Este breve escrito se publicó en la revista
Tráfico en su número 175, Noviembre de 2005.
Soy
profesor de autoescuela y muchos días algún conductor al que
incomodan los aprendices me pide que me vaya a enseñar a la Casa de
Campo.
La
intransigencia y la falta de comprensión y ayuda generan no pocas
dificultades en mi labor. Sería más fácil si ciertos conductores
colaboraran, pero, a falta de eso –porque un alumno no señaliza
alguna maniobra–, va
un ‘listo’ y te
indica cómo debes enseñar. El mismo ‘listillo’, acto seguido, da un
acelerón y esquiva bruscamente al vehículo de delante, demostrando
lo bien que maneja.
Educación,
modales y civismo no se aprenden en la autoescuela, si no se han
aprendido en los 18 años anteriores a acudir a ella.