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perrohombre
Yo miraba tras la ventana desde el exterior, apenas importándome la lluvia que caía sobre mí, salvaguardado de las vistas ajenas por las ramas frondosas de un árbol, donde yo calladamente observaba.......... la mirada atenta al hombre apuesto que se dedicaba a limpiar la casa. Todo parecería normal sino fuera porque esa persona iba desnuda y llevaba como únicas prendas, un collar con una gruesa cadena, de las que portan los perros, unos grilletes que asían sus piernas por otra cadena más gruesa que la del cuello, y unas muñequeras. La situación era extraña y morbosa. El motivo por el que me encontraba allí, no era por esa persona. Era la fascinación que sentía por la Dueña de la casa, a la cual vi un día, con su porte de Señora esbelta, muy atractiva que había despertado mi curiosidad, ya que vestía ropas ajustadas de cuero y zapatos de tacón muy alto, mi obsesión de pequeñito siempre ha sido los zapatos calzados por mujeres esbeltas y bueno, eso y su belleza fue lo que me indujo a alzarme en ese árbol y aguantar el día lluvioso que me hacia temblar de escalofríos, menos escalofríos que la imagen que veía en estos momentos. El hombreperro había dejado caer al suelo unos platos que transportaba, me asombro ver su cara de espanto. Errores así los tenemos cualquiera que no tenga experiencia en esos menesteres. Rápidamente comprendí el porqué de su rostro. Apareció la esbelta figura de la Señora, vestía un traje de cuero que se ajustaba a su cuerpo, de color negro que remarcaba su estupenda figura. Pero no fue eso lo que me dejo de piedra y a la vez excitado. El hecho era que en su mano portaba una fusta robusta, y en su rostro no había consentimiento sino una mezcla de rabia y autoridad que afirmaba más su belleza. Lo que aconteció continuación, me asusto y excito a la vez. Lejos de perdonar al hombreperro, su reacción fue la de abofetearle primero duramente con sendos tortazos que supuse dejarían la cara del torpe hombreperro sumamente magullada durante días y quizás con brotes de sangre. Me apretuje para no ser visto, mientras la Señora descargaba fustazos en el cuerpo de la víctima, los fustazos caían uno detrás de otro. Viendo yo como la altura del hombreperro menguaba por momentos hasta quedar a ras de suelo. Vislumbre pese a la lluvia las marcas rojas en su piel. Me estremecí al ver esas tremendas marcas que surcaban su espalda, su pecho, sus nalgas, sus piernas. Al contrario de lo que se podría suponer el hombreperro no se alzo mano arriba aprovechando su enorme corpulencia hacia la Señora, sino que se arrodillo cual poca cosa y lamió y con esa mirada dura que realzaba su hermoso rostro. Finalmente ella dijo algo y vi como el hombreperro rápidamente limpiaba a cuatro patas los trocitos de los platos maltrechos, mientras la Señora reposaba en una silla e iba divirtiéndose o bien esparciendo más los montoncitos de plato que estaban cercanos a sus pies o bien fustigaba nuevamente el trasero ya de un tono rojizo del perrohombre. La excitación que sentía yo, provocó mi torpeza, el no fijarme atentamente ni el reaccionar rápidamente en el momento en que el perrohombre había desaparecido de la habitación y se abalanzaba rápidamente, y totalmente desnudo hacia mí. Allí estaba yo, en presencia de la Señora, avergonzado, temblando, no de frió sino de verdadero pánico, mis piernas temblando mi cabeza embotada, pero mi vista clavada en el divino cuerpo de la Dueña de la casa y del perrohombre. Las preguntas se abalanzaron sobre mí, quién era, que hacia allí, el que cómo, cuándo, porqué. Rápidamente se fue destapando el resultado de que soy una persona fetichista, servicial y obediente, así que rápidamente fui comparado al perrohombre. Se me hizo desnudar, la presión que sentía en mi cara hacía avergonzarme mucho más, queriendo yo dar la impresión de ser persona acostumbrada a estar desnudo ante una Dama totalmente vestida y que atraía todos mis deseos más ocultos. La Sra. me observaba y tocaba cual mercancía, yo no estoy de mal ver, por lo tanto deduje que al menos de momento no me iba a marcar como al perrohombre. Intente convencerla de que yo podría ser útil para otros menesteres, así que vi el resultado de mis palabras, acabe de limpiar lo que el perrohombre había empezado e hice el café, siempre ante la atenta mirada de tan bella Dominadora, el sueño de todo, sí de todo sumiso. Yo he sabido siempre lo que soy, así que no me fue difícil ganarme rápidamente la confianza de la Señora, la cual me dijo que me iba a dar un premio para mi cuello. Imagine un collar tan bonito como el del perrohombre, pero cual fue mi sorpresa al ver una simple cuerda que se anudo a mi cuello. No hice queja alguna, comprendí que bien no había más o que tenía que ganarme el collar bueno, así que me mostré lo más sumisamente que se puede portar alguien que no posee demasiada experiencia en este aspecto de la vida y que se siente completamente humillado y avergonzado........................ Bien, hasta aquí mi pequeña vivencia que continuare mas adelante. Solo os adelanto que ahora tengo un collar de cuero muy hermoso y que soy el perrosumisoservicialyobediente que toda Señora desearía tener, igual que tú, que me lees................. Ahora soy el encargado de limpiar los zapatos de mi Dueña, quien sabe que placeres podré tener mas adelante............. os dejo, mi Señora mi reclama, creo que hoy por fin podré bañarla...............J ))) serventAB |