Gustavo Caso Rosendi
Poema ornitológico
Casi todas las aves se habían ido
(Eran sabias las aves o casi todas)
No como esas gaviotas que flotaban
enrojeciendo la bahía
No como aquel Pucará que caía en picada
ennegreciendo la mañana
No sé por qué diablos
estoy escribiendo
con esta sangre tan ajena
y tan estrepitosamente mía |
|
Leopoldo Castilla
Contraluz
A contraluz del atardecer
hacia el Himalaya
todo el día se hunde en esa mujer
nimbada por la luz de la nieve.
Doblada por la tiniebla de sus dioses,
sube hacia otra gravedad,
ella,
piedra del rayo,
inhumana el campo de flores amarillas. |
|
Horacio Castillo
Arte Poética
Soltar la lengua, de manera que no trabe el producto
que viene desde adentro, impulsado
por una fuerza superior
y el hábil juego de riñón y diafragma;
insistir presionando los músculos
como para expulsar
un caballo o un cíclope;
repetir el procedimiento
provocándolo inclusive con los dedos
o una materia acre,
hasta quedar vacío, sólo reseca piel,
odre para colgar del primer árbol,
extenuada matriz de lo volátil, acaso de la luz.
|
|
|
Susana Cattaneo
A Alejandra Pizarnik
Alejandra:
he vuelto otra vez a la noche. La de ahora es una noche más oscura y también más silenciosa, como si quisiera respetar los trozos de pérdidas y desvaríos. Tanto silencio hay, que podrías imitar las campanas de la muerte y yo te oiría lejana y segura como una diosa que toca su diana para cazar esquinas a las cinco, cuando la madrugada, ahora, en tiempos de verano, amenaza implacable con el alba. ¿Ah! ¿Cuánto, cuantísimo, me ha dolido el alba!
Oigo tu grito:”¡Oh, Isidoro!”. Escucho tu viaje al confín de los infiernos. ¿O era, acaso, el confín de otra desdicha donde fuiste y el infierno lo dejaste aquí, conmigo?
Gritan, callados, todos los objetos; la cerveza amarga apenas ayuda en el sueño esquivo y ajeno.
Todavía, Alejandra, todavía, escucho un tímido duende caminar por los resquicios de la soledad.
Es obsceno. Me siento feliz.
|