Paulina Vinderman

Esa chica flaca con el palito en la tierra,
no escribe su nombre.
Escribe lanza, cielo, viento, escribe gato.
En los canteros de la calle en su ciudad
o en esos pueblos de la provincia de Buenos Aires
donde la vida se aprende de memoria,
donde los tíos encienden las luciérnagas
en la galería asomada al verano cerca del membrillar.

Más cerca del mundo,
quiero estar más cerca del mundo y contar un cuento
imposible de contar.


Los trenes interceptan los días como un ritual de paso
y el viaje se instala en su vida como destino
(no sólo como deseo).
El viaje para correrse de sí misma, el viaje
para encontrarse.
Allí donde el dolor no se anestesia sino que se pinta
de amarillo (como aquella luna de Chamical)
o se fuma, como tabaco de hoja, junto a un botero
que pregunta por el frío.

Esa chica flaca, de ojos agrisados por la llanura,
mira cómo la tierra cubre sus zapatos blancos
y también sus historias.
Palabra sobre palabra, serán guardadas en la                                                                         garganta,
inmóviles, definidas, hasta que escampe el sueño.

 

 

Graciela Wencelblat

Ya no

Ya no se quejan las palabras
el patio incendiado con mariposas negras.
Sin piel sin huesos ni cintura maleable
boca de imperioso grito.
Jadeo agrietan el espejo,
ni música ni poesía
¿desierto sin voces?

 

 

 

Marta Zabaleta

Adiós Nonino

Abandonar la vida
es una tarea solitaria.
Por eso, nunca le pedí
que fuéramos amantes:
sólo hubiera querido
por entonces
que mis besos tocaran,
con sus labios, su espanto.
Y en sus palabras
dejar, cual en calvario,
grabado en estaciones
el olor del deseo.

 

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