un simple secreto
Capítulo 1
Pan observaba la puesta de sol a través del gran ventanal en la oficina de Trunks. No quería perderse ni un solo detalle ya que ese sería el último atardecer que volvería a ver desde ese ventanal, en esa ciudad, durante mucho tiempo.
En cuestión de horas se marcharía muy lejos y quien sabe si algún día regresaría…
Volteó a mirar a Trunks, embebido en su trabajo revisando unos papeles en su escritorio. Los rayos naranjas del sol se colaban por el ventanal, bañando su pálida piel e iluminando su rostro con cálidos tonos dorados. De alguna manera Trunks intuyó que Pan lo miraba, porque levantó la vista de su trabajo y quitándose los lentes, la miró, sonriéndole con amor, sus ojos cerúleos danzando con un extraño brillo que ella no podía determinar claramente. Pan le devolvió la sonrisa y volvió a mirar por la ventana.
Esto se estaba haciendo cada vez más difícil. Trunks había sido su primer y único amor, y necesitaría toda su fuerza de voluntad para poder hacer lo que estaba a punto de hacer. Su corazón se encogió dentro de su pecho y sintió que las lágrimas amenazaban con brotar de sus ojos en cualquier momento.
Sumida en sus pensamientos, ni siquiera se dio cuenta de que Trunks se había levantado de su silla y había ido hasta donde estaba ella. En el fondo de su mente podía escuchar que él le hablaba, y no fue hasta que Trunks se encontraba justo frente a ella cuando finalmente cayó en cuenta de lo que sucedía.
“¿Una moneda por tus pensamientos?” Le dijo él en voz baja, apartando un mechón de cabello negro de su cara e inclinándose para besar suavemente sus labios. Luego le dio un beso en la frente y la rodeó con sus brazos, apoyando la barbilla sobre su cabeza. Pan era una chica menuda, y aún con sus zapatos de tacón alto apenas lograba alcanzar llegarle hasta la altura de los hombros.
Pan hundió su cara en el pecho de Trunks, inhalando su aroma viril y aferrándose a su cintura.
“Últimamente te he notado muy distraída. ¿Por qué no me dices qué es lo que te preocupa?” Preguntó Trunks mientras le acariciaba la espalda. Pan sonrió amargamente, Trunks se había dado cuenta de que algo no estaba bien. Y es que a veces olvidaba lo bien que la conocía…
“Es papá…” Dijo ella, zafándose de su abrazo. Trunks la miró con atención.
“¿Qué le pasa a Gohan?” Preguntó con un poco de preocupación.
“No te preocupes, no le pasa nada malo. Es sólo que… recibió una oferta de trabajo en el extranjero.” Respondió ella. Apretó los puños, pidiéndole fuerzas a Dende para continuar con todo esto. Al escuchar sus palabras Trunks sonrió una vez más, obviamente aliviado de saber que Gohan estaba bien.
“Me parece una excelente noticia. Tu padre es brillante.” Pan suspiró y bajó la vista. Trunks arqueó una ceja y la miró dudoso. “Aunque tu no pareces muy contenta con la idea…”
“Sí lo estoy, esta es la oportunidad que papá había estado esperando durante mucho tiempo.”
“¿Entonces?”
“El trabajo exige cambio de domicilio.”
“Ya veo… Pero no creo que eso deba preocuparte demasiado. Hoy día...”
Pan sintió unas ganas enormes de darse la vuelta y salir corriendo. Sintió un nudo que se formaba en su garganta, no podía hacerlo…
“Trunks, yo me voy con ellos.” Por fin dijo en voz baja.
“¿Y cuándo regresas?”
Ella no pudo formar palabra alguna. Sólo sacudió la cabeza. Trunks apretó los dientes, ella pudo ver como se tensaba su mandíbula. Pan esquivó su mirada y volvió a mirar por la ventana. Después de un tenso silencio ella habló.
“No sé si regrese. Sólo vine a despedirme.” Dijo sin voltear a mirarlo.
El silencio se volvió a apoderar de ellos, lo único que se escuchaba era el leve zumbido del aire acondicionado. Pero esta vez fue Trunks quien interrumpió, respirando profundo al caer en cuenta del verdadero significado de las palabras de Pan.
“¿Así nada más?”
“¿Así cómo, Trunks?” Se volvió ella para encararlo, arrepintiéndose inmediatamente de haberlo hecho. La expresión sombría en el rostro de Trunks distaba mucho de la que portaba unos momentos antes. Esta vez su mirada denotaba confusión, dolor… Era obvio que él necesitaba tiempo para comprender lo que Pan le estaba diciendo.
“Vienes tan tranquila a decirme que te vas del país y que no vas a regresar…” Le dijo, mirándola fijamente a los ojos, como tratando de buscar las respuestas que tanto necesitaba en ese momento. Pan sacudió la cabeza y abrió la boca para decir algo, pero él levantó la mano y no la dejó hablar. “Esto es ridículo, Pan. Absurdo.”
“No, no lo es. Yo tengo mis motivos.” Dijo ella tratando de parecer firme. Lo menos que necesitaba en ese momento era darle a entender a Trunks que se estaba desmoronando por dentro.
“Entonces explícame porque sinceramente no entiendo.”
“Esto lo hago por mí.”
“Escúchate, Pan. Hasta ahora solo has hablado de ti, pero ¿qué hay de mí? No estás tomando en cuenta mi opinión ni mucho menos mis sentimientos. ¿Qué harías si no te dejara marcharte?”
“No tienes opción, Trunks.”
“¿Y qué va a pasar con nuestra relación? Digo, hemos estado juntos por casi dos años. Se supone que existe algo entre los dos, ¿o es que acaso tampoco te interesa?”
“Esto no se trata de nosotros. Además, nuestra relación hace mucho que está estancada. Hemos llegado a un punto muerto, no vamos a ninguna parte y honestamente no le veo el caso a seguir así.”
Trunks la miraba atónito y no podía creer que Pan dijera esas cosas. ¿Acaso se había estado equivocando todo este tiempo?
Ella vio como Trunks la miraba horrorizado, como si le hubiera crecido otra cabeza… Pero más que todo, estaba herido por sus palabras, y con toda razón. Lo que acababa de decir no era para menos.
Pan respiró profundo. Conocía a Trunks, y sabía que era capaz de tomarse las cosas por el camino equivocado. Y lo que menos deseaba antes de marcharse era acabar en malos términos con él. Lo amaba demasiado.
“Por favor, no pienses que es por otra razón.”
Trunks se paso la mano por el cabello y se alejó de la ventana con dirección al escritorio; ya comenzaba a desesperarse con toda esa absurda situación.
“Yo no he pensado ni he dicho nada al respecto, Pan.” Dijo en tono grave. “Tú sola estás poniendo las palabras en mi boca.”
“Porque te conozco y sé que eres capaz de pensar lo que no es.” Le respondió ella un poco alterada.
Y poco a poco los ánimos comenzaron a caldearse entre los dos. Sin querer comenzaron a subir la voz mientras discutían.
“¿Y qué quieres que piense?” Alzó la voz primero él.
¿Qué quieres que te diga?” Le siguió ella.
“¡LA VERDAD! ¡Maldita sea, Pan!”
La voz de Trunks retumbó en la habitación, haciendo que Pan se estremeciera y se quedara callada de una vez.
“Si quieres marcharte, está bien. Pero dime la verdad, no me veas la cara de idiota. Si ya no me amas o encontraste a alguien más, sólo dilo.” Exclamó dándole un puñetazo al escritorio. Cuando se dio la vuelta para mirarla, el pecho se le encogió e inmediatamente se arrepintió de sus palabras.
Con los ojos aguados y los labios trémulos, Pan fue rápidamente en busca de su bolsa para salir cuanto antes de allí.
“Pensé que me entenderías. Fue un error el haber venido aquí.” Murmuró con la voz temblorosa mientras se dirigía hacia la puerta.
“¡Pan, espera, por favor!” Corrió él detrás de ella. “¡Pan, no te vayas! ¡Pan!”
Finalmente logró alcanzarla en la puerta y la rodeó con sus brazos.
“Pan, perdóname, por favor. No te vayas.” Le rogó, hundiendo la cara en su cabello, pero ella no le respondió, solo sacudió la cabeza. Entonces asió su cara con ambas manos y la forzó a que lo mirara. Ojos azules miraban con desesperación a los ojos café de Pan, los cuales estaban nublados por las lágrimas que corrían libremente por sus mejillas.
“Pan, quédate conmigo.” Insistió Trunks con suavidad, enjugando las lágrimas de Pan con sus pulgares.
“No, Trunks.” Susurró ella entre gimoteos.
“No me dejes, por favor. Yo te amo. Cásate conmigo; prometo hacerte feliz.” Rogó con desasosiego antes de atrapar sus labios con los propios en un beso desesperado, pero ella logró separarse de él.
“Perdóname, Trunks. Pero no puedo hacerlo.”
Y sin más se soltó de sus brazos y salió de la oficina y de su vida para siempre. Y él no pudo hacer más que ver como la mujer de su vida se marchaba para no regresar nunca más.