| HAGAKURE El libro del Samurai por Yamamoto Tsunetomo ( PRIMERA PARTE) | ||||||||||
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| HAGAKURE (HOJAS OCULTAS) Hagakure, que significa "oculto bajo las hojas", es un antiguo breviario de caballer�a inspirado en el c�lebre c�digo Bushido. Nos expone la v�a del guerrero, cuyos preceptos filos�ficos y �tica trascendental presentan al Bushi. Bushido es la aceptaci�n total de la vida, vivir incluso cuando ya no tenemos deseos de vivir. Esto se logra sabiendo morir en cada instante de nuestra vida, viviendo el instante, el aqu� y ahora, sumido en el eterno presente, en vez de abandonar el campo de batalla cotidiano. Para el Samurai, la vida es un desaf�o, y la muerte es preferible a una vida indigna o impura. Esta es la noble y espectacular lecci�n del HAGAKURE. Mantenido en secreto durante siglos, el Hagakure fue el libro de cabecera de Yukio Mishima. He descubierto que la v�a del Samurai reside en la muerte. Durante una crisis, cuando existen tantas posibilidades de vida como de muerte, debemos escoger la muerte. No hay en ello nada dif�cil; s�lo hay que armarse de valent�a y actuar. Algunos dicen que morir sin haber acabado su misi�n es morir en vano. Este razonamiento es el que sostienen los mercaderes hinchados de orgullo que merodean por Osaka; no es m�s que un razonamiento sofisticado a la vez que una imitaci�n caricaturesca de la �tica de los Samurais. Hacer una elecci�n juiciosa en una situaci�n donde las posibilidades de vivir o de morir se equilibran, es casi imposible. Todos preferimos vivir y es muy natural que el ser humano encuentre siempre buenas razones para continuar viviendo. El que escoge vivir habiendo fracasado en su empe�o, ser� despreciado y ser� a la vez un cobarde y un fracasado. El que muere despu�s de haber fracasado, muere de una muerte fan�tica, que puede parecer in�til. Pero en cambio, no ser� deshonrado. Tal es la v�a del Samurai. Para ser un Samurai perfecto es necesario prepararse a la muerte ma�ana y tarde e incluso durante todo el d�a. Cuando un Samurai est� constantemente dispuesto a morir, ha alcanzado la maestr�a de la V�a y puede dedicar, sin cesar, la vida entera al servicio de su se�or. LA RUTINA Cuando Hotta Haga No Kami Masamori era paje del Shogun, era tan obstinado que este �ltimo decidi� someterlo a prueba. Para hacerlo, hizo calentar a blanco un par de sandalias y las coloc� sobre un brasero. Masamori ten�a por costumbre coger las sandalias colocadas al lado del brasero para ir a recibir a su Se�or. Esta vez, en cuanto toc� las sandalias not� la quemadura en las manos. Pero actu� de la manera acostumbrada, as� que el Shogun se las quit� r�pidamente de las manos. Uno de los Samurai de Matsudaira Sagami No Kami estaba en una pensi�n en Kyoto para recoger dinero. Un d�a que estaba en el portal viendo pasar a la gente, oy� a un transe�nte gritar: "Se dice que los hombres del Se�or Matsudaira est�n enzarzados en un combate." El samurai se dijo: "Es muy lamentable que mis compa�eros est�n implicados en un combate. Estos deben de ser los que ten�an que ir a relevar a los que estaban de servicio en Edo." Se inform� sobre el lugar del combate y cuando lleg� jadeante, sus compa�eros hab�an sido heridos ya por sus adversarios, que estaban a punto de darles el golpe de gracia. Acompa�ando su ataque de un grito, golpe� a dos hombres y regres� a Kyoto. Este asunto lleg� a o�dos del oficial del Shogun que mand� llamar al Samurai para preguntarle: "Hab�is ayudado a vuestros compa�eros, desobedeciendo con ello al edicto del Gobierno. �C�mo es eso?" �l contest�: "Vengo de la provincia y me es dif�cil entender lo que Su Se�or�a me dice. �Podr�a volver a repetirlo?" El oficial enfureci� y dijo: "�Est� usted sordo? �Hab�is estado implicado en una pelea, derramado sangre y desobedecido el decreto gubernativo, quebrantando las leyes, s� o no?" El hombre contest�: "Ya hab�a comprendido todo esto. Aunque lo afirm�is, yo no he desobedecido voluntariamente a las leyes y no he tenido intenci�n de desobedecer al gobierno. La raz�n de ello es que todo ser viviente concede a la vida cierto precio y desde luego lo mismo ocurre con los seres humanos. Por mi parte, doy un gran valor a la vida humana. Pero he o�do que mis compa�eros estaban en peligro y hacer ver que uno no se ha enterado de nada no es digno de la V�a del Samurai. Por ello he corrido para socorrer a mis compa�eros. Volver a mi casa, la verg�enza en el coraz�n, sabiendo que mis amigos han sido asesinados, habr�a prolongado desde luego mi vida, pero era desobedecer a la V�a. Para seguir la V�a, uno debe sacrificar su preciosa vida. Es debido a esto, a respetar a la V�a y no por despreciar el reglamento, que decid� ir all�. Os ruego, ahora, que proced�is a mi ejecuci�n." El oficial qued� impresionado, archiv� el asunto y escribi� al Se�or Matsudaira: "Ten�is un valiente Samurai a vuestro servicio. Espero que lo sabr�is cuidar como se merece." LAS RA�CES El �rbol geneal�gico del Se�or Soma, sobrenombrado el Chiken Marokoshi, era el m�s elaborado del Jap�n. Un a�o en el que su hacienda se incendi� y estuvo a punto de ser destruida, el Se�or Soma dijo: "Incluso si la casa, los muebles y todo el resto es destruido, no lo lamentar� porque son cosas que se pueden reemplazar. Lo �nico que lamentar� es no haber podido salvar mi �rbol geneal�gico, que es un tesoro de familia de lo m�s precioso." All� estaba un Samurai y dijo: "Voy a entrar en la casa y traerlo." El Se�or y los dem�s se pusieron a re�r, diciendo: "La casa es ya pasto de las llamas, �c�mo lo conseguir�is?" Aquel hombre no hab�a sido jam�s muy hablador y no hab�a sido particularmente diligente pero era alguien que iba hasta el final en todo lo que hac�a. Dijo tambi�n: "Hasta ahora no he sido de una gran utilidad a mi amo, porque no he sido muy cuidadoso, pero he vivido con la idea de que un d�a mi vida podr�a ser �til. Me parece que este momento ha llegado." Entonces se lanz� a las llamas. Cuando el incendio fue apagado, el amo orden�: "�Que se encuentre su cad�ver! �Qu� gran p�rdida!" Despu�s de haber buscado por todas partes, se descubri� su cuerpo en el jard�n pr�ximo a los apartamentos; cuando se le dio la vuelta, sali� sangre de su vientre. El Samurai se hab�a abierto el vientre y en �l hab�a colocado el documento para que permaneciera intacto. A partir de ese d�a, se sobrenombr� este documento "la genealog�a de la sangre". En el Koyogunkan, alguien dijo: "Cuando estoy frente al enemigo, siempre tengo la impresi�n de que penetro en las tinieblas y a causa de esto he sido herido gravemente... sin embargo, vos que hab�is combatido con tantos hombres valientes jam�s hab�is sido herido. �C�mo es posible esto?" El otro contest�: "Cuando me enfrento con el enemigo, es desde luego como si penetrara en las tinieblas. Pero enseguida tranquilizo mi mente, todo se vuelve como una noche iluminada por la p�lida Luna. Si ataco en este momento, s� que no ser� alcanzado." Esta es la situaci�n en el momento de la verdad. T�CTICAS MILITARES En las Notas sobre las Reglas Marciales, est� escrito lo siguiente: "Ganar primero, combatir despu�s, lo que dicho en dos palabras es ganar antes. La riqueza del tiempo de paz es permitir la preparaci�n marcial para el tiempo de guerra. Con quinientos aliados, se puede derrotar a una fuerza enemiga de diez mil hombres." Cuando uno intenta tomar el castillo de un enemigo y es necesario retirarse, hay que replegarse, no siguiendo la carretera principal sino las carreteras secundarias. Se debe tender a sus muertos y heridos con el rostro girado hacia el enemigo. Es evidente que el guerrero tiene que estar en vanguardia durante el ataque y en la retaguardia cuando la retirada. Cuando se ataca, no se ha de despreciar esperar el buen momento. Esperando el buen momento no se debe olvidar el ataque. Entre los principios secretos de Yaygu Tajima No Kami Munemori, hay un proverbio: "No existe t�ctica militar para un hombre de gran fuerza moral." Instruido por esto, cierto vasallo del Shogun fue a ver al Maestro Yagyu y le pidi� que lo aceptara como a su disc�pulo. El Maestro Yagyu dijo: "Me parece que ya sois alumno de una escuela de Artes Marciales. Decidme el nombre de vuestra escuela antes de iniciar nuestras relaciones de maestro-disc�pulo." El hombre contest�: "Yo no he practicado jam�s un arte marcial." El Maestro dijo: "�No hab�is jam�s aprendido la disciplina de la escuela Tajima Nokami? Tengo la impresi�n de que sois uno de los maestros del Shogun. El hombre jur� que no. El Maestro le pregunt� entonces: "�Ten�is alg�n tipo de convicci�n profunda?" El hombre contest�: "De ni�o tom� conciencia de que el Bushi es un hombre que no debe arrepentirse de su vida. He enterrado este pensamiento en mi coraz�n durante muchos a�os y ello se ha vuelto una convicci�n. Por ello, jam�s pienso en la muerte. No tengo ninguna otra concepci�n fuera de �sta." El Maestro Yagyu qued� muy impresionado y dijo: "Mi intuici�n no me ha enga�ado. El principio m�s profundo de la t�ctica marcial es el que vos pose�is. Hasta ahora, de cientos de disc�pulos que he tenido, ninguno ha alcanzado este principio. No es necesario prepararos con el "sable de madera" (boken). Voy a iniciaros inmediatamente." Enseguida le dio un pergamino. Esta historia ha sido relatada por Muragawa Soden. Si alcanz�is demasiado r�pido la gloria, la gente se volver� vuestro enemigo y no ser�is de ninguna utilidad. Si os elev�is progresivamente en el mundo, las personas ser�n aliados vuestros y ser�is felices. A la larga, que hay�is sido r�pido o lento, en cuanto hay�is adquirido la comprensi�n de los otros, nada os amenaza. Se dice que la suerte que os es dada por otros es la m�s segura. LOS CUATRO VOTOS Algunos son capaces de actuar con sabidur�a cuando la ocasi�n lo requiere. Otros se ven obligados a permanecer despiertos largas horas, presos de angustia, antes de descubrir la soluci�n correcta al problema planteado. Pero aunque estas deferencias innatas sean en cierta medida inevitables, cada uno puede alcanzar dones de sabidur�a insospechada adoptando "los cuatro votos". Parece que cualesquiera que sean los dones personales, cualquiera que sea la dificultad del problema, a una reflexi�n suficientemente larga y profunda. En tanto uno funda su razonamiento sobre el "Yo", puede ser muy prudente y astuto pero no sabio. Los seres humanos son insensatos y les es dif�cil abandonar su "Yo". A pesar de todo, un individuo enfrentado a una situaci�n complicada tiene grandes posibilidades de encontrar una soluci�n, si llega a abstraerse moment�neamente del problema, concentr�ndose sobre los "cuatro votos" y abandonando su "Yo". DECISIONES Poseemos muy poca sabidur�a; sin embargo, tenemos una gran tendencia a referirnos a ella para resolver nuestras dificultades. Debido a que nos preocupamos esencialmente de nosotros mismos, nos desviamos de la V�a del Cielo y nuestras acciones se vuelven malas. A los ojos de los dem�s, somos despreciables, d�biles, limitados y totalmente ineficaces. Cuando nos sentimos incapaces de una competencia verdadera es preferible apelar a alguien m�s sabio. No estando personalmente implicado, tal vez pueda revelarse como un juez preclaro -ya que no tiene un inter�s propio-. Estar� en medida de aconsejar la elecci�n m�s juiciosa. Si observamos a un hombre que toma sus resoluciones de esta manera digna de notarse, sabemos que est� resuelto, aut�nomo, digno de fe y enraizado en la realidad. Su sabidur�a, alimentada por los consejos de los dem�s, puede compararse a las ra�ces de un gran �rbol de follaje espeso y denso. Existen l�mites a la sabidur�a del ser humano, arbusto d�bil, sacudido por el viento. LA CR�TICA A LOS DEM�S Reprender y corregir a alguien por sus errores es importante. Este acto esencialmente caritativo es la primera obligaci�n del Samurai. Pero hay que esforzarse en hacerlo de la manera conveniente. En efecto, es f�cil encontrar cualidades y defectos en la conducta del pr�jimo. Tambi�n es igualmente f�cil criticarlo. La mayor�a de las personas se imagina que es por gentileza que dicen a los otros lo que no desean o�r y si alguna vez sus cr�ticas son mal acogidas, piensan que los otros son incurables. Tal manera de pensar no es razonable. La misma da tan malos resultados como colocar a alguien en una situaci�n embarazosa o bien si alguien nos insultara. Esto no es muchas veces m�s que una mala manera de sacar lo que nos pesa en el coraz�n. |
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