La
fortuna esperaba a Elvis Presley, nacido en Tupelo, Mississippi, en enero de
1935. Pertenecía a una familia humilde del sur de Estados Unidos que se
estableció en Menphis en 1948, pero en 1954 ya cantaba y grababa temas de
Arthur Crudup y Bill Monroe, oscilando entre el Blues, el gospel y el country
rural.
En
aquella época, el propósito de algunas compañías discográficas, ante la
decadencia del country, consistía en descubrir a cantantes que expresaran
“sentimientos blancos” con fuerza, voces y corazones negros, y Elvis
resulto el artista elegido en una época en que ya gozaban de relativo crédito
solistas como Jerry Lee Lewis, Carl Perkins, etc.
Elvis,
gracias a su participación en diversos espectáculos masivos de la ciudad de
Nashville- Davidson a principios de 1956, de clara significación country,
pudo renunciar a su condición de héroe local que goza del interés de una
audiencia reducida pero fiel, y con habilidad, apoyándose en su tema
“Heartbreak Hotel”, atípico en el contexto donde lo presenta, deslumbra,
hipnotiza a masas de quinceañeras y se alza con un triunfo que le catapulta
en cuestión de pocos días al primer puesto de la lista de éxitos de Estados
Unidos.
Con “Heartbreak Hotel” estalla
el fenómeno de los Teenagers (seguidores jóvenes de edades comprendidas
entre los 13 y los 19 años, cifras que en teen), que dará el espaldarazo al
joven y tímido cantante procedente de los mas bajos estratos sociales,
reconvertido en escasas semanas en ídolo de multitudes de jóvenes que ven
personificado en el, hábil vocalista, diletante, bromista de gesticulación
agresiva y dado a las audacias sensuales en directo, al rebelde blanco que
alcanza el irrenunciable sueño americano: triunfar.