La vanguardia
peruana ocupó Loja el 10 de diciembre y 9 días más tarde llegó el general
Desde ese lugar se envió al coronel Pedro Raulet con dos compañías de infantería y un escuadrón de caballería a incursionar en territorio enemigo. Con gran audacia Raulet avanzó 14 leguas tomando por sorpresa la población de Saraguro, que estaba defendida por el coronel colombiano Acero, el cual tuvo que retirarse precipitadamente sin poder cumplir la orden del general Urdaneta de convertir en tierra arrasada la que tuvieran que evacuar. En Saraguro se unió a Raulet un destacamento del coronel peruano Francisco Vidal, con el cual salieron en persecución de Acero que se había refugiado en Oña a 5 leguas al norte de Saraguro. Loa accesos de esa ciudad estaban defendidos por el coronel Braun, con 160 hombres de Rifles, Yanaguachi, Cedeño y Granaderos. Era Braun un valiente oficial que había servido a las órdenes de Sucre en Bolivia.
Raulet destacó en una acción nocturna al capitán Moreira con una compañía, al teniente Grados con parte de los Húsares. Para evitar ser copado, Braun busco escapar por el puente de Cartagena y lo logró a costa de varios muertos, de heridos y de 7 prisioneros. Los peruanos tuvieron 6 muertos y 7 heridos.
Mientras tanto el coronel Porras incursionaba sobre Zorozanga, sorprendiendo a un destacamento del “Cedeño”, apresando a un capitán y 7 soldados. En la zona de Zapotillo el capitán Carrillo, desbarató a un destacamento de cívicos que defendían la plaza.
Raulet decidió retornar a Saraguro, y cuando hacía el recorrido de Oña a ese lugar, se le unió el teniente coronel Manuel Serrano, con cincuenta soldados del batallón colombiano Cuenca. Esto, prueba una vez más, que los peruanos no eran considerados como enemigos.
Todo eso animó a
En Gonzamaná había
establecido
Estando en esta ciudad,
El movimiento se realizó a la retaguardia del ejército de Sucre. La ciudad que era importante estaba defendida por 400 hombres al mando del coronel Vicente Gonzáles. En la acción los colombianos tuvieron numerosos muertos y heridos, habiendo caído prisionero el mismo Gonzáles, el teniente coronel Federico Valencia, 30 oficiales y soldados. Como no había donde alojarlos, se les permitió pasar la noche en casas particulares bajo palabra de honor de no fugarse. Al día siguiente solo permanecían en su lugar haciendo honor a la palabra empeñada el coronel Gonzáles, dos oficiales y un civil de apellido Garaicoa, gente muy importante en Guayaquil. Sucre creyó que el movimiento era de mayor envergadura y temiendo ser copado, retrocedió rápidamente dejando Saraguro a donde había llegado.
Antes de abandonar Cuenca, ya que con sus cortas fuerzas no podía seguir allí, Raulet se apoderó del parque y lo que no pudo llevar lo destruyó. Tomó 1,400 presos de la guarnición que había desbaratado y remitió los prisioneros a Guayaquil que ya estaba en poder de los peruanos.
Fue costumbre muy generalizada entre los colombianos exagerar las pérdidas de los contingente peruanos que entraban en lucha, y en cambio minimizar las propias.
Convertían en victorias las que no lo eran y hasta las derrotas las transformaban en triunfos. En cierta forma obedecían las órdenes que al respecto les había dado Bolívar para evitar la desmoralización de los que les eran adictos, pero también los jefes militares, Sucre entre ellos, trataban de acrecentar y exagerar los éxitos para aumentar los propios méritos ante los ojos de Bolívar,. Es así como el 22 de noviembre en medio de la mayor desesperación, O´Leary le escribía al general Flores: ¡Guayaquil está perdido! Pero semanas mas tarde al referirse a ese combate naval de Las Cruces, lo llamará la victoria de Guayaquil.
El 11 de enero de 1829, el general Flores y O´Leary, le escribían a Bolívar: “Nada notable ocurrió, hasta que el 3 de este mes en que el coronel Raulet a la cabeza de cuatro compañías de infantería (fíjense que ya empiezan a doblar el número) y dos escuadrones del Regimiento Húsares de Junín, sorprendió al coronel Braun que mandaba nuestra avanzada, compuesta de 100 hombres escogidos de “Rifles” y de “Yahuachi” y veinte del escuadrón “Cedeño”. Aunque la sorpresa fue completa y bien ejecutada, el coronel Braun se portó con el denuedo que sólo a él es peculiar. Cargando a la cabeza de doce hombres del “Cedeño”, derrotó a la caballería enemiga y acuchilló a cuarenta o a cincuenta. Nuestra infantería se condujo con su acostumbrado valor. Después de sostener dos horas de fuego del enemigo, el coronel Braun efectuó una retirada sin pérdidas”.
Lo cierto es que en esa acción, los peruanos tuvieron 13 bajas entre muertos y heridos, cantidad que fue en mucho superada por las bajas colombianas, además de 7 prisioneros.
Con respecto a la captura de Cuenca por acto de audacia de Raulet, es Sucre el que hace un falso relato, en comunicación de fecha 11 de marzo en que desde Quito, da cuenta al ministro de guerra, de todas las acciones en que tomó parte, desde el momento en que se hizo cargo del ejército.
Dice: “El mismo 12 (de
febrero 1829) supe que una columna de doscientos infantes y 50 caballos,
conducidos por la vía de Yunquilla y Girón, ocuparon Cuenca el 10, dispersando
allí nuestros hospitales, a pesar de la vigorosa resistencia del general
intendente a la cabeza de 60 convalecientes, que sospechando por las
observaciones en el campo contrario que se hacían algún movimiento, previne al señor
general Flores, comandante en jefe, hacer por la noche un reconocimiento y que
ejecutado por veinte soldados del “Yaguachi” protegidos por
Resulta completamente inverosímil que en una ciudad tan importante como Cuenca, solo existieran 60 hospitalizados y que con ellos (completamente desarmados) se organizara la resistencia. No es tampoco admisible que para tan corto número de enfermos hubiera tanta oficialidad, al punto que 30 de ellos con su comandante Vicente González cayeran prisioneros.
Como se verá mas tarde, Sucre incurrió en el colmo de las exageraciones, lo que fue y ha seguido siendo de fácil comprobación.
El 19 de enero de 1829,
llegó al golfo de Guayaquil, la fragata peruana “Monteagudo” a cuyo bordo
conducía al capitán de navío don Hipólito Bouchard, francés de origen, que
había servido a la causa de la independencia nacional y que llegaba en esos
momentos hacerse cargo del comando de la escuadra. El nuevo jefe no creyó
prudente asumir el mando de inmediato, para permitir que Boterín cumpliera con
los trámites de la capitulación de Guayaquil, y recién al día siguiente, se
hizo cargo del comando, siendo uno de sus primeros actos ratificar el tratado.
A fines del mes y en cumplimiento de las cláusulas de la capitulación, 800 soldados colombianos, al mando de Illingort, desocuparon Guayaquil y se trasladaron a la ciudad de Daule en donde instalaron su nuevo cuartel general.
El pueblo guayaquileño
recibió a los peruanos con muestras de gran satisfacción. Al respecto el
historiador ecuatoriano Oscar Efrén Reyes, en su obra “Historia de
Ese sentimiento pro-peruano tiene una explicación muy sencilla. No se trataba en realidad de tomar una posición independentista, que posiblemente hubiera unificado el criterio de todos los ecuatorianos; sino de elegir entre el Perú o Colombia, y estaba claro que se prefería al primero.
En esos momentos era
presidente del Perú, un ecuatoriano: el general
Por lo tanto, aún no había una clara diferencia de las nacionalidades y los colombianos que servían en nuestro ejército – y que no eran pocos – no se consideraban ni nadie los consideró traidores a su patria, sino enemigos de Bolívar.
Illingort, sufrió en Daule una tremenda deserción de sus soldados quedando sólo reducido a 400 soldados.
En el puerto, desembarcaron los peruanos a su infantería de marina y a la 2da. Compañía del batallón Ayacucho. El comando militar de la plaza quedó a cargo del capitán Casimiro Negrón.
El 3 de febrero, Bouchard
por medio de un bando, hizo conocer a la población que continuarían rigiendo en
Guayaquil sus propias leyes (las de Colombia). También se hizo conocer una
proclama de
La goleta “
Como el bloqueo había cesado, el puerto reinició sus actividades cobrando la vida gran animación.
Sucre se había hecho cargo no sólo de todo el ejército colombiano en Ecuador, sino que también había recibido de Bolívar, autorización plena para negociar.
Fue así como desde el 28
de enero de 1829 tuvo los primeros contactos con
1°- Las fuerzas militares del Perú y del sur de Colombia, se reducirán al pie de guarniciones y se determinarán las que deben quedar en los dos países.
2°- Las partes contratantes nombrarán una comisión para arreglar los límites de los dos estados, sirviendo de base la división política y civil de los virreinatos de Nueva Granada y del Perú es agosto de 1809 en que estalló la revolución de Quito, y se comprometieron los contratantes a cederse recíprocamente aquellas pequeñas partes de territorio que, por defectos de la antigua demarcación, perjudiquen a los habitantes.
3°- La misma u otra comisión liquidará la deuda del Perú a Colombia y a sus súbditos. Esta deuda se pagará de contado con sus intereses desde el año en que se empezaron los gastos y en el término de diez y ocho meses o del modo que se conviniere Colombia y el Perú, nombraran un gobierno americano para que en caso de diferencias sirvan de árbitros.
4°- El Perú pondrá en las costas de Colombia un número de personas europeas igual al de los reemplazos que aquella república debe a su ejército auxiliar, que hizo la campaña de Ayacucho, o bien dará una indemnización pecuniaria con que Colombia pueda hacerlos transportar.
5°- El gobierno peruano, dará al de Colombia por la expulsión de su agente en Lima la satisfacción que en tales casos se acostumbra entre las naciones y Colombia dará al Perú explicaciones satisfactorias por la inadmisión de su plenipotenciario.
6°- Ninguna de las dos repúblicas tiene derecho a intervenir en la forma de gobierno de la otra, ni en sus negocios domésticos. Este mismo respeto a la independencia y a la soberanía de los estados, lo guardarán las partes contratantes hacia Bolivia a quien se dejará en plena libertad para organizar como más convenga a sus intereses.
7°- La estricta observancia del artículo anterior, en cuanto a las partes contratantes y a Bolivia, lo mismo que las demás diferencias actuales, se arreglarán de un modo claro en el tratado definitivo.
8°- Existiendo desconfianza recíprocas entre los dos gobiernos, y para dar seguridades de la buena fe que los anima, luego que se ajuste un tratado de paz, se solicitará del gobierno de S.M.B. ó de los Estados Unidos, que en clase de mediador, garantice su cumplimiento, hasta autorizarlo, si es preciso para que esta mediación sea armada y por un término que no baje de seis años.
9°- Como Colombia no consentirá jamás en firmar un tratado de paz mientras que tropas enemigas ocupen cualquier parte de su territorio, se convendrá en que sentadas y reconocidas que sea estas bases, se retirará el ejército peruano a la orilla izquierda del río Santa (al sur de Trujillo) y el de Colombia al norte del departamento se Azuay (al norte de Cuenca), para proceder a los arreglos definitivos, a cuyo efecto se elegirán desde luego los plenipotenciarios, que deban reunirse en Panamá en todo el mes de abril del presente año. Entre tanto sólo podrán existir pequeñas guarniciones en las provincias de las fronteras, debiendo nombrarse en uno y otro ejército, comisarios que vigilen la observancia de este artículo.
10°- Las partes contratantes, se comprometen desde luego a que estas bases sean forzosas para el tratado definitivo y que la nación mediadora las obligue a su cumplimiento.
Cuartel general en Oña, a 3 de febrero de 1829.- Daniel O´Leary.
Esta comunicación fue
llevada por el propio O´Leary y el general Flores a una reunión que se llevó a
cabo en el puente de Saraguro. Allí estaban los delegados peruanos el coronel
José Luis de Orbegoso y don José Villa el ministro plenipotenciario que
Los
peruanos retornaron al día siguiente llevando sus propias propuestas. Esta vez
la reunión se efectuó en Pakishapa.
Cuando
el 21 de febrero O´Leary hacía conocer al ministro de guerra de Colombia
Estanislao Vergara, sus impresiones sobre Villa, le decía: “¿Sabe Ud. que Villa
me ha parecido un excelente sujeto y lleno de honradez?.
Pero no lo creo muy hábil diplomático. Supone al señor Revenga (era el ministro
de RR.EE de Colombia cuando Villa viajó a Colombia) el autor de todos sus
disgustos en Bogotá, y hace muchos elogios de Ud. (de Vergara). Está ahora de
ayudante del general
Considerando
serenamente las cosas, las contrapropuestas de
1°-
El gobierno de Colombia devolverá todos los peruanos que S.E.
el general Bolívar (no le da el título de jefe de estado) transportó fuera del
Perú después de la batalla de Ayacucho, en reemplazo de las bajas del ejército
colombiano que estuvo de auxiliar, y se obliga a dar una indemnización por
aquellos que no puedan devolverse, bien por haber muerto, bien por otros
motivos justos.
2°-
El gobierno de Colombia se comprometerá a pagar al Perú, todos los gastos
extraordinarios causados en la presente guerra, hasta que se firme el tratado
definitivo de paz.
3°-
El departamento de Guayaquil quedará en el estado en que se hallaba antes de
que S.E. el general Bolívar, lo agregase a Colombia,
y en el tratado definitivo se arreglarán las precauciones que deben tomarse
para que se pronuncien con toda libertad, sin que pueda haber la mejor sospecha
de coacción por ninguna de las dos partes contratantes.
4°.-
Se nombrarán comisiones por ambas partes para que liquiden las cuentas
pendientes y convengan en los términos en que debe hacerse el pago del alcance
que resulte.
5°-
Igual se nombrarán comisiones para que establezcan los límites de las dos
repúblicas.
6°-
Los demás puntos se arreglarán en el tratado definitivo conforme a estas bases
en cuanto tenga relación con ellas.
7°-
Se admite por parte del Perú, la garantía de una potencia extranjera que se ha
propuesto, eligiéndose los Estados Unidos de Norte-América, cuyo allanamiento
será de cargo de Colombia solicitar y conseguir.
Cuartel general en Saraguro 7 de febrero de 1829.- José
Sucre, al dar al ministro de guerra de Colombia, un informe general de
todas las acciones que habían realizado desde mediados de enero, se incorporó
al ejército en Cuenca, el que estaba compuesto de seis batallones y seis
escuadrones, con una
fuerza disponible de 3,800
infantes y 600 de caballería. El 29 marchó el ejército colombiano en busca del
enemigo que se encontraba escalonado desde Saraguro hasta
Nabón a 13 leguas
de Cuenca. Asegura Sucre que las fuerzas peruanas se replegaron
sobre Saraguro y entonces el ejército colombiano avanzó
hasta los altos de Paquichapa,
ubicándose frente a frente, el
4 de febrero. Entre Saraguro
y Paquichapa solamente había legua y media de distancia.
El día
Sucre
advirtió la maniobra o posiblemente tuvo conocimiento de ella, porque casi de
inmediato cambió de frente, de tal manera que ya no queda con el flanco
expuesto. Mientras, tanto, a la media noche del mismo día 12 de febrero, el
general Flores dispuso que Urdaneta hiciera un reconocimiento sobre Saraguro
con 20 hombres del Yaguachi al mando del coronel Manzano, más las compañías
4ta. del Caracas y los Granaderos del Cauca. Además de
estas fuerzas intervinieron 200 hombres del “Rifles” y un piquete del “Cedeño”
a órdenes del general Urdaneta. Los peruanos habían cortado los puentes del río
cercano a Saraguro, por lo cual los colombianos tuvieron que vadearlo.
Amparados en las sombras de la noche, los enemigos avanzaron y comprobaron que
no había puesto de avanzada, ni vigías. Los soldados dormían en la plaza de
armas, como si no estuvieran en guerra ni en país enemigo..
Los soldados sorprendidos ante el ataque y creyendo que el ejército contrario
entero se les venía encima, se dio a la fuga abandonando el parque y una gran
cantidad de víveres, dos cañones (el ejército quedó entonces con sólo dos
últimos). Quedaron 60 prisioneros.
No todas las
municiones cayeron en poder de los colombianos, porque algunas fuero narrojadas al río.
Años más tarde el general José Luis de Orbegoso, relataba
que cuando la mañana del día 12 él, que formaba parte del grupo parlamentario
peruano para tratar de ajustar la paz, se encontró con O´Leary y con el general
Flores en el puente Paquichapa, recibió Flores un documento muy urgente, que
leyó con asombro. Al inquirir Orbegoso por el mismo, le contestó Flores, “es el
santo y seña de Uds.”. En ese momento lo tomó Orbegoso como una broma. El otro
asunto que se refiere a una posible traición, fue la declaración pública que
hizo un año más tarde el coronel Jiménez, resentido ya con Gamarra y que hasta
los periódicos de Lima la dieron a la publicidad. La revelación era que había sido el general el que le había
ordenado no poner vigías ni puestos de avanzada. Hubo por lo tanto una evidente
traición de Gamarra alentada por la ambición del poder.
Sucre relata los
sucesos de Saraguro del siguiente modo: “previne al señor general Flores, comandante
en jefe, hacer por la noche un reconocimiento, y que ejecutado por 20 soldados
del Yaguachi, protegidos por
Sucre, en lugar de disponer atacar al resto del ejército
peruano, prefirió retroceder el amanecer del 13 de Oña
y Nabón, para llegar el
El plan de
“Cuando llegamos a Saraguro, encontramos que el general
Sucre, aunque con un ejército muy inferior al nuestro, nos esperaba en la
formidable posición que hay al frente de ese pueblo. En una eminencia que tiene
delante de si una profunda quebrada por la que pasa un río caudaloso con un
puente preciso para ir a ella; las mismas ventajas habían por consiguiente por
nuestro lado en caso de ser atacados. Así que ninguno de los dos se atrevió a
emprender el ataque conservándonos a la vista. El general Sucre, por una medida
estratégica, seguramente para atraernos, había dejado abandonado el puente que
nosotros ocupamos. De esta manera, a la expectativa uno de otro permanecimos
más de ocho días”.
“Cansado y
fastidiado, posiblemente de ello, nuestro general, decidió maniobrar a distancia del enemigo, bien para tomarle el
flanco, bien para atacarlo de retaguardia o bien para atraerlo a nosotros y
sacarlo de esa posición. Dispuso, con uno de estos fines que el ejército se
moviera una tarde dejando para cubrir la retaguardia el tiempo preciso, la
compañía situada en el puente y una división en el pueblo. Estaba yo ese día de
avanzada con mi compañía, en una altura de la que se veían claramente ambos
ejércitos y por consiguiente ví el movimiento del
nuestro. Antes del anochecer, recibí la orden para ir a reunirme a él (al
ejército) y continuar la marcha a su retaguardia. Gran rato después de haber
pasado el pueblo, completamente anochecido ya, ascendiendo la gran cuesta que
era el principio del camino, sentí un fuego nutrido de fusilería. Era que,
apercibido seguramente el general Sucre del movimiento de nuestro ejército y
conociendo perfectamente el terreno, había hecho atacar de sorpresa a nuestra
avanzada del puente (de Saraguro) y envueltos sus soldados con nuestros
dispersos, atacaron también la división que estaba en el pueblo y la
desordenaron y derrotaron. Mucho antes del amanecer, empezaron a llegar donde
yo estaba que era la cola del ejército, los dispersos de la división. Los
contuve allí y organizándolos por grupos de los cuerpos a que pertenecían,
hacía que se reunieran a ellos los que iban llegando sin que ninguno pasase
adelante. Mandaba la división el general Vidal (se equivoca aquí Echenique,
porque era el general Jiménez) y lo nombro por su fama de valiente que estaba
tan bien acreditada.
Acampó todo el
ejército al amanecer y entonces di cuenta de lo sucedido. El general (
El pueblo de
Saraguro fue incendiado por los colombianos, por haber mostrado adhesión al
ejército peruano.
El día 14 de febrero el ejército peruano pasó a Yunguilla tras de salvar peligrosos desfiladeros en donde bien pudo ser atacado por Sucre con ventaja. El cuartel general lo establecieron en Surupali. El 15 continuó avanzando hasta la localidad de Lenta a 4 leguas de Girón y el 16 se arribaba a San Fernando. Sucre mientras tanto se movió hacia la explana de Tarqui, ubicando a la infantería en Narancay y a la caballería en Guagua-Tarqui a donde llegó el 18 manteniéndose en esa posición hasta el 26 de febrero. En esos días, Raulet retornó de su incursión en Cuenca y llegaron 700 de los dispersos de Saraguro. Con eso, las pérdidas en efectivos de es acción, quedaron reducidos a una suma sin mayor significación.
El día 22 se dispuso
que incursionara sobre Girón y a continuación se ordenó que
El general Plaza tuvo plena conciencia de la imprudencia de
esta acción y protestó, pero sintiéndose comprometido en su honor, obedeció
como buen militar. Al llegar de noche al sitio de su destino, distribuyó como
mejor pudo a su tropa, la que sólo tenía la munición que llevaba en sus
cartucheras. No tenía ni caballería, ni artillería. Ya entrada la noche llegó
Raulet con un contingente. Sería el gran sacrificado.
Veamos ahora lo que
cuenta Sucre:
“El 24 ( de febrero) supe que una columna con dos batallones y un escuadrón
enemigo al mando del general Plaza estaban en Girón. Juzgué que sería un fuerte
reconocimiento, porque no me persuadí de que se avanzara sola esta división,
pero el 25 hallándome con el general Flores, examinando por Tarqui la verdad,
me informaron nuestros espías, que aún permanecía aquella en Girón y su
ejército en San Fernando”..
Se refería Sucre, a
la primera orden que recibió Plaza de que con 900 hombres avanzara sobre Girón.
El mismo Mariscal de Ayacucho, expresa que no creía posible que esa división
hubiera avanzado sola. Desde ese momento, Sucre busca atacar a esa división
aislada. Continúa diciendo el mariscal
de Ayacucho:
“El 26 resolví atacarla, y nuestros cuerpos, todos se
pusieron en marcha a las tres de la tarde con tres mil seiscientos hombres de
combate. Al comenzar nuestro movimiento, sobrevino una fuerte lluvia, que
apenas nos permitió llegar a Tarqui a las 7 de la noche. Dando un descanso a la
tropa, tuve partes que la división del general Plaza estaba en el Portete de
Tarqui, a tres leguas de nosotros y que el resto del ejército peruano llegaría
aquella tarde a Girón. Determiné dar una
acción general”.
Como se puede
apreciar, Plaza avanzaba hacia Sucre y
se distanciaba del resto del ejército peruano. Todos los efectivos colombianos
se le iban a ir encima para destruirlo en la ratonera a donde se había metido
por orden superior. El pesimista pronóstico del general Plaza se cumplía.
Gamarra parece que ignoró todos los movimientos
de Sucre, resultando inconcebible que hubieran fallado tanto sus sistemas de
información. Algunos llegan hasta pensar en un pérfida
traición del general en jefe del ejército peruano.
La
primera división colombiana de 1,600 hombres al mando del propio Sucre se
adelantó para sorprender a la división Plaza. Las fuerzas contrarias se
componían del escuadrón Cedeño y los batallones Rifles, Caracas y Yaguachi. A
la vanguardia para dar un golpe de sorpresa despachó al escuadrón Cedeño, y a
150 hombres escogidos de entre los demás batallones. A las 4.37 de la mañana la
1ra. División hizo un alto en las proximidades de Portete, para permitir se les
uniera la segunda división colombiana y la caballería. Mientras tanto el grupo
de vanguardia al mando del capitán Piedrahita, se tropezó con un grupo de
reconocimiento peruano al mando del capitán Uría,
trabándose un sangriento combate, del que salió con mayores pérdidas el
contingente colombiano. Sucre oyó el fuego de fusilería y comprendiendo lo que
pasaba, aceleró su marcha y cayó con todo el ejército colombiano sobre las
fuerzas de Plaza. Consumidas las municiones en el ejército peruano, se
defendieron con la bayoneta pero el enemigo con su caballería cargaba por todas
partes. Plaza trató de retirarse para unirse con el resto del ejército peruano ( que estaba muy lejos), y dispuso que el coronel Quiroz
enfrentase a la caballería colombiana, para evitar que les cortasen la
retirada. Fue un duelo desigual de infantes contra jinetes.
Mientras tanto, Gamarra algo sabía o intuía, por que a las 2 de la madrugada tomando su caballo, partió con sus ayudantes a todo galope desde Girón hasta el Portete. En el camino se encontró con el destacamento de Quiroz, que luchaba fieramente contra la caballería enemiga. El general peruano, al darse cuenta de la situación se perturbó, pero no atinó a dar orden alguna.
A las 3 de la madrugada,
salió el ejército peruano en forma precipitada de Girón en auxilio de la
división abandonada. Cuando a las 7 de la mañana
Lo
estrecho del terreno impedía la libertad de movimientos, y la tercera división
no podía entrar en acción porque se lo impedía la segunda que estaba
combatiendo.
Fue
entonces, que Gamarra le manifestó a
Pero
también el movimiento de repliegue tenía sus riesgos, porque sobre ellos podía
lanzarse toda la caballería colombiana. La misión fue encomendada el engreído
coronel O´Leary, que se dispuso cortar la retirada a la segunda división.
Entonces Necochea, tomando jinetes del Húsares, salió a enfrentarlos. Fue en
estos momentos en que se produjo aquel famoso desafío del coronel peruano Nieto
con el coronel colombiano Camacaro que se le consideraba el más diestro en el
manejo de la lanza.
En el enfrentamiento resultó atravesado Camacaro y luego los peruanos destrozaron al contingente de caballería así como a los refuerzos de infantería que habían acudido en su auxilio. Eso permitió a la segunda división llegar a los llanos y formar muy disciplinadamente, lo mismo que la tercera.
Los
colombianos consideraron prudente, no hacer ningún intento de persecución.
Los peruanos en perfecto orden de batalla,
no fueron molestados.
En su informe, el general Sucre cae en
extremos de exageración. Así por ejemplo expresa : “Destruido el ejército
peruano y mientras se aclaraban nuestros flancos; mande un oficial del estado
mayor donde el general
Luego
expresa: “Se suspendió en tanto la persecución, cuando el enemigo había perdido
entre muertos, heridos, prisioneros y dispersos más de 2,500 hombres, incluso
60 jefes y oficiales y dejado por despojo multitud de armamento, cajas de
guerra, banderas, vestuario, etc. El campo de batalla era un espectáculo de
horror: 1,500 cadáveres de soldados peruanos habían expiado
en Tarqui, las ofensas hechas por sus caudillos a
Colombia y al Libertador y tal vez los crímenes del 2 de agosto de 1810 en
Quito”.
Sigue
informando Sucre: “Esta mañana (el 11 de marzo), se han puesto en retirada
desde Girón como 2,500 hombres del ejército peruano, resto de 8,400 que ellos
mismos confesaron espontáneamente haber introducido en territorio de Colombia y
no vaciló en asegurar a V.E. que en el estado de
desmoralización e indisciplina en que esta derrota va poniendo las reliquias de
nuestros invasores, apenas 1,000 repasarán al Macará”.
Sólo
reconoce Sucre 154 muertos y 206 heridos, en sus filas.
Fue
tanta la exageración de Sucre, que este informe no lo creyó ni el mismo
Bolívar. En su ofuscación no coteja sus datos y así dice que había 8,400
soldados peruanos, y que estos entre muertos, heridos, prisioneros y dispersos
perdieron 2,500 y que solo les quedaban 2,500. Parece que el mariscal de
Ayacucho no sabía restar.
Los
peruanos no tenían 8,400 soldados en Ecuador, ni aún contando las fuerzas que
dominaban Guayaquil y la zona del Guayas.
El
padre Vargas Ugarte da cifras más
creíbles: Los peruanos tuvieron 400 muertos, lo que sin duda es una cifra alta,
pero nunca los 1,500 que habla Sucre. Además unos 600 heridos y 300
prisioneros. Es decir 1,300 soldados, aún cuando muchos de los heridos no eran
graves y volvieron a reintegrarse a sus cuadros.
Los
colombianos según Vargas Ugarte tuvieron 260 muertos y 400 heridos, o sea 660
bajas, es decir la mitad de los peruanos. Pero en realidad habían muchas más bajas
en el ejército colombiano que no las mencionaba ni Sucre ni Vargas Ugarte que
fueron 600 desertores tras la acción de Tarqui. Esto si lo conoció Bolívar y
siempre lo mencionó. Por lo tanto las pérdidas de Sucre
eran parecidas a las peruanas y en tal condición no
podía correr el riesgo de comprometerse en una nueva acción bélica pues sabía
que podía tener más desertores.
Algún
tiempo después, en declaraciones dadas por el historiador
colombiano, José Domingo Espinar que se publicaron en Bogotá, decía: “ Los peruanos muertos pasan de
2,000 porque no se dio cuartel: los colombianos perdieron 400 hombres y 600
reclutas desertaron de tal manera que quedamos reducidos a 2,600 hombres”.
En lo
de 2,000 hay siempre exageración, pero fue cierto que los colombianos mataron a
muchos heridos y prisioneros. El general Urdaneta fue el que más se extremó en
las venganzas, mandando a fusilar a muchos prisioneros y hasta trato de
asesinar en persona al general Plaza. Llegó su sevicia a tal extremo que ordenó
que cortasen la cabeza al coronel Raulet y la enviaran en exhibición a Cuenca.
El general Rufino Echenique que llegó a
ser presidente del Perú, estuvo en la acción de Portete de Tarqui, y en su obra
“Memorias para
“Acampó el ejército antes del amanecer y entonces di cuenta de lo
sucedido. El general (Gamarra), disolvió la división (de retaguardia) cuyos
soldados se refundieron en los demás cuerpos, habiendo sido este el primer
fatal acontecimiento que tuvimos en aquella campaña”.
“Probable es que ese hecho hiciera variar el plan de campaña y continuamos
la marcha al interior de Colombia. El general. Sucre también marchó por el
flanco con la misma dirección, ocupando antes que nosotros el Portete. Cuando
llegamos al pueblo de Tarqui que está al pie de esa posición, se supo por los
enemigos de Bolívar que ciertamente nos servían (como espías), el haber ocupado
Sucre ese lugar y también que en la mañana de ese día lo había abandonado
retirándose al interior. Tiempo de sobra tuvimos para ocupar en aquel mismo día
esa posición, pues habíamos llegado, a la mitad de él, y sólo dista de él dos
leguas. Se aseguró que tal fue la opinión del general Gamarra, más en lugar de
esto, quedamos en descanso, y sólo se mandó una división a ocupar el Portete.
Probable es que el general Sucre se retirara para atendernos más al interior,
más hábil general, sabiendo que sólo una división había ocupado ese lugar,
retrocedió en la noche y antes del amanecer, la atacó con todo su ejército,
derrotándola por consiguiente”.
“Debió estar muy inquieto con esto Gamarra o
tuvo alguna noticia, pues desde las tres de la mañana lo vimos todos, a caballo
recorriendo cuerpo por cuerpo y poniéndolos sobre las armas para marchar,
habiendo ordenado que en él que yo servía tomase la vanguardia. Estaríamos como
a la mitad del camino, amaneciendo ya, cuando empezaron a llegar a donde íbamos
dispersos y heridos. Con éstos,
seguramente por que se había adelantado, aparecieron los generales
“Algún tiempo después de estar nosotros en aquél sitio, aparecieron los
enemigos ocupando las alturas y rompiendo los fuegos sobre nosotros. Lo contestamos
nutridamente y se sostuvo así el combate, por mucho tiempo hasta que llegó el
general Cerdeña, comandante general de la división, quien mando a parar el
fuego y dijo:
“Soldados, a formar a la pampa como se pueda”. Con tal orden, volviendo caras
los soldados en desorden y a la carrera, con dirección a la pampa. Componíase
el cuerpo de cerca de 800 plazas, y en ese campo quedaron los dos jefes,
muriendo el primero y el último, pues no se movió sino cuando no quedaron
soldados en el sitio. Como catorce oficiales y como 300 soldados de tropa. Yo
me retiré junto con el general Cerdeña quien me ordenó, que reuniendo algunos
soldados sostuvieron la retirada, estando él siempre conmigo. Reuní en efecto
16 o 20 y como el camino era estrecho, como he dicho, con ellos podía
sostenerse el paso, desde que el enemigo no podía presentar más frente. Por
tres veces pude detener la vanguardia enemiga y pararla hasta que llegamos a la
pampa, donde ya el ejército estaba formado en plan de batalla. La vanguardia enemiga
que venía tras de mi, se componía de dos compañías de cazadores y el célebre
escuadrón Cedeño, que mandaba el renombrado y valiente Camacaro”.
“Cuando esa tropa llegó a la pampa” fue cargada por nuestra caballería y
acuchillada toda ella, inclusive el valiente Camacaro. Fue después de esto y
sin otro acontecimiento, ni intento del enemigo que apareció un parlamentario
del general Sucre, pidiendo tratar”.
Como
se puede apreciar, Echenique, lanzó una grave culpa, contra el general Cerdeña,
el ex numantino que por algún tiempo tuvo a cargo la defensa de Paita.
Dice el padre Vargas: A las dos de la
tarde del mismo día de la batalla, Sucre envío un parlamentario para negociar y
se le contestó que enviara sus propuestas por escrito. En respuesta comisionó
al general Heres y al coronel O´Leary.
En la
reunión hubo un serio altercado entre Villa y Gamarra cuando el primero dijo
que también creía que esa era la situación del ejército peruano, pero que no podía
permitirse tanta humillación. Con emoción intervino
Se
nombró una nueva comisión peruana constituida por Gamarra y Orbegoso, que tenía
como secretario al Dr. Cuba, ayudante de Gamarra. Los colombianos designaron a
O´Leary y al general Flores, como secretario al coronel José María Sáenz,
pariente de Manuelita. Los colombianos parlamentarios eran acérrimos enemigos
del Perú .y del lado peruano, Gamarra estaba sumamente contemporizador.
Las
reuniones se celebraron en dos etapas. El primer día intervinieron los 4
parlamentarios y al siguiente solo Gamarra y Flores, trataron las bases del
convenio.
Sucre
relata que quiso mostrarse generoso y que propuso a
Continúa diciendo: “A las cinco de la mañana del día 28, apareció a nuestro
campo un coronel del estado mayor peruano, solicitando de parte de su general,
la suspensión de toda hostilidad y que para comprobar sus deseo de una
transacción, me pedía que yo conocía a todos los jefes de su ejército nombrase
a dos de los que me inspirasen confianza y buena fe para que fueran sus
comisionados. Contesté que cualesquiera eran para mi iguales, pero que en
Paquicha había iniciado mi deseo de que el general Gamarra fuera uno de los
negociadores”.
¿Qué
era lo que llevaba a tener en Sucre esta preferencia por Gamarra?. Meses atrás se les suponía resentido por los sucesos de
Bolivia. Se daba el caso de que Gamarra también deseaba la suspensión de la
guerra, sea como fuere. Posiblemente en su mente más importancia tenía su
ambición y el deseo de llegar al poder deponiendo a 
El
convenio de Girón estipulaba lo siguiente:
La
reducción a 3,000 hombres las tropas peruanas en el norte y la misma cantidad
en el ejército colombiano en Ecuador.
Desocupación de Guayaquil y Loja, porque Colombia no consentiría en
firmar un tratado mientras tropas enemigas ocuparan su territorio. No se
mencionaba para nada Tumbes, ni Jaén ni a Maynas. La evacuación de Loja se previa,
a partir del 2 de marzo porque el convenio debía de ratificarse a las 24 horas.
El 22 debía el ejército peruano estar cruzando nuevamente el Macará.
El
Perú devolvería la corbeta “Pichincha”.
Se
entregarían 150 mil pesos para cubrir las deudas del ejército peruano en Azuay
y Guayaquil. Cesaría de inmediato el bloqueo que ejercía la escuadra peruana en
la costa de Colombia,
Se
nombraría una comisión para el arreglo de la deuda en 18 meses por los gastos
del ejército libertador en el Perú y también para el arreglo de los límites.
Dice Mendiburu y lo
reproduce Basadre, que
En el campamento de Girón, hubo repulsa total. Lo mismo sucedió en Piura, entre las tropas acantonadas del Perú en Guayaquil y en todo el país. Hasta en Colombia, causó gran desagrado y se pensó que el mismo no iba a lograr la paz, aún que así estuviera estipulado. Meses más tarde hasta el mismo Gamarra reconocería que fue un pacto humillante, y trato de buscar justificativos a su conducta.
Entre la oficialidad
joven del campamento militar de Girón, la indignación iba en aumento.
Presionado por esa corriente de opinión,
Se
procedió por lo tanto a canje de los heridos, y el ejército peruano inició su
retorno al Perú. Sucre alardeaba en todo momento de su generosidad y lo mismo
decía en su comunicación fechada en Quito el 11 de marzo enviada al ministro de
guerra de Colombia, pero en la misma expresaba su esperanza que el ejército
peruano (que en forma por demás exagerada decía había llegado a 8,400) solo
1,000 llegasen a Macará en su viaje de retorno.
Al
día siguiente de la partida del ejército peruano, Sucre, lleno de soberbia, dio
un decreto disponiendo que; “En el campo de batalla, se levantará una columna
de jaspe por el diseño que dará el gobierno, en que se inscribirá de un lado,
los nombres de los cuerpos del ejército del sur (de Colombia) y en el opuesto
el de sus generales y jefes; en el tercero el de los oficiales y tropa muertos
y heridos en el combate y en el que mira al campo del enemigo, se inscribirá en
letras de oro: El ejército peruano de ocho mil soldados que invadió la tierra
de sus libertadores, fue vencido por cuatro mil bravos de Colombia, el
veintisiete de febrero de mil ochocientos veintinueve.”
También Sucre dispuso la acuñación de medallas, con leyendas para
premiar a su generales y oficiales.
Sucre
no informó nada de este proyecto de la columna y de las medallas en su
comunicación del día 11 al ministro de guerra.
En
realidad, no se conoce con precisión cuantos soldados colombianos intervinieron
en Tarqui, y aunque el mismo Sucre dice 3,400, en cambio el general Flores
había dicho el 15 de setiembre de 1828 en carta a Bolívar: “el ejército tiene
ya 6,000 hombres”. Claro está que esos contingentes estaban distribuidos, pero
el mismo general agregaba “y a la par que se aumentan los cuerpos, crecen las
dificultades para proporcionar la subsistencia”.- El 29 de enero de 1828 el
general José M. Córdova el héroe de Ayacucho decía: “un ejército de ocho mil
hombres”.por el de Colombia. En cuanto a
los peruanos en Tarqui, tenían cerca de cinco mil, pero fueron sólo 900 los de
la llamada 1ra. División, los que resistieron todo el peso de la lucha. Luego
intervino la 2da. División en forma parcial porque los estrechos del terreno no
lo permitían. La caballería no participó en absoluto y la tercera división sólo
se limitó a cortar de raíz el intento de persecución que pretendía iniciar
Camacaro con sus fuerzas. Por eso fue tras de la batalla del Portete el
ejército peruano volvió a formar en la llanura en orden de batalla.
El 11 de marzo, los jefes de la escuadra sur en Guayaquil y de la guarnición peruana, se reunieron en casa del coronel José Prieto y acordaron desconocer el Convenio de Girón, porque todo tratado de esa clase necesitaba la aprobación del Congreso. Por lo tanto para ellos la guerra proseguía. Los generales colombianos Dandes y León de Cordero que habían partido de Girón a Guayaquil para recibir la plaza, no pudieron ser recibidos en Guayaquil sino en la corbeta “Libertad” en donde Bouchard les comunicó su decisión.
El ejército peruano se fue retirando en buen orden en Loja, engrosando sus contingentes con los dispersos y aún con ecuatorianos y colombianos que temían ser víctimas de represalias. No se cumplieron pues los agoreros pronósticos de Sucre de que se desbandaría.y que solo 1,000 pasarían el río Macará de vuelta.
Al llegar a Gonzamaná,
Bolívar, a este reclamo de
Dice el general Echenique en sus
Memorias que en la víspera de San José
(18 de marzo), cumpleaños de
Gamarra y sus adeptos nuevamente estuvieron en desacuerdo y dijeron que era una decisión indigna.
Con todo, la retirada prosiguió en el mayor orden y el día 22 de marzo llegó a Macará la segunda división. Luego fueron llegando los demás contingentes. Se demoraron varios días en cruzar el río pues el período de lluvias estaba en todo su apogeo y el Macará estaba muy crecido. El año 1829 el Fenómeno de el Niño se presentó fuerte.
Al ingresar a territorio peruano, los soldados que tanto habían sufrido lo hicieron con gran alegría. En suelo piurano eran 3,500 lo que estaba muy lejos de ser un ejército aniquilado. A ellos había que agregar los dispersos de Saraguro que formaban otro contingente. Entre muertos y prisioneros quedaban 700.
Sucre que conocía la ambición de Gamarra y
que complotaba contra
En
este conflicto no había en realidad campos definidos de enfrentamiento entre
dos naciones, sino que eran facciones políticas antagónicas. Por eso del mismo
modo que muchos ecuatorianos y colombianos apoyaban al ejército peruano y a
Si bien es cierto que en Portete, se tuvo un descalabro, eso en realidad no dejó al ejército en situación de derrota. Por otra parte Sucre sufrió la deserción de 600 de sus soldados y temía que en plena batalla, otros cientos más hicieran lo mismo.
Por eso trato de evitar un nuevo encuentro y jugó a las cartas políticas, a lo que se prestó Gamarra.
Por tal motivo el general Echenique dice al terminar la batalla lo siguiente:
“En esa noche, se hizo el Tratado que todos conocen y por consecuencia de él emprendimos la retirada al Perú, como en él se pactaba. Siendo lo que he dicho,, la verdad de lo que sucedió aquél día, nunca he podido comprender que se diera por perdida por nosotros, aquella batalla, en la que habiendo reveses por una y otra parte lo que era esperado, y estando nosotros preparados para ella, quedando dueños del campo y con un ejército superior al del enemigo, aún después de aquellos reveses, se halla persuadido al mundo que la perdimos y nosotros consentir en ello sin aclarar las cosas, y demostrando que no hubo batalla, campaña campal, ni menos la perdimos. Podía ser que no se llevara a efecto el plan que nos propusimos y con el cual se emprendió la campaña y que lo abandonáramos, pero de esto al hecho material de haberse perdido la batalla hay una gran diferencia. El acto verdadero y que comprenderá cualquiera es que nos retiramos por un tratado, cosa que muy bien pudo suceder sin batalla, y aún sin que se hubiera disparado un sólo tiro”.
A la luz de los hechos posteriores, es
posible suponer que así como Sucre magnificó la trascendencia de su victoria,
por razones fácilmente comprensible, así también Gamarra magnificó el contraste
hasta hacerlo aparecer como una derrota tal que decidía los destinos de la
guerra con Colombia que él no quería. Además el achacar una derrota a
Se sacrificó por lo tanto el interés general del Perú, al interés personal de un militar ambicioso, y se dejó para siempre un borrón en la historia, que totalmente desfigurada se ha venido repitiendo. Si bien se había sufrido un revés, no se había perdido la guerra, pues teníamos en nuestro poder a Guayaquil y la escuadra peruana bloqueaba toda la costa de Colombia.. Bastaba trasladar el teatro de la guerra a Guayaquil, para dar vuelta al problema.
Hay mucha información acumulada que culpa a Gamarra de los resultados adversos de esta guerra.
Se le atribuyen una serie de actos intencionados o de regateos, que van desde su desenfrenada ambición de poder, hasta la traición.
El 18 de setiembre de 1828, desde Guayaquil
escribía O´Leary a Bolívar diciéndole: “Si Gamarra como es probable, se deniega
a remitir al norte los 2,500 hombres que se le han pedido, ya tenemos entablada
la guerra civil en el Perú. Gamarra aspira a la presidencia, y por consiguiente
si viene el ejército, será para intrigar contra
Como se puede apreciar, era ya muy conocida la intención de Gamarra y todo resultó como lo había supuesto O´Leary, menos aquello de la desmoralización del ejército.
El mismo día 18 de setiembre, Sucre
escribía una larga carta a Bolívar en la ría de Guayaquil, en la que calificaba
a Gamarra de inepto y cobarde, para luego continuar; “Gamarra ha dicho casi
públicamente en Potosí, que si no hay guerra con Colombia viene a quitarle
a
El 6 de mayo, después de Portete de
Tarqui, pero cuando aún los peruanos no entregaban Guayaquil, Bolívar le
escribía desde Quito a su ministro José María Restrepo: “Flores sigue sitiando
a Guayaquil, que aunque ha sido reforzado, no lo ha sido poderosamente, porque
Gamarra que contraria a
El 11 de mayo, Bolívar a Urdaneta, también
desde Quito, le hacía conocer: “Las noticias del Perú, son excelentes, nadie
duda que por el mes que viene, tendremos una revolución en Lima y en el sur del
Perú. Gamarra ha escrito últimamente a Flores, con infinita reserva, que
cumplirá “la oferta” luego que
Es decir que Bolívar ya sabía que
Cuando los cuatro parlamentarios se
reunieron en Girón tras la acción de Portete de Tarqui, hubo una segunda sesión
en la que se encerraron sólo Gamarra y Flores. Fue allí que Gamarra puso en
conocimiento del general Flores todos sus planes contra
Este es el comentario del Libertador a la
deposición de
En Lima circuló un folleto anónimo llamado “El General Gamarra en Campaña” en el que cita hechos, personajes y lugares, que probaban el doble papel que jugaba Gamarra en el conflicto. Entre ellos se cuenta que el coronel Jiménez el jefe de la retaguardia de Saraguro, había recibido orden del general Gamarra de no colocar vigías, lo que motivó el asalto por sorpresa.
En
1830, el coronel Bermúdez que acompañó a