HAGAKURE El Libro del Samurai por Yamamoto Tsunetomo (SEPTIMA  PARTE)
Comprender la expresi�n: "La hora es ahora" significa prepararse constantemente para un suceso imprevisto. Un Samurai debe siempre estar dispuesto a expresarse claramente en p�blico, a ser convocado frente al Daimyo o incluso a entrevistarse con personalidades oficiales, aun con el mismo Shogun en persona. Poco importa que esto ocurra o no, uno debe de estar dispuesto permanentemente. Esta disponibilidad para actuar es el m�todo a aplicar para llevar a cabo todas nuestras acciones, tanto en las artes militares como en los deberes c�vicos.
Si los dioses ignoran mis rezos debido ha que he sido mancillado por la sangre del enemigo, no puedo hacer nada si no es continuar mis actos de devoci�n sin preocuparme de la mancha. Incluso, aunque los dioses no aman las manchas de sangre, yo tengo mi propia manera de ver las cosas. No me olvido jam�s de mi hora cotidiana de oraci�n. E incluso si en el campo de batalla me salpica la sangre o tropiezo en los cad�veres que yacen a mis pies, tengo confianza en la eficacia de mis rezos dedicados a
los dioses para alcanzar el �xito militar o asegurarme una larga vida.

FUGACIDAD

La vida humana s�lo dura un instante, es necesario tener la fuerza de vivirla haciendo lo que m�s nos gusta. En este mundo fugaz como un sue�o, vivir en el sufrimiento no haciendo m�s que cosas que nos disgustan es una pura locura. Sin embargo, este principio, mal entendido, puede ser nocivo, por ello he decidido no ense�arlo a los j�venes... Adoro dormir. En contestaci�n a la situaci�n actual del mundo, pienso que lo mejor que puedo hacer es volver a dormir a mi casa.
Ocurre a menudo que un hombre que goza de grandes capacidades de juicio y que es consciente de su valor, se vuelva cada vez m�s arrogante. Es dif�cil conocer realmente sus cualidades pero todav�a es m�s dif�cil admitir sus cualidades. Es el maestro Zen Kaion quien ha hecho estas reflexiones.

DIGNIDAD Y SINCERIDAD

La dignidad de un ser se mide por la impresi�n exterior que da. Hay dignidad en el esfuerzo y la asiduidad; en la serenidad y la discreci�n. Hay dignidad en la observaci�n de las reglas y en la rectitud. Tambi�n hay dignidad para apretar los dientes y mantener los ojos abiertos: todas estas actitudes son visibles desde el exterior. Lo que es capital es actuar siempre con dignidad y sinceridad.
Kazuma Nakano ha dicho: "Es un signo de mezquindad y falta de gusto utilizar un juego de tazas ya gastado para la ceremonia del t�." Los utensilios nuevos son m�s convenientes. Algunas personas pueden pensar que m�s vale emplear utensilios ya gastados debido al car�cter de su origen. Estas dos concepciones son igualmente err�neas. Los objetos antiguos han sido empleados por personas, ciertamente modestas, pero su gran antig�edad les confiere una cierta nobleza. Os utensilios viejos han dado prueba de su calidad en las manos de gente de alto rango. Es por haber sido detentadas y usadas por su propietario que ha acrecentado su valor. Uno puede tener un razonamiento semejante sobre el deber del Samurai. Un hombre de origen modesto que logra cierto renombre y alcanza una posici�n social elevada, est� dotado manifiestamente de cualidades sobresalientes. Sin embargo, habr� gente que siempre encontrar� desagradable codearse con un hombre de genealog�a dudosa, que reh�sa siempre considerar como un oficial superior al que no era hasta ahora m�s que un simple soldado.
Fundamentalmente, un hombre que ha descollado del mont�n, s�lo ha podido hacerlo debido a que pose�a m�s habilidad y m�rito que los que est�n colocaos inicialmente en un escal�n elevado. Por ello debemos siempre testimoniarles un mayor respeto.
Cuando uno busca algo esencial que realizar, hay que saberse mantener lejos del Se�or de un feudo, de las personalidades oficiales y de los consejeros. Cuando uno pasa el tiempo "girando en torno" a sus superiores y a estar suspendido de sus labios, se hace dif�cil llevar a cabo los proyectos. Es una m�xima que no ha de ser olvidada..Est� mal murmurar, sin embargo, tampoco es mejor alabar a alguien en todo momento. Un Samurai debe conocer su talla, observar la disciplina sin distraerse y hablar lo menos posible.
Un hombre valeroso debe permanecer imp�vido y jam�s dar la impresi�n de estar desbordado. S�lo las personas insignificantes, cuyo car�cter se revela agresivo, buscan la fama a cualquier precio y chocan con todos los que frecuentan.
En un debate o una discusi�n algunas veces hay que saber perder pronto para hacerlo con elegancia. Del mismo modo, si en la lucha Sumo, para ganar a cualquier precio, uno se pone a hacer trampas, se vuelve peor que un vencido y es, al mismo tiempo, derrotado y carente de elegancia.

EL ORGULLO (2)

Alguien dijo un d�a: "Hay dos tipos de orgullo, el interno y el externo. Un Samurai que no posee los dos es de una utilidad dudosa." El orgullo puede ser comparado con la hoja de un sable. Debe afilarse y luego volverse a colocar en la vaina.
De vez en cuando, es desenvainada, sostenida y limpiada para volverla a envainar. Si el sable de un Samurai siempre est� desenvainado, si est� siempre levantado, la gente le temer� y le ser� dif�cil tener amigos. Si por el contrario, no lo saca jam�s de su vaina, la hoja se enmohecer� y la gente ya no temer� al que lo lleva.

INTUICI�N S�BITA

Deber�an escucharse con respeto y gratitud las palabras de un hombre de gran experiencia, incluso si habla de cosas que ya sabemos. Ocurre, a veces, que despu�s de haber o�do diez o veinte veces la misma cosa, uno tenga una intuici�n s�bita y que esta intuici�n trascienda la significaci�n habitual. Hay una tendencia a mirar desde lo alto a la gente anciana y a no tomar en serio sus comentarios. Pero deber�amos hacer lo contrario, acord�ndonos que han tenido el beneficio de una larga y real experiencia.

NUESTRA OPINI�N

Como ya lo he subrayado en mis Reflexiones locas (un manual de comportamiento del Samurai redactado para mi yerno Gonojo), el non plus ultra del servicio de un Samurai es saber expresar con inteligencia su propia opini�n, como los hombres cualificados el feudo, que son los consejeros experimentados del Daimyo.
Cuando uno ha comprendido esto, poco importa lo que uno piensa o lo que hace. Pero nadie lo ha comprendido hasta ahora. Hay pocas personas cuya inteligencia sea suficiente para conformarse a este principio. Algunos, m�s preocupados de su avance personal, usan de la adulaci�n y de la zalamer�a para mejorar su situaci�n. Tales personas s�lo alimentan bajas ambiciones y no podr�n alcanzar el nivel de hombre de estado experimentado. Algunos, m�s calculadores todav�a que estos �ltimos, no  ven ning�n inter�s en volverse buenos Samurais y pasan el tiempo deleit�ndose con los "Ensayos sobre la pereza" o la poes�a de Sagyo. Sin embargo, desde mi punto de vista, Kenko y Sagyo no son m�s que cobardes, y es porque eran incapaces de asumir las funciones de Samurai que tratan con desd�n estos problemas, prevaleci�ndose del t�tulo de religiosos retirados del mundo. A�n hoy en d�a, si bien yo pienso que es bueno para estos bonzos y las personas ancianas consagrarse a esta literatura, es preferible para el que tenga la ambici�n de ser un verdadero Samurai, que aunque acaparado por su combate para penetrar en el mundo, se esfuerce en servir perfecta y lealmente a su amo.
Incluso si para conseguirlo tiene que estar hundido en el seno del infierno.

LONGEVIDAD

Cuando el Se�or Naoshige pas� por un lugar llamado Chiriki, se le dijo: "Por aqu� vive un hombre anciano, cuya edad supera los noventa a�os. Este hombre es tan afortunado que deber�as deteneros para saludarle." Naoshige escuch� y contest�: "�Qui�n puede ser m�s desgraciado que este hombre? �Cu�ntos hijos y nietos ha visto ya desaparecer? �D�nde se encuentra su suerte?" No se detuvo para saludar al anciano.

RELAJACI�N
Me han contado que el se�or Naoshige hab�a dicho un d�a: "Hay un momento en el que todo el mundo est� alegre y amistoso y es el momento en donde uno se relaja. Sin embargo, tambi�n hay cosas que uno lamenta siempre despu�s de haberlos hecho o dicho."

CONFUSI�N
Durante una cacer�a en un lugar llamado Shiroishi, el amo Katsushige mat� a un enorme jabal�. Todos le rodeaban admir�ndolo por la bestia extraordinaria que acababa de abatir. De repente, el jabal� dejado por muerto se levant� y carg�. Los miembros del cortejo del amo, sorprendidos, se asustaron y huyeron. En aquel momento, Matabei Nabeshima, r�pido como el rayo, dispar� sobre el jabal� y lo alcanz�. El amo Katsushige se cubri� el rostro con su manga y exclam�: "El aire est� lleno de polvo."
Evidentemente, hizo este gesto para evitar ver la confusi�n de los aduladores.
Un hombre, Hyogo Naritomi, dijo un d�a: "La verdadera victoria significa la derrota de tu amigo. Ganar a tu aliado significa alcanzar la victoria sobre ti mismo; es la victoria del esp�ritu sobre el cuerpo." Un Samurai tiene el deber cotidiano e cultivar su esp�ritu y de ejercitar su cuerpo de tal manera que ninguno -entre mil aliados- pueda alcanzarlo. Sin esto, ser� ciertamente incapaz de derrotar a un enemigo.

UN M�TODO SECRETO

Cuando vay�is a salir para una misi�n importante antes de hacerlo, colocad saliva sobre los l�bulos de vuestras orejas, respirad profundamente, tirad y romped un objeto entre vuestras manos. Es un m�todo secreto. Del mismo modo, si sent�s que la sangre se os sube a la cabeza, colocad saliva sobre vuestros l�bulos de la oreja y os sentir�is mejor inmediatamente.
Se considerar� siempre como algo natural la cualificaci�n y la competencia de un Samurai, cualquiera que sea la manera extraordinaria en que realiza sus haza�as. Si sus resultados son semejantes a los de sus contempor�neos, se considera que es de poca val�a. En cambio, si una persona despreocupada cualquiera realiza algo de manera ligeramente superior al promedio, ser� alabado grandemente.

LAS PALABRAS (2)

La mejor actitud respecto a las palabras es no usarlas. Si pens�is que pod�is pasar sin usarlas, no habl�is. Lo que debe ser dicho deber�a serlo siempre de la manera m�s concisa, l�gica y clara posible. Una cantidad sorprendente de personas se ridiculizan hablando sin reflexionar y se desconsideran otra tanto.

LEALTAD A LA MUERTE

La absoluta lealtad respecto de la muerte debe ser puesta en pr�ctica todos los d�as. Debemos comenzar cada amanecer meditando tranquilamente, pensando en el �ltimo momento e imaginando las diferente maneras de morir: muerto por una flecha, por un ca�onazo, atravesado por un sable, sumergido por las olas, saltando en un incendio, golpeado por el rayo, aplastado por un terremoto, cay�ndonos desde un risco, v�ctima de una enfermedad o s�bitamente. Debemos comenzar la jornada pensando en la muerte. Como dec�a un anciano: "Cuando abandon�is vuestro tejado, entr�is en el reino de los muertos; cuando abandon�is vuestro umbral, encontr�is al enemigo." Esta sentencia no preconiza la prudencia sino la firme resoluci�n de morir.
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