¿De que se trata?...

 

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He aquí una historia sobre Nasrudin, quien durante siglos fue personaje central de las leyendas orientales: Un vecino fue a pedir prestada a Nasrudin una cuerda para tender la ropa. “Lo siento”, dijo, “pero estoy secando harina en ella”. “¿Pero, cómo puedes secar harina en una cuerda?” “Es menos difícil de lo que te imaginas cuando no la quieres prestar”. Este ejemplo muestra algo sobre una de las actividades de la mente humana: la capacidad de razonar. Si no queremos aceptar o hacer algo, siempre encontraremos “buenas” razones para negarnos e incluso para convencernos a nosotros mismos de que no lo podemos hacer. En esta historia tenemos un modelo exacto de dicho proceso, aun cuando nadie en esa época lo llamara “racionalización”. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


La psicología y la vida 

Todos somos en cierto modo psicólogos. En nuestra vida diaria hacemos lo que un psicólogo hace en un laboratorio. Observamos a nuestros compañeros humanos y escuchamos lo que dicen, Observamos cómo reaccionan ante lo que hacemos. Juntamos toda la información de nuestras observaciones y establecemos teorías (las personas de baja estatura son agresivas; las mujeres, nerviosas para manejar; los estudiantes de pelo largo fuman marihuana, etc.). Luego probamos estas teorías observando si nuestras predicciones son acertadas o buscamos alguna evidencia para apoyarlas. A menudo nos equivocamos, aun cuando no lo admitamos fácilmente. Nuestro sentido común puede ser suficiente en varias situaciones y tareas, pero también nos puede llevar a falsas conclusiones y hacer inútil nuestro trabajo. Muchas de nuestras ideas sobre la naturaleza humana, la personalidad o las influencias culturales pueden no ser más que simples prejuicios o estar basadas en suposiciones derivadas de nuestra propia naturaleza, personalidad y educación. Posiblemente seamos malos observadores de los fenómenos, personas que no discriminan la información, o también carecer de una adecuada capacidad para asimilar las ideas complejas, y todo ello nos puede llevar a un mal empleo de la psicología, es decir, a “psicologisar”. Resulta fácil tratar de explicar o entender el comportamiento, secundar argumentos falsos o demasiado simplificados para apoyar nuestras proposiciones. Decimos, tomando un ejemplo sencillo, que: “La violencia característica en las familias numerosas y pobres, se debe a las condiciones de hacinamiento en que viven”. ¿Por qué? Porque todos sabemos que si muchas ratas son puestas en una jaula pequeña, al final se atacarán unas a otras, llegando incluso a matar a las más débiles. La idea es interesante, la inferencia, tentadora, pero los supuestos son incorrectos. Es cierto que algunas personas pueden reaccionar violentamente y que otras pueden sentir pánico o inquietud en condiciones de hacinamiento, pero la mayoría no lo hará. Aun para las que sí lo experimenten, podría haber muchas razones que explicasen su comportamiento evidentemente típico”. Las ratas no son iguales a los humanos y éstos no son iguales entre sí. Las ratas almacenan sus alimentos, algunos gitanos también. ¿Son avaros todos los gitanos? ¿Matarían a sus hermanos en una caravana con demasiadas personas? No. Sin embargo, este proceso de simplificar el mundo en que vivimos, estableciendo analogías entre cosas sin relación alguna, puede dominar todas nuestras respuestas, incluyendo nuestro estilo de vida. 

Cuanto más compleja o desconcertante es una situación, tanto mayor es nuestro deseo de simplificarla. Los psicólogos se estremecen ante esta tendencia. Alegan que mientras más complejas sean las situaciones a las cuales nos enfrentamos, tanto mejor, si es que estamos interesados en la verdad sobre nosotros y en nuestra forma de comportarnos. Cuanto más maduros seamos, menos tendremos que simplificar o psicologisar y mejor será nuestra adaptación a la vida real, lo cual no es sencillo. A esto se debe que los psicólogos intentan seguir los métodos científicos. 

 

Descifrando los misterios 


Hace unos cien años, la idea de adoptar un criterio científico para el estudio de las personas fue una emocionante novedad. En aquella época parecía un gran progreso el descubrir qué tan grande tenía que ser la diferencia entre dos pesos para que una persona -cualquier persona- fuera capaz de discriminar esa diferencia. Luego se descubrió que más o menos sucedía lo mismo cuando se juzgaban diferencias en cuanto a la intensidad del volumen, color o longitud de las líneas. Este fue un descubrimiento importante: implicaba que el ser humano se comporta en formas regularmente repetibles y predecibles, para las cuales resulta apropiado un método experimental de investigación. Este desarrollo condujo directamente a los grandes progresos subsecuentes que tuvieron lugar por el uso de métodos científicos para tratar de responder a la pregunta: “¿Cómo nos convertimos en adultos competentes?”. Todos empezamos como niños indefensos: por lo menos una parte de la nueva conducta, adquirida a lo largo del camino del desarrollo hacia la edad adulta, debe ser aprendida: ¿cómo opera entonces el proceso del aprendizaje? La primeras respuestas científicas fueron las del psicólogo ruso Pavlov y las del psicólogo norteamericano Thorndike. Ellos demostraron que el aprendizaje se basa en la recompensa y el castigo, pero sus descubrimientos fueron más sutiles de lo que sugiere este enunciado. No cualquier recompensa, dada en cualquier momento, funciona: debe ser algo verdaderamente deseado por el organismo a un nivel biológico y debe llegar rápido (aproximadamente medio segundo) después de haber ocurrido la conducta que se debe aprender. Ahora sabemos que el aprendizaje en realidad es un proceso mucho más complicado, pero esa fue la semilla de donde surgió gran parte de la psicología. Un aspecto importante del trabajo de Pavlov y Thorndike fue su experimentación con animales. Con otros innovadores, fueron capaces de demostrar que el aprendizaje del comportamiento humano se puede relacionar confiadamente con el mismo proceso de los animales inferiores. Esto no significa -como vimos en el ejemplo de las ratas y los gitanos- que los humanos se comportan como los animales, sino que ambos aprenden algunos de sus patrones de conducta de manera similar. En realidad, los humanos hemos aprendido mucho acerca de nosotros mismos, al investigar metódicamente aspectos específicos del comportamiento animal. De este modo, a la psicología se le daba el nombre de “ciencia de la conducta”, o, en forma más precisa, “ciencia del comportamiento de los organismos”. Pero una definición más antigua fue la de “ciencia de la vida mental”. Muchos psicólogos modernos están regresando a esta definición que hace de la “conciencia” un concepto central y propicia el estudio de los sueños, la fantasía, los recuerdos, los procesos del pensamiento, las sensaciones, etc. -es decir, de todos los aspectos del funcionamiento mental. 

Los primeros psicólogos, en particular los primeros conductistas, negaban la importancia de dichos fenómenos o los veían como tipos especiales de comportamiento. Argüían que, por ejemplo, los pensamientos tienen muy poca relación con lo que la persona piensa, es o hace en realidad. Un hombre puede considerarse a si mismo como un león, pero ser visto por sus amigos como un ratoncito, como un apacible y gentil sujeto con ideas un poco ridículas. De acuerdo con los conductistas, lo que hace es lo que en realidad importa a los demás y, a la larga, a él mismo. Las acciones dicen más que las palabras. 

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La psicología como ciencia 

Como ciencia moderna, la psicología ha entrado a una etapa excitante, en la cual un descubrimiento sigue a Otro. Las técnicas de investigación se han venido desarrollando firmemente a lo largo de este siglo y los resultados de muchos experimentos psicológicos posteriores poseen una autoridad y una claridad de las que carecían los trabajos iniciales. Estos resultados, fundidos en un cuerpo teórico, también se han vuelto más accesibles e inteligibles y, como tal, pueden ser de mucha mayor utilidad para cada uno de nosotros. ¿Es la psicología, entonces, una respuesta a nuestros problemas? ¿Explicará satisfactoriamente todo nuestro comportamiento? ¿Nos ofrecerá los medios para “curar” la conducta que calificamos de “mala”? ¿Abrirá nuestra mente? No es tan sencillo como eso. 


Una cuerda de muchos hilos 
Existe un sorprendente número de teorías que llevan a la interpretación e investigación psicológica. Originalmente algunas fueron formuladas como respuesta a las preguntas que parecían importantes en el momento de su concepción o que parecían acordes con las ideas filosóficas prevalecientes. Por ejemplo, es posible atribuir la paternidad de las ideas freudianas tanto al clima social e 
intelectual de la Viena victoriana tardía, como a la originalidad del maestro. El trabajo del gran psicólogo suizo, Jean Piaget, sobre la inteligencia, puede considerarse indeleblemente asociado con la tradición intelectual racionalista europea. La proliferación y amplia aceptación de las teorías conductistas se puede hallar en el predominio de las ideas científicas norteamericanas de la segunda 
mitad del siglo XX. Inclusive, el interés tan común por la psicología oriental coincide con nuestra fascinación contemporánea por la conciencia del sí mismo. Sin embargo, la transitoriedad de las condiciones en que se concibe una teoría no deben afectar ladurabilidad de su validez o utilidad más de lo que, el hecho de que Mozart haya muerto hace cerca de 200 años, pueda afectar el significado de Don Giovanni. Por lo tanto, no es sorprendente que la psicología no sea la disciplina sencilla que podríamos desear que fuera. Su patrón ha sido tejido intrincadamente por varias teorías como las que dan preponderancia a los procesos cognoscitivos, a las etapas críticas del desarrollo, a las metas y aspiraciones futuras, a las expectativas y presiones sociales, a los “impulsos”, a los fenómenos del “aquí y ahora” o al hecho de que “así nacimos”, etc. 

Con tantas y tan diferentes conjeturas sobre la naturaleza humana, resulta difícil saber exactamente qué necesita ser investigado y explicado. Cada teoría no sólo lleva a sus propias preguntas, 
también tiende a mostrar cierta preferencia por una metodología que puede ser diferente de todas las demás. Esto puede dar como resultado, y a menudo sucede, que los hallazgos logrados por un 
solo punto de vista sólo sean imperfectamente compatibles, o estén en completo desacuerdo con los de otros. El comportamiento, por así decirlo, no es algo que se pueda entender o definir con la precisión de, por ejemplo, el funcionamiento de una caja de velocidades automática o incluso de una computadora. Sin embargo, la psicología científica nos provee de un marco de referencia, así como de muchas claves para la interpretación de la conducta humana. 

Por lo cual examinaremos algunas de las áreas centrales de la psicología, vistas por un psicólogo cuyo entrenamiento inicial se desarrolló dentro de la escuela conductista y quien proclama su 
importancia en la psicología contemporánea. Este planteamiento tiene como objeto estudiar las respuestas observables (actividades, movimientos), las cuales también deberán ser medibles. Aun cuando existe un considerable desacuerdo respecto de lo que constituye la “conducta” en sí misma, la mayoría de los psicólogos estarán de acuerdo en que la conducta es lo que. “visiblemente”, un organismo hace. 

Esta Introducción Breve a la Psicología no intentará explorar los límites de la teoría o la práctica psicológica donde la explotación y el descubrimiento continúan. Busca proporcionar el tipo de mapa que nos muestre los caminos más importantes, los principales puntos de llegada, así como las rutas secundarias más útiles para llevarnos por un país grande y poblado, más que proveemos del plano a gran escala que se emplearía para encontrar el camino, a pie, a través de un kilómetro de terreno boscoso. 

En La máquina suave se destaca la importancia del cerebro y de nuestros sentidos -es una introducción a la psicología fisiológica y a los misterios de cómo, lo que llamamos “materia gris” (localizada en la parte más alta de nuestra cabeza). controla nuestra conducta y cómo los órganos sensoriales, los cuales aparentemente nunca fallan -aunque algunas veces si lo hacen- influyen en ella. 

En Vivimos y aprendemos se explica el proceso del aprendizaje y se demuestra que es básico en toda conducta. Sin la capacidad para aprender no podríamos sobrevivir ni desarrollarnos como seres humanos. En el recuerdo y el olvido se explora la forma como almacenamos lo aprendido. Este capítulo también ofrece consejos prácticos sobre cómo mejorar la memoria. En La búsqueda de un motivo y La revelación de nuestros sentimientos volvemos nuestra 
mirada hacia las fuerzas, sentimientos y actos que dirigen nuestra conducta. 

En “Soy lo que soy” se hecha un vistazo al concepto de la personalidad, así como a la manera en que algunos psicólogos “unen todas las piezas”. Descubriremos que la personalidad significa mucho 
más para los psicólogos que una sonrisa abierta y un apretón de manos. En este capítulo también se proporcionan ejemplos de cómo los psicólogos empiezan a medir la personalidad. En el capítulo denominado Descarrilándose se consideran algunas de las formas en que las personas dejan de actuar adecuadamente. Aquí se habla de las enfermedades psicológicas y de las esperanzas que las diferentes terapias ofrecen a la persona mentalmente enferma o que tiene una 
conducta mal ajustada. Finalmente, en Hacia un mundo mejor se analiza brevemente el papel que la psicología podrá tener en el mundo del mañana y se pregunta cómo podrá contribuir al mejoramiento cualitativo de la raza humana. 

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La psicología a nuestro servicio 

La psicología no se relaciona únicamente con el mundo en general. Se relaciona con los individuos dentro de su propio mundo y se puede aplicar a la vida diaria. Pero muchas personas -quizá la gran mayoría- simplemente no saben cómo esta ciencia de la mente y la conducta los puede ayudar a superar y a enfrentarse a los problemas de la vida. A menudo ello se debe a la idea de que el conocimiento psicológico sólo se puede adquirir mediante la lectura de difíciles textos académicos. 

A continuación se usa el método de pregunta-respuesta para proporcionar una guía que nos lleve al fondo de la materia. 

¿Cuál es la diferencia entre psicoanalistas, psiquíatras y psicólogos? ¿No son todos ellos “médicos encargados de curar la mente”? 

El psicoanalista practica y cree en el psicoanálisis, en las teorías y métodos desarrollados a partir del trabajo de Sigmund Freud y sus discípulos. Se trata de un método especifico de tratamiento de los desórdenes mentales, el cual consiste en investigar y explorar los procesos inconscientes de la mente. Las causas de un desorden, como es el caso de los recuerdos reprimidos de la niñez, son sacados a la superficie e identificados como parte del proceso terapéutico. Generalmente, los psicoanalistas son médicos calificados con un entrenamiento adicional en técnicas analíticas. Como parte de su entrenamiento, muchos deben someterse a un análisis personal. 

La psiquiatría es una rama específica de la profesión médica, se podría decir que los psiquíatras son “los médicos de la mente”. Todos son médicos calificados. La psiquiatría intenta prevenir, evaluar y tratar las enfermedades mentales. Como una extensión de la profesión médica, la corriente principal de la psiquiatría tiende a considerar la conducta desviada o anormal como algo equivalente a lo que solemos llamar “enfermedad mental”. Pero algunos limitarán este término “enfermedad” a estados tales como la esquizofrenia. Los métodos de tratamiento varían de acuerdo al psiquiatra y a la naturaleza y grado de complejidad de los problemas del paciente. Los 
métodos incluyen la psicoterapia, la farmacoterapia, y menos comúnmente, la electroterapia. 

La principal diferencia entre los psiquíatras y los psicólogos clínicos -aquéllos que están entrenados para tratar con las mentes “enfermas”- consiste en que los primeros tienen la capacidad de utilizar drogas y electroterapia, además de la psicoterapia, en un intento por alterar los patrones de conducta o curar lasenfermedades. En cambio, los psicólogos sólo emplean la psicoterapia. No obstante, comparado con el psiquiatra, el psicólogo elabora un espectro de estudio y experiencia mucho más amplio como base de operaciones. El psicólogo habrá estudiado la conducta de los animales y de las personas en sus estados normal y anormal, esperando arrojar alguna luz sobre por qué los organismos se comportan como lo hacen en el “vida real”. 

¿ Qué clase de problemas se supone que los psicólogos deben ayudarnos a resolver? 

Como profesión, la preocupación de la psicología es el bienestar del ser humano. Presupone que los seres humanos sanos dan lugar a una sociedad sana, la cual, a su vez, hace que la vida sea agradable y provechosa. Para lograr esto, los psicólogos tratan de entender cómo y por qué las personas actúan como lo hacen. Existen por lo menos treinta subdivisiones identificables dentro de la práctica de la psicología -muchas de ellas ahora se toman como disciplinas distintas-, cada una de las cuales ha contribuido de una manera notable y ha mantenido celosamente sus contribuciones al campo total de la psicología. 

¿Podría yo familiarizarme con lo que hacen los psicólogos? 

Todos podemos encontrarnos con algunos de ellos. Los psicólogos trabajan en las escuelas, en los servicios de asesoría y orientación; existen los psicólogos infantiles, sociales, fisiológicos, experimentales, académicos, industriales, vocacionales, de ingeniería y del espacio, militares, psicoterapéuticos y clínicos. Aun más, los psicólogos están interviniendo en la política, dando asesoría en cuestiones que van desde la discriminación racial y la violencia en los medios de comunicación masiva, hasta las estrategias militares y las condiciones ambientales de la vida urbana. 

Cada año se llevan a cabo miles de experimentos, en todo el mundo, sobre asuntos tan variados como las causas de ser zurdo”, del constante movimiento de los párpados, de las formas de persuadir a un adicto a dejar la bebida, el cigarro o las drogas, los patrones de crianza de los niños (que los harán convertirse en adultos felices y competentes), de cómo prevenir las enfermedades mentales y los desórdenes conductuales, así como la manera de promover una eficaz vida cooperativa, etc. -casi cualquier aspecto de la vida puede ser investigado por los psicólogos y casi ningún problema está tan alejado de la conducta humana que no pueda ser de utilidad. 

A pesar de tener muchas teorías diferentes y evidentemente conflictivas, y a pesar también del gran número de “curanderos” sin entrenamiento y algunas veces peligrosos -que insisten en usar el 
término- la psicología actualmente es una disciplina profesional tan reconocida como el derecho o la medicina (y se puede complementar con ambas).
 


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