Anteriormente nos hemos referido al emisario de paz de Bolívar el
coronel O´Leary, un hombre intrigante, que de haber consentido
Era cosa sabida
en Colombia, que había hecho O’Leary circular falsas proclamas de Santa Cruz
contra
Estos eran
personajes que trataban de atizar la guerra contra el Perú.
La falsa
proclama de Riva Agüero preparada por O´Leary, de la cuál éste envió una copia
a Bolívar, es la siguiente; ( circuló también en
Piura):
José de
Peruanos: La
traición del general
Mis enemigos
lograron un efímero triunfo
representándome como traidor, pero pronto borraron de mi nombre esta marcha con
su propia infamia. Torre Tagle, Berindoaga, Galdiano e innumerables otros,
cambiaron la cucarda bicolor por la escarapela de sangre, y el Perú sería
español, si el genio de Bolívar no se hubiese opuesto.
Peruanos: Esos
hombres que entonces trataron de vender la patria al enemigo común, son los
mismos que ahora se han empeñado en una lucha nefanda con una nación belicosa.
La guerra que hacéis a Colombia es impolítica, y os cubrirá de ignominia. Las
quejas personales del general
Peruanos: desde
Europa he oído vuestros clamores y he volado a salvaros. El gobierno que os
oprime es usurpador, porque no emana del pueblo; es tirano porque contraría
vuestra voluntad. Dejad de obedecerle. Vuestro legítimo presidente pronto
estará entre vosotros. El mismo que ahora seis años se opuso y triunfó de las
asechanzas de esa turba de miserables vendidos a
Riva Agüero
había sido insultado, vejado y declarado traidor por instigación de Bolívar. A
duras penas salvó de ser fusilado, porque cuando
El 9 de setiembre, el gobierno peruano decretó el bloqueo de los puertos y costa colombiana desde Panamá, hasta el golfo de Guayaquil. El comandante general de marina, contralmirante Pascual de Vivero, dio instrucciones en detalle. Pero como el 10 llegó Sucre al Callao e interpuso sus buenos oficios para obtener según dijo un arreglo pacífico, se tuvo que posponer la salida de los barcos de la escuadra que estaban ya listos en el Callao.
La escuadra
salió del Callao en la noche del 18 de setiembre, al mando del vicealmirante
Guillermo Guise y llevando a bordo al presidente
Los barcos que
partieron del Callao fueron: la fragata “Presidente”, en donde iba
“
Formaban parte
de la plana de oficiales, el teniente. 1° José Boterín, como segundo
comandante. El teniente. 2° Manuel Sauri, el alférez de fragata Francisco
Forcelledo y otros del mismo rango.
En Paita,
convaleciendo de sus heridas estaban García del Postigo.
Una de las
primeras cosas que hizo en el puerto fue visitar al Capitán Carlos García del Postigo, marino
chileno al servicio del Perú y después a
El puerto se
convirtió en un hervidero de gente, llegada de Piura para recibir a
El
presidente
En Piura, el
presidente mostró gran actividad, preocupándose sobre todo de asegurar los
medios de transporte. Se contrató con don José Lama Sedamanos, el
aprovisionamiento de mulas, pero Lama no llegó a reunir el número necesario de
animales por lo cuál, el transporte hacia Tambogrande, lugar designado para
concentrar todo el ejército en operaciones, tuvo que hacerse utilizando a los
mismos soldados.
Una gran
cantidad de oficiales colombianos que habían permanecido en Lima hasta esa
fecha se habían integrado al ejército de
Mientras
En la región del Guayas, además de la
sublevación de Babahoyo, el 7 de setiembre se produjo otra en el mismo batallón
“Caracas” que había servido para reprimir la anterior. Se tuvo que actuar muy
severamente para controlar la anarquía que se estaba insinuando, habiendo sido
fusilados muchos.
El 1° de
octubre, la escuadra de Guise había llegado a Punta Arenas en la isla Puná,
iniciando el bloqueo de Guayaquil. A las 11 de la mañana, desembarcó en
Naranjal, a 30 infantes de marina utilizando cuatro botes, al mando todo el
contingente del teniente 1° Roberto Mayhlijhon. Se
trataba de sorprender un envío de armas desembarcado hacía poco en Naranjal con
destino a Cuenca.
Una vez en
tierra, la partida se movilizó de noche y a las 2 de la madrugada tomaban por
sorpresa la localidad de Naranjal, pero sólo encontraron los restos del
cargamento de armas. Se capturaron a dos capitanes, a un clase y dos
soldados. Los peruanos sólo tuvieron un herido; el teniente 1° Francisco
Forcelledo que de inmediato fue evacuado a Paita.
Guise envío
también al teniente coronel Valle Riestra su ayudante a efectuar un
reconocimiento en la ría de Guayaquil, lo que hizo con todo éxito, informándolo
de la existencia del fuerte Las Cruces, la cadena que allí se había extendido
de ribera a ribera para evitar el avance de la escuadra, de las baterías de
artillería de 6 cañones que la defendían y que aguas arriba estaban la goleta “
El 11 de octubre
fue enviado en misión de reconocimiento el teniente. Manuel Sauri, el cuál
desembarcó en la costa del canal de Jambelí, capturando en Balao el comandante
colombiano Manuel Barrera, que era ayudante de Estado Mayor y a los dos
soldados armados, que portaban correspondencia.
El comandante
era portador de una carta de fecha 5 de octubre remitida al Intendente de
Guayaquil Juan Illingort, que se supone le era enviada por el coronel Cayetano
Cutari, aunque se firmaba como “A.Z.”, cuyo puesto de
mando estaba en Machala, desde donde había sido enviada. Decía... es un
desacierto, el más grande el abrir la campaña con seis mil hombres, las dos
terceras partes de reclutas y la otra de veteranos, la mayor parte
desmoralizados. Para que sea el éxito feliz se necesitan diez mil infantes, mil
hombres de caballería y una marina superior a la del Perú, pues se trata de
hacer la guerra a una nación entera que nos detesta”.
Luego habla en
sentido figurado, como si el ejército colombiano hubiera en una primera
ofensiva avanzado profundamente, y dice en presente: “... desde Macará hasta
Piura han quemado todo los pastos, quitando el ganado y cuantos recursos había
en el tránsito. El general Flores se pone en marcha y superando todos los
obstáculos primitivos llega a Piura, mientras el enemigo efectúa lentamente su
retirada a Trujillo. El general sigue su marcha y con infinitos trabajos, llega
al frente del enemigo con las dos tercias partes de sus tropas, pues, entre
desertores, enfermos y muertos en los despoblados, no puede menos de tener
estas pérdidas; hallar al enemigo con un ejército de doce a catorce mil
hombres, con una brillante artillería de campaña y posiciones ventajosas
¿entonces que hacer? ¿atacar con casi la certidumbre
de perder?. Entonces, adiós ejército, adiós departamentos del sur mientras el
general en jefe está en inmediaciones del enemigo, este ( el
Perú) envía 800 hombres y los desembarca en Machala, se toma el Azuay, prodiga
dinero y hace gritar (viva) el Perú ¿Quién defenderá este departamento y al
Ecuador? ¿los milicianos?. No mi general... quien
cuenta con milicianos, cuenta con nadie, ... el
malcontento es general por los empréstitos, contribuciones, levas
recopilaciones de bestias y víveres... algunas familias de la provincia de
Loja, se han pasado ha territorio peruano... en Guayaquil, a excepción de
algunas familias todos son adictos al Perú...”.
Es decir que en
criterio del firmante, las fuerzas peruanas iban a ir retrocediendo ante el
avance de los colombianos, haciendo la política de tierra arrasada como los
rusos contra Napoleón y después de tenerlos muy adentro del territorio, lanzar
la contra-ofensiva y destruirlos. Pero jamás fue intención del presidente


El intento de asesinato de Bolívar era consecuencia de un estado general de descontento contra el Libertador, después que en Ocaña asumió todo el poder, convirtiéndose en un dictador, que no admitía sombras en su autoridad. El historiador venezolano Rafael María Barata, en su “Historia de Venezuela”, dice que lo de Ocaña fue un grave error de Bolívar y que éste ya no era el ídolo de su patria. Por otra parte la salud del Libertador desmejoraba cada día mas, minado por la tisis.
No se había aún
apagado la conmoción que produjo el intento de asesinato, cuando la región de
Pasto, o sea el sur de Colombia, se insurreccionó. Los coroneles José María
Obando y José Hilario López, se levantaron el 12 de octubre de 1828 en Popayán
defendiendo
Obando en todo
momento se proclamó fiel a sus principios y pensaba que servía a su patria y a
la causa de la libertad y así se lo escribió tanto a su esposa como a Mosquera:
“Si muero, diles a mis hijos que es por darles libertad”.
En el sitio
llamado
El vice-almirante Guise había proyectado atacar Guayaquil el 23 de noviembre de 1828, pero tuvo noticias de que el 22 iban a ser fusilados varios comprometidos del batallón “Caracas” que días antes se habían rebelado. Eso lo obligó a anticipar el ataque por razones psicológicas, sin esperar las tropas de desembarco que había pedido.
A las
cuatro de la tarde la escuadra entraba a la ría de Guayaquil, haciéndolo con cuidado
para evitar encallar. A las 9 de la noche estaban a
El día
Las lanchas
peruanas y la goleta “Peruviana” avanzan en formación de ataque, rompiendo el
fuego contra ellas, la “Guayaquileña”. Le siguen las baterías del fuerte “Las
Cruces” y sus lanchas.
Guise
lanza a la fragata “Presidente” a toda velocidad en medio del fuego de mar y
tierra y rompe la cadena protectora de la ría, tras de lo cual lanza mortífero
fuego contra el fuerte “Las Cruces” que en forma inmediata es abandonado por
sus defensores, tras de tener un elevado número de muertos y heridos.
Se suma al
combate la corbeta “
A las 6 de la
tarde los marinos de la “Peruviana” hacen un desembarco al mando del
guardiamarina Manuel Villar, que más tarde tendría gran participación en la
guerra contra España en 1866. Su misión es tomar el castillo de Las Cruces, y
destruirlo, lo que cumplen haciendo volar su polvorín.
En primer día de
lucha, se registra la muerte del alférez Pérez y de un cabo.
Al amanecer del
23, el bergatín “Adela”, se había ubicado frente a la ciudad vieja de
Guayaquil, apoyado en una batería de cañones de tierra que estaba cerca al
muelle y a otra batería ubicada en el Cerro de
Se entabla
entonces un duelo de artillería y al poco tiempo la fragata “Presidente” logra
apagar los fuegos de la batería de la aduana.
Los peruanos
tienen que combinar sus accionar con las fluctuaciones de la marea. Recién a
las 5 de la tarde se logra, destruir la batería del muelle, y varias lanchas
enemigas. La goleta “Guayaquileña” ha quedado varada y el bergatín “Adela”
estaba tan maltratado que para que no cayera en poder de los peruanos, lo
incendian.
Sin embargo, en
tierra seguía activa la batería de “
La fragata
“Presidente” encalla a media noche y los defensores aprovechan para montar un
cañón en la orilla frente a ella y comenzar a disparar sobre seguro.
Durante 5 horas recibe el fuego sin poder
contestar y sin que los demás barcos la puedan ayudar por la baja marea, a las
9 de la mañana del día 24 al volver a subir la marea la fragata logra zafarse
de su prisión.
Tan pronto como la fragata se vio libre, empezó a disparar sobre los cañones que la habían hostilizado durante la noche logrando silenciarlos.
Por desgracia
el penúltimo disparo hecho desde tierra, da en el pecho de Guise que estaba
imprudentemente expuesto dirigiendo la operación de ataque. El efecto fue
instantáneo y en medio de la consternación de todos, quedó muerto el marino,
que siendo extranjero sirviera con tanto amor al Perú. Era el 24 de noviembre
de 1828.
El teniente coronel Valle Riestra, que estaba a bordo, da
cuenta del sensible hecho al capitán de la corbeta “
Hasta ese
momento, solo dos oficiales habían muerto: el jefe de la escuadra y el alférez
Pérez, además 11 más entre marineros y soldados de desembarco. Heridos estaban
el tnte. 1° Miklejhon y 56 entre marinos y soldados.
En tierra, la
situación de Guayaquil era caótica. Los colombianos habían hecho evacuar a la
población civil y se habían entregado al saqueo. Gran cantidad de personas
desde las playas pedían a los marinos peruanos los dejaran refugiarse a bordo,
pero por estar en combate no podían atenderlos.
Tras la muerte
de Guise, su sucesor el teniente José Boterín Becerra creyó prudente fondear a
la escuadra frente a los Matorrillos. Los colombianos vieron confundidos las
maniobras de los barcos peruanos, pero al poco tiempo supieron de que se
trataba y celebraron la muerte de Guise como una victoria.
Los colombianos
aprovechan la tregua para reforzar las defensas. A la ciudad llegan los
batallones “Cuenca” y “Ayacucho” y se remiten 22 cañones, con lo cual, les es
posible reartillar los fuertes.
Boterín, empieza a desarrollar una labor de catequización y de apoyo a los civiles de la zona de Guayas que en gran cantidad hacen conocer su adhesión. Se distribuyen fusiles, alimentos y municiones por toda la costa y dan apoyo a la población del Morro, que se ha sublevado, enviándoles un grupo de doce soldados. El teniente, Boterín envía a Paita a “Peruviana”, con un grupo de heridos. En el puerto se desparrama la noticia de los sucesos de la escuadra y de la muerte de Guise.
El 16 de
noviembre, Boterín parte a Paita al
bergatín “Guadalupe” a cuyo bordo van los restos del vice-almirante Guise y del
alférez Pérez. También el resto de soldados y marinos heridos. Junto a los despojos mortales del marino inglés, viajan sus
cuñados (peruanos), los hermanos Del Valle; su asistente y su mayordomo.
Tras los honores
que correspondían a su alto grado y al afecto que le tenía, sus restos son
trasladados a la fragata mercante “Joven Corina” con rumbo al Callao bajo el
cuidado del alférez Forcellado que se había estado reponiendo
en Paita de sus heridas. El 28 de enero de 1829, Lima le tributa a Guise,
solemnes funerales.
La población en Guayaquil estaba masivamente a favor del Perú. Eso lo reconocía el propio O´Leary cuando el 20 de octubre le escribía en forma apremiante a Bolívar a fin de que enviase al Pacífico la escuadra colombiana que estaba en el Atlántico a fin de conservar Guayaquil, que consideraba decisivo para la seguridad del Ecuador. En forma textual decía al Libertador: “Me parece impolítico, abandonar a los amigos que aquí tenemos y que se hallan tan comprometidos, pues desgraciadamente son pocos y señalados”.
Luego informaba
al Libertador que los facciosos del departamento y sobre todo del puerto,
estaban haciendo daño y que actuaban con más actividad, porque sabían sacarlos,
dada la proximidad de la escuadra peruana.
El 6 de
noviembre de 1828, los paiteños se dieron con la gran sorpresa de ver ingresar
a su bahía a una corbeta colombiana. De primera intención se creyó que se
trataba de un ataque que se hacia con gran audacia pero bien pronto se esparció
como reguero de pólvora la noticia de que venía a entregarse a las autoridades
peruanas.
Tras del combate
de Malpelo, la mencionada corbeta, se dirigió a la isla Taboga y en plena
travesía, la tripulación que era contraria a Bolívar, resolvió pasarse al Perú,
para servir mejor a la causa de la constitucionalidad colombiana.
Manuel Bustamante,
el coronel que sublevó en Lima a la tercera división, era el inspirador de esta
nueva rebelión, secundado por el coronel Ramón Avilés.
En el puerto de
Paita, se presentó ante el capitán de puerto, y Bustamante declaró “que por si
mismo y en nombre de los guardiamarinas y oficiales del barco, habían acordado
entregarlo al general
La rebelión de la “Pichincha, junto con la sublevación de Obando, fueron duros golpes para Bolívar. Estaba visto que el Perú no era considerado por gran cantidad de colombianos y ecuatorianos, como enemigo, sino más como aliado, frente al enemigo común que era Bolívar, el cual se había concitado la odiosidad de los pueblos.
Los pueblos de Santa Elena, El Morro,
Machala y Balao también se sublevaron a favor del Perú. El historiador
ecuatoriano Pedro Fermín Cevallos, asegura que eso se logró a instigación de
Boterín, que “sirviéndose del traidor Bustamante y otros oficiales
pertenecientes a la división en Lima, lograron corromper la moralidad de los
pueblos de la costa del Golfo al sur de Guayaquil”.
Con fusiles peruanos,
los pobladores del Morro, lograron formar una fuerza de 100 hombres, que
Boterín reforzó con doce soldados, a los que en conjunto abrieron una acción de
guerrillas contra defensores de Guayaquil.
En carta de fecha 4 de octubre que O´Leary enviaba a Bolívar, le
informaba que
O´Leary se equivocaba.
El 8 de octubre, Bolívar escribía al general Juan José Flores y le decía... yo no sé que hacer... el Perú empecinado en sus injustas pretensiones y el pueblo (colombiano) sin querer hacer la guerra. Muchas veces deseo disolver ese ejército (el de Ecuador) pero los intereses de Colombia se oponen a esa medida”... por acá con esos asesinos perversos (los que intentaron matarlo el 25 de setiembre)... ni puedo marchar al sur, ni mandar los mil hombres que había ofrecido... por lo tanto haga Ud. de ese ejército lo que le parezca mejor, consérvelo o disuélvalo, pero siempre de acuerdo con el general Sucre y el coronel O´Leary”.
Como se puede apreciar, Bolívar se encontraba muy desmoralizado. Por otro lado la enfermedad le avanzaba.
Continuaba el desalentado Libertador: “Conociendo que nuestros pueblos no presentan base para ninguna empresa heroica o digna de gloria, no me ocuparé más de sostener el decoro nacional... el general Sucre debe haber llegado ya... Yo lo he nombrado, pues para que mande en jefe ese ejército: y esté Ud. persuadido que no lo privo a Ud. de la mejor gloria, pues no hay ninguna que ganar en el miserable estado de las cosas. Diré a Ud. de una vez que para evitarle una catástrofe, doy a Ud. este sucesor”.
De ese modo tan engañoso, justificaba Bolívar el haber quitado a Flores el mando del ejército para entregárselo a Sucre en quien confiaba más.
El 4 de octubre y desde Guayaquil, O’Leary, el enviado de Bolívar en
misión diplomática enviaba al presidente
Le decía que le había antes escrito y que le estaba debiendo dos contestaciones, posiblemente por la desavenencia en que están las dos repúblicas...... esta carta se contrae a informar a Ud. que mi gobierno me ha confiado una misión, la más honrosa cerca de Ud... al llegar aquí, supe que Ud. venía al norte a ponerse al frente del ejército, y que ahora se calcula puede haber Ud. llegado a Paita……… quisiera tratar con Ud. más bien que con el gobierno de Lima....... si está en facultades de Ud. le ruego me ahorre las molestias de un viaje a Lima. Quiero que sea a Usted a quien el Perú y Colombia deban un arreglo...
Así en forma tan zalamera como falsa, escribía el enviado especial, que
falsificaba proclamas, incitaba a la guerra en Ecuador y se preparaba a
conducirse como espía y como elemento de perturbación, para fomentar un
levantamiento contra
El presidente peruano, le contestó el 16 de octubre fechando la carta desde el cuartel general en Tambogrande”.
Le decía...por principios, por mi deber y por el bien general, estoy
compelido a contribuir al orden e íntimas relaciones entre el Perú y Colombia,
pero encargado por ahora del poder ejecutivo, el vicepresidente, mientras esté
ausente de la capital,; no soy arbitro a entrar en relaciones de transacción...
asegurándole que me será muy satisfactorio el feliz término que tenga su
comisión………. jamás me pesaría que Perú y Colombia me debiesen la transacción de
sus diferencias,
El coronel O´Leary informaba el 26 de octubre a Bolívar que Guise con la “Prueba” y la “Libertad” se encontraba en El Muerto.
El 16 de noviembre, contaba que los facciosos de Guayaquil estaban haciendo perjuicios y alarmando a los vecinos. “Guise hizo un desembarco en Manabí con unos 60 hombres, pero no logró nada sino llevarse como acostumbra algunas gallinas”.
El 21 de noviembre... “los buques paiteños que antes nos traían papeles
de cuando en cuando, ya no llegan, pues Guise se ha puesto muy vigilante, Este
señor ha pedido repetidas veces al general
El 22 de noviembre O´Leary escribía de Guayaquil a Quito al general Flores y le decía: “Guayaquil se ha perdido, y con él mi buena letra, porque estoy fatigado.
A las cinco menos cuarto de la tarde se presentó la “Prueba” acompañada
de la “Libertad” y tres o cuatro lanchas a distancia de media legua de la
batería Las Cruces”. Casi al mismo tiempo rompió ésta sus fuegos. Trabajo
perdido. “
Como se puede apreciar, O´Leary daba ya por perdido a Guayaquil. Muy lejos estaba de suponer que al día siguiente 23 de noviembre iba a morir Guise, con lo cual la toma de Guayaquil quedaba postergada, aún cuando el mismo Guise no tenía todavía el propósito de apoderarse del puerto por no disponer de fuerzas de desembarco.
El 28 de noviembre, decía: Parece que la providencia nos favorece, porque sólo un milagro nos ha podido salvar. Ahora ha vuelto a repetirse el milagro, Guise el eterno enemigo de V.E. y de Colombia, murió de un balazo el día 24 del corriente por la mañana. Este oficial es una pérdida grande para el Perú: era valiente y atrevido y excelente marino. Los enemigos han sufrido otras pérdidas en oficiales y gente, según consta de la declaración de una mujer, que ha estado a bordo durante le combate. Esta misma mujer dice que Guise, ofreció a su tripulación el saqueo de la ciudad y que después se incendiaría. Aunque la “Prueba” ha tenido muchas averías, no creo que se alejará de la costa, y me parece muy probable que dentro de diez días seremos atacados por las fuerzas de mar y de tierra simultáneamente. Si las tropas de desembarco no pasan de dos mil hombres, saldremos triunfantes, porque la escuadra no es formidable sin Guise, y concentrando nuestras fuerzas en la ciudad, no hay duda que rechazaremos a los peruanos, si todos cumplen su deber, como lo hicieron en los últimos combates. Es increíble lo que Colombia ha ganado con el ataque de Guise. Los clamores contra el Perú son uniformes, más todos desean que venga V.E. para asegurarles la victoria... Se ha confirmado la muerte de Guise. Su tripulación comienza a desertar. Todo va mal a bordo.
El día 29, escribía O´Leary: Todos los individuos que han estado a bordo de la escuadra peruana están de acuerdo en sus declaraciones sobre la venida de fuerzas de Paita. Unos dicen que 2,000 hombres y otros que 1,500 debían haber llegado ayer. El mismo día, O´Leary escribía al general Rafael Urdaneta, hacía conocer que era posible que los 1,500 hombres hubieran llegado ya a Puná... “Guayaquil, será defendido pues ya se ha hecho un artículo de fe que un colombiano vale por cuatro peruanos”.
El 6 de diciembre le escribía a Sucre que los brulotes colombianos habían resultado burlotes, que uno se fue a pique y los prácticos que debían de conducirlos se lanzaron al agua aterrorizados, creyendo que el diablo los iba a llevar.

A fines de octubre, Bolívar bajo los efectos del intento de asesinato, de la agitación interna en Colombia y Venezuela, de la rebelión de Obando y de López, y de los éxitos peruanos en el mar, se mostró más contemporizador con el Perú.
Por eso el 22 escribía a O´Leary diciéndole....... me he alegrado mucho, porque al fin se han puesto Uds. con (Flores), de acuerdo en lo que deben hacer, sea por los medios pacíficos o por las armas. Pero no puedo dejar de decir a Ud. que el estado de las cosas es muy opuesto a la guerra con el Perú. Principalmente, los pueblos del sur, no la quieren, pues los españoles han invadido Guatemala y vendrán luego al istmo...... además, yo no puedo ir al sur a dirigir las operaciones. Además hay otra cosa que nos amenaza: una catástrofe por esa parte. Los peruanos pretenden disolvernos y lo lograrán…….... por el aborrecimiento que profesan esos pueblos del sur a los jefes de la república (se refiere tanto a él mismo como a sus generales), los acusan de todos los crímenes y todos los defectos. Dicen que los subalternos se conducen como bandoleros y que las tropas colombianas son bandidos……... últimamente no hay tesoros con que saciar la avaricia de los generales y los intendentes. Solamente contra Illingrot y Gonzáles (que más tarde caería prisionero) no me ha escrito nada de esa especie. De Flores, de Torres y Urdaneta, dicen horrores. Yo no lo puedo creer, pero lo propalan y los creen (el pueblo ecuatoriano), esto es lo que forma la opinión y teniendo la opinión en contra, nada podemos esperar. Todo esto me desespera y me persuade que no debemos tomar venganza del Perú, para no precipitarnos mas hondamente en el abismo”.
Sin embargo, cuando Bolívar escribía a Sucre seis días más tarde el (28 de octubre) nombrándolo jefe de los ejércitos del sur, le decía “Yo estoy resuelto a marchar dentro de un mes al sur, contando para entonces con las tropas de reserva en estado de marchar adelante”.
En la obra “Últimos años de Bolívar” escrita en base a la
correspondencia del general O´Leary, se dan a conocer el texto de dos cartas
que el general José M. Obando, el rebelde de Pasto y Popayán, envía al
presidente
La primera fechada en
Luego relata Obando que la rebelión debería estallar en diversos lugares
de Colombia y que él debía hacerlo en Cauca, lo que verificó, organizando en un
mes una fuerza de 300 hombres con los cuales –cuenta- derrotó a Mosquera en
El 14 de diciembre escribía Obando desde Pasto, al presidente
El 29 de diciembre, desde Guaitará volvió
Obando a escribir a
En la imprenta que
Fue un periódico andariego que siguió al ejército peruano, por donde éste anduvo, y es así como aparece en Piura, Tambogrande y Loja.
Demás está decir que una gran parte de los lectores, la constituían la oficialidad y los soldados del ejército en campaña.
Como no podía ser de otra forma, el “Botafuego”, era como una verdadera pieza de artillería que disparaba tiros de grueso calibre contra Bolívar, Sucre y el general Flores; pero era el Libertador el motivo constante de sus más duros ataques.
No obstante su carácter de periódico militar, el “Botafuego” también daba noticias de Piura y de los lugares por donde pasaba. No pocas veces comentaba artículos de periódicos de Guayaquil contrarios a Bolívar.
Cuando el conflicto concluyó, la imprenta retornó con el ejército a Lima y así terminó la fugaz vida del “Botafuego”, pero de todos modos tuvo el gran mérito de haber sido el primer periódico editado en Piura.
Miguel Seminario Ojeda, en su infatigable afán investigador ha logrado reunir bastante información sobre el “Botafuego”, que muy gentilmente me ha proporcionado.
El primer número se editó en Piura el 6 de octubre de 1828. Desde sus
inicios, el periódico, tiene un violento ataque a Bolívar al cual culpa de la
guerra y se le acusa de tirano y absolutista. Hay una nota informativa del
arribo del presidente
El número 2 del “Botafuego” salió el miércoles 15 de octubre en Tambogrande, donde se había levantado el campamento del ejército peruano.
Contiene, éste la proclama que lanzó el general
El número 3 también
aparece en Tambogrande el 18 de octubre. Contiene una arenga del general
Mariano Necochea, que manda la caballería peruana. Este valiente jefe de origen
argentino, fue objeto de la persecución de Bolívar cuando estuvo en el Perú.
Hay en el periódico alabanzas a
Hasta el 5 de noviembre el “Botafuego” siguió saliendo casi semanalmente en Tambogrande, editando 7 números.
En su 4to. número de fecha 24 de octubre da cuenta de los éxitos peruanos en el frente de Guayaquil y de la captura del comandante Manuel Herrera del ejército de Colombia, al cual se le confiscó una carta que enviaba al Gobernador Militar de Guayaquil Juan Illingort, una persona que sólo se identificaba por las letras Q.B.S.M. y que se supone era el coronel Cayetano Gutari; documento al cual ya nos hemos referido antes. Se publica otra carta llegada desde la zona de Machala a Tambogrande en la que se referían a la rebelión de 400 indios chilintomos que hicieron causa a favor del Perú.
El 5to. número salió el lunes 27 de octubre, trae información, de que Gamarra tras de actuar victoriosamente en Bolivia se dirigía con otro ejército hacia Piura. Publica proclamas y transcribe artículos de periódicos de Lima.
El 6° número del “Botafuego” sale el miércoles 29 de octubre. Trae una información bastante detallada de las deserciones que se han producido en gran escala en el batallón colombiano “Rifles” y se refieren en forma especial a las declaraciones de dos soldados peruanos que habían sido enrolados en ese cuerpo militar a la fuerza cuando Bolívar imponía la política de los reemplazos. Los soldados Manuel Centeno y Pedro Carrillo, tras de llegar al campamento peruano solicitaron enrolarse en el ejército peruano para seguir luchando contra las fuerzas de Bolívar, en lugar de dirigirse a su tierra natal, como se les había ofrecido acá.
En este
número, se informa que Bolívar, había no solo perdonado, sino ascendido al
oficial Candelario, que en el Perú había matado en años anteriores al ministro
Monteagudo, y se le había enviado a integrar los ejércitos colombianos que
estaban en la zona fronteriza con el Perú. El administrador del periódico, don
José Molina, publica un artículo que titula “
Otro miércoles, el 5 de noviembre, sale el ejemplar número 7° cuando ya gran parte del ejército avanzaba sobre Ayabaca. Se relata la llegada del batallón 1ro. de Ayacucho de 1042 soldados al mando del coronel Francisco Jiménez al cual se pondera mucho. Esas fuerzas fueron recibidas en Piura y en Tambogrande con grandes muestras de alegría.
Jiménez era español, y después de la capitulación de Ayacucho, prefirió ingresar al ejército patriota. Era adicto a Gamarra y a él se debe el primer descalabro en la guerra contra Colombia, cuando estando al mando del parque de abastecimiento en Saraguro, no colocó vigías, ni alertas permitiendo la incursión de tropas colombianas, de tal modo que hasta se habló de acuerdos con el enemigo.
El
“Botafuego” N° 8 aparece el 8 de noviembre, y da la noticia de que la corbeta
colombiana “Pichincha” se había pasado al Perú y llegado a Paita el día 6 de
noviembre, siendo recibida alborozadamente por los paiteños que lanzaban vivas
al Perú y a
El N° 9 se
editó el 12 de noviembre, en el que da mayores noticias sobre el paso de la
fragata “Pichincha”. A esa fecha don José Molina deja de administrar la
imprenta, que toma M. Reyes. En el periódico se aclara, de que la “Pichincha”
que se había entregado, era la misma que semanas anteriores había tenido con
otra nave colombiana, un enfrentamiento con la corbeta peruana “
El N° 10 aparece el 18 de noviembre y trae abundante información sobre la conjura que contra Bolívar se produjo en Bogotá, y que sólo se salvo de morir a manos de los conjurados huyendo de noche por una ventana. El periódico asegura que el complot fue el 25 de setiembre y que estaban comprometidos varios de sus edecanes.
El N° 11, aparece el 29 de noviembre. Hace conocer la sospecha de que Bolívar no había salido ileso del atentado, porque no había aparecido en público después del mismo. Se reproduce una proclama del general Juan José Flores, desde Riobamba, dirigida a los habitantes de Pasto que estaban sublevados contra Bolívar.
Del N° 13 no hay ningún ejemplar y el N° 14 salió también en Tambogrande el 2 de diciembre.
La imprenta fue llevada luego a Ecuador y en 1829 el “Botafuego” vuelve a editarse en Piura con el retorno del ejército peruano.
El 25 de enero de 1828 el coronel sullanero José Félix Jaramillo, era nombrado vocal de la junta de exámenes de oficiales, luego pasa a Chota para servir como comandante militar, teniendo a sus órdenes al sargento mayor Felipe Santiago Salaverry, encargado de hacer el reclutamiento. Salaverry tuvo muchos problemas para cumplir con las disposiciones que se le habían dado, y posteriormente un grupo levado se sublevó.
El 7 de febrero es nombrado subprefecto de Lambayeque el coronel querecotillano José María Raygada.
El 4 de marzo el intendente de Piura Joaquín Valera, presenta su renuncia y dos meses más tarde es reemplazado por el sargento mayor Juan Pablo Fernandini. Este militar tuvo un muy desgraciado fin, pues había tomado partido a favor del entonces general Salaverry, el ya coronel Fernandini fue tomado prisionero con el caudillo y otros militares más de alta graduación, y ejecutados en la plaza de Arequipa por órdenes de Santa Cruz.
El 8 de abril el capitán Ventura Raygada, es enviado a Lima en misión de servicio mientras que el 2 junio el teniente Eugenio Raygada pasa revista como comisario de la compañía de cazadores del batallón N° 9 acantonado en Tambogrande.
El 15 de Junio, el Jefe de Estado Mayor, coronel Pedro Bermúdez, solicita el ascenso del teniente sullanero Andrés Garrido al grado de capitán. Era este padre del capitán José Garrido que en enero del mismo año había logrado fallo favorable en el juicio militar a que había sido sometido.
El 8 de agosto, la fragata “Monteagudo”, desembarcó en Sechura al Batallón N° 8 que inmediatamente marchó a Piura siendo aclamado por los pobladores del Valle.
Piura, tenía en setiembre a un nuevo subprefecto. Era don Tomás Cortés del Castillo hermano del héroe de Junín.
Como capitán
de puerto de Paita y comandante militar de esa plaza estaba el capitán de
fragata Quimper el cual por estar enfermo pide permiso hasta el 31 de
diciembre; siendo reemplazado como jefe de la plaza por el tnte. Coronel Martín
Herrero y por el teniente de marina
Manuel de
Era gobernador de Huancabamba el capitán Gaspar Calderón a quien se encargó el envío de reses para el ejército.
Las
autoridades paiteñas y piuranas se mostraron muy diligentes para abastecer al
ejército peruano acantonado en Tambogrande y para atender a los heridos que
habían llegado en la corbeta “
Para cubrir las bajas de la corbeta “Libertad” se tomaron 50 soldados de infantería de la guarnición de Paita.
El 30 de octubre el coronel colombiano José Bustamante, es autorizado para residir temporalmente en Colán. Este militar había comandado la rebelión contra Bolívar de las fuerzas colombianas estacionadas en Lima, y posteriormente tomó partido a favor del Perú cuando se produjo el conflicto. Bustamante fue reconocido como coronel peruano y vivió el resto de sus días en nuestra patria.
En el mismo mes de octubre, llegan a Paita y pasan a Piura el teniente coronel Manuel Barrera y los soldados Lorenzo Madero y Juan Mata Soto, del ejército de Colombia. Este oficial había sido capturado por el teniente de marina del Perú Manuel Sauri durante una incursión, que éste hizo en el golfo de Guayaquil, tomándole importante correspondencia. Se dispone que los prisioneros pasen al depósito de Lambayeque pero se accede a la solicitud de Barrera para permanecer en Piura. Otros prisioneros son enviados el 23 de octubre a Lambayeque custodiados por el teniente José Ovalle.
En diciembre llegan a Paita y pasan a Piura el teniente Domingo Robles y el subteniente Juan Briones, colombianos capturados en la zona de Guayaquil.
La provincia
de Piura es eximida de la orden de
reclutamiento, por decreto dado por el Presidente
El comando militar estaba muy preocupado porque se estaban produciendo numerosas deserciones.
El caso más grave lo protagonizó el soldado Pedro Morales, de la 1ra. compañía de Lanceros, que estando de centinela desertó. Habiendo sido recapturado, fue sometido a consejo de guerra, que dictaminó la pena de muerte, dada la gravedad de la falta por estar el país en guerra.
La sentencia se cumplió el 7 de octubre, al ser fusilado el soldado.
Pero esa drástica sanción, no impidió que las deserciones continuaran, pues el 18 de noviembre se estaba alertando a todos los gobernadores de la provincia, para la captura de 15 desertores del batallón N° 9.
El ejército contrató a muchos jefes de cuadrillas de arrieros, para el transporte de abastecimientos diversos, así como también a proveedores de carne.
Uno de ellos
fue don José Lama, acaudalado hombre de Piura. Parece que surgieron
dificultades entre el abastecedor hacendado y el capitán Francisco Izquierdo
que estaba encargado de controlar el abastecimiento de reses. El 15 de octubre
el presidente
Se dispuso que el oficial Eduardo Raygada se encargue de trasladar al cuartel general, a los arrieros que han sido solicitados a los gobernadores.
El 18 de noviembre la pagaduría del ejército autoriza que se pague a Mateo Lama 3,000 pesos a cuenta de los que el Estado adeuda a su hermano José por suministro de ganado. En enero de 1829 se paga a Lama dos sumas por 2,355 pesos y 5,253.
Otro
abastecedor era el marqués de Salinas, don Francisco Javier Fernández de
Paredes, al cual se pagaron en abril 100 reses que había suministrado. Días más
tarde el Marqués de Salinas estaba presentando una queja, manifestando que
ganado del ejército penetraba a sus
inversas de
En enero de 1828 el coronel José M. Raygada era subprefecto de
Lambayeque, comprensión del departamento de
Entre las dos autoridades se produjeron fricciones. El coronel Diéguez acusa a Raygada de irregularidades en el ejercicio de su cargo, lo cual obligó a este último a presentar renuncia de la subprefectura, en el mes de octubre siendo reemplazado por el teniente coronel l. Juan Mendiburu.
En noviembre, el comando militar de Piura
solicita que el coronel Raygada, sea nombrado jefe de los cívicos de Piura. En
Paita se solicita que Victoriano Cárcamo sea nombrado teniente del piquete de
milicias del puerto, Cárcamo saltó a la notoriedad cuando capturó a los
españoles en pailebot “Sacramento” que fue el primer barco de la marina
peruana.
El 25 de enero de 1829, el general Juan Pardo de Zela, comandante
general de
El 7 de octubre el coronel José Félix Jaramillo, renuncia la comandancia militar de Chota y se traslada a Piura, que era centro del poder político y militar del Perú por estar en guerra contra Colombia.
En enero de 1829 se le da una misión a cumplir en la frontera de Zarumilla. Luego se le nombra instructor del cuerpo de los cívicos.
Desde el mes de abril, Jaramillo inicia gestiones para que se le permita viajar a Chile. No obstante eso, el 15 de junio es nombrado juez instructor militar, cargo que renuncia pues el 14 de setiembre logra pasaporte para viajar a Chile a buscar a sus hijos.
El 15 de octubre, el general
Porras con su caballería,
seguía adelante y el 1ro. de diciembre llegaba a
Sosoranga en donde se hicieron los primeros prisioneros. Eran 8 hombres del
escuadrón Cedeño.
El día 10 de diciembre, los peruanos ocupaban la ciudad de Loja, en medio de demostraciones júbilo de los lojanos.
Cuando el general Flores y O´Leary, dieron cuanta a Bolívar de la caída
de Loja decían: “Tenemos que participar ahora a V.E.
que el enemigo pasó el Macará el 28 de noviembre último, bajo las órdenes del
general
Los colombianos con O´Leary, que en determinado momento, completamente desalentados dieron a Guayaquil por perdido ante el empuje de Guise, cobraron nuevos bríos al saber la muerte de éste, en forma que lo consideraban un triunfo. Fue así como el 11 de enero de 1829, el general Flores y O´Leary al escribir a Bolívar le decían: “El coronel Lemarquet, habría informado a V.E. de la derrota de la escuadra peruana en el río de Guayaquil y de la muerte de Guise. La fragata “Protector” y algunos buques pequeños, todavía permanecen delante de Punta de Piedra y amenazan a la ciudad, cuya guarnición está actualmente reducida al batallón “Ayacucho” y dos compañías de artillería. Hemos creído conveniente dejar esta pequeña guarnición en la población por las siguientes razones:
1. “Ayacucho” que está compuesto por reclutas, sería enteramente inútil en la campaña.
2. No sería político abandonar un departamento que en las criticas circunstancias a que estamos reducidos, ha manifestado más espíritu público que ninguno de los departamentos hermanos.
3. En caso de una victoria en el interior, nos sería imposible ocupar Guayaquil, en la estación del invierno (período lluvioso) aún con una fuerza mucho mayor y entre tanto el Perú se haría invulnerable en el Océano, con los recursos de aquella importante plaza.
Como se puede apreciar, se consideraba de vital importancia la posesión de Guayaquil, pero estaban en un error al creer que los peruanos no atacarían y que podrían defenderlo, con las fuerzas navales que tenían a su disposición y con el “Ayacucho”.
Guayaquil era vital por disponer de un astillero y era la puerta del Ecuador. También una gran fuente de recursos económicos. No tener Guayaquil era no disponer del domicilio del Pacífico y dejar encerrado al Ecuador entero. El mismo O´Leary decía que perder Guayaquil, significaba perder también Quito.
La verdad era que la situación militar del puerto era muy delicada, pues
estaba bloqueado por mar y tierra. La localidad de El Morro estaba sublevada
desde el 15 de diciembre y se tenían noticias muy desalentadoras del avance del
ejército de
La flota mandada por Boterín, bien pronto se incrementó con una gran
cantidad de barcos, que tras de dejar el 31 de diciembre de
Desde antes se encontraban en el golfo la fragata “Presidente”, la
“Libertad y “
Boterín era gran conocedor del golfo y de las mareas, y no obstante su juventud y ser simplemente teniente 1° de marina, se vio con la gran responsabilidad de dirigir toda una escuadra en operaciones de guerra, lo que sólo le correspondía a un vice-almirante.
En Guayaquil la defensa estaba a cargo del general Illingworth y las fuerzas navales actuaban bajo el mando del capitán de navío Tomás Wright. Eran estas el bergatín “Adela” encallado que actuaba como batería flotante, la goleta “Guayaquileña”, el bergatín “Potrillo” y lanchas cañoneras. Se habían armado dos brulotes en unos barcos de pequeño tamaño que eran el “Serafín” y el “Caupolicán”, los cuales al momento de la verdad fallaron, por lo cual O´Leary al narrar a Bolívar el percance, dijo que más bien debieron considerarse como burlotes. Numerosas baterías de cañones se habían montado para la defensa del puerto.
Boterín estrechó el cerco, y lo mismo hicieron los sublevados de tierra. Solo dos localidades permanecían en poder de los colombianos: Guayaquil y Daule, pero estaba el bergatín “Adela” encallado que actuaba como batería. Boterín envío refuerzo de armas y de soldados a los rebeldes, lo cual le permitió al jefe peruano, demandar la rendición de la plaza en vista de que una resistencia sería inútil.
Al principio Illingort rechazó el pedido pero luego envió dos parlamentarios para fijar las bases de la rendición, pero ante ciertas resistencias a aceptar no obstante que las condiciones eran bastantes liberales, Boterín optó por suspender las negociaciones. Mientras tanto en Daule la rebelión crecía y el comandante Dávalos que mandaba la guarnición colombiana, murió.
Ante esta situación Illingort, se mostró mas dispuesto a capitular.
El 19 de enero se reunieron los delegados de uno y otro lado y acordaron los términos de la capitulación del puerto en la siguiente forma:
En el río Guayaquil, a la vista de la ciudad el 19 de enero de 1829,
reunidos a bordo de la goleta de guerra de
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1ra. Que si dentro de diez días no se tuviese una noticia oficial, por una de las dos partes contratantes, de haberse dado una batalla entre los ejércitos del Perú y Colombia, se evacuará la plaza, bajo las condiciones necesarias, para la seguridad de las personas y propiedades, de las que se hallen comprometidas por sus opiniones políticas. |
Concedido |
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2da. Si antes, como es probable, tuviese el general de la plaza órdenes de su jefe para evacuarla, lo hará bajo de las mismas condiciones. |
Concedido |
|
3ro. Si nuestro ejército perdiese una batalla, se evacuará del mismo modo la ciudad, al tercer día de haberse recibido la noticia oficial. |
Concedido |
|
4to. Los buques de guerra, fuerzas sutiles, artillería de la plaza y demás máquinas de su servicio, que se entregarán con las formalidades acostumbradas, permanecerán en clase de depósito durante la presente guerra, sin que puedan emplearse contra la república (colombiana) o cualquier partido de ella |
Concedido, y sólo podrá hacer uso de éstas armas cuando lo exigiese la tranquilidad pública. |
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5ta. Hallándose el vecindario temeroso de los males de la anarquía, el jefe de la escuadra designará la forma de gobierno que se ha de establecer después de evacuada la plaza para garantizar la tranquilidad pública y las propiedades de los ciudadanos. |
Con respecto a la forma de gobierno que debe regir al pueblo ocupado será en lo, político, el actual que lo rige mientras el supremo gobierno del Perú instruye sobre esta materia. Por lo que toca al jefe militar, el comandante de la escuadra, nombrará el que considere el más idóneo para mantener el reposo y la tranquilidad de los habitantes, proporcionándole la fuerza que juzgue bastar al objeto indicado. |
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6to. La deudas contraídas por el gobierno, serán religiosamente cumplidas y pagadas, quedando establecidas las rentas sobre las cuáles se han contraído algunas deudas de preferencia. |
Concedido, siendo de primera deducción los gastos de guarnición y armada. |
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7mo. Respecto a que las fuerzas sutiles hostilizan indirectamente a la población, amedrentando a los abastecedores por hallarse colocadas en su tránsito, se incorporarán a la escuadra, y si llegase el caso de romperse las hostilidades, se les permitirá tomar la posición que actualmente tienen, dándose el aviso respectivo una creciente antes de que expire el término. |
Concedido |
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8vo. No será la plaza molestada con contribuciones. |
Concedido y de las entradas naturales, se hará uso para el sostenimiento de la tropa y marina que sea indispensable mantener en el puerto valiéndose en el caso que estas no sean suficientes, de los medios que dicte la prudencia. |
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9na. No se obligará a ningún vecino a que tome las armas contra el ejército de Colombia. |
Concedido |
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10ma. Las comunicaciones entre las partes contratantes, se harán como hasta ahora, por medio de parlamento. |
Concedido |
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11vo. No se hostilizarán las partidas que desembarquen fuera del alcance de tiro de cañón, para comprar víveres o hacer aguada, cuando su número no pase de diez o doce hombres. |
Concedido |
A continuación, las proposiciones de los comisionados por la parte de la escuadra bloqueadora:
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1ra. Todas las personas que se hayan pasado a la escuadra peruana o emigrado por opiniones políticas durante el bloqueo, volverán a tomar posesión de sus propiedades o se les hará la debida indemnización, con arreglo a las leyes del país. |
Concedido |
|
2da. Las tropas de la guarnición evacuarán la plaza a las 24 horas del término fijado en el artículo 1ro. de las proposiciones hechas por parte del jefe de ellas sin que hostilice de ningún modo la población, y si por algún suceso de guerra llegase el caso de que deba volver a ocuparla, dará precisamente un aviso al jefe de la guarnición, para que evacue la plaza, según y, en los términos que se ha estipulado en estos tratados. |
Concedido |
|
3ra. Todo vecino que habiendo pertenecido al ejército o marina, se quedase en la plaza, no será molestado en su persona o propiedad, siempre que su comportamiento sea conforme al orden que se establezca. |
Concedido |
|
4ta. No se aumentarán las fuerzas de ninguna manera por las partes contratantes. Se continuarán ocupando las mismas posiciones que al presente: y no se romperán las hostilidades sino después de diez horas en caso de no haber convenio. |
Concedido, a excepción de lo estipulado en el capítulo 7° sobre la incorporación de las fuerzas sutiles de la escuadra. |
Estos tratados quedan concluidos a las ocho de la noche del día de la fecha; serán ratificados dentro de 24 horas, si ocurriese alguna duda se esclarecerá por ambas partes antes de expirar el prefijado término, y si fuese necesario prolongarlo se verificará con convenio de las mismas.
Manuel Antonio Luzurraga – Juan Ignacio Pareja – Alejandro Acquaroni – José Félix Márquez – Manuel Gonzáles Pavón – Florencio Bello.
El presente tratado queda aprobado en todo su contenido por mi parte como intendente y comandante general de este departamento – Guayaquil, enero 20 de 1829. Juan Illingort, José María Urbina, secretario.
Queda ratificado por mi y aprobado en todas sus partes, cuanto se ha tranzado en la presente negociación.- José Boterín.
Como comandante general que soy de la presente escuadra contratante, ratifico y apruebo en todas sus partes los anteriores tratados que se han celebrado por mi antecesor, y a fín de que se dé el debido cumplimiento por esta escuadra.
A bordo de la fragata “Presidente”.- Enero, 20 de 1829. Hipólito Bouchard.
Illingort, no tuvo más recurso que la capitulación, pues entre otras cosas, el batallón “Ayacucho” estaba formado en gran parte por peruanos. Se trataba de los famosos reemplazos, llevados a la fuerza para sustituir las supuestas bajas de los ejércitos colombianos cuando estuvieron en el Perú.
Bolívar montó en cólera
cuando supo la rendición de Guayaquil y dispuso que una corte marcial juzgase a
Illingort, el cual fue declarado libre tras de no pocas dificultades y sin que
el enojo de Bolívar hubiera cedido.
En el tratado se menciona a las “personas que se hayan pasado a la escuadra o emigrado por opiniones políticas”, lo cuál dice bien a las claras la existencia de un partido pro-peruanista o más propiamente, gente de ideas liberales que estaba a favor del Perú y contra Bolívar. La guerra no era por lo tanto entre dos naciones, sino una especie de lucha civil, destinada a derrocar a un hombre todo poderoso.
Después de expulsar a Sucre, de Bolivia, emprendió el general Gamarra la
vuelta al Perú con el ejército de invasión. Se dirigía a Lima para seguir luego
a Piura en atención a los apremiantes llamados que desde el cuartel de
Tambogrande, le hacía
El 20 partía el general Blas Cerdea con
Según versión del coronel Juan Agustín Lira, que llegaba en la
expedición, el arribo a Paita se produjo el 27 de diciembre, pero allí Gamarra
se encontró con órdenes del general
Todo el convoy tuvo que regresar a Sechura,
en donde Gamarra desembarcó solo para inspeccionar el lugar encontrándolo en
ese lugar una comisión de recepción que la encabezaban el general Quiroz y el
coronel Rufino Martínez. En el lugar desembarcaron los escuadrones de Dragones
de Arequipa y el 3ro. de Húsares. En Sechura tomó
contacto Gamarra con los señores Távara, los cuáles les informaron que iba a
ser imposible el desembarco en Tumbes, por los bancos de arena y la resaca. Por
otra parte el movilizarse de Tumbes a Loja no era la ruta más recomendable. Por
lo tanto resolvió Gamarra ir a Paita en donde desembarco a la infantería. De
inmediato hizo a caballo el recorrido hasta Querecotillo, para entrevistarse
con José Lama, que tenía contrato a proporcionar 200 mulas a entregar a fines
de febrero de 1829. Gamarra pidió las que tuviera en ese momento, y tan activo
se mostró Lama que a los pocos días reunió cien acémilas entre mulas, caballos
y asnos. Con esa ayuda pudo movilizarse
Mientras que la caballería avanzaba de Sechura hacia Piura al mando del
coronel Salas, la infantería, sin llegar a Piura pasaba por Sullana a
Tambogrande y de allí cruzó la frontera por Zapotillo, para proseguir a
Catacocha y por el valle de Catamayo se encaminó a Loja, y adelantándose al
ejército ingresó a la ciudad el 18 de enero, mientras el grueso de sus tropas
lo hacía el 25. Hacia un mes que
Cuando Gamarra llegó a Loja, ya la vanguardia peruana había iniciado operaciones de guerra y el coronel Raulet había incursionado sobre la ciudad de Cuenca.
Con la llegada del ejército de Gamarra, las fuerzas peruanas quedaron organizadas de la siguiente manera:
Primera división, o división del norte, al mando del general José M. Plaza, conformada por el batallón B° 3 y por el batallón Ayacucho.
Segunda división o división del sur, al mando del general Blas Cerdeña, español que había antes estado en Paita durante el gobierno del virrey Pezuela, al mando de una compañía del Numancia. Lo componían los batallones Zepita y Pichincha llegados de Bolivia.
Tercera división, al mando del coronel José Prieto. Era este un jefe muy adicto a Gamarra que el 9 de diciembre luchó en las filas realistas en la batalla de Ayacucho, habiendo figurado entre los capitulados. Esta división estaba compuesta por el 2do. Batallón Ayacucho, el 2do. Batallón del Callao y el 1er. batallón Callao.
La columna Independiente, comandada por el coronel Benavides, que la integraban las compañías de cazadores del 2do. batallón de Ayacucho , del Callao, Zepita y Pichincha.
División de caballería al mando del general Mariano Necochea. La componían el regimiento Húsares de Junín, Dragones de Arequipa y Lanceros del Callao.
Como parte de columna independiente, estaba el regimiento N° 9 que se envió a Piura para ser reorganizada bajo el mando del coronel Vargas. Aquí enroló muchos jóvenes.