HAGAKURE El libro del Samurai por Yamamoto Tsunetomo ( TERCERA PARTE)
Por regla general, yo no critico el comportamiento de los otros, pero puesto que nosotros estudiamos la v�a del Samurai, debo a�adir esto: si no se consideran con cuidado y por adelanto todas las eventualidades, cuando ocurre el suceso no se est� en medida de contestar adecuadamente y uno es deshonrado.
Escuchar estos consejos e intentar comprender la esencia de las cosas, constituye una preparaci�n para tomar decisiones antes de que sobrevenga la crisis.
La v�a del Samurai exige, entre otras cosas, que se est� siempre dispuesto a someter a prueba la firmeza de su resoluci�n. Noche y d�a, el Samurai debe seccionar sus pensamientos prepara una l�nea de acci�n. Seg�n las circunstancias, puede ganar o perder. Pero evitar el deshonor es un hecho distinto de l victoria o de la derrota; para evitar el deshonor tal vez le ser� necesario morir. Pero si, desde el principio, las cosas no se desarrollan como hab�a previsto, deber�a intentarlo de nuevo. Para ello, ninguna sabidur�a ni habilidad particular son precisas. El Samurai valiente no piensa en t�rminos de victoria o derrota; combate fan�ticamente hasta la muerte. S�lo de este modo realiza su destino.
No es bueno tener fuertes convicciones personales. Si, al perseverara y concentrarse, un Samurai adquiere opiniones muy marcadas, podr� estar tentado a pensar con precipitaci�n que ya ha alcanzado un buen nivel de realizaci�n. Esto debe ser desaconsejado formalmente. Un Samurai debe, por asiduidad, llegar primeramente a la maestr�a absoluta de los principios b�sicos y luego continuar su entrenamiento de tal manera que sus t�cnicas lleguen a la madurez. Un Samurai no debe jam�s relajar su esfuerzo sino que debe perseverar toda su vida en el entrenamiento. Pensar que uno puede relajar la disciplina del entrenamiento porque simplemente ha hecho alg�n descubrimiento personal, es el colmo de la locura. Un Samurai debe estar constantemente animado por el pensamiento siguiente: "En tal o cual punto todav�a disto mucho de la perfecci�n" y consagrar toda su vida m�s y m�s al perfeccionamiento, buscando asiduamente la v�a verdadera. Es por una pr�ctica as� que se puede encontrar la V�a.
No hace a�n cincuenta o sesenta a�os que los Samurais hac�an sus abluciones cada ma�ana, se afeitaban la cabeza y perfumaban el mo�o. Luego se cortaban las u�as de las manos y de los pies, las limaban con piedra p�mez y luego las pul�an con hierba Kogane. No mostraban jam�s se�al alguna de pereza en este asunto y se cuidaban con atenci�n. Despu�s el Samurai verificaba su sable largo y su sable corto para comprobar que el �xido no los deterioraba; les quitaba el polvo y los limpiaba para cuidar su brillo.
Tomar tal cuidado de su apariencia puede parecer una manifestaci�n de fatuidad pero esta costumbre no proven�a de una inclinaci�n para la elegancia o lo romancesco. Uno puede ser llamado en cualquier momento a librar una dura batalla; si se muere habiendo descuidado su pulcritud, se da muestra de una relajaci�n general de las buenas costumbres y uno se expone al desprecio y al descuido del adversario. Esta es la raz�n por la cual los viejos y j�venes Samurais han aportado siempre un gran cuidado en su presentaci�n. Un escr�pulo tal puede parecer una p�rdida de tiempo y una ocupaci�n muy f�til, pero forma parte de la vida del Samurai. En realidad, ello precisa menos esfuerzo y tiempo de lo que parece. Si quiere estar dispuesto a morir, un Samurai debe considerarse ya muerto; si es diligente en su servicio y se perfecciona en las artes militares, no se cubrir� jam�s de verg�enza. Pero si se dedica a hacer ego�stamente lo que le plazca, en caso de crisis de deshonrar�. Incluso, no ser� jam�s consciente de su deshonra. Si nada le importa, excepto el hecho de no estar en peligro y de sentirse feliz, se descuidar� de una manera completamente lamentable.
Es seguro que un Samurai que no est� preparado para morir, morir� de una muerte poco honorable. En cambio, si consagra su vida a preparar su muerte, �c�mo podr�a tener un comportamiento despreciable? Uno deber�a reflexionar seriamente al respecto y armonizar su conducta en consecuencia.
Los tiempos han cambiado mucho en el transcurso de estos �ltimos treinta a�os.
En nuestros d�as, cuando los j�venes Samurais se re�nen, hablan de dinero, de provecho, de p�rdidas, de la manera de administrar su casa, de los criterios para juzgar el valor de la vestimenta, e intercambian opiniones profanas. Si otro tema es evocado, el ambiente se estropea y cada uno se siente vagamente a disgusto. �Qu� estado tan lamentable �ste al que hemos llegado! Anta�o, hasta la edad de veinte o treinta a�os, un hombre joven no ten�a ning�n pensamiento para las cosas materiales o indelicadas, por lo tanto no hablaba de ellas jam�s. Si, por accidente, en su presencia, los hombres de edad madura dejaban escapar de sus labios alguna reflexi�n fuera de lugar, se sent�a tan afectado como si hubiera recibido una herida f�sica. La tendencia nueva ha penetrado aparentemente mediante lo que los tiempos modernos aprecian al m�ximo: el lujo y la ostentaci�n. S�lo el dinero tiene importancia. Es manifiesto que si los hombres j�venes no tuvieran estos gustos de lujo, incompatibles con su situaci�n, esta actitud err�nea desaparecer�a. Por otra parte, alabar como ricos en recursos a j�venes ahorrativos y
parcos, es completamente despreciable. La frugalidad equivale a la ausencia del sentido del giri u obligaciones sociales y personales. �Necesito a�adir que un Samurai que se olvida de sus obligaciones hacia los dem�s es despreciable, cobarde e indigno?

CALIGRAF�A

Cuando me dirig� a Yasaburo para tomar ejemplo de su arte caligr�fico, me dijo: "Se deber�a escribir en caracteres suficientemente grandes como para que uno solo cubriera toda la hoja, con suficiente vigor como para rasgarla. La habilidad en la caligraf�a depende del esp�ritu y de la energ�a con la que se ejecuta. El Samurai debe obrar sin dudar, sin confesar el m�s m�nimo cansancio ni el m�s m�nimo des�nimo hasta concluir su tarea. Eso es todo". Y continu� escribiendo.
Seg�n el sabio confucionista Ittei Ishida, todo cal�grafo, incluso mediocre, puede aprender a escribir de una manera correcta si sigue cuidadosamente las l�neas de un cuaderno. Se puede decir la misma cosa al servicio de un Samurai. Si toma por modelo un buen Samurai, el �xito es posible. Desgraciadamente, en el momento presente no hay ning�n Samurai que merezca realmente ser imitado, as� que uno debe crearse idealmente un modelo que imitar. El modo de crear tal modelo es imaginar cu�l de los que est�n en torno a nosotros sabe c�mo conformarse al protocolo, a la rectitud y a las conveniencias; cu�l demuestra la mayor valent�a; cu�l es el m�s elocuente; cu�l es aqu�l cuyo comportamiento es el m�s irreprochable; cu�l es el m�s �ntegro; cu�l tiene el mayor esp�ritu de decisi�n en caso de crisis. A partir de todos estos elementos, es necesario imaginar un ser reuniendo todas estas cualidades. La s�ntesis constituir� un excelente modelo, digno de ser imitado. Es cierto que en todo arte es muy dif�cil aprender los puntos fuertes del maestro, pero en cambio, sus puntos d�biles son imitados f�cilmente. Estos no son, desde luego, de ninguna utilidad para sus disc�pulos.
Por ejemplo, algunos conocen perfectamente la etiqueta pero no son �ntegros. Cuando uno intenta tomar por modelo este tipo de persona, siempre tiene tendencia a descuidar la etiqueta y a no imitar m�s que la ausencia de integridad. Cuando uno aprende a apreciar los puntos fuertes de lso dem�s, cada persona puede volverse un maestro o en p�blico. Si es negligente cuando est� en per�odo de descanso, el p�blico s�lo lo percibir� bajo este aspecto.

IMPONER

Retirarse silenciosamente cuando el amo habla de uno, en buenos o malos t�rminos, indica perplejidad. Se debe poder dar una respuesta apropiada y estar decidido previamente. Cuando se os encargue una cierta funci�n, la alegr�a o el orgullo que vosotros sentir�is se reflejar� en vuestro rostro y eso es algo inconveniente. Algunos, conscientes de sus fallos, piensan: "Soy torpe pero debo cumplir cueste lo que cueste mi misi�n. �C�mo la voy a llevar a cabo? Esto puede ocasionarme muchos motivos de ansiedad". Aunque estas palabras no se pronuncien jam�s, se reflejar�n claramente en vuestro rostro. Esto es una prueba de modestia. Es por inconstancia y ligereza que nos apartamos de la V�a y que nos comportamos como novicios. Entonces somos fuente de molestias. El a�o pasado, en el curso de una reuni�n, un hombre expuso su punto de vista y afirm� que estaba dispuesto a matar al animador de la reuni�n si su opini�n no era adoptada. Su moci�n fue aceptada. Cuando todos los procedimientos fueron terminados, dijo: "Han dado su consentimiento demasiado r�pidamente. Pienso que son d�biles y no son dignos de ser los consejeros de su amo".
Cuando una reuni�n oficial es extremadamente seria y alguien introduce, con ligereza, temas diferentes los participantes expresan su despecho y se enfadan. Esto no est� bien. En tales momentos la etiqueta de Samurai consiste en permanecer calmado y tratar a la persona con benevolencia. Maltratar a alguien es una conducta digna de un lacayo.
Hay momento en donde uno tiene realmente necesidad de los dem�s. Si esto se repite a menudo, �stos acaban por encontrarlo inoportuno y desplazado. Para ciertas cosas, m�s vale no tener que tener que contar con los dem�s.

EL DRAG�N

Hab�a un hombre en China al que gustaban mucho las im�genes representando a dragones. Todos sus muebles y vestidos estaban decorados con este emblema. El dios de los dragones se dio cuente de este amor profundo, as� que un d�a, un verdadero drag�n se present� en su ventana. Se dice que el hombre se muri� del susto... Era seguramente un charlat�n que se hubiera revelado como tal en el momento de la acci�n.

CONCENTRACI�N

En cierta ocasi�n viv�a un maestro del arte de la lanza. En el momento de su muerte llam� a su mejor disc�pulo y le declar�: "Te he transmitido todas las t�cnicas secretas de nuestra escuela. Si piensas aceptar ahora a un disc�pulo, debes practicar enseguida con diligencia, y cada d�a, con el sable de madera. La superioridad no es una cuesti�n de t�cnicas secretas". Del mismo modo, en la ense�anza de un maestro de Renga, se dice que la v�spera del concurso de poes�a debe calmar su esp�ritu y consultar una antolog�a de poes�as. Es necesario saberse concentrar sobre una sola cosa. Todos los oficios deben ser ejercidos con concentraci�n.

ANIMAR A UN AMIGO

Cuando se visita a un Samurai golpeado por la desgracia, lo que se le dice para animarlo es siempre de una extremada importancia. �l es, en efecto, capaz de discernir a trav�s de nuestras palabras los m�viles verdaderos que animan a su interlocutor. Para animar a un amigo en dificultades el secreto a revelarse es el siguiente: un verdadero Samurai no debe pavonearse ni perder confianza. Debe ir siempre hacia delante, sino no avanzar� y ser� totalmente in�til

LAS PALABRAS

Se dice que no hay que dudar jam�s en corregirse cuando uno a cometido un error. La falta desaparece r�pidamente si uno se corrige sin demora. Cuando se intenta remediar un error, ello se vuelve desplazado y doloroso. Cuando se dice algo que no se deber�a haber dicho, si uno se autocritica r�pida y claramente, aquello se olvida pronto y ya no hay necesidad de preocuparse. Pero si alguien os censura, hay que saber contestar: "Os he dado las razones de mis prop�sitos inconsiderados, yo no veo nada m�s que hacer si no las acept�is. Puesto que he dicho esto sin querer, deber� pasar como si nadie lo hubiera o�do. Nadie puede sustraerse a una reprimenda.".
Morooka Hikoemon fue requerido un d�a para confirmar la verdad de sus palabras respecto a un asunto. Pero �l contest�: "La palabra de un Samurai es m�s firme que el metal. Dado que estoy impregnado de este principio, �qu� m�s pueden aportar los dioses y los Budas?" El juramento fue anulado. Esta historia ocurri� cuando �l ten�a veintis�is a�os

LA ACTITUD DURANTE LA TORMENTA

Existe lo que se llama la actitud durante la tormenta. Cuando uno es sorprendido por una repentina tormenta, se puede o bien correr lo m�s aprisa posible o bien colocarse r�pidamente bajo los aleros de las casas que bordean el camino. De todos modos nos mojaremos. Si uno ya estuviera preparado mentalmente a la idea de estar mojado, se estar�a a fin de cuentas muy poco contrariado con la llegada de la lluvia. Se puede aplicar este principio con provecho en todas las situaciones.
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