Estos días se cumple un año desde que partí hacia Móstoles. El gran
sueño perseguido desde hacía unos dos años se hizo realidad.
La Correspondencia no fue fácil, como para los demás,
pero tengo que decir que disfruté haciendo amigos durante el
estudio. Lo curioso es que los amigos los hice a través de este
medio, de Internet.
Este fin de semana estoy con mi mujer y mi hijo
recordando, casi hora a hora, lo que estábamos haciendo hace ahora
un año. A saber, desde los preparativos hasta los siguientes días
posteriores a la partida. Y cómo no, recordando el viaje al
aeropuerto.
Lo vivido en Móstoles no se puede describir. Y por lo
que he podido comprobar después de hablar con gente de turnos
posteriores a todo el mundo le ha pasado igual. Es indescriptible lo
vivido y uno siente añoranza de verdad.
Además he tenido la suerte de vivir de alguna manera
los siguientes turnos gracias a compañeros de Correspondencia con
los que he tenido la oportunidad de hablar, e incluso, algunos
turnos en los que día sí, día también, por teléfono, compartía las
experiencias, las angustias y los miedos. Todo esto, de alguna
manera, me han hecho revivir mi estáncia en, como digo
cariñosamente, "El Cole".
El recuerdo hacia los profesores y hacia mis compañeros
es el mismo que el primer día. Recuerdo las primeras impresiones al
verlos, y la amistad al dejarlos. Lamentablemente algunos han
desconectado absolutamente y ya no hemos podido volver a hablar. Con
otros, sin embargo, sigue el contacto y espero que siga durante
años.
Mi vida como profesional de la autoescuela se basa en
media jornada como profesor de Prácticas. Ya me he encontrado de
todo: alumnos aplicados, alumnos difíciles, algun "pijo" o "hijo de
papá", etc. De todos modos he tenido suerte y no me he encontrado
ningún caso, digamos, desastroso. Aunque por supuesto, a media
jornada, tampoco he tenido demasiados alumnos.
Y los resultados con los alumnos han sido buenos. Todo
esto a pesar de que la sensación en Móstoles fue de que el curso era
flojo y que no aprendimos demasiadas cosas nuevas. Todo era más de
lo mismo (de la Correspondencia) aunque, evidentemente, había que
estudiar mucho. Pues nada más lejos de la realidad. Gracias a los
profesores que tuvimos y a los propios compañeros la cantidad de
cosas aprendidas es bestial. Y uno se da cuenta meses después de
volver de allí.
Al recordar momentos y comentar con ex-compañeros
ciertas vivencias y artículos del Reglamento, le sacas jugo a las
explicaciones de los profesores. Y sólo mirando las integraciones de
tus compañeros de clase ya basta para que cojas muchas ideas para
tus futuras clases de teórica y de práctica.
Así que sólo me falta agradecer a todos los profesores
lo que me dieron para mi formación, Abilio, Gabi, Fanny, Elisa,
Jesús, Luz, Miguel Ángel, Ana, Feli, y a los demás que vinieron de manera
esporádica a darnos clase.
Igualmente a todos mis compañeros por su colaboración y
ayuda en clase y en el estudio, José, Moncho, Ángel, María Jesús,
Mario, Javier, Gloria, Juan, Miguel, Antonio, César, Marco, Juanjo,
Pedro-Jesús, Pedro, Jesús, Juanjo, Francisco, Mercedes, Rafa,
Roberto, Marisé, Juanma, José, Gloria-Yolanda, Yolanda, Eduardo,
Francisco y Emilio.
A otros compañeros de otras clases con los que también
estudiamos juntos,
A mis compañeros de piso, especialmente Carlos por su
dedicación y su saber, y también por aguantarme.
Y por supuesto, a mi esposa y mi hijo la paciencia que
han tenido, y siguen teniendo.