Francisco Paz Fuentes (Presidente de la Asociación de Profesores de
Formación Vial de Valencia)
No, no se trata de las "profecías de Nostradamus"; desgraciadamente
es una realidad que se repite cada año por estas fechas. No sabemos
los nombres de los desgraciados, pero sí sabemos cuál será el motivo
de su muerte.
Sabemos que la mayoría morirá (y causará otras muertes) por
distraerse conduciendo, distracción causada por la fatiga, por el
uso del móvil, por esa copita de más que teníamos que haber evitado
después de comer, por relajarnos
cuando ya hemos llegado al destino pensando que ya somos inmunes al
accidente, etcétera.
Otro gran
porcentaje morirá (y a veces matará) por ir a velocidad excesiva,
por no adecuar la velocidad a las exigencias puntuales de la
circulación o de la carretera. Ese minuto que nos parece tan
vital y que queremos ahorrar por llegar cuanto antes a nuestro
destino y que después perdemos mirando cualquier escaparate o
chiringuito de playa con total impunidad.
Seguiremos muriendo
(y también matando) por realizar adelantamientos imposibles sin
visibilidad y confiando en que ese que nunca viene de frente las
otras veces, hoy también falte a su cita con la muerte.
Pero, ¿qué nos pasa a los españoles, ese pueblo tan solidario, tan
comprometido con la justicia social y étnica, tan alegre y tan lleno
de vida?, ¿es que somos tan fatalistas que asumimos la muerte en
carretera como una escena más del guión de nuestras vidas?
La vida es el más
hermoso don, no permitamos que un mal invento del hombre acabe con
ella. El próximo verano no podemos faltar a nuestra cita con las
vacaciones, tenemos que seguir viendo crecer a nuestros hijos,
tenemos que seguir sorprendiéndonos con las maravillas de la
naturaleza. Antes de pisar el acelerador miremos a nuestro
alrededor, no podemos perdernos el mañana, es tan simple evitar que
nuestro nombre figure en las listas de la muerte...