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Accidente de automóvil
PRIMER DÍA: CONSECUENCIAS. En aquella tarde de domingo, iba conduciendo con cuidado por un camino rural, aunque el piso no era demasiado malo. A lo lejos, ví una bicicleta. Cuando me fui acercando, ví que era una señora joven. Al ir a adelantar, ella cayó literalmente sobre mi coche. Ella sola. No creo que ni siquiera mi coche la tocara. Inmediatamente bajé para socorrerla. Parecía asustada. No era nada, tan sólo algún cardenal, pero me dijo que no podía mover el pié, y que si podía llevarla a su casa. Y también a su bicicleta, claro, que había quedado en bastante mal estado.... Afortunadamente, su casa estaba cerca, y en unos minutos habíamos llegado. Ella no dijo una palabra en todo el tiempo, sólo algún gemido que hacía que su bonito rostro se afeara. De hecho, perfectamente podría ser una modelo, incluso apostaría por ello. Estacioné mi coche en la puerta principal. La casa tenía buen aspecto. La señora me dijo que la ayudara a salir del coche . Cuando abrió la puerta percibí que debía ser bastante adinerada, por el aspecto del mobiliario. La ayudé a sentarse en el sofá, y le traje un vaso de agua de la cocina. Interiormente pensé que había tenido suerte de que no fuese a llamar a la policía, porque los accidentes con lesiones siempre causan problemas, aunque uno no tenga la culpa. Pronto estaré de nuevo conduciendo, pensé. Cuando volví con el agua, observé que se había bajado los calcetines de deporte a la altura del tobillo, lo cuál me extrañó, pues anteriormente me aseguró que no se podía mover. Entonces me dijo que tenia muy doloridos los tobillos, y me preguntó si podía hacer algo por aliviarlos. -Por qué no, pensé. Como no podía moverse, según dijo, también me pidió que le ayudara a quitarse las nike. Así que me senté de rodillas en el suelo para quitárselos. Entonces me pidió que le quitara también los calcetines, cosa que también hice. Sus pies no paracían en absoluto lesionados, y tenía unas encantadoras uñas pintadas de rojo. Probablemente el trabajo de un verdader profesional de la pedicura. Perezosamente, ella puso sus pies entre mis piernas y yo comencé a masajearle los tobillos suavemente. Parecía gustarle. Pasado algún tiempo, me pidiò que le diese el masaje algo más fuerte. Me preguntaba si todavía le dolía de verdad el tobillo. -Ya que estamos, masajee todo el pié, me dijo. Empecé a masajear con cuidado sus talones, sus plantaas, sus dedos, sus tobillos. Ella parecía muy relajada. Se le había dibujado una sonrisa en su encantadora cara. Entonces fue cuando me insinuó lo peligrosa que podía haber sido la situación, y la suerte que había tenido de que no hubiese llamado a la policía. Me dijo que ese masaje le había sentado muy bien, pero también me preguntó si podía permitirme el lujo de pagar los gastos del accidente, porque según ella, toda la culpa había sido mía. Ella no podía moverse y necesitaba a una persona que la ayudase. -No, no, le dije asustado. No soy tan rico. Podíamos llegar a un acuerdo, si usted quiere... -Entonces será usted quien me ayude mientras estoy lesionada. Parece bastante bueno cuidando los pies. Yo creo que probablemente en un par de días me moveré con dificultad, además de no poder ir a trabajar. Si le parece, puede quedarse aquí, en una habitación que tengo arriba. Cuando me ponga bien, podrá usted irse y los dos nos olvidaremos del episodio. ¿De acuerdo? -bien, respondí. Tampoco tenía muchas opciones.. -Así me gusta. Natasha, Natasha Smith. Es un buen acuerdo -Stanley, sólo Stanley (yo mentí, no era mi nombre real). -Bien, Stanley, todo está claro. De hoy en adelante usted trabajará para mí como mi sirviente y fisioterapeuta, hasta que me ponga mejor, -dijo ella alegremente. ¿Podría ir a la cocina y traerme algo de comer? Un bocadillo será suficiente, dijo ella quitando los pies de mis piernas. Me dirigí a la cocina. La nevera estaba llena de golosinas. En seguida le había preparado dos sandwich de queso y un jugo de naranja y los llevé al salón. Ella todavía estaba en el sofá, descalza. -puede dejarlos aquí al lado. Y encienda la televisión, por favor. Ah, y tráigame el mando a distancia. Hice todo lo que me dijo, y empezaba a pensar que los días siguientes iba a estar muy ocupado. Al menos ella parecía cortés y comprensiva. Me senté en un sillón que había al lado del sofá mientras ella comía su sandwich. Entonces me dijo con voz suave: -usted prepara muy bien los sandwich, Stan. Gracias por comportarse como un caballero. Pero, ¿no olvida usted nada? -pues no lo sé, señora.... -mis pies, Stan. Tengo frío. Caliéntemelos con sus manos mágicas, como hizo antes... -yo pensé que lo que estaba haciendo era aliviarle el dolor. Ya no le duelen, Natasha? Si se encuentra mejor yo ya podría marcharme y olvidarme de todo este asunto. Su reacción me aturdió. De repente se puso muy seria y se la notaba enfadada. -venga aquí ahora mismo, Stan. No me enfade más, y dejemos las cosas claras de una vez por todas. Estuvo usted de acuerdo de quedarse como sirviente mientras yo estuviese enferma. Y va a cumplirlo. De momento, no vuelva a llamarme Natasha, porque usted y yo no somos iguales. Para usted, yo soy la señora. Y no vuelva a cuestionar mis órdenes. Va usted a ser mi sirviente, o me veré obligada a informar de todo el accidente a la policía. Y ya sabe lo que puede pasar. Tengo buenos amigos en la policía local, y me creerán a mí antes que a usted. Va a ser su miserable palabra contra la mía. Es la última oportunidad que tiene, o se va de aquí y se atiene a las consecuencias o se queda. Pero si se queda, lo hace con mis reglas, vale? Empezaba a pensar que la cosa se ponía seria. ¿Qué diablos había pasado con la señora seria, cortés y guapa que yo había conocido? Valoré la situación, y me dí cuenta de que tenía pocas alternativas. Si ella contaba las cosas a la policía a su manera, tendría que afrontar un juicio por atropello. No tenía más remedio que aceptar sus condicones. -lo entiendo perfectamente, señora. Me quedaré como sirviente por el tiempo que usted estime conveniente. -entonces no me haga perder más el tiempo. ¡Venga aquí inmediatamente y caliénteme los pies! Me puse en pié y volví a sentarme ante ella, con las rodillas en el suelo. Me puso los pies entre las piernas y comencé el masaje. Cómo me llegó a convencer, nunca lo sabré. Ella terminaba su segundo sandwich, dejó el plato en una mesita al lado del sofá y apagó la tele. -ahora, hablemos de lo nuestro. Su voz sonaba dura y fría. Ya que le gusta que le dejen las cosas claras, le voy a decir en qué consiste su trabajo aquí. Lamentablemente, no es usted un sirviente profesional, eso está claro. No sé en qué trabaja ni a qué se dedica, ni me importa. Aquí su trabajo consiste en servirme y obedecerme. Si comete un error, deberá afrontar el correspondiente castigo. Por supuesto, siempre puede usted dejarlo todo y afrontar a la policía...Ahora le diré lo que debe y no debe hacer, para que lo grabe en su mente. Odio repetir las cosas. Y no se moleste en responder, porque usted sólo está autorizado a decir: SÍ, SEÑORA. Todavía estaba masajeando sus pies, pensando en el lío en que me había metido. Sólo puede mirarla a los ojos con una mirada obediente. A continuación empezó a explicarme las reglas: -nunca me proteste por nada. -no me mire a los ojos a menos que yo se lo diga. -mis deseos para usted son órdenes. -no hable nunca, a menos que sea necesario, o yo se lo haya pedido. -debe mantener la casa limpia y ordenada. Deberá lavar mi ropa, preparar la comida, y mantener la casa en general. -para hacerlo más fácil: haga usted todo lo que yo le digo, de la forma en que a mí me gusta. A propósito, no me gusta su nombre. ¿De verdad pensó que me creí ese absurdo nombre? Qué tonto es usted. Le buscaré otro nombre, un nombre que le vaya mejor. ¡Ah!, se me ha ocurrido uno perfecto. Se llamará usted Mucamo. (con mayúscula...) Acostúmbrese a su nuevo nombre. Mi nuevo nombre, vaya caradura. Mejor que me diga mi nueva posición social. ¿Cómo una mujer tan bella puede ser tan cruel? -a ver, "señor Mucamo". Como no voy a poder ir al salón de belleza, también va a tener que ser mi esteticista. Supongo que podrá ocuparse de mi pelo si le doy instrucciones. Yo me encargaré de mis manos, pero el resto de mi cuerpo es cosa suya, sobre todo mis pies. Estoy orgullosa de mis pies, y siempre quiero tenerlos bonitos. Pero eso lleva su tiempo. Y yo no puedo agacharme, con este dolor que tengo. Y no todo consiste en masaje. Le proporcionaré también el vestuario adecuado. Ah, va a ser una convalecencia muy interesante, ya lo verá. Qué suerte haber encontrado un mucamo tan bueno y obediente como usted. Voy a disfrutar de todos los minutos que usted esté a mi servicio. Se está haciendo realidad uno de los sueños de mi niñez... Su voz era suave de nuevo. -cuando era niña, soñaba con ser Cleopatra, reina de Egipto. Y disponer de muchos esclavos que atendieran mis deseos. Soñaba durante horas, dando órdenes y castigando a los que desobedecían. Sólo tengo un sirviente ahora, pero tiene usted que hacerme feliz. Me parece que mi convalecencia va a ser más larga de lo que creía, más que lo que usted había imaginado. Desde ahora, yo soy Cleopatra y usted mi esclavo humilde. -¿Tiene usted idea de lo que los esclavos de Cleopatra harían para mostrarle su gratitud y sumisión?, me dijo empujándome con el pié derecho. -no, señora, respondí levantándome del suelo. -bien, pues no sepa nada. En realidad, no debe usted saber ni pensar nada. Con obedecer le basta. Ya pensaré yo por usted. -Ah, ya he "pensado", me dijo traviesamente. -En el medievo, un señor besaba la mano de una señora para mostrar aprecio. Un mucamo debe tener un gesto más humilde que eso. Ahora mis deseos son sus órdenes, dijo con voz seria. -Deberá usted besar mis pies cada vez que me quiera mostrar su gratitud. Incluso si llevo zapatos...Ni qué decir tiene que todo esto lo deberá hacer de rodillas. -Creo que lo entiendo señora, pero ¿en qué momentos deberé comportarme de ese modo? -Pero qué bobo es usted, me contestó. ¿Acaso debo aclararle hasta lo más obvio? Cada vez que me vea, mucama tonta. De hecho ya puede ir empezando, me dijo al tiempo que me apartaba de ella dándome con el pié en la cara. -vamos, mucamo. Acérquese hasta aquí y muéstreme sus respetos.... Inmediatamente, me acerqué de rodillas e inclinando mi frente hasta el suelo volví a besar sus pies. -¿Satisfecha, señora?, le pregunté. -Sí, pero no es exactamente la idea que yo tengo de todo esto. Creo que debemos improvisar algo. Veamos cómo se lo digo.. -En primer lugar, cada vez que usted bese mis pies, yo entenderé que sus únicas intenciones son las de rendirme culto. Recuerde de nuevo que yo soy la señora y usted el mucamo, y que mi posición es muy alta respecto a la suya. Ahora probaremos algo más sofisticado, seguro que usted puede hacerlo. -Bien, para empezar suprimiremos ese trato de usted con que me he dirigido a ti hasta ahora. Ya sé que tu condición de mucamo no me da derecho a hacerlo, pero el caso es que a mí me apetece. ¿Tienes algún problema en que así sea, mucamo? -No, no, señora. Es más, creo que no merezco el trato de usted que hasta ahora me ha dispensado. -Así me gusta, que haya consenso. Ahora arrodíllate ante mí, pero pon las manos en el suelo y agacha la cabeza. De este modo podré descansar mis pies en tus manos, mientras tú te dedicas a decirme cosas bonitas. Vamos, vamos, al trabajo! Ejecuté con precisión las órdenes que me había dado y le ofrecí las palmas de las manos para que apoyara en ellas sus pies desnudos. Cuando lo hizo, tuve la ocasión de verlos más de cerca, y sin poderlo reprimir posé un suave beso en cada uno de ellos, pese a que eso no entraba en el guión. -Aquí tiene un mucamo, señora. Ordene y la obedeceré. Lo grave era que me empezaba a creer ese papel, y más todavía, que estaba empezando a gustarme. Nunca lo hubiese sospechado, pero el hecho es que así era. -Bueno, bueno. Esto va bastante bien. Ya empiezo a sentirme como una reina, pero no me gusta que hables tanto. No estás aquí para hablar, sino para escuchar y obedecer, recuérdalo. Así que de momento limita tu vocabulario a "sus deseos son órdenes" y poquito más. -A propósito, me acabo de dar cuenta de que me agrada sentir el calor de tu respiración en los pies, así que quédate ahí abajo un ratito más respirando para mí. Y no olvides quitarte el reloj en posteriores ocasiones. Hace demasiado ruido al tocar el suelo, y además no te hace falta para nada. Atendiendo sus órdenes, permanecí a sus pies "respirando" para darle calor. Estuve tentado de volver a besarlos, pero no me atreví. -Esas manos son una buena alfombra para pies, mucamo, así que acabas de ganar el segundo título honorario: eres una buena calefacción de pies y un mucamo personal. Qué versatilidad, no? No es estupendo? -Sí, señora, es magnífico, le dije sin dejar de calentarle los pies con mi respiración. -¿Sabes, mucamo? Me gusta esta escena. Aquí estoy recostada en este diván como una reina, con un hombre a mis pies en actitud sumisa y obediente. Sinceramente, me parece que eres mejor que el perro que tenía. Deberías verte en un espejo, me dijo sonriendo jovialmente. Si alguien te viese, diría que eres una alfombrilla calientapiés. Y lo mejor de todo es que me perteneces, y puedo hacer contigo lo que me plazca. Cuando termine con tu entrenamiento, serás mi mejor obra. Aprendes rápido, y eso me gusta. Estoy segura de que con mi ayuda te convertirás en un mucamo muy capacitado. Qué envidia me tendrán mis amigas cuando vean cómo trabajas... Incluso te podría prestar por horas. Más tiempo no, porque prefiero que me sirvas a mí, pero siempre es una opción. Estoy tan ilusionada por que te vean mis amigas! De hecho, mañana tendremos aquí una fiesta, sí, lo acabo de decidir. Escucha atentamente, porque este es tu programa de actos para mañana, mucamo: -en primer lugar, te ocuparás de la comida. Me gustan las cosas simples y ligeras: sandwiches, ensaladas, tostadas, menestra, queso y zumos. El vino y demás bebidas alcohólicas están en la barra, al lado de la tele. En la nevera hay cerveza fría. Por mi parte, procuraré no molestarte para que puedas hacer las tareas, pero no te prometo nada. -A mediodía, tendrás treinta minutos libres, después de servirme el almuerzo. Después prepararás la cena para mis invitadas. Y después me ayudarás a acicalarme. Quiero que mis amigas me encuentren impecable incluso en el más mínimo detalle, de la cabeza a los dedos de los pies. Me prepararás el baño, me atenderás durante el baño, y me ayudarás a arreglarme el pelo. Luego me darás un masaje integral con una loción que yo te diré, y finalmente te ocuparás de mis pies. Mañana te daré más detalles, no obstante. ¡Dios mío, qué feliz soy!. Eres para mí como un boleto premiado, mucamo. -Y mañana te presentaré a mis amigas como mi mucamo personal. No creo que tenga que decirte que para mañana espero de ti el mejor de los comportamientos. Si al final del día no estoy satisfecha serás debidamente corregido. Aquí no habrá más hombre que tú, así que toma conciencia de la situación. -Como continuaba respirando a sus pies no podía verle el rostro, pero podía adivinar por su voz que ella estaba entusiasmada como un niño pequeño consentido. Intuía que mañana iba a ser un día duro para mí, sin embargo estaba extrañamente ilusionado también, aunque objetivmente no tenía ningún motivo. ¿Qué me estaba pasando, diablos? -Vale de respirar, mucamo, me dijo mientras me lanzaba lejos de ella empujando con la planta de su pié sobre mi cara. Me voy a acostar, ven a ayudarme. -Sin hacerme caso (debido a su patada yo estaba a dos metros de ella de espaldas en el suelo) se puso de pie y subió hacia su dormitorio. Un chasquido de sus dedos me pareció que significaba que la siguiera, así que eso hice. Su dormitorio era grande, ordenado e inteligentemente amueblado. En el centro había una gran cama cubierta por un edredón rosa. La ayudé a desnudarse, a ponerse el camisón y aparté la manta para que pudiese acostarse. Ya sentada en la cama me ordenó que le limpiara las plantas de los pies, pues se habían ensuciado por culpa de no tener a punto sus zapatillas cuando debía.... Así que procedí a arrodillarme ante ella y limpiar el polvo de sus plantas cuidadosamente, usando los dedos. Cuando terminé con el pié derecho, lo deposité cuidadosamente en el suelo y procedí con el otro. Cuando terminé, tomé cuidadosamente sus dos pies en mis manos, les dí un beso de buenas noches y también le dí las buenas noches a mi señora. Ella alzó sus pies y se metió en la cama sin decir palabra. La arropé y salí de su dormitorio cerrando cuidadosamente la puerta tras de mí. Mi cuarto estaba junto al suyo. Era pequeño, pero no estaba mal. Una puerta pequeña daba a un diminuto cuarto de baño. No parecía en concordancia con el resto de la casa, pensé. El baño principal estaba enfrente del dormitorio de la señora. Sin embargo también se podía acceder desde él al dormitorio. Este sí era grande, y estaba magníficamente decorado. La bañera, como una pequeña piscina redonda, estaba en un rincón, con cortinas para mantener la privacidad si fuese necesario. Al lado había un sillón con un taburete reposapiés, y las zapatillas de la señora. Enfrente, un gran armario lleno de zapatos de todo tipo. Al lado del armario grande, había uno más pequeño donde se guardaban toallas. Y sobre él pude observar toda clase de cremas de belleza y lociones, incluso un equipo de manicura (limas, tijeras, quitaesmaltes, almohadillas, laca...) . Detrás de la puerta estaba el cesto de la ropa sucia, y un enorme espejo ocupaba por completo una de las paredes. Me pregunté qué acontecimientos me esperaban en los próximos días, pero no acerté a responder. Cogí sus zapatillas, las llevé a mi cuarto y las puse sobre un armarito pequeño que tenía. Así no las olvidaré la próxima vez, previne. Bajé a la cocina para familiarizarme con la ubicación de los elementos y utensilios. Fregué los platos y salí a la calle para aparcar mi vehículo en la parte trasera de la casa, ya que no lo iba a necesitar durante un tiempo. Finalmente, me retiré a descansar, para tomar fuerzas para el día siguiente, que se presentaba movido. Me acosté y me dormí rápidamente..... CONTINUARÁ, ESO ESPERO.. santiagoo
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