|
|
Sometido y esperando
Hacía una media hora que se había ido. Sus órdenes habían sido poco claras, por lo menos para alguien que, como yo, estaba todavía en el principio del sometimiento. “Descansa un rato y luego te pones a trabajar”. No llevábamos viviendo juntos más que tres días. Y francamente, me constaba adaptarme. Sobre todo a estos largos ratos en los que Ella no estaba. Tres días en su casa, ahora también la mía. Bueno, la mía suponiendo que tenga algo mío. Mañana es fin de mes y hoy me han ingresado la nómina. Ya se que mañana la tengo que traspasar a su cuenta. Cuando necesite algo, debo pedírselo a Ella. No se si me voy a acostumbrar a eso. Hasta ahora he usado de mi dinero con total libertad. De mi dinero, de mi tiempo, de todo. Pero por lo visto eso se acabó. ¿Llevaré ya suficiente descansando? ¿Un rato es media hora? ¿Más, menos? No tengo ni idea. Estoy desnudo, eso por supuesto. Como a Ella le gusta que esté. No se cómo será en invierno. Si también debo estar desnudo entonces seré un constipado andante. Llevo puesto su collar. Me ducho incluso con él. Esta tarde, después de haber hecho una buena siesta, ha salido. Ha quedado con otro sumiso. Por lo visto, el chico está interesado también en ser su esclavo. Me lo ha dicho. Y luego, riéndose, me ha dicho que si le gusta, lo traerá a casa y se lo tirará aquí. Yo, a poner las copas. Tampoco se si me acostumbraré a eso. No se separar muy bien la relación de dominación-sumisión y la sentimental. Por lo menos, no así, viviendo juntos. No soy celoso, pero cuando me ha dicho lo del otro sumiso, he sentido ganas de estrangularla. Ella dice que debo querer lo mejor para mi Ama. ¿Lo mejor es que se la tire otro mientras yo, pongo por ejemplo, hago la colada? Bueno, voy a levantarme del sofá. Hace diez minutos que, pensando en todo esto, pensando en Ella, no paro de tocarme el collar. Por un lado me molesta, no me gusta llevar nada puesto. Por otro me gusta. Me hace sentirme de su propiedad. Pero al mismo tiempo me cabrea. Todo eso junto. Ahora tengo que limpiar la casa y arreglarla, ya salí a comprar esta mañana. La nevera está llena. Me ha dicho que para cenar quiere spaguettis y un buen filete de ternera, con pimientos verdes de guarnición. Tengo las recetas a la vista, nunca he sido un cocinero excepcional, pero Ella dice que en una semana me va a convertir en un Arguiñano. Perejil...perejil... pinto menos que el perejil. Encima, me tiene excitado durante el tiempo que Ella quiere. Cuando me rebelo, cada vez tarda menos en someterme. Pero echo de menos momentos cariñosos. Me refiero a momentos cariñosos fuera del SM. Cuando me somete y me ve completamente entregado, despierto su ternura y durante un rato se comporta como una amante. Pero si se me olvida mi lugar, enseguida sale su carácter dominante. Y me armo un lío. A veces hago algo que no le gusta pero sin pretenderlo. Se enfada igual. Y yo venga a explicar que ha sido sin querer. “Me da igual. No soporto la menor desobediencia”, me dice. Intento portarme como se que le gusta. Cuando acabe la cena, escribiré mi jornada. Me ha comprado un “diario” para que vaya escribiendo todo, lo que hago, lo que pienso, mis sensaciones. Le he presentado a dos de mis amigos, pero no le ha gustado mi actitud con Ella mientras estoy con aquellos. Así que por ahora no puedo verlos hasta que “sepa comportarme”, según sus palabras. Cuando llegue, con la cena a punto para ser calentada en el momento en que Ella lo decida, debo quitarle los zapatos (hoy ha salido con botines), darle un masaje en los pies (no se si con la mano o la lengua, nunca repite las cosas para que no me pierda en la rutina) y servirla una copa... a Ella y al pazguato que traiga de compañía. No se si coger un atizador y abrirle la cabeza al sumiso ese que ya odio y ni siquiera conozco. Ella me ha dicho que le trate bien, que le sirva lo que pida y que me vaya a otra habitación después, que me arrodille y que, pensando siempre en Ella, oiga lo que hablan... y lo que hacen. Después, cuando Ella decida que el sumiso tiene que irse, me ha dicho que me explicará lo que quiere de mí en casos como el de esta noche. Esta mañana, como Ella quiere, la desperté en la forma que me ha enseñado. Luego, en el cuarto de baño, esperé de rodillas junto a la ducha, a que terminara de lavarse para secarla. Cuando se arregló, en la puerta, la quité las zapatillas de rodillas y la calcé los botines. Salió preciosa. Luego me preparé yo y me fui a trabajar. A la hora de comer,
fui a buscarla al trabajo. Comimos juntos algo rápido y nos vinimos para
aquí. Me dejó adorarla mientras Ella dormitaba una semisiesta en el sofá.
Intento saber si es feliz. Creo que sí. ¿Y yo? Ella dice que debo serlo por
permitirme servirla. Sigo intentando ser como Ella desea.
Autor: Martín Novoroscha
|