Cuando el gran Francisco de Miranda,
inició la lucha contra España para sacudir a los pueblos de América del
colonialismo, pensó en una patria grande, constituida por todos los pueblos
americanos.
Los primeros revolucionarios tuvieron también ese criterio, y solo fue mucho después que surgieron los nacionalismos, alentados por los caudillos lugareños y regionales.
En cierta forma, Bolívar fue un continuador del pensamiento de Miranda, y proyectó unir bajo el influjo de su espada y de su vigorosa personalidad, a todos los pueblos que él había contribuido a independizar.
Pero ya por entonces había tanto en Colombia, como en Venezuela, Ecuador y Perú poderosas corrientes liberales, opuestas al personalismo autocrático del Libertador.
Tan pronto como los pueblos se sintieron libres del poder español, se volvieron contra el autocratismo de Bolívar.
El general Francisco de Paula Santander en Colombia, Páez en Venezuela y
Luna Pizarro en el Perú, fueron los abanderados del liberalismo, y de la lucha
contra el autoritarismo de Bolívar, el cuál sin embargo tenía un sin número de
seguidores que deslumbrados por su gloria y su poder tomaron partido por él.
Se entabló entonces una lucha entre liberales y el autoritarismo representado por Bolívar. Esa lucha fue tanto dentro de Colombia como fuera de ella. Se apeló a todo de una y otra parte.
Bastó que Bolívar se alejara del Perú, para que sus contrarios liberalistas iniciaran la contra-ofensiva y se adueñaron del poder. Como ya se ha visto, uno de los primeros actos, fue eliminar la constitución vitalicia, hechura de Bolívar y terminar con todo lo que pudiera significar una relación con el Libertador, y fue así como hasta los mismos trujillanos pidieron que su ciudad a la que se le había dado el nombre de Ciudad Bolívar, recobrase el que tenía antes. Como por otra parte la presencia de Sucre al frente del gobierno de Bolivia, constituía potencialmente una amenaza, también se le eliminó políticamente.
Bolívar se indignó profundamente cuando tuvo conocimiento de esos hechos, que en el fondo fueron las causas profundas del conflicto.
Los demás motivos, que le sirvieron al Libertador para declarar la guerra al Perú, sólo fueron causas aparentes o pretextos.
Los soldados colombianos que estaban en
Lima y que componían
El coronel Daniel Florencio O´Leary,
biógrafo de Bolívar, dice que a principios de marzo de 1827 se supo en Bogotá
la sublevación de
Cuando
La expulsión del Cónsul Armero y de varios colombianos
que estaban en Piura, contribuyó echar leña al fuego. Por otra parte había
también la deuda que Colombia cobraba al Perú por gastos que decía había
incurrido en la campaña libertadora que culminó en Ayacucho. No tenía en cuenta
el Libertador, que la destrucción de los españoles en el Perú, no era sólo
interés nuestro, sino de todos los pueblos de América como lo había comprendido
San Martin, y no tenía porque el Perú pagar todo el gasto de la campaña.
Además, es bien sabido que el norte peruano que era la porción liberada, fue la
que hizo frente a todos los gastos, tanto en dinero como en ganado, y toda
clase de abastecimientos. Las iglesias de la entonces provincia de Piura,
fueron prácticamente desvalijadas, para sostener la campaña y el aporte en
vacas y mulas fue cuantioso.
Motivo también de motivos reclamos fue el de los llamados reemplazos. Cuando Riva Agüero pidió a Bolívar venir al Perú, el delegado nuestro llegó a un convenio con el delegado de Bolívar, de acuerdo a lo cual, las bajas que sufriera el ejército colombiano, serían reemplazadas por peruanos. De esto se hizo mucho abuso, pues, no solo se reemplazó a tales bajas, sino que se aumentó en mucho los contingentes de las unidades colombianas, en forma tal que había batallones y regimientos que de colombianos solo tenían el nombre, pues hasta el 80 por ciento eran peruanos. Así pasó en la batalla de Ayacucho, y la cosa fue después peor. Se estima que unos cinco mil peruanos fueron llevados con los ejércitos de Bolívar a su patria y allí tuvieron que intervenir a la fuerza en las guerras civiles, muriendo en tierra extraña. Como se recordará, los piuranos ya se habían hastiado de dar el contingente de sangre, sin que se vislumbrase forma de cesar en la leva de gente, lo cual fue motivo de frecuentes protestas y de que la gente desertara.
El otro pretexto de Bolívar, fue la reclamación de los territorios de Maynas y de Jaén, que consideraba como parte de la audiencia de Quito.
El autoritarismo de Bolívar, no permitía que nadie osara enfrentársele. Toda oposición le resultaba totalmente intolerable y lesionaba a su orgullo. Fue por lo tanto el Libertador el que precipitó el conflicto, precisamente cuando en su propia patria se veía también acosado por los liberales.
En el conflicto, fueron muchos los colombianos, importantes que tomaron las armas para apoyar al Perú, y enfrentar a Bolívar, y si Santander no lo hizo fue por que estaba prisionero de Bolívar. En Ecuador los pueblos de Guayaquil, Loja y Cuenca estaban en forma decidida a favor de Perú y contra Bolívar. Muchos militares colombianos cuyos efectivos aún permanecían en el Perú, tomaron las armas junto a nuestros soldados.
Bolívar tuvo que luchar a un frente interno y en un frente externo.
Los colombianos y ecuatorianos que lo hicieron al lado del Perú, en modo alguno
se consideraban traidores de su patria. Porque la lucha era contra el poder
tremendo de Bolívar. Tres de esos colombianos llegaron años más tarde a ser
presidentes de
Por lo tanto es incorrecto llamar al conflicto guerra entre Perú y Colombia, porque no fue contra ese país sino contra Bolívar.

Bolívar había logrado unir políticamente a los tres primeros países que había libertado, o sea Venezuela, Colombia y
Ecuador y conformado con ellos
Al asumir
En Piura se concentró
Cuando el conflicto estalló,
El año 1826, cuando Bolívar dejaba el Perú, la marina peruana estaba formada, por la fragata de guerra “Protector”, que más tarde tomó el nombre de “Presidente”. La fragata de transporte “Monteagudo”, la corbeta de guerra “General Solom” que posteriormente se llamó “Libertad” pues Solom, el vencedor de Rodil era general colombiano. Se disponía del bergatín de guerra “El Congreso”, de la corbeta “Limeña”, de la corbeta de guerra “Peruviana” y de la goleta de guerra “Macedonia” que posteriormente se llamó “Arequipeña”.
Esta flota le daba al Perú dominio en el Pacífico sobre Colombia.
Cuando
Al igual que con
Uno de esos generales fue el venezolano Juan José Flores, que no obstante su nacionalidad, sentó sus reales en el Ecuador, y se convirtió por muchas décadas en un personaje muy influyente en ese país.
Juan José Flores deseaba independizar al Ecuador del tutelaje de
Bolívar, y lógicamente pensaba en su propio provecho. En 1827, no le convenía
sin embargo dar paso alguno en ese sentido porque sabía que chocaría con
Bolívar. Por otra parte, él era consciente del acentuado sentimiento
peruanófilo tanto en Guayaquil como en Loja, lo que se había acrecentado con la
presencia de
Por consiguiente dentro de los planes de Flores, el enemigo más próximo era el Perú y trató de liberarse de él, intrigando contra el Perú y tratando en todo momento de convencer a Bolívar que nos declarase la guerra.
Flores sabía que había una fuerte corriente liberal y federalista en los territorios llamados de
Los guayaquileños, no se quedaron sin embargo tranquilos ante la
actitud de Flores y el 14 de setiembre de 1827 un grupo de militares
pertenecientes a
El comandante Juan Ramón Arrieta fue uno de los que se sublevó en enero de 1827 en Lima contra Bolívar. Se le confió entonces el control de los Castillos del Callao, y evitó que el general Santa Cruz se embarcara al norte, para organizar en Trujillo la resistencia contra sublevados. Fue este militar el que encabezó la rebelión contra Flores, pero fue reducido. .Sin embargo el general Flores se pudo dar perfecta cuenta de que no podía tener mucha seguridad, y buscó por todos los medios, el refuerzo de tropas de Bolívar, y la guerra contra el Perú.
El historiador colombiano Arcadio Quintero Peña, expresa al respecto por Flores lo siguiente: “desde el mes de setiembre de 1827, no tenía otra aspiración sino hacer la guerra al Perú, en busca de gloria para su propio engrandecimiento, camino en el cual no reconocía obstáculos”. Con tal motivo, escribía constantemente el Libertador, exagerándole el peligro que significaba el Perú. Pero mientras tanto, había mostrado en forma tan abierta su real deslealtad hacia Bolívar, que ya el 31 de mayo de 1827, el general José María Córdova en comunicación que de Quito enviaba el general Santander vicepresidente de Colombia, le decía:”Me han dicho secretamente que a Flores no le faltaban ideas e intenciones de separar a los departamentos del sur”.
Dentro de la organización de
Por otra parte, El coronel Daniel O´Leary, el fiel asistente de Bolívar, afirmaba en carta remitida de Bogotá a Caracas, a Bolívar, el 1ro. de setiembre de 1827, “que se necesitaba tropas en el sur, pues el general Santander teme que el general Flores esté engañándonos a todos”. Así era en efecto.
El Perú, al momento de la partida de Bolívar, tenía barcos de guerra, pero hablando en propiedad no se podía decir que tenía una marina de guerra porque le faltaban los cuadros de comando. El libertador se había cuidado mucho de destruirlos, pues no solo eliminó a Guise sino a todos los altos jefes, porque en forma mayoritaria no les eran afectos.
Fue entonces, que
Retornaron a la marina, Camilo Carrillo que había estado deportado en
Chile, padre del marino del mismo nombre nacido en Paita que tanta figuración
tuvo en las guerras contra España y contra Chile. También volvió al servicio,
el capitán de corbeta Juan Elcorrobarrutia, el teniente Juan José Panizo,
Guillermo Jones, Manuel Sauri y Jorge Parker.
Igualmente Manuel de
El auto destierro
de tres oficiales colombianos en Paita, motivó del general Flores una
airada protesta que envió al prefecto de
Decía Flores, en forma fanfarrona, que si los peruanos osaban violar la frontera, él marcharía triunfante sobre el Perú, hasta donde lo llevara la vindicta nacional.
Luego lanzó un manifiesto a las provincias del sur de
La actitud belicosa de Flores no dejó de preocupar al gobierno
peruano presidido por
Simultáneamente y ante el empeoramiento de la situación,
Por otra parte, el 10 de noviembre de 1827
Villa y los miembros de la misión diplomática partieron del Callao el 10 de diciembre y tras de siete días de navegación que hizo en la “Peruviana”, llegó al puerto colombiano Buenaventura. Allí permaneció sin que se le permitiera viajar a Bogotá hasta el 9 de febrero de 1828, pero Bolívar no le concedió audiencia.
El canciller colombiano José Rafael Revenga, para disimular la situación tirante que se estaba creando con la larga espera, convino con el Sr. Villa en tener conversaciones preliminares hasta que fuera recibido por el Libertador, pues había llegado al caso de que habiendo Villa ido a palacio a visitar a Bolívar, este se negó admitirlo.
Hizo mal Villa en aceptar en entablar conversaciones con el Ministro, porque el iba representando al presidente peruano y al Perú en su carácter de Ministro Plenipotenciario. Era por lo tanto el trato que se le daba, lesivo al decoro y a la dignidad nacional, y mas bien debió regresarse.
Mientras tanto Revenga fue cambiado por Estanislao Vergara y la situación empeoró.
El nuevo Ministro colombiano, Planteó ante Villa una relación de supuestos agravios o cargos contra el Perú que Villa inocentemente se avino a discutir con él.
Así estaban las cosas cuando llegó el tres de marzo.
A Villa se le habían planteado ocho puntos en el reclamo que hacía Nueva Granada (Colombia), al Perú. El 5 punto decía textualmente; “5° Porque se han vejado en territorio peruano y expelido de él, a colombianos que solo cultivaban las artes de la paz, y a oficiales como los que en Piura solo cuidaban de reparar su quebrantada salud.”
En realidad de lo que se trató, fue que los tres oficiales colombianos expulsados de Piura, eran elementos perturbadores, que se habían ganado el repudio de vecinos y autoridades, por su prepotencia e insolencia. Los colombianos en general fueron bien tratados en Piura y hasta lograron colocación, tal como los casos de los capitanes Pío Díaz y Juan Manuel Grau.
Villa estaba empantanado en Bogotá, en un intercambio interminable de notas con el Ministerio de Relaciones Exteriores de Nueva Granada (Colombia) en las que replicaba o contestaba a las acusaciones que se nos hacían.
Repentinamente el 3 de marzo el gobierno colombiano planteó una serie de pedidos dando un plazo de seis meses para su cumplimiento, y que en caso de no ser atendidos, se consideraría como país que había sido hostilizado y quedaba en libertad de hacer uso de las armas.
No podía esperarse acción más hostil, ya que era intolerable el procedimiento que equivalía a un virtual ultimátum, que el gobierno del Perú no podía de ningún modo aceptar.
Entre los puntos que se planteaban estaban los siguientes:

- La entrega de los extensos territorios de
Jaén y Maynas.
- El pago de 3´595,547 pesos por gastos que decía Colombia había incurrido en colaborar a la independencia del Perú.
- Reducir al mínimo, las tropas peruanas en la frontera.
- Volver a recibir al cónsul Armero o dar satisfacciones por lo que decía habían constituido ultrajes.
- El envío de soldados peruanos en calidad de reemplazos para cubrir bajas en el ejército colombiano como consecuencia de las muertes habidas por combate, deserción o enfermedades, durante su estadía en el Perú.
Este documento fue conocido bastante más
tarde, de tal manera que en mayo, el ministro peruano Villa decidió abandonar
Colombia.
El 17 de mayo el Congreso Peruano autorizó
al presidente
Contestó
Aprovechando la situación, el general Juan José Flores lanza el 18 de abril una nueva proclama contra el Perú, esta vez más virulenta. El documento fue llamado “Proclama a los Departamentos del Sur”. No titubea en calificar de traidores a los peruanos e incita a los soldados colombianos a hollar nuevamente el suelo peruano. Sin detenerse en el insulto, decía: “Nuestros veteranos han estudiado en la escuela de los triunfos y destruido millones de enemigos heroicos ¿qué no será pues con libertos novicios?”.
Se encontraba en esos momentos en Piura
como comandante general de
Flores contestó al general Plaza que...
“ni debo yo tampoco entrar en declaraciones que degradarían al gran pueblo al
que pertenezco”. El 13 de junio, el incorregible general volvía a lanzar una
nueva proclama, en la que decía: “Compatriotas los agresores del Perú invaden
nuestro sagrado territorio. El presidente
Flores, se estaba adelantando a los
hechos, pues de Piura no se había movido un solo soldado, y
En Piura –como es fácil suponer- las intemperancias del general Flores, causaron rechazo y gran indignación. En muy diversas formas, el general Plaza recibió demostraciones de apoyo. Entre los adictos a Jerónimo Seminario y Jaime, que nunca habían sido partidarios de Bolívar, se fue generando un clima intenso de repudio al Libertador, al cual se culpaba de todo.
El 2 de julio Bolívar escribía al coronel.
O´Leary y le informaba que tenía conocimiento de que
En Bolivia regía la constitución vitalicia
y como presidente interino tenía a Sucre, el cual estaba apoyado por gran
cantidad de tropas colombianas, Estas sin embargo estaban descontentas e
indisciplinadas y al igual que las estacionadas en el Perú, en su mayoría
habían sido ganadas a las ideas liberales opuestas a Bolívar que en Bolivia
estaba personificado por Sucre.
El 18 de abril de 1828, se produjo en Chuquisaca un motín de los granaderos de a caballo de Colombia, y al tratar Sucre de sofocarlo, fue seriamente herido en un brazo de un balazo y casi pierde la vida. Encargó la presidencia, mientras atendía a su curación, al general Urdinea.
Por entonces se encontraba de prefecto en el Cuzco, el general Agustín Gamarra con importantes fuerzas a su mando. Al conocer el atentado contra Sucre, movilizó un ejército de 5,000 soldados y el 1ro. de mayo cruzaba la frontera con Bolivia a la altura del río Desaguadero. Según decía iba en socorro de Sucre, pero su intención era sacar a Sucre (con el que tenía resentimiento personal) y a los colombianos que estaban en Bolivia.
El general Gamarra actúo sin autorización del
presidente
Si bien es cierto que
El 10 de setiembre llegó
Sucre al Callao, en momentos en que ya la guerra había sido declara por Bolívar
al Perú, y se habían producido acciones de guerra sobre todo por mar. Sin
desembarcar, Sucre ofreció a
Indudablemente, Sucre había servido antes al Perú, no por el Perú mismo y ni siquiera por seguir un ideal, sino llevado por adhesión y fidelidad a Bolívar y en función de los intereses de su patria, porque siempre había sentido aversión por el Perú.
Tras de
disolverse la convención que el Libertador había hecho reunir en la ciudad
colombiana de Ocaña en donde logró que se le otorgase plenos poderes
dictatoriales y eliminar del poder al general Santander, Bolívar lleno de rabia
contra los peruanos, nos declaró la guerra el 3 de julio de 1828. Al pueblo
colombiano lanzó el, siguiente manifiesto:
¡Ciudadanos y soldados! La perfidia del gobierno del Perú, ha pasado todos los límites y hollado todos los derechos de sus vecinos de Bolivia y de Colombia. Después de mil ultrajes sufridos con paciencia heroica, nos hemos visto al fin obligados a repeler la injusticia con la fuerza. Las tropas peruanas se han introducido en el corazón de Bolivia sin previa declaración de guerra y sin causa para ella. Tan abominable conducta, nos dice lo que debemos esperar de un gobierno que no conoce ni las leyes de las naciones, ni las de la gratitud, ni siquiera el miramiento que se debe a los pueblos, amigos y hermanos. Referiros el catálogo de los crímenes del gobierno del Perú sería demasiado, y vuestro sufrimiento no podría escucharlo, sin un horrible grito de venganza, pero yo no quiero excitar vuestra indignación, ni avivar vuestras dolorosas heridas. Os convido solamente contra esos miserables que ya han violado el suelo de vuestra hija y que intentan aún profanar el seno de la madre de los héroes.
Armaos colombianos del Sur. Volad a las fronteras del Perú y esperad allí la hora de la vindicta. Mi presencia entre vosotros será la señal del combate.- Simón Bolívar”.
Como se puede apreciar, el Libertador toma como pretexto los sucesos de Bolivia para declarar la guerra. Lo cierto era que habiendo vencido a los liberales colombianos en Ocaña, o sea habiendo ganado políticamente la batalla exterior contra sus demás enemigos liberales; pretender que se habían hollado los derechos de Bolivia, era poco menos que una desvergüenza. La vecina república se había liberado del dominio español y ahora estaba bajo el de Colombia, que le imponía un presidente extranjero y un ejército de ocupación. Por eso fue que los bolivianos ayudaron a Gamarra en su avance y en solo un mes atravesó todo el país, e impuso el tratado de Piquiza.
El 20 de julio, Bolívar lanza un extenso manifiesto a la nación. Comienza diciendo:
Obligado el gobierno de Colombia a emplear contra el Perú las armas que le dieron independencia y libertad; debe a la opinión pública, debe a los demás estados de América y debe a todas las naciones, la manifestación de los motivos que le hacen llevar la guerra al territorio que antes llevo la paz y la felicidad.
Ninguna nación ha tenido el sufrimiento y la moderación que ha usado Colombia con el Perú. Provocaciones, insultos, ultrajes, todo lo ha sufrido por el bien de la paz y por evitar un rompimiento entre estados cuya existencia comienza.
Luego en el manifiesto se refiere al auxilio que prestó Colombia a la causa de la independencia del Perú, “cuando no le quedaban ninguna esperanza de salvación”, para “sacarlo de la abyección y de la nada”.
Prosigue: “Conviene esta república, (Colombia) en que sus tropas permanecieran en el Perú, y las tropas colombianas mantienen el orden y aseguran la tranquilidad. El gobierno del Perú comienza aquí sus agravios, sin reconocer el beneficio que estaba recibiendo, y olvidándose de todo sentimiento honroso y noble, paga a Colombia, seduciendo a los auxiliares, infundiéndoles el espíritu de rebelión y haciendo que depusiesen a sus generales y se declarasen árbitros de la suerte de su patria”.
Esta imputación de Bolívar es sencillamente calumniosa. Si bien es cierto que los soldados colombianos al igual que peruanos, argentinos y chilenos se comportaron valientemente en el campo de batalla; posteriormente cuando la lucha cesó y quedaron en guarniciones tanto en el Perú como en Bolivia, se tornaron indisciplinados y se dejaron infiltrar por propaganda que llegaba desde la misma Colombia contraria a Bolivia. Nada tuvo que ver el Perú contra la rebelión de los granaderos colombianos en Bolivia, y mal podían servir esos soldados para garantizar la tranquilidad en el Perú, sino al contrario. Lo real era que Bolívar había dejado a esos soldados como tropas de ocupación en Perú y Bolivia.
Sigue el manifiesto seguía diciendo: “Formó el proyecto (el Perú) de apoderarse en profunda paz de los tres departamentos meridionales (se refiere al sur del Ecuador) y para que la ofensa fuera más grave, resolvió valerse de los mismos cuerpos colombianos... …..el gobierno del Perú inspiraba la traición en las tropas de está república.”
Se refería sin duda Bolívar a
Los colombianos liberales en ningún momento se sintieron enemigos del Perú, sino de Bolívar, y durante la guerra hicieron un frente común contra el Libertador.
El manifiesto sigue entrando en detalles,
con relación a los movimientos y acciones de
Luego refiriéndose a Armero, el cónsul colombiano que el Perú expulsó por mafioso, contrabandista y conspirador, dice Bolívar que por reclamar contra el embarque de Bustamante, se le expulsó lo que no es cierto, pues ese hecho (la expulsión) fue mucho después. Además, Armero mostrando mucha volubilidad, había estado inicialmente soliviantando a las tropas colombianas. A eso llama Bolívar “horrenda violación de la ley de las naciones”. Lo único que no pudo reclamar el Libertador, fue la expulsión de su querida Manuelita Sáenz, por Vidaurre, la que sin duda mucho influyó en el ánimo de Bolívar, para que actuase contra el Perú, porque también ella se sintió agraviada.
Luego se refiere el Libertador, al oficial que envió con pliegos el comandante Machuca de Colombia a Bolivia, al cual se detiene en el Perú; pero nada dice de que este oficial se aprovechó de su posición para hacer contrabando.
Asegura de que el Perú tenía un ejército
en la frontera, lo que en ese entonces tampoco era cierto, por cuando el
contingente de
Al envío del Ministro Plenipotenciario, Villa, lo llama una trama, y que a pesar de todo, se le propusieron los motivos de queja que tenía Colombia, como la liquidación de la deuda que tenía el Perú, “la devolución de las provincias de Jaén y Maynas,” y el respeto al convenio que dijo había firmado el Perú sobre los reemplazos; y que en lugar de dar soluciones, el ministro había prodigado injurias e insultos al gobierno de Colombia, a sus generales, a sus tropas y a todos los colombianos.
Todo eso como se sabe era totalmente falso o exagerado; pero se cuidó muy bien de mencionar el ultimátum que había lanzado contra el Perú.
También culpaba el Perú,
de una rebelión de tropas colombianas, que se produjo en la ciudad de
Sigue el Libertador, refiriéndose a la
invasión a Bolivia, al bloqueo que se había iniciado contra Guayaquil y que “un
ejército estacionado en la frontera marcha sobre Colombia, y a su frente el
presidente mismo del Perú”. Eso era otra falsedad de Bolívar, pues el barco
peruano “Libertad” recién a fines de julio, es decir mucho tiempo después que la guerra nos fuera declarada, se
apostó en el Golfo de Guayaquil en misión de observación y no de bloqueo. En
cuanto a
Como conclusión, Bolívar dice que “en fin, la guerra se ha hecho inevitable entre Colombia y el Perú... se trata ya del Perú de invadir este territorio como ha invadido el de Bolivia....”.
Como se puede apreciar, Bolívar se hace eco de las falsedades del general Flores y vuelve a plantear los reclamos de su ministro de RR.EE. Ravenga.
El ministro Restrepo, y el consejo de gobierno de Colombia se oponían a la guerra y aseguraban que la misma era completamente impopular en todo el país, desde Caracas hasta Loja.
Ante tanta opinión adversa, el Libertador
aparentaba ceder y manda al Perú en misión de paz a su ayudante el coronel
O´Leary, pero su propósito era ganar tiempo, mientras ultimaba los
preparativos, pues había convocado a una movilización de 40,000 hombres. El
enviado salió de Bogotá el 3 de agosto, pero
En Piura no tardó en saberse la noticia, traída desde Guayaquil, la que tuvo la virtud de galvanizar a la ciudadanía. Muchos eran los jóvenes que acudían a los cuarteles para enrolarse en la división del general Plaza.
El 15 de julio de 1828, el canciller colombiano Estanislao Vergara, enviaba a la cancillería del Perú una comunicación en la cual se explicaban las razones por las cuales, se nos declaraba la guerra.
Esta comunicación se curso después de la
proclama de Bolívar (del día 31 y antes del Manifiesto a
En la nota, se decía lo mismo que luego Bolívar repetiría en su mensaje, y se insistía en las mentiras propaladas por Flores, que el Libertador había tomado como ciertas y que servían de pretexto para la declaración de la guerra.
Esas falsas razones eran: la invasión del
territorio colombiano con
El gobierno peruano no se dio prisa por responder, porque comprendió que en el ánimo del gobierno colombiano, no había por el momento llegar a una transacción pacífica con el Perú. Bolívar indudablemente deseaba la guerra y sólo los acontecimientos del 25 de setiembre, en que estuvo a punto de ser asesinado, fue que lo que le hizo cambiar de planes y comprendió que no se podía por el momento alejar de Bogotá para ir a dirigir la guerra, como antes lo había ofrecido.
Mas que por buscar la paz, con el real propósito de ganar tiempo, envió Bolívar a su ayudante el coronel O´Leary, en una aparente misión conciliadora. Creía Bolívar, que el gobierno peruano que tan dispuesto se había mostrado a conversar y a transar, rápidamente autorizaría al enviado a ingresar al territorio peruano, lo cual trataba de aprovechar para conectarse en Lima con el grupo afecto a Bolívar o cuando menos con los anti-liberales.
El 31 de julio salía O´Leary de Bogotá para buscar de inmediato un armisticio, planteamiento erróneo por que no se habían abierto las hostilidades.
El 17 de agosto O´Leary llegaba a Popayán, y desde allí escribía al Libertador y entre otras cosas le decía: “No he querido notificar al gobierno del Perú mi marcha y su objeto, porque tengo alguna esperanza todavía de que pueda haber algún trastorno en aquél país (se refiere al Perú), favorable a los intereses de éste (de Colombia). Esto pinta de cuerpo entero al comisionado, y su mala fe.
El 25, desde Pasto vuelve
a escribir O´Leary, lleno de alegría. Había recibido noticias del Perú y se
apresuraba a comunicarlas a Bolívar. Los informes eran en realidad
completamente falsos pero eso no lo sabia O´Leary y por eso decía: “Hice bien
en no escribir al gobierno peruano desde Popayán.
El 1ro de setiembre estaba el coronel comisionado en Quito y ocho días más tarde lo encontramos en las proximidades de Guayaquil, siendo testigo del repudio del pueblo ecuatoriano a Bolívar y de su adhesión al Perú.
El gobierno peruano,
resolvió enviar al norte a la corbeta “Libertad”, para que vigilara el
movimiento de la ría de Guayaquil. No era su misión hacer labor de bloqueo, porque
no se la consideraba con fuerza suficiente para cumplir una función de esa
naturaleza, propia de toda una escuadra.
El 2 de julio de 1828 salió a toda vela del puerto del Callao, al mando del capitán de fragata Carlos García de Postigo. Debía de hacer escala en Huanchaco y en Paita.
El velero tenía 24 cañones. Como segundo de a bordo, el tnte. 2° Félix Márquez, siendo el resto de la plana de oficiales los tenientes . 2° Juan José Panizo, José Otero y Pedro Williamson. Como guardias marinas 2, un contador, un piloto y un médico. La tripulación la constituían 33 soldados de infantería, 18 artilleros, 12 marineros, 27 grumetes, 6 pajes y otros. En total 124 entre soldados y marinos.
La “Libertad” transportaba para Paita 51 cajas de fusiles para el ejército del norte.
Los sentimientos de los pobladores de Guayaquil, Loja, Cuenca y alrededores, era francamente a favor del Perú, y si no se exteriorizaba en mayor grado, era por el temor de las tropas colombianas que dominaban esa región y por el odio feroz que tenía el general Flores, por todo lo que fuera peruano.
Es precisamente O´Leary el que afirma eso en varias cartas que envío a Bolívar desde Ecuador.
El 1ro. de setiembre desde Quito, y cuando no había ido aún al sur en donde el sentimiento pro-peruano era más intenso, ya podía percatarse que nadie quería en Quito la guerra. Por eso decía: “Hombres de todas clases manifiestan abiertamente su aversión a la guerra. La recluta y el empréstito han causado vivísima sensación... aquí no hay entusiasmo... ningún resultado favorable debe esperarse en la presente lucha... aquí más que en otras partes, el clamor general es contra la administración de justicia, no se la conoce... es necesario llevar la guerra al Perú o disolver el ejército”.
El 8 de setiembre desde Babahoyo (cerca de Guayaquil) narra O´Leary, una rebelión de ecuatorianos que en ese momento se producía a favor del Perú. Dice así:
“A mi llegada ayer, encontré el pueblo muy
alarmado, pero aunque me manifestaron motivos fundados para ello, desprecié sus
temores y a las ocho de la noche los gritos de “vienen, vienen”. Me levanté al
momento y fui a la ventana, donde tuve el dolor de oír vitorear al Perú. Unos
malvados (así llama O´Leary a los pobladores en mitin) en número de ochenta,
algunos a caballos y otros a pie, todos armados, tuvieron el arrojo de atacar
el cuartel, que defendieron treinta hombres del “Caracas”. Su objeto decían,
era sacar a los reclutas que se hallan aquí, libertar algunos de sus compañeros
que había tomado el coronel Campos, comandante militar. Afortunadamente,
algunos buenos oficiales de Venezuela, se hallaban aquí de paso y poniéndose
uno de ellos, Pedraza, a la cabeza de los asistentes y milicianos, logró
rechazar a los bandidos (nótese el calificativo que da O´Leary a quien no le
era adicto). Pero volvieron éstos inmediatamente y por poco toman el cuartel. Por segunda vez los rechazaron y en este
segundo ataque lograron quemar dos casas y como todo el pueblo es de madera,
muchos temimos que el incendio se hiciera general. Los malvados perdieron tres
hombres muertos y algunos heridos (lo que muestra que no fue cualquier cosa).
Nosotros tuvimos un muerto. Digo nosotros, por que a mi me nombraron
comandante, honor que me iba costando caro porque al marchar para el cuartel
tuve que abrirme camino por entre amigos y enemigos, y en el tránsito recibí
una contusión de bala en la pierna derecha. Se espera otro ataque esta noche,
porque aún permanecen los bandidos en número de doscientos (ya habían aumentado
los rebeldes) en la orilla opuesta del río. Hoy han llegado a Guayaquil unos
veinte hombres del “Caracas”. El estado de todo el país es horrible. El río
está infestado de ladrones, y la opinión según me dicen Campos y el comandante
Castro, decidida a favor del Perú. Lo cierto que anoche la contraseña de
nuestros invasores, era Perú. La desgracia de la “Guayaquileña” (barco de
Colombia casi destruida en Malpelo) ha animado a muchos de estos traidores.
Ahora tres días, asesinaron al comandante Burgos y mandaron su cadáver por
acá... Se atribuyen estos escándalos a Diego Novoa y a Baquerizo, su suegro.
Parece que hay como 400 desertores reunidos a corta distancia de aquí, en un
lugar llamado Chilintomo. Se han posesionado de un
paso estrecho del río, cerca del estero llamado
El día 14 de setiembre, desde Guayaquil O´Leary escribía: “He encontrado a este departamento en un triste estado. Sus rentas alcanzadas hasta fines de noviembre, su comercio paralizado, la opinión pública en contra de nosotros, los enemigos trabajando ocultamente, pero en actividad. En una palabra mi general, el Perú tiene mucha preponderancia aquí y nada la destruirá sino la presencia de Ud.... Las circunstancias son muy críticas. Una batalla perdida costaría a Colombia todo el sur... La casualidad quiso favorecerme en mi tránsito. Logré batir a los chilintomos, limpie el río de los ladrones que lo infestaban y saqué de Babahoyo a los desertores y reclutas que fueron motivo de las invasiones de aquellos bandoleros... le he dicho a Flores que si de aquí a dos meses su ejército alcanza a 5,000 hombres y está pronto a obrar, no habrá inconveniente en que él ataque a los peruanos. Una victoria será la mejor base a mis negociaciones”.
El 15 de setiembre el general Flores
escribía a Bolívar y refiriéndose a los sucesos de Babahoyo expresaba.......
antes se había suscitado lo mismo, aunque con menos escándalo. Se han tomado
las medidas necesarias para prender a todos los que tuvieron parte en la conspiración... El ejército
tiene ya 6,000 soldados... el escuadrón del istmo ha llegado a Manabí con 166
hombres. Luego dicen que esperan al Húsares para tener 1,000 soldados de
caballería... acabamos de tener noticias que la corbeta “Libertad” estuvo a
punto de rendirse en el combate, que su primer comandante fue herido, muerto el
segundo fuera de muchos que tuvieron igual suerte de la tripulación......... no
me canso de deplorar la cobardía del comandante de la “Pichincha”...
Nuevamente el 18
de setiembre escribía O´Leary: “Es incalculable la aversión que se tiene aquí y
en Ecuador a esta guerra... …estos pueblos no tienen sentido nacional.
Como se puede
apreciar en los mismos escritos, en Ecuador había un fuerte sentimiento anti-colombiano y en cambio era poderosa la corriente
pro-peruana al extremo de enfrentar a las tropas colombianas de ocupación. Los
paisanos se rebelaban contra los reclutas y desertaban, y no por temor al
combate porque luego enfrentaban a los soldados colombianos, sino por que no
querían luchar en sus ejércitos.
En setiembre, ya
tenía Flores un ejército de 6,000 hombres o sea casi el doble de las fuerzas
que en ese momento habían en la entonces provincia de Piura.
La corbeta “
Al tener
conocimiento el general Flores de este hecho, ordenó al Intendente de
Guayaquil, que con todos los barcos a su disposición, se dirigieran hacia el
barco peruano y le demandaran explicaciones. El cargo de Intendente de
Guayaquil lo tenía el escocés, general Illinworth (él
castellanizó su nombre y se firmaba Juan Illingrot.
Fue el que durante la época de los corsarios insurgentes chilenos atacó Sechura
al mando del barco “ Rosa de los Angeles”.
La orden fue
dada por Flores el día 7 de agosto desde su cuartel general en Cuenca, donde
tenía sus 6,000 soldados, es decir tan próximos a la frontera como podría estar
Piura.
Illingrot, dispuso que la goleta “Guayaquileña” con 12
cañones, y la corbeta “Pichincha”, se hicieran a la mar, bajo el comando general
del capitán de navío Tomas Wright.
El 27 de agosto
salieron los barcos hacia Punta Malpelo. Había una orden reservada de Flores,
de atacar a la nave peruana, pues deseaba desencadenar la guerra. El documento
cayó después en poder de los peruanos que lo exhibieron.
Estaba dirigido
al comandante del Apostadero que era el mismo Illingrot,
y en el decía como primer punto, que la goleta de guerra “Guayaquileña” y otro
barco que se encargaría el mismo jefe de armar: “se pongan a órdenes del
coronel Wright y tomen la corbeta de guerra del Perú “Libertad”, donde quiera
que la hallen sola”.
Es decir, que la
orden era apresarla, y donde estuviera, lo que quiere decir aún en mar peruano,
pero además buscando ventaja, disponían que solo lo haría
si estaba sola. ¡Que valientes! Luego decía: “Todos los buques de guerra y
mercantes del Perú, sean que los encuentren en alta mar, o sea que estén en
cualquiera de los puertos, caletas o surtidores de aquel estado (del Perú)”.
Como se puede ver,
la intención agresiva era manifiesta, y también se sobrevaloraban. Luego
proseguía que con el fin de hostilizar y arruinar el comercio del Perú, se les
dejaba en libertad de actuar. También se proponía inquietar los ánimos y
esparcir la alarma en toda la costa del Perú, ya sea amagando con desembarcos o
apresando todo barco, o esparciendo noticias sobre la fuerza del ejército
colombiano. Se debía impedir todo intento de bloquear Guayaquil y todo
transporte de tropas por mar.
Todos esos
intentos le fallaron al tropical general, y la situación fue exactamente al
revés como se verá a continuación.
Los colombianos
tenían en conjunto mayor potencia de fuego, ya que de los 24 cañones de la
“Libertad”, 9 eran recamarados, y mal montados.
El 31 de agosto
de 1828 estaba a las 6 de la mañana fondeada “
A las dos de la
tarde, la “Guayaquileña” se acercó tanto a “
El fuego
continuó con la goleta, y estaba tan cerca que García Postigo dispuso lo necesario para el
abordaje. Los de la goleta se defendieron lanzando frascos con sustancias
inflamables, algo parecido a las actuales bombas molotov. Fue ese primer
fallido intento en que García Postigo
fue herido con un balazo en el brazo, un oficial quedó muerto y varios soldados
muertos, heridos o quemados. Se hizo cargo del barco peruano el teniente 1ro.
Panizo, por estar el capitán sangrando copiosamente.
La goleta logró
zafarse de la “Libertad”, pero a costa de 24 muertos y 36 heridos. Entre estos
figuraba el alférez de navío que llegó a ser Presidente del Ecuador, José María
Urbina.
“
“
Tras del
combate, arribó a Paita para dar sepultura a los muertos y curar a los heridos.
Era el 5 de setiembre. Los paiteños se prodigaron, para atender a los valientes
marinos brindándoles toda clase de atenciones.
De esa forma
quedaron destruidos los sueños insensatos del general Flores de pretender
dominar el Pacífico en esta región.
El 30 de agosto de 1828 desde Lima, el presidente
Decía:
“Ciudadanos ¡La justa indignación que excita la proclama del general
Bolívar y el vehemente deseo de marchar a responder su insolente reto, parece
que me restituyen inesperadamente la salud. Antes de invadir el territorio, ha
osado atacar una propiedad que amamos tanto como la patria y más que nuestras
vidas: el honor. Terribles, abominables son las guerras fratricidas, pero ¿qué
hemos de hacer si el patriotismo y el pundonor vulnerados nos ponen las armas
en las manos?.
Tiempo ha, que
estaba resuelta tan inicua agresión, y sólo se buscaba la oportunidad de
realizarla. Ya ha llegado. La impudicia más descarada, los ultrajes y denuestos son la vanguardia del ejército con que se nos amenaza. Se
nos pinta como agresores, y a la faz del mundo civilizado, en presencia de
nuestros contemporáneos y de los testigos de los sucesos, se arroja a llamarnos
pérfidos. Pérfidos es el que prometió solemnemente, mantener nuestras
libertades patrias, y luego despojarnos de ellas. Pérfido el que hollando la
ley y burlando la sinceridad de los pueblos, usurpó su soberanía. Pérfido el
que apoyado en su espada, les forzó a recibir su profesión de fe política, que
es la execración de América y el escándalo de Europa.
“ ¡¡Y es pérfido el Perú!! Por mi mismo
y como órgano del sentimiento nacional, digo delante del universo, que pérfida
es la mano que escribió contra nosotros tan enorme injuria y que mientras sin
pudor los labios que la profirieron. Decidan los hombres imparciales, de parte
de quien está la perfidia.”
“El gobierno veía
a la república amenazada de una doble agresión. El artero jefe de la nueva
nación del Alto Perú (Sucre), de concierto con el que alevosamente (Bolívar) la
llama su hija (Bolivia), movía por el sur todos los resortes de su acreditado
maquiavelismo, y con fuerza armada se avanza precipitadamente a poner en obra
sus siniestros designios. Por el norte el general Bolívar (no le dice
presidente) mandaba a levantar un ejército, ocupar las fronteras y coordinar
los elementos para volver a subyugarnos. Y cuando el gobierno miraba acercarse
la tempestad, cuando sabía las órdenes de sangre y exterminio comunicadas
secretamente a los jefes, cuando conocía todos los pasos que se daban en ruina
del Perú y palpaba las tramas que se formaban y los lazos que se tendían ¿era
racional que yaciese en una criminal una criminal indolencia? ¿Y merece que se
le acuse de pérfido porque no se ha dejado engañar y sorprender? Pero ¿por qué
asombrarse de esto cuando el general Bolívar ha invertido el nombre de las
cosas según sus intereses, cuando llama gobierno firme y fuerte al despotismo,
rebeldes a los pueblos exasperados, anarquía al clamor de los oprimidos,
tranquilidad pública al silencio de la fuerza, orden el uso arbitrario del
poder y leyes sus caprichos? ¿Por qué admirar también que llame perfidia
nuestra previsión y nuestros esfuerzos para impedir los desastres con que nos amaga la venganza implacable de un
ambicioso? “
“ Llama en fin, agresión y perfidia, al auxilio que
prestamos a la nueva república, que ya se avergüenza de su nombre, para que
rompiese el férreo yugo en que gemía. Pero nadie se avanza a negar que nuestras
tropas estacionadas para atender al que se llama ejército de observación, o mas
bien el cordón sanitario de la frontera, sólo se movieron al ruego que de todos
los ángulos del Alto Perú, se le dirigían, invocándolas como libertadoras; mas
no en el sentido irónico con que algunos años ha, profanan estas palabras los
que cifran su gloria en la servidumbre de los pueblos. Nuestro ejército y el
benemérito general que lo mandaban, llenaron su deber. Entraron, restituyeron
su libertad a ese desgraciado país a despecho de la resistencia y amaños de sus
dominadores; y se retiran sin retardo para que se dicten libremente las leyes
que le convengan. Sin tan generosa conducta merece el desdoroso título de
agresión y de perfidia ¿cuál queda reservado para la de aquel desde el Orinoco
hasta el Pilcomayo, no ha pisado un palmo de tierra sin haberlo devastado y
hecho entrar bajo su dominación? ¿De aquel que sólo ha sido tenazmente fiel a
este grito involuntario de su conciencia con el que una vez y quizá sin poderse
retractar, se denunció el mismo como un “ciudadano peligroso en el estado y
cuya existencia era amenaza perpetua a la república”?.
“ Peruanos. Habéis vindicado vuestra dignidad, destruyendo
el régimen facticio, ilegal y extraordinario bajo el que gemiais
en el envilecimiento, habéis recobrado vuestra independencia, rasgando esa
famosa carta(
“ Conciudadanos. Muramos con gloria, antes que vivir en la
ignominia, indignos son del nombre de peruanos, del aprecio de sus compatriotas
y de la protección de las leyes los que insensibles a los conflictos de la
república les niegan su ayuda y crueles, les rehúsan los sacrificios que tienen
derecho a demandar de cada uno de sus hijos.”
“ Soldados, queridos compañeros de
armas, apoyo incontrastable de la independencia; os debo la reputación con que
me honra la patria; esa divinidad consoladora y benéfica de los hombres nos
llama hoy a defenderla y a vengarla. Corramos a rodearla con nuestros brazos y
hacer con ellos un muro inexpugnable. Corramos a un triunfo fácil y glorioso. Los
valientes de Colombia son los que han vencido con nosotros en los combates por
la independencia y por la libertad; los que han sostenido con su espada estos
derechos sacrosantos de los pueblos, y fieles a sus conciencias en nada han
desmentido el solemne juramento que hicieron a los cielos y a los hombres; los
que sirvan a la tiranía no son esos soldados, ni valientes, ni colombianos.”
“ Amigos, volemos al combate, que por amor a la humanidad
hemos procurado evitar y al que nos compromete la audacia del enemigo de
nuestra constitución y nuestras leyes. Los soldados de la república llevan
consigo el triunfo de la razón, el valor irresistible que ésta inspira y
doblega a la fortuna. Mostraos, como siempre, dignos de sostener la causa de la
justicia y del honor. Si, restauremos la gloria mancillada de las armas de la
república, probemos al universo y hagamos sentir a injustos enemigos, que la
virtud es el alma de nuestros ejércitos, y que no les aqueja la abominable sed
de las conquistas que distingue a esos célebres bandidos que, aspirando a un
falso y execrable heroísmo, sacrifican a millares de victimas a su ambición
desenfrenada.- Lima agosto, 30 de 1828.- José de
Esta proclama
fue anunciada por bando en
Piura, y leída en solemne ceremonia al pueblo y a los soldados de
El pueblo,
embargado de fervor patriótico, aplaudió y dio vivas al Perú, al ejército y al
presidente
El 19 de setiembre, O´Leary, ya tenía en
su poder la proclama de