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Historia de un sirviente (2) Capítulo 2. Una mañana con mi ama
Aún no puedo controlar mi sorpresa en distintas etapas de la vida, cuando parece tener todo un rumbo muy definido, sin más, en un solo instante suceden cosas que literalmente significan un volantazo en el camino. Esta sensación la experimente hace ya casi dos años cuando, en el viernes de una semana muy pesada de trabajo cerca de la medianoche y ya para salir de la oficina, me percate que en mi cuenta de correo electrónico resaltaba un mensaje sin leer aún de Ana, en su papel de la señorita Esmenjaud, al cual tituló “Instrucciones para Ramiro Pérez”, mi corazón palpitó aceleradamente agotando las fuerzas que me restaban, no resistí la tentación y me dispuse a abrirlo. Se trataba de un mensaje breve en el que se describía sin detalles las actividades a realizar para el día siguiente en la caracterización de nuestros papeles más deseados, como ya lo dije, al momento de terminar de leer ese mensaje escueto y contundente el viernes agotaba su existencia para dar paso al día que en definitiva transformo la vida de mi patrona y la mía. Lo común, luego de una semana en la que dedicas tu cuerpo y mente a las actividades laborales, dejando de lado y en un segundo término el resto de tu vida, la pareja suele dramatizar su posición, misma que solo puede cambiar mediante un fin entero dedicado a las generalmente aburridas y cursis actividades de su preferencia y en algunas otras mediante regalos que sacien ese sentimiento mal entendido de abandono; definitivamente este no es el caso, para la señorita Esmenjaud la forma de compensar la ignominia de la semana, consistía en darse uno de sus mas grandes placeres, lo cual significaba de manera implícita la dualidad en el sometimiento y satisfacción de su mozo personal. Así pues y como si se tratará del comienzo de una mañana después de un reconfortante descanso (vaya manera de cargarnos de energía cuando se trata de satisfacer nuestros deseos) a la media noche del viernes comencé a preparar los instrumentos de nuestra nueva sesión de “terapia”. La preparación termino casi cuatro horas después por lo que el sábado comenzó para Ramiro con solo dos horas de sueño y descanso, pues a las seis de la mañana debí de bañarme y someterme a la caracterización de sirviente, con ropa expresamente comprada para nuestras sesiones (trajes de vestir de ínfima calidad los cuales eran portados con combinaciones y la propiedad de la gente que desempeña esos servicios). La primera instrucción consistía en despertar de manera sutil a través de la ventana de su cuarto a la señorita Esmenjaud, quiero hacer notar que quizá eso en esencia no ameritaba un empeño especial, sin embargo para ubicación del contexto, es importante señalar que la ventana de la señorita se encontraba en el segundo piso de la casa de sus padres, por lo que para cumplir con su orden se requería introducirse en la casa sin que esto implicara tocar o despertar el sueño de la familia a las siete de la mañana del sábado. Una vez en la marquesina de la ventana, Ramiro debería tocar hasta que lograra despertar a su patrona para entonces pasarle un jugo de toronja, el yougurt de su preferencia y solamente tres de las secciones del diario local que la señorita Esmenjaud acostumbraba leer (Sociales, Espectáculos y Moda), así fue; a partir de ese momento siguiendo con las instrucciones me dedique durante las siguientes dos horas a preparar los elementos que completarían la fantasía de la señorita Esmenjaud, para que una vez terminados me apostara a las afueras de su residencia a esperar el momento en el que ella decidiera salir para emprender la continuación de ese maravilloso día. Mientras tanto mi patrona tomaba con toda calma la espera, pues en tanto me desplace a recoger la camioneta de su elección, ajuste los asientos en la forma en que lo especifico, limpie los interiores y exteriores con el más cuidadoso de los esmeros, compre las revistas que sabía eran de su agrado para que no pudieran quedar lugar para su aburrimiento en el trayecto que nos esperaba, reserve para las 9:30 de la mañana una sesión de manicura, pedicura, corte y peinado de cabello; y seleccione cuidadosamente cada una de las frutas que complementarían su desayuno, mismas que fueron finamente picadas y servidas en un también lujoso plato; ella se limito a dormitar media hora más, tomar el desayuno liquido que le fue ofrecido, hojear las paginas del periódico que parcialmente le fue entregado , hasta decidirse por darse un relajante baño de tina el cual se prolongo más de lo debido para finalmente dar pie a su arreglo personal el cual realizó con mucho esmero. El reloj marcó las ocho de la mañana con cincuenta y cinco minutos, afortunadamente terminé mis actividades 5 minutos antes de lo hora indicada, pues más tarde me enteraría que la señorita Esmenjaud, no tolera la impuntualidad, sin embargo espere a la puerta de la casona, con la camioneta más lujosa en el mercado, la salida de mi patrona por más de 20 minutos, lo cual me provoco más nervios de los que podía controlar (la aparición de cualquier miembro de su familia o vecinos me aterraba, dadas las condiciones de mi presencia); la espera valió la pena, en punto de las 9:15 su hermoso y semidesnudo pie izquierdo cruzó el umbral de la puerta, calzando unas sandalias de vestir en color negro que dibujaban una “V” en su empeine cuya marca ostentaba el apellido del diseñador italiano más famoso y exclusivo de nuestros tiempos, así nada más debajo de sus adorables y hermosas plantas, sus uñas sin esmalte reflejaban la parte del día que vivíamos; con dificultad puede alzar la mirada para simplemente percatarme de que también se encontraban al descubierto gran parte de sus piernas seguidas de una diminuta falda en color negro y con grandes aberturas en los laterales, de una tela tan sutil que por detrás dejaba clara la arrebatadora tanga de hilo que cubría la división natural de sus firmes y generosos glúteos, en la parte superior contrastaba con el perfecto bronceado de su blanca, piel el pálido color de la blusa escotada que dejaba al descubierto la delicada espalda enmarcada por sus hombros mínimos y al frente quizá uno de los atributos que en su caso y para los demás llame más la atención: su espectacular busto de dimensiones y textura ideales, el cual está exento de caer en exageraciones vulgares. Petrificado estaba yo, cuando su firme andar me liberó para apresurarme a abrirle la puerta trasera de la camioneta, al mismo tiempo de dirigirle mi saludo de bienvenida y buenos días el cual como es obvio ignoró por completo y como no iba a hacerlo si una diosa así no debe dignarle el mínimo de los reparos a los mortales que la rodean; acto seguido expuse la explicación de los servicios que gozaría en el transcurso del recorrido a lo que ella contesto: -” Ramiro, acaso piensas que soy estúpida igual que tu, los servicios fueron requeridos por mi y pobre de ti si faltaste a alguno”... se introdujo a la camioneta y dirigió una nueva orden con la voz firme que tan adorablemente le caracteriza –“ Quítame mis sandalias, colócalas en el estuche de madera que pedí que trajeras y pon debajo de mis platas el cojín que uso para el descanso de mis pies”... nuevamente obedecí sus ordenes sin chistar pero invadido por el pánico escénico que me provocaba servirla en la zona y ubicación que nos encontrábamos, coloque sus finas sandalias en la caja de madera que me solicito en su listado de requerimientos, cerré la puerta y encamine hacia el volante dando la vuelta entera a la camioneta para iniciar el traslado al salón de belleza más “in” de la ciudad. -“Baja mi ventana un poco, ...no, aún más; ... sintoniza el radio hasta donde yo te pida, ...ahí, ...terminó la canción, ... continua sintonizando; ... sube mi ventana que me ha dado frió; ...baja la velocidad que me mareo al leer mi revista; ...en el primer semáforo en rojo detienes la camioneta para retirarme el plato con la fruta que sobró, .. te pedí fruta fresca, ...no fui clara?; ..., baja el volumen de la radio, ... llama por el móvil para decir que vamos atrasados y que requiero a cuatro empleadas del salón a disposición para mi servicio pues solo dispongo de una hora para que terminen mi arreglo,” fueron algunas de las ordenes que recibí durante los 20 minutos de trayecto de su residencia hasta el salón de belleza, mientras ensimismado pensaba solo en dos cosas, la primera, relacionada con mi incertidumbre por no saber lo que me esperaba mientras a ella la atendían, pues nunca habíamos tenido hasta entonces una terapia frente a la demás gente y por otro lado me inquietaba el hecho de que cuando descalcé sus irresistibles pies no me pidió que los adorara, es más ni siquiera me solicitó un sumiso beso de bienvenida, ¿acaso había hecho algo mal?, ¿que fue lo que le disgustó para abstenerse de ese placer que solo ella sabe gozar?, por supuesto que al meditarlo recordé que durante la semana en nuestra vida cotidiana de pareja no había tenido tiempo para verla y por lo tanto, no me permitiría gozar en esa magnitud hasta que hubiese vengado mi osadía. Llegamos al salón de belleza que se encontraba en el extremo norte de la ciudad en uno de los dos barrios de más plusvalía (el otro es precisamente donde ella y su familia vive) en cuanto estacioné la camioneta justo en frente de la puerta de entrada me ordeno bajar y dirigirme con la encargada en jefe del establecimiento, para anunciar su llegada, y pedir que tuvieran listo aquello que pudiese faltar para su atención, la encargada del lugar, de apariencia nórdica, con el característico desdén que emplea para dirigirse tanto a sus empleadas como a los de sus clientes y no obstante estar acostumbrada a las excentricidades de su clientela, no dejó de mostrar cierto asombro combinado con la curiosidad de recordar cual de sus más distinguidas clientes optaba por anunciar esa entrada tan ostentosa, espectacular e intimidante, pero no, no pudo recordar el apellido de quien anunciaba el modesto y servicial empleado. Alistó a su gente y me indicó que la señorita Esmenjaud podía pasar a disfrutar de sus servicios, volví a la camioneta no sin antes pasar por la puerta trasera y recoger la caja de madera con las sandalias de mi patrona, abrí la puerta y en plena calle deslicé una a una el par de sandalias para después terminar por retirar el cojín de seda que soportaba con delicadeza el descanso del objeto de mi obsesión, ese maravilloso par de pies, me dirigí apresurado para abrir la puerta del salón , no sin antes entregarle en propia mano su bolso, el teléfono móvil y el radio de onda corta que la gente de poder usa para localizar a su equipo de seguridad o sus choferes cuando estos no pueden entrar a los lugares que sus jefes visitan, para que antes de que cerrara la puerta del establecimiento después de su paso, me indicara con su tono firme y despectivo que no tirara la fruta que dejo en el desayuno, que comiera de ella pues consideraba un desperdicio convertir en basura algo que está al alcance de gente de mi nivel, ¿se puede humillar de manera tan contundente a alguien con una frase tan pequeña?!!!. Una vez que ingreso a recibir sus servicios me dirigí a la camioneta a cerrar vidrios y ventanas para esperar al pie de la misma las indicaciones que sabía me ordenaría en cuanto se acordara de mi presencia, afortunadamente para ambos el lugar que le asignaron se encontraba justo en frente del gran ventanal con vista a la calle desde donde yo tenía la mejor de las posiciones para ser testigo de la atención de reina que le esperaba, fue así que volví a ubicarla dentro del inmueble venía escoltada por su séquito de cuatro empleadas con apariencia de mucamas, las cuales eran precedidas por la encargada en jefe del lugar, dispusieron para ella un asiento en piel color rosa tipo “reposet” para que pudiera descansar mientras era atendida, para de inmediato acercarle el equipo necesario; fue entonces cuando a través del radio de onda corta vino mi primera instrucción -“Ramiro, tráeme mis sandalias de pedicura (las habíamos comprado en nuestro último viaje a USA, precisamente para cuando ella se sometiera a este excitante tratamiento) y llévate estás”. Afortunadamente no olvide lo que claramente me indicó desde su e-mail de la noche anterior, esas sandalias que son el mayor lujo que una verdadera amante de los tratamientos de pedicura se puede dar, me dirigí hacia ella seguido desde mi ingreso y hasta mi presencia ante ella por la mirada incesante de las más de 20 empleadas del lugar (pues aun y por la hora del día no había otra cliente) quienes contemplaban incrédulas la escena de dominio, control y a la vez sumisión de un hombre ante tal mujeron. -...“Pónmelas y guarda bien estás” atinó a ordenarme firmemente al verme dudar y sudar por la humillación pública a la que era sometido ante una boquiabierta encargada en jefe quien no podía creer lo que veía, regrese a mi posición de guardia mientras ella disponía, por lo que se podía apreciar, del acomodo a su gusto de las empleadas, el sillón y los artículos que le instalaban. ¡¡Vaya escena!! una mujer notablemente superior a las demás que le acompañaban en el acto, cómodamente instalada en su asiento; a sus espaldas una mujer que se ocupaba del corte y peinado de su delicado y bien cuidado cabello; a sus costados dos mesas que soportaban el equipo de manicura y el recipiente de agua en el que introducía sus manos como antecedente del comienzo; a sus hermosos pies una mujer, quien trataba de encontrar la combinación perfecta entre agua caliente y fría y las sales y aceites que complacieran a la exigente cliente que en más de una ocasión negaba la satisfacción que se pretendía para sus pies y como colofón de una escena soñada, un perro guardián a las afueras de lugar con las manos atrás esperando y siendo testigo de la escena que no he podido ver repetida fuera de las fantasías de los fetichistas y sumiso, y que ni siquiera algún director erótico había plasmado con tanta precisión. Continúa....
Autor: JCGC
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