Son los valores lo que perfeccionan al hombre en lo más íntimamente humano, y haciéndolo más humano, con mayor calidad como persona.
Es necesario que los adultos aprendamos a sacar provecho de los momentos difíciles para convertirlos en experiencias valiosas que nos permitan ofrecer al niño las lecciones que le servirán para comportarse de manera apropiada ante las circunstancias que se le presenten.
Los valores morales surgen primordialmente en el individuo por influjo y en el seno de la familia, y son valores como el respeto, la tolerancia, la honestidad, la lealtad, el trabajo, la responsabilidad, etc.
Para que se dé esta transmisión de valores son de vital importancia la calidad de las relaciones con las personas significativas en su vida, sus padres, hermanos, parientes y posteriormente amigos y maestros. Además es de suma importancia la comunicación de la familia. Cuando el niño ha alcanzado la edad escolar se hará participe de esta comunicación abierta, en la toma de decisiones y en aportaciones sobre asuntos familiares.
De ahí la importancia de no perder de vista el ocuparse de la educación de los niños, la cual abarca no solo los llamados buenos modales, sino los buenos sentimientos y los pensamientos positivos, que se reflejan en conductas que el niño, su familia y la sociedad consideran buenas.