Cuando Salaverry se sublevaba, Gamarra estaba en Bolivia como refugiado, allí fue a ver a Santa Cruz que era presidente. Ambos querían la unión del Perú y Bolivia, pero cada uno deseaban hacerlo bajo su control. En este momento Gamarra estaba en situación de derrotado y aparentó someterse para llegar a un acuerdo con Santa Cruz. En Chuquisaca, ambos militares convinieron en formar una gran federación de 3 estados. Norte, Centro y Sur. Este último constituído por Bolivia. Se eliminaría a Orbegoso del escenario político y Santa Cruz ayudaría con armas a Gamarra para apoderarse del sur peruano. El Perú quedaba dividido en dos partes.
Fue así como Gamarra ingresó al Perú en mayo, y las fuerzas de Puno al mando de Lopera se le unieron. Más tarde el coronel Larenas, le rendiría el Cuzco, no obstante las protestas del coronel ayabaquino Miguel Medina.
Gamarra entonces proclamó en el Cuzco la independencia del Estado del Centro, el 10 de junio de 1835.
En esos momentos el Perú tenía tres mandatarios; Gamarra en el Cuzco, Orbegoso en Arequipa y Salaverry en Lima.
La política se hacía en esa época en base a deslealtades y Santa Cruz era el prototipo del inescrupuloso e intrigante. Por su parte Gamarra cambiaba de acuerdo a sus intereses del momento. En cuanto a Santa Cruz el haber asumido compromisos con Orbegoso no le había impedido atender a la delegación que le envió Gamarra en demanda de auxilio para la cual también aceptaba el plan del presidente boliviano de crear una federación del Perú y Bolivia, con tres estados. El 15 de junio se suscribió el tratado con lo cual Santa Cruz prefirió a Orbegoso que era presidente y menos peligroso que Gamarra al cual temía, pero que en ese momento no tenía autoridad legal.
También Gamarra intentaba hacer un doble juego manteniendo conversaciones al mismo tiempo con Salaverry y con Santa Cruz, pero el pacto de este con Orbegoso lo decidió a ponerse a disposición del caudillo que gobernaba en Lima.. Desde ese momento Gamarra se torna enemigo irreconciliable de Santa Cruz
Salaverry aceptó la adhesión de Gamarra y dispuso que con sus tropas tratase de unírsele evitando todo encuentro con el ejército de Santa Cruz que había ya ingresado en territorio peruano y avanzaba sobre el Cuzco. A las fuerzas bolivianas se unieron los efectivos que Orbegoso envió bajo el mando de los generales Trinidad Morán y Blas Cerdeña.
Imprudentemente Gamarra se le enfrentó con la esperanza de una victoria que lo haría una vez más árbitro de la situación. No tuvo en cuenta que sus tropas eran inferiores en número, armamento y disciplina. En Yanacocha se dio la batalla que fue sangrienta, saliendo Gamarra totalmente derrotado. Era el 15 de agosto de 1835.
Derrotado Gamarra tomó el camino a Lima llamado por Salaverry que le ofreció la presidencia del consejo de gobierno. Llegó cuando el Jefe Supremo estaba en Pisco.
Llegaba como un derrotado.- Salaverry le había ofrecido y nombrado como presidente del consejo de gobierno que Gamarra no había aceptado, pero antes de hacerlo el mismo Salaverry ya lo había subrogado de tal cargo.
Nadie recibió a Gamarra en Lima y hasta sus partidarios trataron de evitarlo. Ante esa situación solicitó al consejo de gobierno que le dieran su pasaporte para irse al Ecuador, pero se le dijo que no tenían facultades para dárselo. Decidió por lo tanto embarcarse rumbo a Pisco para entrevistarse con el mismo Salaverry, pero su antiguo partidario, el coronel Medina le hizo saber que detendría al buque que intentaba tomar.
Poco después, el 13 de octubre llegaba de Salaverry, la orden de su deportación y con él, la de Bujanda, Eléspuru, Campo Redondo, Salmón, Egúsquiza y otros. Se les dio un trato indigno, amarrados se les hizo recorrer a pie el camino al Callao y embarcados en el bergatín “Alcance” que se dirigió a Pisco primero y luego a Costa Rica en donde llegaron el 10 de diciembre encontrando allá al general Pedro Bermúdez. En febrero de 1836 Gamarra, Bujanda y Bermúdez dejaron Costa Rica y se embarcaron rumbo a Guayaquil. En Pisco, Salaverry había perdonado a Campo Redondo, Eléspuru y Egúsquiza y les había permitido desembarcar.
Fue en esta conmovida etapa de nuestra vida republicana, que llegó como desterrada a Paita, Manuelita Sáenz Aizpuru.
Tenía por entonces 35 años, y la acompañaban sus fieles servidoras, las libertas Nathan y Jonatás.
Manuelita había nacido en Quito en 1800 bajo tristes circunstancias de madre soltera y padre casado. Como la madre era persona muy conocida en Quito, para evitar el escándalo, la niña fue a dar a un hospicio.
En 1817 estaba en Lima y allí se casó con el inglés James Thorne. Cuando en 1822 Bolívar hizo su ingreso triunfal a Guayaquil, entre las bellas que le tributaron fervoroso homenaje estaba Manuelita. Desde ese momento su destino se encadenó al del Libertador..
Situaciones circunstanciales privaron a Manuelita estar al lado de Bolívar cuando éste murió en 1830.
A partir de ese año y hasta 1832, Colombia fue conmovida por luchas
intestinas a causa de caudillos militares ambiciosos que se sentían herederos
del poder dejado por Bolívar. Por eso desde 1830 en que el Libertador renunció;
llegaron a la jefatura de estado los generales Joaquín Mosquera, Rafael
Urdaneta y José Obando. Este último era el rebelde de Pasco que se había aliado
con
Manuelita no se mantuvo quieta en estos años de agitación política. En 1832 llega al poder por elección su archi-enemigo el general Francisco de Paula Santander, y como se le sorprendió comprometida en conspiraciones tuvo que sufrir prisión y luego el destierro a Jamaica.
Mientras tanto en la flamante república del Ecuador, el poder estaba en manos del general Juan José Flores. En enero llegó a Guayaquil procedente de México en donde había estado 10 años, Vicente Rocafuerte que fue de inmediato elegido diputado por la provincia de Pichincha. A causa de sus ideas liberales, fue desterrado por Flores, radicándose por poco tiempo en Paita. A fines de 1833 Guayaquil se sublevó contra Flores y Rocafuerte fue llamado a comandar el movimiento, pero fue vencido, logrando sin embargo reconciliarse con Flores. Este presidente le había extendido a Manuelita un documento permitiéndole su ingreso al país y eso fue utilizado por la expatriada, en 1834. En 1835 Rocafuerte es elegido presidente.
No se sabe si Manuelita conspiró realmente con
su hermano Luciano Sáenz, pero el hecho concreto es que en 1835 fue deportada
nuevamente por el gobierno de Rocafuerte.
Por esa época, era Paita el sitio preferido por
los exiliados ecuatorianos, por su facilidad para llegar a Guayaquil. Es decir,
siempre había en ellos la esperanza de retornar a su patria en la primera
oportunidad. Eso sin duda pasaría por la mente de Manuelita, pero el hecho
concreto es que en el pequeño e incómodo puerto, en medio de la más grande
pobreza y con renuncia total a todo poder, gloria y fausto, se hundió en el
anonimato.
Manuelita pudo volver en años posteriores a
Ecuador, pero indudablemente no quiso hacerlo. Resulta también incomprensible
el estado de pobreza en que vivió por tantos años cuando su esposo estuvo
siempre empeñado en hacerla poseedora de ricos bienes. Consideramos que pudo
haber logrado una decorosa pensión, pero
se mantuvo soberbia en su pobreza. Para subsistir se dedicó a vender
cigarrillos y tabacos, sobre todo a las tripulaciones de los barcos que
llegaban a Paita y también hacía dulces y flores de papel. En no pocas
oportunidades, tuvo que ser atendida por la caridad de los vecinos.
El periodista Miguel Godos Curay que tanto interés
ha puesto en establecer el lugar en donde vivió Manuelita, asegura que hay dos
versiones. Según una de ellas, la casa donde vivió habría estado ubicada en la
tercera cuadra del jirón llamado ahora Nueva del Pozo. La otra versión asegura
que su domicilio estuvo en el jirón Mariscal Castilla, precisamente en la casa
que habitan los padres del periodista Godos Curay, que es propiedad de la
familia Gutiérrez Pacheco con residencia en Catacaos, los que la habían
comprado a la familia Arguelles. Esto el año 1990.
Tras residir 21 años en Paita, murió el 23 de
noviembre de 1856 víctima de una mortal epidemia de difteria que asoló al
puerto. Su cuerpo fue llevado en una
carreta a una fosa común y su casa fue quemada, salvándose algunos pocos pero
muy valiosos documentos por el general Antonio de
Salaverry proclamó el 7 de julio de 1835, la guerra a muerte contra Santa Cruz y los bolivianos. Eso le dio carácter de cruzada nacional a su campaña y logró la adhesión de muchos jefes militares que antes le habían sido contrarios, pero hizo de la lucha ago feroz y sin derecho para los vencidos.
Pero el ejército boliviano había sido bien
preparado, armado y equipado con esa gran capacidad organizativa que
caracterizaba a Santa Cruz. Esas fuerzas, más las que tenía Orbegoso, aparecían
muy superiores a las que oponía
Salaverry.
Santa Cruz tenía sus fuerzas distribuidas entre Ayacucho, Apurímac y Cuzco, habiendo fracasado en todo intento por atacarlas desde Ica. Por tal motivo utilizando la escuadra buscó Salaverry cortar a Santa Cruz su abastecimiento y conexión con Bolivia, desembarcando en Arequipa.
Entonces los papeles se invirtieron y Orbegoso avanzó sobre Lima, entrando a la capital el 6 de enero de 1836. Una vez mas este general fue muy bien recibido por los limeños; así de voluble era la gente. Juana Pérez la esposa fiel de Salaverry que lo había seguido en toda su campaña, se vio precisada a refugiarse en una fragata francesa que la condujo a Chile. Con ella iba el niño Carlos Augusto de solo cuatro años de edad que con el tiempo se convertiría en el poeta romántico peruano más grande de su época. Allá en el exilio sufrieron largos años de extrema pobreza en forma tal que el niño ni siquiera concurrió a una escuela y cuando llegó a la pubertad, apenas sabía leer y escribir.
Salaverry logró ingresar a Arequipa, pero la población le era
adversa. Desde esta ciudad escribió una carta a Orbegoso, ofreciéndole ponerse
a sus órdenes, si accedía a repudiar
Santa Cruz y los efectivos peruanos al mando del general Blas Cerdeña, concentraban sus tropas en Puno, y con ellos avanzaron sobre Arequipa. A principios de febrero tomaron contacto los oponentes y tras de tres días de encuentros que culminaron el 4 de febrero en las afueras de la ciudad, en el llamado puente de Uchumayo, la victoria favoreció a Salaverry, que derrotó a la vanguardia boliviana mandada por Ballivián y a la división peruana comandada por Cerdeña, el cual salió con grave herida en el rostro.
En memoria de esta acción se compuso la famosa marcha llamada Ataque de Uchumayo, pero Salaverry cometió el error de no perseguir a los vencidos que lograron rehacerse.
Tres días más tarde se volvieron a encontrar los contrincantes en
Socabaya y la acción se trabó de
Entre los fugitivos, Mendiburu con 230 hombres tomó el camino a Islay para tratar de llegar a la escuadra. Con él estaban los generales Iguain e Ildefonso Coloma. Los perseguía Miller que recurrió a una estratagema para hacerles creer que tenía mayores efectivos que los que realmente poseía. Se entregó Mandiburu, pero no Coloma e Iguain que picando espuelas llegaron a Islay.
Salaverry con otros grupos de fugitivos se encaminó a la costa por Quilca, pero en el curso de la fuga el caudillo se magulló una pierna. Decidieron entregarse a Miller que ofreció garantías para su vida. Salaverry había ofrecido entregar la escuadra a Miller a cambio de que se le permitiera refugiarse en el barco de guerra inglés “Basilisk” que se encontraba frente a Islay. Pero el coronel Ildefonso Coloma que se encontraba refugiado en la escuadra, persuadió al capitán de navío García del Postigo de que no lo hiciera y que mas bien fuera a entregarse en el Callao a Orbegoso antes de entregar los barcos a un extranjero como Santa Cruz. No había duda de que Coloma y con él Iguain que también estaba embarcado, lo que hacían era evitar caer en las manos de Santa Cruz sin importarles la suerte de Salaverry. Al llegar la escuadra al Callao, fue el coronel Iguain el encargado de formalizar la entrega.
Mientras tanto, Salaverry fue conducido por Miller ante Santa Cruz que estaba en Arequipa.
El 11 de febrero fue iniciado el juicio contra los prisioneros, no obstante las protestas de Salaverry y los suyos de que habían recibido garantías de Miller al momento de entregarse y que el mismo Miller trató de interceder ante Santa Cruz. El 18 de febrero fueron sentenciados a muerte Salaverry y el general Juan Pablo Fernandini. También los coroneles Camilo Carrillo (padre del marino paiteño Camilo Carrillo), Miguel Rivas, Gregorio del Solar, Juan Cárdenas, Manuel Valdivia, Julián Picoaga y Manuel Moya. Se les conmutó la pena de muerte por 10 años de presidio a Ramón Vargas Machuca (de Piura), Valentín Boza, Sebastián Fernández, José Arancibia y Lucas Rueda.
El 18 de febrero de 1836 fueron fusilados a las 5 y 30 de la tarde, los 8 militares, ninguno de los cuales pasaba de los 35 años. Como escenario sirvió la plaza de armas en donde se había reunido una inmensa muchedumbre. Basadre dice que el coronel Moya fue el más sereno y con indignación arrojó la venda con la que se intentó cubrirle los ojos. En esos momentos de tensión el general Fernandini huyó entre la multitud y allí fue cogido por un paisano. Eso muestra cuan contrarios estaban los arequipeños contra Salaverry. Fernandini fue muerto por los soldados que le perseguían.
Los otros 7 recibieron las descargas de los tiradores y todos cayeron menos Salaverry. Este hizo un gesto con la mano como para detener la nueva descarga y gritó: ¡la ley me ampara!. Una nueva descarga lo dejó muerto.
De acuerdo a las leyes de guerra, solo una vez se puede fusilar a un
reo. Si sobrevive, debía quedar libre. A eso seguramente se refería Salaverry.
El no fusilar dos veces a una persona, seguramente era un rezago de las
ordalías o Juicios de Dios, de
Con la muerte de Salaverry, todo el Perú quedaba en poder de Santa
Cruz y de Orbegoso y los planes de
Piura, conocía a casi todos los protagonistas de la guerra civil. Acá habían estado Santa Cruz, Orbegoso, Salaverry, Gamarra, Valle Riestra, Nieto, Echenique, Castilla, Morán, Vidal, Cerdeña, Fernandini, etc.
Santa Cruz que fue gobernador de Piura y había dejado
acá muchos amigos y por eso no era raro que tuviera tantos partidarios. También
Sullana le debía el cambio de nombre de
A mediados de diciembre de 1835 el general Francisco de Paula Otero se pronunció en Huaraz a favor de Orbegoso y arrastró tras de si a todo el norte, incluyendo a Piura. El general Otero se trasladó luego a Trujillo y allí recibió a Orbegoso que recorría la costa norte.
La esposa de Salaverry y el pequeño Carlos Augusto, se refugiaron en la fragata de guerra francesa “Flora” que estaba surta en la bahía del Callao. Posteriormente lo hicieron en tal barco el coronel Ramón Castilla, el general Allende, los coroneles Iguain, Ildefonso Coloma y los marinos Juan García del Postigo y Pedro Salmón.
Solo la familia de Salaverry, Ramón Castilla y Allende continuaron en la “Flora” que se dirigió a Chile pues los restantes fueron transbordados a la corbeta peruana “Libertad” que el 16 de mayo de 1836 partió del Callao, llevando a García del Postigo, Salmón, Coloma, Iguain y a otros desterrados a Costa Rica.
A fines de mayo, la corbeta anclaba brevemente en Paita, tomaba abastecimientos y continuaba viaje.
En Piura, había sido repuesto Rázuri como sub-prefecto y el mando militar había sido encomendado al querecotillano Francisco Vargas Machuca, por orden del general Francisco de Paula Otero, que tenía en Trujillo el mando militar de todo el norte.
La corbeta “Libertad” tenía una marinería que en su mayoría era salaverrista, no obstante lo cual su capitán Giral Chacón, pudo hacer la travesía sin novedad, pero al llegar a la bahía de San Blas en Panamá el 3 de julio, la tripulación se sublevó y retornó a Guayaquil en donde desembarcaron los deportados. Allá estaban ya Gamarra y Bujanda, el capitán Juan Salaverry, hermano del ejecutado; y los piuranos comandante Manuel Frías Lastra, el general José María Raygada, y sus hermanos los capitanes Buenaventura Raygada y Eugenio Raygada.
El arribo de “
El cónsul peruano en Guayaquil, Roldán, logró que el barco volviera a poder de sus comandantes y jefe de travesía José Giral Chacón.
El general Manuel de Mendiburu, en su Diccionario Histórico Biográfico, da a conocer las cartas que Salaverry envió a sus esposas antes de morir, el testamento y su protesta, por lo que él con toda razón llamaba asesinato cometido por Santa Cruz, pero que era consecuencia de la guerra a muerte que él mismo declaró.
Miguel Seminario Ojeda nos ha hecho llegar el testamento del general, que dice:
“En nombre de Dios todo poderoso, con cuyo principio todas las cosas tienen feliz medio, loable y dichoso fin, amén. Sea notorio como yo; don Felipe Santiago Salaverry, general de brigada de los ejércitos del Perú, natural de la capital de Lima, hijo legítimo de don Felipe Santiago Salaverry y de doña Micaela Solar, que vive. Confieso que soy católico, apostólico romano. Que creo en todos los misterios y sacramentos que manda nuestra santa madre iglesia.
Declaro que soy casado y velado según orden de nuestra santa madre iglesia con doña Juana Pérez de Infantas, en cuyo matrimonio hemos procreado un hijo de edad de un año, nombrado Felipe Alejandro Augusto Salaverry y Pérez existente en Lima. Declaro que tengo así mismo al lado de la referida mi esposa, otro hijo natural nombrado Carlos Augusto a edad de cinco años e hijo de doña Vicenta Ramírez natural de Piura y que encargo a la referida mi esposa no lo separe jamás de su lado y cuide con esmero de su educación. Declaro que este hijo natural ya expresado tiene derecho a los bienes de su madre, pero que es mi voluntad que no se mueva del lado de mi esposa legítima aún cuando por razón de estos bienes se suscitase algún pleito. Declaro no tengo bienes raíces y sí solo cuatro mil pesos en dinero en poder del capitán del bergatín de guerra de su majestad británica, “Basilisco” de cuyo dinero tiene conocimiento el señor general Miller y es mi voluntad que este dinero se entregue a la referida mi esposa para que use de él, según sus necesidades o su voluntad. Declaro que tengo también por bienes, la deuda de mis sueldos en diferentes épocas y especialmente en esta última y quiero que cuando haya un gobierno de la nación que los mande a pagar, se entreguen a la referida mi esposa.
Declaro que tengo acreedores y deudores, cuyos nombres y cantidades ahora no puedo recordad y suplico a los que me deben que paguen a la referida mi esposa y que ella haga lo mismo cuando tenga con que, si el gobierno paga, a los acreedores que se presenten con documentos en debida forma.
Declaró que después de muerto es mi voluntad, que mi hermano don
Juan recoja mi cadáver, lo haga exhumar y colocar en un cajón de lata, para
conducirlo al panteón de Lima en donde será depositado en nicho perpetuo, con
una inscripción sencilla que manifieste mis servicios a la patria. Nombro por
mi albacea a mi citada esposa doña Juana Pérez de Infantas. Por mis herederos a
mi hijo legítimo Felipe Alejandro Augusto Salaverry. Nombro como tutora y
curadora de mi hijo mayor a la misma mi esposa. Revoco otras disposiciones que
antes de ésta haya hecho y otorgado. Que es hecho en
la ciudad de Arequipa a diez y ocho días del mes de febrero de mil ochocientos
treinta y seis años.
Firmado con el Señor Doctor Mariano Blas de
En este testamento se revela y confirma la
filiación del poeta Carlos Augusto, al cual nombra así en este documento y no como Carlos Avelino. Aún
cuando no lo nombra como heredero, sin embargo, lo deja al cuidado de su esposa
Juana Pérez por su extrema pobreza no pudo darle escuela al futuro poeta, pero
éste amó mucho a su madrastra y la consideró como su verdadera madre, como se
puede apreciar en sus versos.
Como era lógico suponer, Giral Chacón no podía confiar en la mayor parte
de la marinería que era adicta al partido de Salaverry o lo que era lo mismo
enemiga de Orbegoso y por tal motivo la licenció en Guayaquil,
enviando al alférez de Marina Ríos que era su segundo a Paita para reclutar
entre la gente de mar de este puerto, los marinos que debían reemplazar a los
expulsados.
Pero el cónsul Roldán, logró descubrir que Ríos y el desterrado capitán de navío Salmón eran muy amigos y que este último estaba tratando de reunir a los tripulantes licenciados para tomar los barcos al abordaje. Por tal motivo, tan pronto como llegaron los marineros paiteños, dispuso que Giral Chacón partiera a Paita. En este puerto, se produjeron algunas situaciones discrepantes entre los marinos paiteños no acostumbrados a la rígida disciplina naval, pues por tener allí sus hogares, pretendían pasar la mayor parte del tiempo en ellos. En vista de la situación los barcos con unos pocos tripulantes, se trasladaron a Huanchaco en donde estaba el resto de la escuadra peruana.
Por eso entonces, se habían producido algunas fricciones entre la naciente Confederación Perú Boliviana y Chile. Este país acusaba a Santa Cruz y a Orbegoso de haber apoyado un intento de invasión del general chileno Ramón Freyre. Este se encontraba asilado en el Perú, y como era costumbre en los desterrados, conspiraba contra su gobierno. En esos días Orbegoso que estaba necesitado de dinero y que en forma equivocada daba poca importancia a la escuadra, decidió vender en subasta los barcos de guerra, el bergatín “Orbegoso” y la fragata “Monteagudo” las que fueron adquiridas por Freyre que con ellas armó una expedición a Chile, la cual fracasó. Chile acusó y con razón a Santa Cruz y a Orbegoso de haber ayudado al rebelde, pero Santa Cruz echó la culpa a Orbegoso.
El ministro Portales de Chile, dispuso que el más poderoso de su
barco de guerra el “Aquiles” saliera al Callao aparentemente en misión de paz,
pero con instrucciones secretas de apoderarse de los pocos barcos que le quedan
aun al Perú. El 21 de agosto por la noche, fueron abordados el bergatín “Arequipeño”, la goleta
“Peruviana” y la barca “Santa Cruz” que estaban casi sin tripulación. Esto puso
tirante las relaciones entre
El 19 de octubre, salió de Valparaíso con cinco barcos chilenos el almirante Blanco Encalada, con órdenes de apoderarse de toda la escuadra peruana.
A causa del ataque del “Aquiles” y ante la amenaza de nuevas acciones marinas de parte de los chilenos, Orbegoso dispuso que el general Trinidad Morán saliera de Lima rumbo a Paita y allí se hiciera cargo de la escuadra. Morán salió de Lima el 23 de octubre de 1836.
El Padre Vargas Ugarte asegura que el gobierno dispuso que la “Libertad” y la “Yanacocha” dejaran Huanchaco y se refugiaran a Guayaquil, y para mayor seguridad, el general Morán las abordara a la altura de Paita. Según el mismo historiador, los barcos llegaron a Guayaquil sin Morán y en el puerto ecuatoriano empezaron otra vez las intrigas de los emigrados para apoderarse de esos navíos, habiendo logrado colocar en la “Libertad” como pilotín a un ecuatoriano.
Los barcos salieron después rumbo al sur y a la altura de las islas
de lobos los marinos de la “Libertad” ya sobornados, izaron la bandera de
Chile. La “Yanacocha” le disparó varios cañonazos pero siendo más débil optó
por huir a Huanchaco. Era el 12 de noviembre de 1836, los sublevados habían
logrado reducir al capitán Santillana y a varios oficiales adormeciéndolos con
opio. Los rebeldes, pusieron a estos oficiales en un bote y los abandonaron a
su suerte estando a
Orbegoso ya había sido advertido a tiempo de que no se podía confiar de la tripulación, y escribió a Rázuri, para que él o Solares asumieran el control de ese barco tan pronto llegase a Paita y no estuviera allí Morán, debiendo cambiar a toda la tripulación, incluyendo al cocinero. El anuncio llegó tarde.
Félix Denegri Luna, en su obra referente a la historia Marítima en
Según este historiador, cuando la corbeta “Libertad” llegó de San Blas, a Guayaquil y de allí partió con marinería paiteña al sur, llevó en su tripulación a dos pilotos. Uno francés llamado León Señoret y otro ecuatoriano, Juan Manuel Uraga. También a un oficial naval de Ecuador Pedro Santillán. La corbeta y la “Yanacocha” partieron al sur y al llegar a Paita desembarcaron a Giral Chacón su capitán y en su lugar tomó el mando Santillán. Así continuaron hasta Huanchaco y de allí recibieron orden de regresar a Guayaquil ante el temor de los barcos chilenos.
Fue entonces cuando se produjo la sublevación a bordo, de lo cual
los mismos cabecillas, Señoret y Uraga elevaron
un parte al llegar a Chile. Dice el parte: “Al día siguiente de nuestra
salida de Huanchaco, prestándose la tripulación a nuestras miras, efectuamos el
movimiento con el mayor orden. La gente se mantuvo en la subordinación más
estricta; y el comandante y demás oficiales aprehendidos, fueron tratados con
el decoro correspondiente a su clase (debemos confesar que abusaron algo de
nuestra moderación, pues llevaron entre sus equipajes la bandera del buque y
otros cuantos artículos que sería demasiado largo enumerar). Tomamos
inmediatamente la vuelta de tierra y el
El gobierno chileno gratificó a Uraga y a Señoret con 8, 000 pesos.
El 17 de marzo de 1836, se habían reunidos en la localidad de Sicuani (Cuzco) 23 diputados de Arequipa, Ayacucho, Cuzco y Puno para crear el Estado Sur Peruano, independiente pero confederado con Bolivia y con el Estado Nor-Peruano que se crearía. Santa Cruz recibió el título de protector.
Orbegoso convocó a los representantes de los departamentos de Lima, Junín, Amazonas y Libertad a reunirse en Huaura. En la región norte la idea no agradó.
Departamento de Amazonas, capital, Chachapoyas
Departamento de Huaylas, capital, Huaraz
Departamento de Junín, capital, Tarma
Departamento de Lima, capital, Lima
Departamento
Representando a
En Huaura se estacionó una división del ejército boliviano, lo cual significaba a las claras una presión.
Los generales Trinidad Morán y Ramón Herrera eran los que hacían y
deshacían de la asamblea, pues a pesar que los
diputados prácticamente habían sido nombrados y no elegidos, no se
mostraban favorables a la participación del Perú.
Esta asamblea terminó por ser igual a otras que adoptaban actitudes totalmente serviles con los poderosos del momento.
Se dispuso que se acuñaran monedas con la efigie de Santa Cruz y leyendas alusivas. Su retrato debería estar en el congreso, en el palacio de gobierno y en los tribunales de justicia. El día 3 de mayo sería fiesta cívica dedicada a Santa Cruz, en el paseo de las aguas se levantarán un arco triunfal, en su honor. Se le asignaba un sueldo de 24, 000 pesos al año, se le acordó un regalo de 100, 000 pesos a su esposa que no aceptó y se le obsequió una espada de oro con brillantes.
Orbegoso fue ascendido a mariscal, y se le obsequió una valiosa condecoración. Se agregó una leyenda mas a su escudo nobiliario y se le hizo una donación de 100, 000 pesos.
Una comisión de
Orbegoso comprendió que ante Santa Cruz encumbrado, quedaba en segundo plano por cuyo motivo hizo conocer que se retiraba a la vida privada. Pero los acontecimientos lo arrastrarían y tuvo que enfrentar los problemas que rápido llegaron.
Los peruano que estaban exilados en Ecuador no se mantuvieron quietos, el más caracterizado era sin duda Gamarra el cual entró en tratos con el general Flores que era el hombre fuerte en ese país en donde el presidente era Rocafuerte.
Flores siempre se había mostrado enemigo del Perú y en los tiempos de Bolívar había planeado invadirlo. Ahora era un peruano, el mismo Gamarra que en Tarqui tuviera tan dudosa actuación, el que le volvía a ofrecer la posibilidad de formar un ejército peruano-ecuatoriano, bajo el comando de Flores para invadir Piura, pero Flores no se quiso aventurar solo y envió a su edecán el coronel Gonzáles a Chile para intentar una alianza.
El presidente Rocafuerte no estuvo de acuerdo con el plan y ordenó al coronel Gonzáles dar por terminada su misión en Chile.
Luego en atención a un pedido que le hiciera el propio Santa Cruz, dispuso que Gamarra, Salas y Bujanda, dejaran Guayaquil y quedaron internados en Cuenca, muy lejos de la frontera.
Lo mismo se hizo con el capitán Salaverry, que habían intentado ingresar al Perú por Lancones y fue repelido por tropas de Rázuri.
En vista de la situación, y como nada podía hacer en Ecuador; Gamarra, Salas, Bujanda, Manuel Frías y Salaverry, se trasladaron a Chile.
José María Raygada con sus hermanos lo mismo que Coloma e Iguain, se habían establecido en la frontera con el Perú, en la localidad de Zapotillo y desde allí ingresaban con frecuencia al territorio de Piura, comunicándose con parientes, amigos y partidarios. Estaba visto que sólo esperaban una ocasión propicia para penetrar hasta la ciudad de Piura.
A pedido a Santa Cruz, el presidente Rocafuerte, no permitió que ningún exilado estuviera a menos de 50 leguas de la frontera. Por lo tanto, Raygada fue internado.
A modo de reciprocidad, se obligó a un exilado ecuatoriano de apellido Mena a dejar Paita y trasladarse a Chiclayo.
En todo tiempo, fue Paita el lugar ideal escogido por los desterrados ecuatorianos, por su facilidad para llegar a Guayaquil.
A Manuelita Sáenz, radicaba en Paita no se le molestó por estar ya totalmente apartada de la política.
Santa Cruz había enviado a Miller como ministro especial, y fue este general que hizo desistir a Rocafuerte de hacer alianza con los chilenos y de ayudar a los exilados.
Portales envió al Callao, al almirante Blanco Encalada con seis barcos, para que se apoderase del resto de la escuadra peruana. Aparentemente tenía una misión conciliadora. Pero en el Callao no fue recibido cuando arribó el 30 de octubre.
La escuadra chilena siguió al norte y llegó a Paita el 10 de noviembre. Envió en un bote a un oficial y varios marinos para entrevistarse con el capitán de puerto Solares en demanda de víveres y de agua. Se le informó que no se le podía atender, en vista de lo cual Blanco Encalada desembarcó marinería y tomó por la fuerza y sin pagar todo lo que consideró necesario. Solares con los pocos soldados de la guarnición se retiró al tablazo.
Blanco Encalada tomó a varios paiteños y los hizo declarar la situación de los barcos peruanos. Así pudo conocer que días antes había estado en el puerto el general Trinidad Morán comandante general de la escuadra, con el bergatín “Congreso”, y las goletas “Yanacocha” y “Limeña”.
La flota de Blanco Encalada la componían, la “Monteagudo” y la “Orbegoso” capturadas tras la fallida rebelión de Freyre, la “Valparaíso” y la “Aquiles”. En el Callao había quedado la “Colocolo” y otro barco.
Morán con sus tres pequeños barcos se dirigió a Guayaquil y se puso bajo la protección de las autoridades de Ecuador. A los pocos días se apareció la flota chilena y al querer actuar contra los barcos peruanos en aguas jurisdiccionales de Ecuador, se le llamó la atención. Blanco Encalada, optó por estacionarse en las cercanías de la isla Puná. Mientras tanto la “Yanacocha” salió del golfo y con su veloz navegar, burló a la escuadra bloqueadora. La goleta peruana recaló brevemente en Paita, dejó información, se abasteció y siguió rumbo al Callao.
Blanco Encalada consideró que no era necesaria su presencia en
La advertencia del general Trinidad Morán causó bastante
preocupación a las autoridades de Piura.
El día 30 los dos barcos chilenos habían llegado a Paita, el subprefecto de Piura disponía que salieran de Sullana y de Chapairá 25 soldados de cada sitio, para defender el puerto.
El teniente coronel Andrés Rázuri, en su condición de jefe militar de Piura había asumido la defensa de Paita, pero grande fue la sorpresa del subprefecto piurano cuando recibió un despacho urgente del capitán del puerto de Paita que le hacía conocer que Rázuri no estaba presente y los chilenos habían llegado ya, por segunda vez.
A las 4 de la tarde los chilenos fondearon frente a la bahía y despacharon a una chalupa con 7 oficiales, para solicitar víveres para 300 soldados que iban en los barcos.
Como los paiteños no se mostraron muy dispuestos atenderlos, los chilenos tomaron los víveres por la fuerza.
Las autoridades se habían ido a Colán y los desamparados vecinos se reunieron en casa de don José María Castañeda para deliberar.
El subprefecto con los escasos contingentes que tenía, no entró al puerto y se quedó en el tablazo por que no se consideraba con fuerzas suficientes para asumir la ofensiva. Por lo tanto esperó hasta la tarde del 1° de diciembre, para ingresar a Paita cuando ya los chilenos se habían ido .y cundo la presencia de los soldados peruanos no era necesaria.
Blanco Encalada intentó llevarse a remolque los barcos que habían en la bahía que en su mayoría eran de paiteños, pero estos suplicaron y el jefe chileno accedió a dejarlos libres. Los barcos habían estado luciendo la bandera norperuana.
Siguió pues rumbo al sur y el 16 de diciembre estaba nuevamente frente al Callao. El 21 de enero de 1837 continuó rumbo a Valparaíso.
En
Ya los chilenos nada tenían que hacer en la isla Puná y la abandonaron. Antes pasaron por Tumbes en donde desembarcaron gente y cometieron abusos apropiándose de víveres y maltratando a la población, que estaba completamente indefensa.
En Piura, Rázuri controlaba la situación, apoyando a Orbegoso y a Santa Cruz. No obstante la agitación en la frontera por los desterrados y los problemas que creaba la escuadra chilena, el resto de la provincia permanecía relativamente tranquila, y lejos del escenario de la guerra.
El 11 de agosto
de 1836, la asamblea reunida en Huaura, sancionó la creación del Estado
Nor-peruano, el cual estaba, conformado por los departamentos de Amazonas,
Huaylas, Junín, Lima y
Como presidente del mismo se eligió al general José Luis Orbegoso, pero este prefirió retirarse a la vida privada, porque comprendía que solo era un juguete en manos de Santa Cruz, que con el título de Protector, era el que en realidad mandaba en todo el Perú y en Bolivia.
Santa Cruz se
estableció en Lima y desde allí empezó a gobernar. Tomás Diéguez y Santiago
Távara influyeron en él para que la provincia de Piura dependiente del departamento
de
Fue así como el 30 de enero de 1837, la erigió en Provincia Litoral, a cuyo frente estaría un gobernador con las mismas facultades que un prefecto. Posteriormente y por algún tiempo, al dejarse sin efecto muchos de los actos de la confederación volvió a perder categoría.
La población del Estado Nor-Peruano era la siguiente:
|
La Libertad |
162,429 habitantes |
|
Provincia Litoral de Piura |
53,815 habitantes |
|
Huaylas (Ancash) |
121,462 habitantes |
|
Lima |
151,718 habitantes |
|
Junín |
144,243 habitantes |
|
|
704,934 habitantes |
Todo el Perú
tenía por entonces 1´373,736 habitantes. Es decir que
El decreto de creación es el siguiente:
Andrés de Santa Cruz, Capitán General, Presidente de Bolivia, Gran Mariscal, Pacificador de los Estados Sud y Nor Peruano.
CONSIDERANDO:
Que la provincia de Piura, por su posición geográfica debe ser
gobernada por una autoridad suficientemente facultada para tomar las medidas
necesarias a la seguridad y promover todas las mejoras de que es susceptible su
industria agrícola y mercantil y que merece por su antiguo y constante
patriotismo.
DECRETO:
Artículo 1°.- La provincia de Piura se erige en Gobierno Litoral y su gobernador recibirá directamente órdenes del Supremo Gobierno y se atenderá del mismo modo con él, dirigiéndole sus comunicaciones por el ministerio que corresponda a la naturaleza de los negocios que sobre ella versen.
Artículo 2°.- El gobernador será reconocido como único jefe de los
empleados civiles existentes en el territorio de la provincia. Disfrutará del
sueldo de dos mil pesos anuales, tendrá para su despacho un secretario con la
dotación de dos mil pesos y dos amanuenses, uno con
cuatrocientos pesos y el otro con doscientos cincuenta.
Artículo 3°.- Queda suprimido el cargo de
subprefecto, cuyas funciones se ejercerán conforme al reglamento respectivo por
un intendente de policía que recaudará las contribuciones y demás rentas,
otorgando las mismas fianzas que prestaba aquel y percibirá por dicho cargo 6%
de las rentas que recaude.
Artículo 4°.- El teniente administrador de
Artículo 5°.- Para que pueda cumplir con
exactitud sus obligaciones, se nombrará a propuesta suya, un auxiliar con la
dotación de trescientos pesos anuales.
El Ministro de Estado del Despacho del Interior,
queda encargado de la ejecución de este Decreto y de mandarlo a imprimir. Dado
en el Palacio Protectoral de Lima, a 30 de Enero de 1837.- Andrés Santa Cruz P.O.
de S.E. José Maria Galdiano.
Al crearse la provincia litoral de Piura, el general Juan Pardo de Zela fue nombrado como su primer gobernador, pasando Andrés Rázuri a desempeñar la intendencia que remplazaba a la subpfectura
Los piuranos tenían por lo tanto motivos de
gratitud para el general Santa Cruz, y por otra parte, el nuevo gobernador se
hizo apreciar por sus dotes de buena autoridad y de caballerosidad. En su memoria,
una obra de ingeniería hidráulica lleva su nombre, en Sullana.
Parece que Pardo de Zela llegó por Sechura, y el
recibimiento oficial se le hizo en Catacaos, de parte del Bachiller Fermín
Seminario del Castillo, Cura de ese pueblo y Vicario General, hermano de doña
Luisa madre de Grau.
Miguel Seminario nos da el texto del discurso, que dice
así:
“Señor General.
No es precisamente la localidad central lo que
distingue a los pueblos. Las simples ciudades pueden igualarse y aún elevarse a
grandes potencias en sus virtudes y por la industria madre de la riqueza,
Génova, Venecia, Florencia y Bolonia, se hicieron poderosas sacando la
abundancia de los mismos manantiales que les proporcionó el comercio y la
libertad, mientras que las escenas de mortandad y
sangre inundaban
En la contienda sangrienta por la independencia, era Piura la que más contribuía con soldados valerosos y con todo género de auxilios.
El valorizar este mérito estaba reservado al gran genio observador
del Exmo. Sr. D. Andrés de Santa Cruz y dar también
el primer premio a sus compañeros de armas que lo siguieron hasta la cima de
aquel monte que lo presentó a
El vencedor de Pichincha, que afianzó a Colombia en su
independencia, y marchó después a pelear en Junín y Ayacucho, cuando en
Socabaya y en el Alto de
Esta parroquia señor general, debió a Ud. toda su benevolencia a que era acreedora, en el breve tiempo que desempeñó en su provincia la comisaría general y ahora augura toda su felicidad bajo su protección generosa.
Le presento a Ud. como párroco y en unión de las justicias que la gobiernan, la felicitación con toda sumisión y respeto. Muchas gracias.”
El general Pardo de Zela, fue comisario de guerra durante el
conflicto con Colombia y por esa época actuó en Piura, no habiendo estado de
acuerdo con el golpe que Gamarra diera contra
Se vivían en todo el país nuevamente en 1837, momentos de gran tensión. Se necesitaba dinero y tropas.
Se dispuso por el Ministerio de Hacienda, levantar un empréstito interno en el país y Piura la flamante provincia debía contribuir con 1,500 pesos. El coronel don Manuel Silva, jefe del Batallón de los Cívicos inició la suscripción con 150 pesos sin intereses.
Para completar los cuadros del batallón a los que faltaban oficiales se confirieron los siguientes despachos.
1) Para el Regimiento de Caballería de
- José Casimiro Montero del Águila, ayudante mayor del 1er. escuadrón.
-
Eusebio Coloma, alférez porta
estandarte del 2° escuadrón.
-
Fernando Guevara, teniente. de
la 1era. Cía.
-
Baltazar Gonzáles, capitán de
la 2da. Cía.
-
Manuel Garay, tnte. 1° de la
2da. Cía.
-
Pedro Garay, 1° de 2da. Cía.
-
José Mariano Vargas, capitán de
la 3ra. Cía.
-
Pablo Adrianzén, tnte. 2do. de la 4ta. Cía.
-
Mateo
Rugel, tnte. 2do. e la 4ta. Cía.
-
José
Lucas Cruz, alférez de 4ta. Cía.
2) Compañía de Infantería de
- Damián Flores, capitán.
-
José María Cerro, tnte. 1ro.
-
Manuel
Adrianzén, tnte.. 2do.
-
Gerónimo
Contreras, sub-teniente.
Pardo de Zela había sido nombrado en febrero de 1837. Hizo un buen gobierno, pero en el resto del país ya se conocía que los exilados en Chile alentaban al gobierno de ese país a intervenir en el Perú contra la federación. Por su parte Chile temía la existencia de una nación tan grande como Perú-Bolivia bajo el control de un hombre tan sagaz como Santa Cruz . Se decidió entonces el gobierno chileno a intervenir.
El 21 de octubre, el general Pardo de Zela lanza una proclama a los piuranos y a las fuerzas acantonadas en este territorio. Dice la proclama:
Piuranos:
Obrar y no hablar parecía el lenguaje que debiéramos usar, más
cuando se nos provoca en la lucha próxima a que nos ha impedido el gobierno de
una nación que fue nuestra amiga y aliada para la consecución de nuestra
independencia; es necesario hablar y manifestaros que un club de hombres,
dirigidos por un ambicioso, vengativo y celoso de nuestra prosperidad, quiere
la guerra entre hermanos como el, único medio de conservarse al frente de una
nación, que ni quiere ser nuestra enemiga, ni tampoco soportar al hombre que
aborrecen al que exclusivamente deben los chilenos su opresión, y sus más distinguidos
ciudadanos gimen en horrendos calabozos, al paso que otros confinados en países
lejanos, lloran los males que afligen a su querida patria. Estos son los que
quieren conducirnos a nosotros ¿Lo consentiremos? Vana es mi pregunta. Os veo a
todos armados y aún me atrevo a preguntaros ¿lo consentiréis? ¡No! Por que con
nuestro robusto brazo blandiendo la lanza, me preguntasteis ¿Dónde están?. En Chile todavía, y al oírmelo dejásteis la lanza
arrimada para entregaros a vuestras labores domesticas; pero ya es tiempo de
que la empuñéis, por que se aproximan. Si, se aproximan a probar vuestro valor,
que más de una vez tenéis acreditado, callando y obrando pero antes de obrar, que oiga el
mundo entero vuestros votos con
Libertad, ni tememos ni ofendemos. Esta será nuestra divisa en la
presente lucha a que nos han provocado.”
(El gobernante chileno al que se refiere el
general Pardo de Zela, era el primer ministro Diego Portales, un notable
estadista, enemigo de Santa Cruz, muy rígido y hasta cruel, que temía el
engrandecimiento de un estado confederado del Perú y Bolivia. Durante una
revista que Portales pasaba al ejército que debía venir al Perú, los soldados
se sublevaron y lo tomaron prisionero, siendo asesinado en junio de 1837, pero
de todos modos la fuerza expedicionaria se organizó y se envió al Perú).
Sigue la proclama de Pardo de Zela:
“ En vuestro semblante he visto retratado más de una vez el amor a la patria y el coraje que lo anima. Me consta que deseáis el momento de preguntar a vuestros enemigos ¿qué queréis de nosotros? ¿esclavizarnos?. Mirad vuestras lanzas. Si es nuestra amistad, les daremos nuestros brazos porque al fin son nuestros hermanos. Recibiremos los que así lo recuerden y yo los encargo. Escarmentaremos a los ciegos que olvidan las relaciones amistosas que nos han ligado, porque no vemos en ellos más que a los enemigos de nuestra prosperidad y tranquilidad.
No; no nos insultarán impunemente. Estaremos todos armados y la justicia de nuestra defensa propia, será el escudo donde reboten sus tiros. Pertenecemos a la gran Confederación Perú-Boliviana de la que somos parte. Mutuos son nuestros intereses. Mutuo el coraje que anima a todos y mutuo el deber que nos ha impuesto el Supremo Protector ( se refiere Pardo de Zela a Santa Cruz) a quien habéis prometido fidelidad, constancia y unión.
Veteranos de
Las proclamas eran frecuentes y servían para estimular el ánimo del soldado y de la ciudadanía. Como se puede apreciar eran muy ampulosas.
Se leían por medio de bandos, se les daba lectura en los cuarteles ante las tropas formadas y se publicaban en el periódico oficial “El Eco” de Trujillo.
También el general Nieto desde Trujillo lanzaba proclamas contra los restauradores y lo mismo hacía Santa Cruz desde Lima.
El estado Nor-peruano conservó la bandera peruana, tal como era
antes y ahora. Bolivia también la suya, pero para
el estado Sur-peruano se creó una nueva bandera que constaba de tres
rectángulos. Uno vertical con fondo rojo en donde aparecía un sol radiante y
dos rectángulos horizontales de color verde y blanco.
Se dispuso bendiciones y reconocimientos de las nuevas banderas, en diversas localidades del país el año 1837.
En la provincia de Piura, el gobernador Pardo de Zela, presidió alguna de estas ceremonias. Una de ellas fue la que debía efectuarse en la parroquia de Sullana. Ocurrió sin embargo que el día anterior a la ceremonia, el cura José Yanuario Cortés, se ausentó de la localidad, boicoteando la bendición, por cuyo motivo Pardo de Zela tuvo que acudir al asistente presbítero Ramón Pérez.
Como la duración de
Breve fue el tiempo que el general Pardo de Zela estuvo en Piura, pues sus servicios fueron necesarios en otro lugar mas conmocionado por la guerra.
En su lugar, el general Mariano Sierra asumió el mando de la provincia el 10 de enero de 1838.
Al conocerse el cambio de Pardo de Zela, hubo sesión de cabildo abierto, para suscribir un acto de reconocimiento del gobernador cesante. En el documento se acataba el cambio del general que iba al estado mayor porque la patria demandaba de sus servicios.
Firmaron el acta: José de los Santos Vargas Machuca, M. G. Seminario
y J. Gaspar Carrasco, Tomás Cortés del C.; Manuel Silva, Francisco Javier
Fernández de Paredes, Mariano del Valle, José Franco, José A. De Valdivieso,
Francisco Távara, Santos Castañeda, Santiago Távara, Juan Seminario, Manuel
José de
Se da esta relación, porque en ella figuran muchas personas notables de la época, pero sobre todo para que se conozca como la política hace girar constantemente a los hombres como las veletas. Muchos de estos firmantes, estarían firmando al año siguiente otro documento contrario a Santa Cruz y a favor de Gamarra.
Sólo el pueblo y los soldados del Batallón de los Cívicos
permanecieron fieles a la causa de
El 20 de junio de 1838, llegó a Paita la goleta ecuatoriana “Reina de los Angeles”, procedente de Valparaíso, y dio al jefe militar de Paita, Tnte. Crl. Miguel Urbina un amplio informe sobre las actividades militares de Chile.
Urbina era boliviano, y estaba muy lejos de su mente de que en breve la guerra llegaría a Piura y en la lucha él perecería.
La goleta había demorado 15 días en el viaje y no había tocado en el
Callao. Aseguraba su capitán Manuel Herrera que en Valparaíso estaban listos
entre 10 y 12 barcos chilenos, para embarcar soldados desde Quillota, Chiloé y
otros lugares, y que posiblemente en julio estarían tocando las costas del
Perú. También decía que los chilenos estaban descontentos con la guerra, y que
se temía una rebelión popular y militar. Que el ejército chileno lo mandaría el
general Bulnes con el general José Mena Cruz y con los expedicionarios vendrían
los generales Gamarra y Gutiérrez de
La noticia se envió de inmediato a Lima.
EL coronel Sierra fue destinado a asumir el mando de las fuerzas de Cajamarca y en Piura quedó Rázuri. Pronto la sombra trágica de la guerra llegaría a la flamante capital de la provincia. litoral.
Para dar forma a
En abril de 1837 se reunieron en representación del Estado
Nor-peruano, el obispo de Trujillo y ex vicario de Piura Tomás Diéguez, el
vocal de
Por el Estado Sur-peruano, asistieron el obispo de Arequipa Sebastián de Goyeneche, el juez de Ayacucho Pedro José Flores y el coronel Juan José Larrea.
Por Bolivia, el arzobispo de
En realidad ya Santa Cruz lo había preparado todo y los delegados solo tenían que aprobar el proyecto sin mayor debate. Los delegados se prestaron a esa indigna comedia, el 1° de mayo.
Se determinaron las banderas para cada estado y habría una de
Tuvo razón Orbegoso de retirarse a la vida privada porque resultaba completamente empequeñecido.
El pueblo de ninguno de los tres estados quedó contento del Pacto de Tacna, por eso Santa Cruz que se dio cuenta de ese sentimiento de rechazo, convocó a fin de año a un nuevo congreso de representantes de los tres estados.
Ni Argentina gobernada por el tirano Rosas, ni Chile controlado por el todopoderoso ministro Portales, podían ver impasible el crecimiento de un gran estado, ni que un hombre como Santa Cruz acumular tanto poder.
Por lo tanto, con diversos pretextos le declararon la guerra a
Portales fue insistente en la destrucción de
Se preparó un ejército para atacar a Santa Cruz, El general
Al iniciarse el año 1838, estaba Orbegoso retirado en Trujillo, en
donde era jefe militar el general Nieto. Este militar estaba muy disgustado con
el giro que estaban tomando las cosas, pues veía que el Perú corría el riesgo
de desintegrarse. Con su franqueza que le era característica, hizo conocer a
Orbegoso su intención de pronunciarse contra
Cuando Santa Cruz estaba en el sur, Orbegoso decidió retornar a Lima
y al llegar se encontró que las instituciones de la ciudad se habían proclamado
contra
El 21 de julio, el general Vidal logra ingresar a Huaraz y se pronuncia
contra
Al saber Nieto que los chilenos y los emigrados estaban por desembarcar en Lima y temiendo además quedar copado en Trujillo, se dirigió a Lima.
Los chilenos desembarcaron en Ancón el 8 de agosto y Orbegoso trató de llegar a un acuerdo con ellos, pues ya estaba desligado de Santa Cruz.
Las intrigas del
general Gamarra que venía al frente de los efectivos peruanos, impidió que Bulnes
y Orbegoso llegasen a un acuerdo. Orbegoso nombró
como prefecto de Lima al general Rodríguez de
El día 21 de agosto de 1838, se dio la batalla de
Raygada se presentó y se puso a las órdenes del nuevo presidente, mientras Orbegoso se escondía y Nieto se refugiaba en los Castillos del Callao.
El prefecto Rodríguez Piedra no obstante haber adoptado una actitud favorable a Gamarra, fue desterrado a Guayaquil. Orbegoso también logró refugiare en los Castillos del Callao, y Nieto lo mismo que Vidal siguieron a Chancay. Allí el general Miller que seguía fiel a Santa Cruz, les dejó 400 hombres. También creían contar con 400 hombres que en Piura obedecían al gobernador José Andrés Rázuri.
Gamarra envió a Trujillo al general
Con las fuerzas restantes, Sierra marchó a unirse a Nieto que ahora
estaba en Santa tras de escaparse de los Castillos del Callao. Nieto se
disponía a marchar contra
De allí se dirigieron a Piura en demanda de Rázuri que tenía 200 soldados de infantería y 250 cívicos, pero su sorpresa de los fugitivos fue grande cuando el gobernador Rázuri, les dijo que Piura permanecía neutral en la contienda.
Contrariado Nieto se dirigió a Paita en momentos en que el general Iguaín desembarcaba procedente de Guayaquil en donde había desterrado. Esta vez fue Nieto el que se dirigió a Guayaquil, tras eludir a Iguain.
Pero estaba visto que en esos momentos no se podía adoptar la cómoda
posición de ser neutral. Por lo tanto
Rázuri aceptó, pero sus oficiales protestaron de tan innoble
proceder. No le quedó más recurso a Rázuri que atrincherarse en Monte Castillo
(sur de Catacaos) en donde ya antes había intentado resistir a Gamarra cuando
el golpe contra
Las bajas en muertos y heridos fueron elevadas, y las tropas de
Este se dedicó a levar gente para formar una división, encontrando resistencia en la población. Hasta ese momento se había comportado amablemente con los indígenas que hasta le habían hecho invitaciones en el seno de sus comunidades. Ocurrió sin embargo que un buen día quiso hacer una parada con los levados y los formó en la plaza de armas. Las madres de los soldados temiendo que los llevaran fuera de Piura prorrumpieron en un clamoroso llanto y luego se lanzaron sobre sus hijos para rescatarlos. Casi la mayoría eran madres indígenas. Lleno de cólera Iguaín dispuso varias cargas contra las madres y más tarde celebró un proceso sumario disponiendo el fusilamiento de un soldado en la plaza. A los dirigentes de las comunidades indígenas que lucían pelo largo, se los hizo cortar, lo que para ellos significó una afrenta. Desde entonces las comunidades no dejaban ingresar a sus locales a ningún extraño. Solo años después, en época de Leguía, cuando Julio Rodríguez se convirtió en su defensor, rompieron la regla.
Habiendo triunfado los ejércitos de la restauración en Piura, tras
la sangrienta batalla dada en las calles, el general
Miguel Seminario, nos ha hecho llegar este informe que
El 20 de setiembre, decidió
Rázuri solicitó una cita y Gutiérrez de
Rázuri retornó a su campamento para comunicar los acuerdos y luego pasar a la ciudad a fin de reconocer a Gamarra como nuevo presidente provisorio.
Los piuranos no estuvieron de acuerdo con lo pactado por Rázuri y
Gutiérrez de
Los restauradores decidieron entonces reiniciar las operaciones militares, y en la noche del 28 de setiembre trató de darles un golpe de sorpresa y cortarles la retirada. Pero la mala conducción de los guías les hizo fallar el plan y permitió que Rázuri, se enterase y retrocediera hacia Piura.
Gutiérrez de
La acción parecía inminente, pero Rázuri con varios oficiales se
presentó en el campamento de Gutiérrez de
Estuvieron de acuerdo sin embargo en que había que evitar todo derramamiento de sangre, y acordaron que los dos ejércitos ingresaran juntos y amigablemente a la ciudad. Todo esto fue rubricado con brindis y abrazos.
Rázuri al retornar a su campamento hizo conocer el acuerdo al que
había llegado, pero la tropa instigada (dice el parte) por cuatro agentes de
Santa Cruz, protestó, produciéndose actos de indisciplina, hasta que a las 4 de
la tarde se dispuso que Rázuri colocase sus fuerzas entre la ciudad y el río,
mientras que Gutiérrez de
La municipalidad se reunió en sesión de emergencia y acordó que una
comisión de notables fuese al campamento contrario para buscar la forma de
evitar un encuentro. Esta Comisión no llegó a cruzar el río. Mientras tanto,
soldados del campamento de Rázuri, ingresaron por partidas a la ciudad y
sublevaron al populacho contra Rázuri, que se vio precisado a dejar el mando en
tan difíciles circunstancias. En su reemplazo (dice el informe de Gutiérrez de
El populacho en tumultuosas manifestaciones, gritaba pidiendo la
muerte de los blancos, lo cual creó temor en gran parte de la población. Ante
esta situación, Gutiérrez de
El 3 de octubre de 1838 la municipalidad, el clero y los padres de familia, reconocieron el nuevo presidente provisorio general Agustín Gamarra, en un cabildo abierto. El parte da cuenta de que este acto no asistió la plebe.
Así despectivamente llamaba Gutiérrez de
El acta del día 3 de octubre fue suscrita por personas visibles de Piura y allí también queda constancia de la oposición que el pueblo opuso, a pesar de la sangrienta batalla que días antes se había dado, y de los fusilamientos que se habían ordenado en la plaza de armas para escarmiento.
El acta está redactada del siguiente modo:
En la cuidad de San Miguel de Piura, cabeza litoral de la provincia
a tres de octubre de 1838, reunidos en
1°- Reconocer libre y espontáneamente la autoridad del Gran Mariscal
don Agustín Gamarra, como presidente provisorio de
2°- Solemnizar este acto con tres días de iluminación y una misa de gracias.
3°- Que una diputación compuesta del Síndico-procurador general y un
individuo de cada gremio, presente esta acta al expresado señor general de
Juan Bautista Otero; Nicolás Rodríguez; Pedro Antonio Pallete; Manuel Palomino; Manuel Romualdo Velásquez; Manuel Revolledo; Manuel Andrade; Miguel Carrasco; Ramón Herrera; Santiago de León; Manuel Pando; Francisco Montero; Narciso Espinoza; Juan Ruidías; Miguel Velásquez; Baltazar Navarro; Luis Raygada; Pedro José Ayllón; José Antonio Zevallos; José Antonio García; Lucas Montenegro; José Gavino Rivera; Eugenio Raygada; Juan de Mata Manrique; Nicolás Polli; Manuel Cañete; Francisco Frías; José Luis Molina; José Farfán; Nazario Frías; José García; José Vicente Ríos; Tomás Aquino Vásquez; Ramón García; Juan Asunción Palacios; José Lorenzo S. Andrés (1); José Antonio Michilot; Juan José García; José Ayarvide; Luis Montenegro; Antonio Castro Durán; Rafael Boneto; Vicente Espinosa; Andrés Rodríguez; José Matías Zapata; José Oballe; José Clemente Torre Tagle; Juan Meléndez; Baltazar Echevarría; Gregorio Alvarez Tirado; Matías Encalada; José Santos Trelles; Ignacio Simón Cárdenas; Domingo Adrianzén; Felipe Manzanares; José E. Ibarbuna; Joaquín Coronel; Gaspar Ramírez; (1) Profesor.
Manuel Revolledo; escribano público y notario. José Ayarvide que figura como firmante era ecuatoriano y no se sabe porque causa dos años más tarde estaba soliviantando a las comunidades a las que incitaba desconocer a las autoridades. Fue apresado e internado.
En noviembre de 1838 la situación del ejército chileno y de los restauradores
era insostenible en Lima. Los habitantes les eran totalmente hostiles y un gran
ejército de Santa Cruz se estaba concentrando amenazadamente en la sierra
cercana. Optaron por abandonar la capital, lo que se efectuó el 8 de noviembre
en medio de los insultos de la población hacia el callejón de Huaylas para
rehacerse. En ese lugar estaba el general Vidal, que había sido ganado para la
causa restauradora por el general
Durante la marcha al callejón de Huaylas, se nombró al general
Raygada comandante general de
Mientras tanto Santa Cruz entraba el 17 de noviembre, en triunfo en Lima. Santa Cruz buscó de reconciliarse con Orbegoso que estaba en los castillos del Callao, pero el presidente se trasladó a la fragata francesa “Andrómeda”. Tras una entrevista amigable con Santa Cruz a borde del barco francés, optó Orbegoso por transbordarse al “Félix” que era una goleta mercante y el 13 de diciembre de 1838 pudo desembarcarse en Guayaquil como auto-desterrado. En Ecuador fue ayudado por el presidente Rocafuerte.
En ese puerto y la frontera era ahora lugar de concentración de
muchos orbegosistas y partidarios de Santa Cruz que tuvieron que escapar de
Lima cuando los chilenos entraron en
ella. Y así como antes conspiraban desde la frontera los gamarristas, ahora los
papeles se habían invertido. Desde Zapotillo, los enemigos de
Gamarra al llegar a Trujillo en donde se reorganizaba
Santa Cruz salió de Lima en pos del ejército restaurador que ya
había unido todos sus efectivos y con 6,000 hombres se escalonaba en las proximidades de Huaraz.
El 6 de enero de 1839, las fuerzas de Santa Cruz
lograron alcanzar la retaguardia de los restauradores a la altura del río Buin,
afluente del río Santa y en la lucha
salió triunfante. Santa Cruz pero al igual que en Lima, cometió el error de no
perseguir a sus enemigos.
El 20 de enero se volvieron a encontrar ambos
ejércitos en las proximidades de Yungay y tras de cinco horas de sangrienta
lucha, la acción de Ramón Castilla decidió la victoria por los restauradores,
los que si persiguieron a los vencidos completando su destrucción. Con ellos se
hizo una matanza innecesaria y muy criticable.
El 24 de enero lograba Santa Cruz llegar en derrota a Lima. Todavía tenía muchas tropas pues nada menos que en los Castillos del Callao habían 1,200 soldados y la guarnición de Lima al mando de Vigil disponía de 500 soldados además de contingentes al mando de Cerdeña, Otero, Pardo de Zela, Miller y otras. Luego se dirigió a Arequipa en donde entró el 11 de febrero. Tenía allí 6,000 soldados a los que pasó revista, pero en esta oportunidad la ciudad estaba en su contra y en las tropas se conspiraba. Se supo también que en Bolivia se había sublevado el general Ballivián y en Puno San Román. En Arequipa se produjo una asonada popular en la que casi pierde la vida Santa Cruz, que logró al fin asilarse en la fragata de guerra inglesa “Samarang” partiendo desterrado a Guayaquil junto con Cerdeña. Miller Riva Agüero, Rivero y el diplomático García del Río. Después llegaron al puerto ecuatoriano, Necochea, Pardo de Zela, Morán, Aparicio y Bermúdez. Este último se había vuelto a disgustar con Gamarra y entonces secundó a Santa Cruz, llegando a ser Presidente del Estado Nor-peruano cuando Orbegoso no quiso el cargo.
A Coloma se le dio la prefectura de Arequipa, pero al mes se le llamó a Lima para que conjuntamente con Iguain, se entrevistaran con el general Trinidad Morán que defendía la fortaleza del Callao y estaba dispuesto a entregarla. Tras de superar algunos problemas se logró la entrega del Real Felipe y el general Raygada fue nombrado jefe de ella. Mientras tanto, Morán partió desterrado a Guayaquil en el barco inglés “Alacrite” y allá se encontró con el resto de exilados.
En Piura, el Colegio San Miguel entraba nuevamente en receso. Los trágicos acontecimientos que había vivido la ciudad, y la penuria económica, pues se debía a los maestros tres meses, hizo que el Rector Carlos Valle solicitara autorización al gobernador general Iguain para adelantar los exámenes al mes de noviembre de 1838, lo que se hizo, pero al año siguiente no se abrió porque no se habían superado los problemas económicos que habían motivado su cierre.
Iguain se había apropiado de los fondos para gastos militares. El plantel estaría siete años cerrado, pues recién en 1846 siendo gobernador el general Alejandro Deústua, se abriría.
La ciudad de Piura ha tenido 4 cementerios en su larga historia. El
primero estuvo situado frente a la plaza de armas y a un costado de
Hasta 1838, los piuranos enterraban a sus muertos en las Pampas del Morón,
al oeste de la ciudad y a tres cuadras de las últimas casitas existentes en
1814 en que se habilitó para servir en forma provisional. El lugar está próximo
al local que ocupaba el Instituto de Nuestra Señora de
El 11 de noviembre de 1811 por Real Orden y de acuerdo a las
posiciones contenidas en
Así continuaron las cosas hasta que en 1838 el Marqués de Salinas, emprendió la construcción de un nuevo cementerio con su propio peculio. Lo hizo en memoria de su hijo Teodoro, en cuyo recuerdo puso ese nombre al nuevo camposanto.
En el cementerio de San Teodoro están las tumbas de los hombres más representativos de Piura en los 160 años últimos.
Don José de Lama, se había casado muchos años atrás con una
acaudalada dama piurana doña Luisa Farfán de los Godos, propietaria de
A esas propiedades, don José de Lama agregó, la enorme Hacienda Máncora que fuera del Hospital de Belén, y que adquirió por “compra” al Estado Jurante el primer gobierno del general Gamarra, en 1830.
Parece que don José de Lama, no mantenía muy buenas relaciones con sus vecinos los sullaneros por que estos habían invadido las tierras de propiedad de su esposa, para construir sus viviendas.
El 27 de febrero de 1815, don José de Lama presentaba un pedido al sub-delegado de Piura, el capitán de infantería don Juan Ascencio Monasterio y, le decía:
“Don José de Lama, de esta vecindad, como representante de las
acciones de mi consorte Doña
Luisa Farfán de los Godos, dueña de la hacienda nombrada
A don José de Lama se le conocía allá por
los años posteriores a 1830 como el Padre de los Pobres. Uno de sus
descendientes el Dr. Héctor Lama y Lama, expresaba a fines del siglo pasado,
que eso se debía a que en forma semanal, enviaba al Hospital de Belén un
camarico con su mayordomo don Pedro Sandoval. Este era hijo natural de Lama, al
que puso el apellido de la madre. Sandoval murió el 29 de agosto de 1894 y sus
restos reposan en una tumba ubicada a la entrada del cementerio de Sullana.
Don José de Lama al entregar el camarico semanal
al Hospital de Belén, trataba de reparar en algo el despojo que de acuerdo con
el primer gobierno de Gamarra les había causado .a las monjitas del hospital de
Belén.
Con la ley del Congreso de Huancayo, terminó la secular tirantez entre los hacendados de
Los descendientes de Don José Lama (o Lamas) siempre habían
asegurado que su antecesor había obsequiado a los habitantes de Sullana la
propiedad de los terrenos donde habían construido sus casas, lo que no era
cierto. Desde 1812, cuando
El 15 de agosto de 1839 se reunió en Huancayo una Asamblea Constituyente, que de inmediato encargo a Gamarra el poder ejecutivo como presidente provisorio hasta que se efectuasen elecciones.
El Congreso concedió premios a los militares que habían luchado en
las filas de los restauradores y borró del escalafón militar y condenó al
destierro a los que habían actuado a favor de
El congreso dispuso solemnes celebraciones en memoria de Salaverry y declaró a Santa Cruz y a Orbegoso enemigos del país ofreciéndose recompensas por su entrega vivos.
La constitución de 1834 fue declarada insubsistente y se dio otra. Pasada la euforia inicial del triunfo, el Congreso de Huancayo dio una ley de amnistía con acuerdo de Gamarra. Luego de tres meses de intensa actividad, el Congreso clausuró sus sesiones el 29 de noviembre de 1839 debiendo reunirse al año siguiente en Lima.
Se ha calificado a
Cuando en 1783 llegó a Piura el obispo de Trujillo Martínez Compañón
y visitó el pequeño pueblecito de indios llamado
El obispo trujillano, creó una reducción en el pueblo de
Como ya se ha relatado, don José de Lama había logrado que Gamarra
con un decreto de su anterior gobierno, le reconociera la propiedad de las
inmensas haciendas de
No se sabe si fue el general Coloma, como diputado, el que planteó en Huancayo el reclamo de los sullaneros, pero lo cierto es que los pobladores eran hostilizados por los hacendados y que los pobladores pagaron por la tierra.
El decreto expedido por el Congreso de Huancayo es el siguiente:
El Presidente Provisorio de
Por Cuanto; el Congreso General ha decretado lo siguiente:
El Congreso General del Perú.
CONSIDERANDO:
1°- Que en territorio de la provincia de Piura, existe desde tiempos muy antiguos, una reducción numerosa conocida con el nombre de Sullana, elevada ya al rango de Villa desde octubre de 1826, en premio sus heroicos servicios a la causa emancipadora.
2°- Que algunos individuos han reclamado derechos sobre los terrenos en que se fundó esa villa.
3°- Que la nación debe proteger estas útiles reducciones sin prejuicio del derecho de propiedad.
DECRETA:
Artículo 1°-
Artículo 2°- Los pobladores satisfarán a prorrata a los antiguos propietarios el precio que estos acrediten haberles costado, con presencia de los documentos originales.
Comuníquese al Poder Ejecutivo para que disponga lo necesario a su cumplimiento, mandándolo a imprimir, publicar y circular. Dado en la sala de sesiones del Congreso de Huancayo a dieciocho de noviembre de 1839.- Fellicer, diputado presidente.- Alvarez, diputado secretario.- Salinas, secretario.
El Ministro de Estado en el despacho de Gobierno y Relaciones
Exteriores, queda encargado de su cumplimiento. Dado en
Como se puede apreciar, a los pocos días de clausurado el Congreso de Huancayo, se dio la ley. Esta sirvió de antecedente para reclamos posteriores que hicieron otros pueblos como Chulucanas.
La población de Sullana, siguió litigando con los agricultores
vecinos, con relación a linderos, hasta que a fines del siglo pasado, con motivo la construcción de la represa de
San Lorenzo y de la formación de
En Guayaquil y en la frontera, vivían un
gran cantidad de desterrados que habían servido con Orbegoso, o con Santa Cruz
o se habían puesto al servicio de
Esas personas trataban de lograr contacto con diversos elementos piuranos lo que mantenía al general Salas, que era gobernador de la provincia, en alerta constante.
Uno de los desterrados era el general Nieto. Este habían luchado al
lado de Orbegoso en la portada de
No se sabe si con el consentimiento de Salas, el hecho es que el
general Nieto logró ingresar a Piura en 1839, llegó hasta Catacaos y desde este
lugar lanzó un manifiesto al país aclarando su participación al lado de
Orbegoso. Según el historiador Dr. Basadre, en la proclama decía: “El encuentro
de
En el documento que se conoce como “Memorias de
Nieto”, decía este general que idolatraba
a su patria, mas que un hombre joven a su querida. Esa afirmación de Nieto
es absolutamente cierta. También decía el general, que era totalmente opuesto a
la división de
El 31 de diciembre de 1833 el entonces
Comandante General de
El 8 de enero de 1840, Gamarra decretó el
restablecimiento de
La
reapertura de
Paita, al igual que Piura y el resto de la
provincia litoral se habían visto sacudidas por sangrientos acontecimientos
políticos y luego por la aparición de la fiebre amarilla, que en el puerto se
manifestó excepcionalmente violenta.
Las clases se iniciaron el 1° de setiembre de
1840 y los primeros alumnos matriculados fueron:
|
-
Manuel Cárcamo |
-
Ricardo Pimentel |
|
-
Raimundo
Cárcamo |
-
Miguel Landaverri |
|
-
Santiago
de la Haza |
-
Manuel Landaeta |
|
-
Pedro Mujica |
-
José Díaz |
|
- José Becerra |
-
José García |
|
-
Manuel Reyes |
-
Francisco Trinidad |
|
-
José María García |
- Miguel León |
|
-
Gregorio Morán. |
|
Años después los dos hermanos Cárcamo, morirían valientemente en el
combate del Dos de Mayo y Santiago de
En 1842 era director de
En noviembre de 1842 llegaba a Paita un ex capitán colombiano, para
hacerse cargo de un puesto en
En
marzo de 1843, Miguel se embarcaba en la goleta “Tascua” del capitán paiteño
Manuel Herrera, pero viajando hacia Panamá el barco naufraga cerca de la isla
de
El niño Grau retornó a Paita y allí estuvo el resto del año y parece que fue en 1844 cuando la escuela se reabrió, y que pudo ingresar en ella, pero no tenía la edad requerida para ingresar.
Fue en el mismo año de 1844 cuando el niño Grau, se volvía a
embarcar en la goleta “
El ya entonces capitán de la corbeta Francisco Carrasco, que parece
había logrado la reapertura de
Tras su breve tercera etapa de funcionamiento,
Se nombró como director de
El mismo día 8 de enero de 1840, por decreto se reabría en Paita
En el mismo año se crearon las milicias navales que dependían del
comandante general de
Para la práctica de los futuros pilotos se dispuso del uso de un
buque-escuela. Por desgracias, también en esta oportunidad,
En octubre de 1840 era gobernador de Piura el coronel Ildefonso Coloma habiendo pasado Salas a ocupar el Ministerio de Guerra y Marina. Este, siguiendo la organización existente en España en cuanto a las Milicias Marinas, las dividió en Tercios Navales los que debían de tomar el nombre de la capital del departamento al que pertenecía el puerto principal que se hallaba comprendido en él.
Los Tercios Navales se dividían en partidos Navales, los que tomaban el nombre de la capital de la correspondiente provincia.
El inspector general de los Tercios Navales; era el Ministro de
Guerra y Marina correspondiendo al comandante general de
Los oficiales encargados del entrenamiento, instrucción y mando de
los tercios, pertenecían a
El personal de los Tercios Navales estaba integrado por pilotos, (de altura y prácticos), oficiales de mar, marineros, grumetes, jefes y maestros de maestranza, carpinteros de ribera, carpinteros de banco, calafates, toneleros, hojalateros, herreros, veleros, aserradores, lancheros, fleteros y cargadores.
No siempre eran marinos los que ocupaban los cargos navales y se vio
como en la época de
De igual manera, el general Juan José Salas, Ministro de Guerra y Marina, nombró como comandante del Tercio Naval de la provincia de Piura al teniente coronel de caballería José Florentino Villamar. Igual sucedió con la mayoría de los otros Tercios Navales.
Por esa época era Comandante General de
La presencia de Santa Cruz en el Ecuador, significó a partir de 1840 una etapa de agitación y tirantez. Se alió con el general Flores para conspirar contra los nuevos regimenes instaurados en Perú y Bolivia.
Intentonas de cruzar la frontera por Zapotillo y Macará por parte de grupos menores falló gracias a la vigilancia de los gobernadores Salas y Coloma en Piura.
En Ecuador, Santa Cruz financiaba la publicación de los periódicos “
También se produjeron intentos de rebelión en Piura, que fueron
drásticamente ahogados. El Dr. Basadre, expresa que Santiago Távara en “
Como siempre la soga se rompe para el lado más débil, la víctima de estas conspiraciones, resultó el soldado Manuel Morey, al cual se fusiló en la plaza de armas por orden del gobernador, coronel Baltazar Caravedo.
El año 1840 se realizó en toda
Con respecto a la ciudad de Piura se tienen datos parciales que abarcaban a solo 4,854 personas.
Por muchos años permaneció en poder de don Juan Hilarión Helguero, hasta que el 24 de julio de 1911 se lo obsequió a don Enrique López Albújar.
Gracias a Arturo Seminario O. tenemos muchos datos que son de mucha importancia.
La primera persona censada fue doña Concepción Cruzat, piurana de 50
años, soltera y costurera, posiblemente emparentada con los Gonzáles Cruzat que
en los últimos años de
El censo se efectuó casa por casa, pero no hay indicación de las calles donde residían los censados. Se tomaba el nombre, la edad y la ocupación, así como el lugar de origen.
El último censado fue José María Arellano, de 40 años soltero, piurano, autor del más importante relato de la proclamación y jura de la independencia de Piura. Arellano en realidad tenía 45 años pues nació en 1795.
El patricio Miguel Gerónimo Seminario y Jaime aparece inscrito con el N° 60, natural de Piura, de 60 años de edad, casado, hacendado.
N° 76 José de Lama, natural de Trujillo, 60 años, casado, hacendado.
N° 77 Luisa Godos, de 42 años, piurana, En realidad se trataba de doña Luisa Farfán de los Godos esposa de Lama.
N° 78, 79 y 80, doña Josefa de Lama, de 26 años, Diego de 22 y Juan de 21. Estos eran hijos del matrimonio Lama Farfán de los Godos. La historia se ocupará más tarde de los dos primeros.
N° 86 y 87 don Tomás Cortés del Castillo, hermano del héroe de Junín; y su esposa doña Isidora del Castillo, piurana.
N° 104, José Félix Castro, trujillano, de 30 años, casado, militar. Indudablemente tenía más edad, porque ya en la lucha por la emancipación había participado.
N° 122, don José María León. Se trata de don José María León y Valdiviezo que participó en la proclamación de la independencia de Piura.
N° 161 y 162; Francisco Escudero, lojano, de 60 años, casado, hacendado y su esposa Josefa de Valdiviezo, piurana de 40 años.
N° 163 al 169, sus hijos Ignacio, Juan José, Agustín, Antonia, Francisca, Félix y Victoria. El mayor, Ignacio fue el gran tribuno de la convención de 1856.
N° 165, Francisco Helguero, personaje muy importante en Piura.
N° 224, Juan Manuel Grau, natural de Cartagena, 50 años, soltero, comerciante.
Del 226 al 229 sus hijos Enrique de 9 años, María Dolores de 7, Miguel de 8 y Ana de . 5. El futuro gran almirante tenía en realidad 7 años pues nació en 1833. Este censo prueba que don Juan Manuel Grau y sus 4 hijos vivían al centro de la ciudad de Piura, sin doña Luisa Seminario del Castillo que en este censo figura viviendo (en la calle Tacna sin duda) con los hijos de su matrimonio tenidos en el capitán Pío Díaz y con su hermana Mariana. Todos los niños aparecen como nacidos en Piura.
Parece que con los Grau, vivía un Pedro José Torres, soltero, piurano de 43 años..Posiblemente un criado.
Del 230 al 232, los sirvientes María Josefa de Ayabaca y las piuranas Dominga y Juana.
Con el N° 237 Rafaela Algendonis, natural de Ayabaca, de 29 años, viuda. Esta dama seguramente era adinerada pues tenía 4 esclavos. La vecindad con don Juan Manuel Grau, fue lo que creó la amistad entre ambos y que se convirtiera en la madrina de Miguel María. Si la amistad era por la condición de vecinos, esto probaría que don Juan Manuel en el año 1833 cuando nacía el futuro héroe máximo del Perú, ya vivía en esta casa al norte de la hoy avenida Grau.
Fueron vecinos de don Juan Manuel, los Carrasco, los León, Helguero, Guerra, Ubillús, Coloma, Farfán y Maticorena. Posiblemente en la hoy calle Cuzco o Junín
Del 721 al 723, los hermanos Manuel, Ignacio y Miguel Burneo, naturales de Loja casados y hacendados. En los números 547 había una Rita Algendonis de 55 años y en el 733 otra Rita Algendonis de 60 años.
En el 730 aparece Carlos Elizalde, natural de Guayaquil, de 40 años, de ocupación dependiente, que llegó a tener una relación amorosa con doña Luisa Seminario del Castillo.
N° 854 doña María Antonia Gallo de 60 años, viuda pues hacía mucho tiempo había muerto su esposo don Roque Raygada. Su hijo el general José María se encontraba en ese entonces secundando al presidente Gamarra en sus luchas. Junto con doña María Antonia vivían sus hijos Eduardo, Federico y Eugenio. Este último tomó parte activa en la proclamación de la independencia de Piura. Otros hijos de doña María Antonia estaban sirviendo en diversas unidades del ejército.
Con el 2040 aparece doña Manuela Grau de 36 años. N° 1186 Benedicta Grau, 80 años.
No sabemos su relación con don Juan Manuel.. Con el N° 2882 don Ignacio Checa, natural de Piura, 51 años, casado, hacendado y con el N° 2883 su esposa doña Rosa Valdivieso de 41 años, natural también de Piura. Fue don Ignacio, coronel graduado de infantería en tiempos de la independencia y gobernados político militar de Piura el año 1823.
Entre los números 2884 y 2894 se censaron sus hijos Ignacio, José, Manuel José, Micaela, Rosa, Mercedes, Amalia, Hermelinda, Adela. Don Miguel Checa Checa constructor del canal que en Sullana lleva su nombre, fue hijo de don Manuel José.
Con el número 2496 se registra a doña Mariana Seminario, viuda y hacendada. Indudablemente esta numeración corresponde a la casa museo Grau almirante don Miguel Grau. En esta casa vivían los otros Seminario del Castillo como son Pedro de 34 años, soltero y hacendado y Juan de 38 años, casado y hacendado. Doña Luisa Seminario del Castillo figura como de 32 años, casada. También figuran los hijos de doña Luisa en su matrimonio con el capitán Pío Díaz, o sea Albina (13) y Emilio Díaz. No aparece Anselmo Roberto, porque nunca vivió con su madre. Primero estuvo con su abuela María Joaquina del Castillo y luego con sus tíos, pues los Seminario del Castillo fueron 9.
Entre esclavos y sirvientes vivían en la casa de la calle Tacna, los siguientes: Dolores, Nicolasa, Andrea, Encarnación, Francisca, José de los Santos, Rita, Juan Ramírez y Andrea Vilela, de la que dice Ricardo Vegas García, era una alegre y rolliza mulatilla de 22 años. Hay que hacer notar que un Vilela, ha hecho una referencia al margen, en estos documentos, afirmando que don José María Vilela era el padre de su abuela.
Con todo esto se establece, que cuando menos en 1840 el niño Miguel Grau y sus hermanos no vivían en la casa de la calle Tacna con su madre, sino al centro-norte de Piura con su padre. La casa de la calle Tacna, prácticamente estaba toda ocupada con los hermanos Seminario del Castillo (4), los dos niños Díaz Seminario y 9 sirvientes o esclavos. Hay una serie de hechos que llevan afirmar que don Juan Manuel Grau, nunca vivió en la casa de la calle Tacna.
El censo del año 1840 probó que las familias piuranas tenían una gran cantidad de esclavos a su servicio.
El censo de 1840, da los siguientes resultados en cuanto a la existencia de esclavos en la ciudad de Piura, pertenecientes:
1 Rosa Farfán de los Godos 12 Francisco Távara
2 José María Espinoza 2 Jovino Rivera
2 Familia Jaramillo 2 Los Urrutia-Tizón
1 Sebastián Barreto 2 Rosa Ruíz Díaz
2 Domingo Gregorio Arellano 3 Mateo Mesones
1 Juan Martínez 1 Dolores Vásquez
3 Manuela Córdova 1 Isabel Porras
2 Gregorio Navarrete 2 Los Lama-Farfán Godos
1 Anselomo Montes 4 José S. Castañeda
6 Rita Carrasco y Cruzat esposa de don 5 Helguero-Carrasco
Juan Helguero
3 Josefa Ruidías de Ojeda 2 Juana Durán
2 Mercedes Garrido 5
Hospital de Belén
1 Família López
1 Manuel Risco
3 Família. Vega Camacho 1 Manuel Paz
3 Los Echandía del Castillo 1 Remigio Pirrin
3 Blas Palacios 3 Familia Barbosa
1 Antonia García 2 Gregorio Paredes
1 Manuela Seminario 6 Narciso Espinoza
4 Ana Palacios Vda. Segura 2 Nicolás Rodríguez
1 Martina Terán 1 José S. Atoche
6 Los Frías y Lastra 2 Salvador Serra
4 Los Larrea Checa 1 Alejandro Lineros
2 José Matías Zapata 1 Valentín Guerreo
1 Antonia Briceño 3 Juan Ruíz Díaz
1 Joaquín Cumplido 1 Juana Arméstar
1 Lucía Arcela 2 Pedro J. Espinoza
1 María Ruidías 1 Juan Velásquez
1 Família de
1 Francisca Agurto 2 Isabel Seminario
2 Juan José Vegas 1 María Villarán
3 Juan Miranda 5 Familia Mesones
1 Felipe Besada 1 Micaela Frías
3 Familia Lamadrid 2 Los Cruceta
3 José Antonio Valdivieso 4 Familia León
6 Higinio Gómez 13 García Carrasco
2 Familia Senitagoye 1 Paula Ubillús
2 Rafael Barreto 2 Garrido Cortés
1 Baltasar Cáceres 14 Juana Josefa Carrión Vda. de Helguero
7 Josefa Guzmán 2 Familia Adrianzén
1 Serapio Lejerina 1 Petrona Rubio
4 Manuel Revolledo 2 María del Rosario Sánchez
4 Los Zaldívar Valdivieso 7 María Carrasco Vda. Paredes (su hija
2 Francisca Senitagoye Jacinta y yerno Gaspar Vásquez de Ve-
1 Sebastián Romero lasco)
1 Los Checa Valdivieso 4 María Luz Seminario Altuna
3 Los Ruesta 2 Gaspar Ramírez
3 García León 5 Josefa Guerrero Vda. Viñas
2 Magdalena Adrianzén 3 Manuel
José de
4 José S. Trelles 2 Santos López
1 Torres Salazar 2 Pedro Vargas Machuca
2 José María Flores 6 María de los Ríos Vda. Palomino
2 Familia Mesones 2 Francisco Urrutia
2 Mercedes Meléndez 14 Los León Alba
7 Seminario del Castillo 1 Sánchez León
1 Los Raygada Gallo 7 Familia Otero
2 Los Garrido M. 2 Juana Rosas
1 José Vicente Plaza 2 José Antonio García Urrutia
1 Familia Andrade 14 Los García Coronel
2 Familia Ugot 2 Los Valdivieso-Váscones
3 Rita Angeldonis 12
José Félix Castro
1 Josefa G. Garcés 4 Rodríguez (vecinos de J.M. Grau)
1 Manuel Burneo
No declararon esclavos don Gerónimo Seminario y Jaime, a pesar de tener muchos en sus haciendas pues al morir aseguró que eran un centenar. Tampoco los Seminario y Váscones.
Los que tenían más de 10 al servicio doméstico eran Miguel Francisco Távara que era sin duda el que más tenía en sus haciendas, pues hasta comerciaba con esclavos. Los García Carrasco, doña Josefa Carrión e Iglesias Vda. de don Joaquín Helguero. Los García Coronel,el coronel don José Félix Castro y los León Alba.
Hay que pensar que tan gran número de esclavos suponía disponer de una casa amplia y de un gasto enorme en mantenimiento, que sólo familias pudientes podían afrontar.
La ciudad de Piura tenía un poco más de 6,000 habitantes y el tener 360 esclavos en el servicio doméstico no era pequeño número.
En octubre de 1841 se
efectuó en toda la provincia litoral de Piura un censo de súbditos procedentes de
los que fueron estados de
Había en total 164.
Como siempre que se trataba de censos, la ciudad de Piura se dividió en distrito norte y distrito sur.
En el distrito norte se encontraron 15 extranjeros. De ellos los siguientes eran ecuatorianos: Francisco Távara, Ignacio Cárdenas, Gregorio Alvarez Tirado, Prudencio Espinoza, Narciso Neyra, Tomás Salazar, Fernando Ordores, José María Molina, Angelo Espinoza, Hilario Ballón, Marcos Ruesta.
Los colombianos eran: Francisco Gonzáles, José Joaquín Londoño, Manuel Hidalgo y Juan Manuel Grau, con 14 años de residencia y natural de Cartagena, soltero, comerciante.
En el distrito sur aparecen los ecuatorianos Juan Manuel Checa, Narciso Espinoza, Luis Molina, Hilario Molina, Francisco Escudero, Juan Melo, José Calderón, Ramón Vallejo, Pedro Moncayo, Manuel Franco Caballero, Escolástico y Gregorio Pareja, Carlos Elizalde. De Panamá Escolástico Ibarburu y de Colombia José Izquierdo.
En Paita habían 43 en total es decir más
que en Piura. En Morropón 3 (ecuatorianos), en Tambogrande 8 labradores
colombianos, en Tumbes 23, Catacaos 2, Colán 4, Amotape 4,
Ni Manuela, ni Benedicta Grau aparecen como extranjeras, no siendo por lo tanto hermanas de don Juan Manuel.
Como se puede apreciar, conocidas personas eran extranjeras. Muchos de ellos constituyeron tronco de familias peruanas.
Mientras se celebraba el Congreso de Huancayo, Gamarra envió al
coronel Crisóstomo Torrico a pacificar el sur del país y a consolidar el
Gobierno de
Estando Gamarra en Lima, se supo que en Diciembre de 1840 se había producido una rebelión en Ayacucho que había sido prontamente rebelada por el prefecto. Lo interesante era que los sublevados daban vivas a Torrico y lo reclamaban como jefe supremo.
Cuando Torrico supo en Lima la derrota de los sublevados de Ayacucho por un propio que le llevó el informe con toda anticipación, se apresuró a solicitar su pasaporte a fin de salir al extranjero. Ignorantes las autoridades de Lima de lo sucedido en Ayacucho, se le otorgó el documento autorizándolo hasta dos años de permanencia en el exterior. Pero entre tanto se supo todo lo que había pasado en Ayacucho las autoridades dispusieron que se presentara ante el coronel Coloma, que se encontraba ya en Lima y rindiera ante él, una información sumaria.
Torrico trató inútilmente de ganarse a Coloma y ante la inminencia de ser capturado, huyó al Callao y se refugió en el barco francés “Pilade” partiendo rumbo a Valparaíso. De allí solo retornaría al saber la muerte de Gamarra en la batalla de Ingavi.
Gamarra lo declaró desertor y lo mandó a borrar de la lista del escalafón, disponiendo que donde fuera habido se le fusilara.
El 1° de enero de 1841 se sublevó Vivanco en Arequipa, siendo secundado por la población, pues era muy estimado en ese lugar.
De primer momento parecía que iba a triunfar, pues todo el sur lo secundó. Se registraron rebeliones en Ayacucho, Cuzco y Puno pero todas fueron sometidas.
Torrico que debía retornar de Chile para apoyar el movimiento, no se apareció.
Los militares piuranos Alvarado Ortiz, Coloma, Medina, y Raygada cerraron filas en torno a Gamarra.
Juan Ignacio Vivanco era un joven coronel, de origen aristocrático,
muy culto e instruido. Cuando se sublevó era prefecto de Arequipa y se proclamó
Regenerador de
Gamarra envió a
El 25 de marzo de 1841, Vivanco derrotó a Castilla en Cachamarca pero no lo destruyó. El regenerador celebró en grande su triunfo y esto se conoció hasta en Ecuador decidiendo a Santa Cruz que allí estaba desterrado a enviar a Piura una expedición para levantar esta provincia litoral.
Pero Castilla se rehizo con refuerzos frescos que recibió y decidió atacar, derrotando en forma total a las tropas de Vivanco en Cuevillas el 6 de abril.
Cuando recién se formó
Diez años más tarde, en 1842 Obando estaba desterrado en Lima. Había llegado huyendo de Pasto por Loreto. Estando aún en Popayán, el general Obando había escrito a Gamarra invitándolo a invadir Ecuador y ofreciéndole su ayuda. Le decía que los límites entre Perú y Nueva Granada debían ser el río Juananbú al norte de Ecuador. Eso significaba la anexión de todo Ecuador al Perú. Obando reiteró la propuesta a Gamarra y éste la consultó con Castilla en Arequipa. Resolvieron ambos caudillos llevar primero a cabo la guerra contra Bolivia para no tener enemigos a retaguardia. Es decir tal como se había hecho doce años antes. Muy lejos estaba Gamarra de pensar que allí encontraría la muerte.