HAGAKURE El libro del Samurai por Yamamoto Tsunetomo ( SEGUNDA PARTE)
La cr�tica s�lo debe intervenir despu�s de haber discernido si la persona la aceptar� o no, despu�s que uno se ha hecho amigo de ella, de haber compartido sus intereses y de haberse comportado de manera tal que nos concede su entera confianza para que tenga fe en nuestras palabras. Luego interviene el tacto. Hay que sentir el buen momento y la buena manera de ejercer su cr�tica - por carta o al regresar de una reuni�n particularmente agradable-. Hay que empezar comentando sus propios fallos y luego llevar a su interlocutor a comprender, sin pronunciar m�s palabras de las necesarias.
Hay que alabar sus m�ritos; esforzarse en darle �nimos, en preparar su humor; volverlo tan receptivo a las observaciones del mismo modo que el hombre sediento lo es al agua. Es entonces cuando hay que corregir sus errores. La cr�tica constructiva es delicada.
S� por experiencia que las costumbres malas y antiguas, no ceden sin fuerza. Me parece que la actitud m�s verdaderamente caritativa consiste, para todos los Samurais al servicio de un mismo Daimyo, en ser benevolentes y amistosos los unos con lo otros, corregir mutuamente sus errores para servir luego al Daimyo. Poniendo a alguien voluntariamente en una situaci�n embarazosa no se hace nada constructivo. �C�mo podr�a ser de otro modo?

PREVISI�N

El lenguaje militar emplea los t�rminos de "Samurai ilustrado" y de "Samurai ignorante". Un Samurai que ha esperado tenerse que enfrentar con situaciones dif�ciles para aprender a salir de ellas no es ilustrado. Un Samurai que se preocupa por adelantado de todas las situaciones y soluciones posibles, es sabio. Ser� por lo tanto capaz de hacerle frente con brillantez cuando la ocasi�n se presente. No importa lo que ocurra, un Samurai ilustrado es aquel que se preocupa de los detalles de la acci�n, antes
de la hora. Un Samurai imprevisor, en cambio, da la penosa impresi�n de arrastrase en una gran confusi�n y su �xito s�lo proviene de una suerte anormal. S�lo un Samurai negligente no considera todas las eventualidades antes del momento de la acci�n.
No comparto la opini�n de los que preconizan una autoridad estricta y constante.
Como dice el proverbio: "El pez no vive en el agua clara". Son las algas las que le permiten desarrollarse plenamente hasta su madurez. Es cuando uno pasa de los detalles y no cuida de las quejas menores cuando es capaz de procurar la serenidad a los que nos sirven. La comprensi�n de este principio es esencial para el que quiera comprender el car�cter y el comportamiento de los dem�s.
Cuando el Se�or Mitsushige s�lo era un ni�o, se le pidi� leer un pasaje de un libro del Monje Kaion; llam� a los otros ni�os y a los ac�litos para decirles: "Os ruego que os acerqu�is y escuch�is. Es muy dif�cil leer cuando no hay casi nadie que escuche".
El monje qued� impresionado y dijo a los fieles: "Es con este esp�ritu que hay que hacer todas las cosas".

C�MO HA DE SER EL SAMURAI

Tengo la impresi�n de que los j�venes Samurais de hoy en d�a se han fijado objetivos lamentablemente bajos. Tienen la mirada furtiva de los ladrones. La mayor�a s�lo busca su inter�s personal o hacer gala de su inteligencia. Incluso los que parecen tener el alma serena s�lo muestran una fachada. Esta actitud no es conveniente. Un Samurai s�lo lo es verdaderamente en la medida que no tiene otro deseo que morir r�pidamente -y de volverse puro esp�ritu- ofreciendo su vida a su amo, en la medida donde su preocupaci�n constante es el bienestar de su Daimyo, al que rinde cuentas continuamente, sin cesar, de la manera mediante la cual resuelve los problemas para consolidar las estructuras del dominio. De este modo, Daimyo y servidores deben estar determinados de la misma manera. Es indispensable que nadie, ni siquiera los dioses y los Budas, puedan haceros desviar de la meta fijada.

LA P�RDIDA DE LA VIRILIDAD

He aqu� lo que dec�a uno de mis amigos. Parece que un tal Doctor Kyon afirma lo siguiente: "En medicina se distingue a los hombres de las mujeres en virtud de los principios del Yin y del Yang; por consiguiente, los tratamientos m�dicos son fundamentalmente diferentes. Adem�s, su pulso es tambi�n diferente. Sin embargo, en el curso de estos �ltimos cincuenta a�os, el pulso de los hombres se ha vuelto id�ntico al de las mujeres. Desde que me he fijado en este fen�meno, he considerado bueno tratar las enfermedades oculares de los hombres por los medios apropiados al pulso de las mujeres. Cuando intento aplicar a mis pacientes varones los cuidados previstos para ellos, no obtengo ning�n resultado". En efecto, el mundo est� abordando un per�odo de degeneraci�n; los hombres pierden su virilidad y se parecen cada vez m�s a las mujeres.
Es una convicci�n inquebrantable que he adquirido en el curso de mi experiencia personal y que he decidido no propalar. Desde entonces, no olvidando nunca esta reflexi�n, cuando miro a los hombres de hoy en d�a, me digo: "Mira, mira, he aqu� un pulso femenino". Ya no encuentro pr�cticamente nunca lo que se llama un hombre verdadero. Debido a esto es por lo que es posible hoy en d�a ser considerado excelente y acceder a una posici�n importante con un esfuerzo m�nimo. Los hombres se vuelven cobardes y d�biles, la prueba de ello est� en que, hoy en d�a, raros son los que tienen la experiencia de haber cortado la cabeza de un criminal con las manos atadas a la espalda.
Cuando se les pide ser el asistente del que va a suicidarse ritualmente, la mayor�a considera que es m�s h�bil evadirse e invoca a excusas m�s o menos v�lidas.
Hace s�lo cuarenta o cincuenta a�os, se consideraba una herida combate como una marca de virilidad. Un muslo sin cicatrices era un signo tan destacado de falta de experiencia que nadie se hubiera atrevido a mostrarlo tal cual, prefiriendo infligirse una herida voluntaria. Se esperaba de los hombres que tuvieran la sangre ardiente y fueran impetuosos. Hoy en d�a la impetuosidad es considerada como una ineptitud. Los hombres de hoy en d�a utilizan la impetuosidad de su lengua para rehuir sus responsabilidades y no hacer nunca ning�n esfuerzo. Desear�a que los j�venes reflexionaran seriamente sobre esta situaci�n actual.

MUSHIN

El Monje Tannen ten�a costumbre de decir: "La gente ha terminado por no entender nada porque los sacerdotes ya no ense�an m�s que la doctrina de Mushin. Lo que se llama Mushin es un esp�ritu sin mancha y sin complicaci�n. Esto es interesante". La V�a del Samurai
El Se�or Sanenori dec�a: "En el seno de un esp�ritu en donde la perversidad no encuentra su lugar, est� la v�a". Si esto es verdad, la V�a es una. Pero nadie puede comprender esta evidencia en el primer intento.
La pureza no se consigue sin esfuerzo.
El car�cter chino gen puede leerse en japon�s maboroshi y significa "ilusi�n".
En japon�s, los magos indios se llaman Gen shu sushi o "ilusionistas".
Los seres humanos son marionetas aqu� abajo. Es por ello que se utiliza el car�cter gen para sugerir la ilusi�n del libre arbitrio.
Abominar del mal y conducir su vida con rectitud se vuelve extremadamente dif�cil. Ello es bastante sorprendente pero muchos errores tienen por origen la creencia de que es esencial ser estrictamente l�gico y colocar la rectitud por encima de cualquier otra cosa. Existe una v�a m�s elevada que la rectitud, pero su descubrimiento no es una cosa f�cil e impone una profunda sabidur�a. Comparados con esta v�a, los principios  l�gicos son insignificante, en efecto. Aunque para el que no tenga la experiencia de ella o no la conozca, existe una manera de descubrir la verdad, incluso si uno no ha sabido discernirla solo. Esta v�a consiste en hablar con otros. Ocurre a menudo que una persona, aunque imperfecta, puede dar consejos juiciosos a otra, porque ella puede dominar la situaci�n exterior, del mismo que el que, en el juego de Go, tiene "la ventaja de ser espectador". Se dice que es igualmente posible discernir sus faltas por la "mirada en uno mismo" y por la meditaci�n, pero tambi�n en este caso el resultado es igualmente mejor cuando uno habla con otros. La raz�n de esto es que se puede superar su propia facultad de discernimiento si uno aprende a escuchar con provecho a los dem�s y leer libros.
Uno siempre se enriquece de la sabidur�a de los Antiguos.

ENTRENAMIENTO

Me dijeron que un maestro de sable ya anciano hab�a dicho esto: "El Samurai debe entrenarse toda su vida", y para ello hay una raz�n. Al principio, incluso en caso de pr�ctica regular, uno no tiene la sensaci�n de progresar. Uno se sabe poco h�bil y ve a los dem�s a su propia imagen. En este estadio es in�til precisar que no se es de ninguna utilidad al servicio del Daimyo. Cuando se alcanza un estadio mediano, uno no es todav�a de gran utilidad pero toma conciencia de sus deficiencias y empieza a notar las imperfecciones de los otros.
Cuando un Samurai alcanza un nivel superior, es capaz de tomar, por propia iniciativa, decisiones en cualquier situaci�n, de tal manera que ya no necesita los consejos de los otros. Un Samurai es, podemos decirlo, �til al Daimyo. Luego, por encima de este nivel, est�n aquellos cuyo rostro jam�s revela lo que piensan, los que no hacen jam�s gala de su habilidad, que fingen ignorancia e incompetencia. Y lo que es m�s: respetan la habilidad de los otros. Para muchos, �sta es la ambici�n m�s alta. Pero a un nivel todav�a m�s elevado existe un dominio que supera la habilidad del com�n de los mortales. El que se compromete a fondo en la V�a de este campo, toma conciencia de que su entrenamiento ser� ilimitado y que no podr� estar jam�s satisfecho de su trabajo. Por esto un Samurai debe conocer sus debilidades y pasar su vida corrigi�ndolas sin jam�s tener el sentimiento de haber hecho ya lo suficiente. No debe, naturalmente, tener demasiada confianza pero tampoco sentirse inferior.
Yagyu, el maestro de la V�a del Sable, que ense�aba al Shogun Tokugawa, dec�a: "Yo no s� c�mo superar a los otros. Todo lo que s� es c�mo superarme a m� mismo". El se dec�a: "Hoy, yo soy mejor que ayer, ma�ana todav�a ser� superior". Un verdadero Samurai consagra todo su tiempo al perfeccionamiento de s� mismo. Es por ello que el entrenamiento es un proceso sin fin.
Entre las proclamaciones p�blicas que ha hecho el Se�or Naoshige, se encuentra la siguiente: "Las decisiones importantes deben ser tomadas con calma". Ittei Ishida (sabio confucionista de Han Sagan y maestro Jocho Yamamoto) explica: "Los asuntos menores deben ser estudiados con seriedad. Hay pocos problemas realmente importantes, solamente se presentan m�s de dos o tres en toda una existencia. Una reflexi�n cotidiana os convencer�. Es por ello que es indispensable prever lo que conviene hacer en caso de crisis. Cuando �sta se manifieste, habr� que acordarse de la soluci�n, para resolverla en consecuencia. Sin una preparaci�n cotidiana, cuando sobrevenga una crisis delicada, se ser� incapaz de tomar una decisi�n r�pida, lo que conlleva el riesgo de consecuencias desastrosas". �No es entonces posible decir que para poder tomar con calma decisiones importantes, hay que prepararse cada d�a con resoluci�n?
En el curso de una reuni�n cuya meta era examinar la oportunidad de conceder una promoci�n a cierta persona, se tuvo noticia de que la misma, anteriormente, era muy aficionada a la bebida. Por lo tanto, los participantes estaban muy propensos a negarle su adelanto. Sin embargo, uno de ello intervino: "No animar a un hombre porque ha cometido un solo error, es impedir que mejore. Si un hombre, que ha flaqueado una vez, muestra, por una conducta irreprochable y conforme a las reglas, que lamenta sinceramente su error, es eminentemente �til a su Se�or. Siendo as�, animadlo"..Entonces, uno de los presentes dijo: �Asum�s la responsabilidad de tal decisi�n?"
Despu�s de que �l hubo dado tal seguridad, la asistencia le rog� que diera sus razones.
Dio esta respuesta: "Lo avalo porque s� que se ha equivocado una vez. No se puede conceder confianza al que no ha cometido jam�s errores". Fue de este modo que el interesado consigui� su promoci�n.
Un d�a, un hombre cay� en desgracia porque hab�a descuidado reparar el insulto que le hab�a sido hecho. La �nica manera de vengarse era lanzarse sobre el campamento enemigo y combatir hasta la muerte. Un Samurai que se lanza desesperadamente al combate no puede caer en desgracia. Es porque uno espera la victoria que la misma se nos escapa. El tiempo corre cuando uno espera que el enemigo no sea tan numeroso para no estar uno en desventaja. A fuerza de esperar, incluso puede ser que uno olvide la injuria y que abandone la venganza. Pero cuando los enemigos son numerosos, si uno se agarra al terreno con la determinaci�n de diezmarlos a todos, la pelea se resolver� deprisa. El curso de la acci�n transcurrir� probablemente de buena manera. Incluso cuando los cuarenta y siete Ronins del clan Asano, que acabaron por atacar a Kira una noche para vengar la muerte de su Amo, ya hab�an fallado en su salida. Deber�an haberse suicidado ritual e inmediatamente Sengakuji. Se tomaron tiempo para vengar la muerte de su Se�or. Kira habr�a podido caer mortalmente enfermo antes de que hubieran ejecutado su plan. En este caso, habr�an perdido irremediablemente la ocasi�n.
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