarrollo del imperialismo a fines del siglo XIX determinó un nuevo sistema económico y político mundial basado en la existencia de países opresores y países oprimidos (dependientes, semicoloniales y coloniales), resulta especialmente pertinente el desarrollo de líneas de trabajo e investigación histórica dirigidas al estudio de cómo esta división fundamental del mundo actual incidió en el desarrollo del capitalismo en los distintos tipos de países, y en especial, en el caso que nos ocupa, cómo condicionó y orientó los diferentes procesos nacionales y regionales de descampesinización.

[24] Vladimir Lenin. Primer esbozo de las tesis sobre el problema agrario… p. 153.

[25] Sin olvidar que “aquí, como siempre, lo que se ventila es político. El rigor científico no es una exigencia intelectual abstracta, sino una de las condiciones de un análisis político coherente”.

Jean Chesneaux. ¿Hacemos tabla rasa del pasado? A propósito de la historia y de los historiadores. Siglo XXI, Bs As, 1984, p. 49.

[26] El estudio de la pluriactividad y del part time farming, que tiende a ocupar el interés de diversas líneas de investigación en la sociología rural mundial, apunta sin duda a uno de los núcleos de importancia decisiva para una mejor conceptualización de las clases y fracciones de clase que constituyen las diferentes estructuras sociales agrarias. Indudablemente, a la luz de las categorías marxistas que se han presentado en estas notas, se trata de un campo de indagación sumamente fértil para enriquecer dichas definiciones. Si un campesino pobre se identifica porque suele “verse obligado a vender una pequeña parte de su fuerza de trabajo”, poder establecer en qué consiste esa venta no es un detalle menor; como tampoco lo es la posibilidad de identificar otras actividades alternartivas a la venta de la fuerza de trabajo pero determinadas por las mismas dificultades provenientes de las limitaciones de la pequeña explotación agraria. Naturalmente, como en cualquier otro caso, el modo como se investiga dicha “pluriactividad”, las conclusiones que se extraen y las propuestas teóricas e hipótesis que se sintetizan y proponen tenderán a reflejar las características de los diversos marcos teóricos (y políticos) de los investigadores.

[27] Mao Tse Tung. Para la cooperativización agrícola debemos apoyarnos en la militancia del Partido y de la Liga y en los campesinos pobres y campesinos medios inferiores. Obras Escogidas… tomo V, p. 222.

[28] “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Karl Marx. Tesis sobre Feuerbach. En: Federico Engels. Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. Anteo, Bs As, 1975, p. 92.

[29] Harriet Friedmann. "World market, state, and family farm: social bases of household production in an era of wage labor." Comparative Studies in Society and History 20, 1978, p. 545-586.

[30] Lenin, en 1920, en circunstancias de la lucha por la consolidación del régimen socialista, consideró a los campesinos medios como un sector a neutralizar, dado que en un primer momento sus vacilaciones los inclinan hacia el lado de la burguesía, “porque aquí prevalecen la mentalidad y el espíritu de propietarios; el interés por la especulación, por la ‘libertad’ de comercio y de propiedad es inmediato; el antagonismo con los obreros asalariados es directo”. Sin embargo, “el proletariado triunfante mejorará inmediatamente la situación de este sector suprimiento los arriendos y las hipotecas” y desarrollará la política agraria socialista “con las mayores precauciones y de un modo gradual, sirviéndose del ejemplo, sin ejercer coacción alguna sobre los campesinos medios”. Vladimir Lenin. Primer esbozo de las tesis sobre el problema agrario… p. 148.

Nótese que en el caso de China, en 1948, Mao impulsaba la “línea de apoyarse en los campesinos pobres y asalariados agrícolas y unirse firmemente con los campesinos medios para abolir el sistema feudal”; y criticando los errores “de izquierda”, se manifestaba contrario a quienes “en lugar de propagar el punto de vista de que el proletariado ha de unirse con todo el pueblo trabajador y los demás oprimidos –la burguesía nacional, los intelectuales y otros patriotas (incluidos los shenshi sensatos que no se oponen a la reforma agraria)- a fin de derrocar la dominación del imperialismo, del feudalismo y del capitalismo burocrático y establecer una República Popular China y un gobierno democrático-popular, han difundido la idea de que son los campesinos pobres y asalariados agrícolas los que conquistan el país y lo gobiernan, o de que el gobierno democrático tiene que ser un gobierno exclusivo de los campesinos, o de que este gobierno sólo debe escuchar la voz de los obreros, campesinos pobres y asalariados agrícolas, y no han hecho mención alguna de los campesinos medios, los artesanos independientes, la burguesía nacional y los intelectuales”. Mao Tse Tung. Corregir los errores de “izquierda” en la propaganda de la reforma agraria. Obras Escogidas, tomo IV, p. 201.

Es interesante comprobar -a la luz de una teória común- como el tiempo, el lugar y las circunstancias van definiendo las modalidades de la lucha nacional y de clases, incluidas las luchas sociales agrarias. Diversos grados de desarrollo del capitalismo, distintos momentos en el proceso revolucionario, y otros factores de singular importancia muestran las especificidades (en ambas experiencias y en los matices de las conceptualizaciones ofrecidas por Lenin y Mao sobre las clases en el campo)  de diferentes momentos históricos de las relaciones entre capitalismo y campesinado. Asimismo considero que ratifican plenamente la capacidad de las conceptualizaciones ofrecidas en el punto 4. para reflejar y seguir la evolución y los distintos momentos del proceso de descampesinización, desde el extremo del capitalismo incipiente hasta las estructuras sociales del capitalismo “avanzado”, pasando por fases intermedias como la reflejada por Lenin en 1920.

[31] Quisiera ser lo más preciso posible respecto al sentido de estas afirmaciones: la clase obrera rural, los semiproletarios y los campesinos pobres constituyen sin duda la inmensa mayoría de los productores directos agrarios –cualquiera sea el grado de maduración del régimen capitalista en el campo- y como tales representan las fuerzas motrices esenciales de cualquier cambio social revolucionario. Pero el objeto central de estas notas apunta a reflexionar sobre las relaciones entre campesinado y capitalismo, en cuyo contexto hemos considerado de interés analizar algunos aspectos del campesinado medio –muy importante en el agro pampeano-, que si bien “tiende espontáneamente al capitalismo” (Mao) sufre también los efectos expropiadores de sus leyes de acumulación y desarrollo, circunstancias especialmente agudizadas en los países dependientes.

[32] Además de su pertinencia en relación a la actualidad de las estructuras agrarias, esta observacion es relevante "hacia atrás" en términos de referencia para el análisis histórico. Sin embargo quisiera remarcar su proyección “hacia adelante”, toda vez que la distinción entre producción capitalista y producción familiar (en tanto implican distintas formas de organización social de la producción) resulta clave con vistas a un posible desarrollo socialista de la sociedad bajo análisis.

[33] Nótese que se trata de políticas de estado donde se presta atención a factores tales como la defensa nacional, la preservación del medio ambiente y de los recursos naturales, y a otros aspectos de lo que actualmente las potencias europeas denominan la “multifuncionalidad” del agro. Quedan claras las dificultades que sufren los países dependientes y subdesarrollados –fuertemente endeudados- para disponer de fondos asignables a este tipo de iniciativas, lo que los lleva en las condiciones del mercado mundial a perder “competitividad” internacional en sus productos agropecuarios de exportación y a padecer el aceleramiento del éxodo rural, el deterioro de la capa de tierra fértil, al desempleo creciente y al incremento de la pobreza.

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