“DOMINGOS DE MI VIEJO”

Domingos de mi viejo:

Todos iguales, en eso de estar lejos.

Todos iguales dentro de mi pecho;

con su tristeza y su dejo

de culpa por haber gastado el tiempo

en urgencias, que hoy los dos sabemos,

eran fútiles y nos consumieron,

las semanas, los años y hasta aquellos

instantes que nacen para ser perfectos;

momentos que los chicos, los locos y los diestros

poetas borrachos de luz, atienden tan dilectos.

Domingos que hoy comprendo, mientras los voy sufriendo,

son apenas un balance horrendo,

del peor desperdicio que los necios,

vamos dilapidando mientras estamos desviviendo,

estos cuatro días cortos, antes de volver al polvo negro;

destino de lo poco que tenemos.

Mi viejo era un forzado marinero

detestando los mares que desahucian extranjeros.

Soltó las anclas para aplacar el fiero

roncar del hambre en su quinceañero

estómago, que las crisis del treinta produjeron.

 Domingos de mi viejo.

Su nostalgia era la misma que hoy yo tengo,

veinte años después de haberse ido, por fin lo entiendo,

como no lo conseguí en aquel momento,

cuando sus ojos podían irse humedeciendo

en mis domingos llenos de futuro y de proyectos.

Domingos de mi viejo.

Ahora sí, vos y yo juntos en ellos,

podemos lagrimear sin ilusiones ni despechos,

con la dulce nostalgia que fuimos aprendiendo

separados, pero juntos en lo eterno.

Marcos
09/02/2003

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