El primer ferrocarril construído en la
República Argentina
Crónica de William Rögind
"Hace apenas 70 años que la primera línea
férrea fue tendida en la República Argentina.
Desde entonces, desde que la primera locomotora inició
esa actividad, que es el factor más eficiente
de progreso económico y social, por las energías
productoras que estimula y por las comunicaciones que
establece entre las poblaciones, no ha pasado año
sin que nuevos rieles hayan extendido el radio de acción
de los ferrocarriles hasta alcanzar su actual importancia
que coloca a nuestro país por la longitud de
sus caminos de hierro en el sexto lugar entre todos
los países del mundo.
Marcó el génesis de nuestra red ferroviaria
aquel ferrocarril de 10 kilómetros de extensión
que fue inaugurado el 30 de agosto de 1857.
La reducida línea de entonces se ha extendido
en la hora actual hasta 37.000 kilómetros, que
es la longitud total de las vías férreas
del país, según datos compilados el primero
de octubre del corriente año (1927).
Un grupo de hombres bien intencionados y patriotas se
organizó bajo la denominación de Sociedad
del Camino de Hierro de Buenos Aires al Oeste, presentándose
al gobierno de la provincia de Buenos Aires, en setiembre
17 de 1853 para obtener la concesión y privilegio
de construir un camino de primer orden, cuyas conducciones
se efectuarìan por locomotoras: Don Jaime Lavallol
y sus hijos, don Mariano Miró, don Manuel J.
De Guerrico, don Bernardo Larronde, don Norberto de
la Riestra, don Adolfo Van Prael y don Daniel Gowland,
formaban aquella primera sociedad que movida solo por
un sentimiento de progreso y amor patrio se lisonjeaba
con la idea de poder dotar al paìs de un medio
de circulación, destinado a cambiar la faz del
territorio atravesado.
Cuando debía darse comienzo a las obras, la Comisión
Directiva de la Sociedad se presentó nuevamente
al Gobierno, pidiendo autorización para reemplazar
la fuerza del vapor por la tracción animal.
La solicitud expresando los fundamentos que la motivaban,
manifiesta la conveniencia de adoptar el nuevo sistema
porque "emplea el caballo tan barato en el país
en vez del carbón fósil, tan caro en él;
produce en verdad menos velocidad que el otro, pero
produce sin embargo la bastante, es decir, toda la que
en el estado actual de nuestro país puede necesitarse."
"Nada se aventajaría, agrega, con que una
locomotora puede hacer al día varios viajes que
de cierto no los haría, porque no tendría
objeto ni utilidad en ello."
La razón fundamental de éste cambio de
la fuerza locomotriz quedó veladamente oculta.
La suscripción de acciones no respondió
a las esperanzas cifradas por los iniciadores y ante
la perspectiva del fracaso, fue menester arbitrar este
recurso salvador: reemplazar la locomotora por el caballo.
Sabida es, decía años después don
Norberto de la Riestra en el senado de la Provincia
"que la Empresa del Ferrocarril al Oeste tuvo que
andar pidiendo de puerta en puerta, suplicando a los
accionistas, llamando no al interés individual
sino a su patriotismo, para que concurrieran a una obra
de que no esperaban sacar mediano lucro, sino consultar
el beneficio del país."
El material de vía permanente fue pedido a Inglaterra
sin especificar la trocha, recibiéndose el correspondiente
a la trocha de 1,676 metros (5´ 6´´)
que estaba, según se dice, destinado a los ferrocarriles
de la India.
"La Porteña"
Primera locomotora que corrió en la línea
del Ferrocarril Oeste
Diámetro de la ruedas..........................m
1,22
Diámetro de los cilindros.......................
0,254
Carrera de los cilindros.........................m 0,381
Número de tubos.....................................52
Diámetro de tubos.................................m
0,051
Peso de la locomotora vacía tons............12,67
Peso en orden de marcha tons.................15,80
Largo entre cabezales............................m 5,38
Tal
fue el origen de la llamada trocha ancha en la República
Argentina.
La primera locomotora "La Porteña"
construída en 1854 en los talleres de Manning
Wardle y Cía en Leeds con destino a los ferrocarriles
de la India, fue utilizada por primera vez en la guerra
de Crimea y terminada ésta vendida como mercancía
de poco uso.
De vuelta al país de su origen, quiso la casualidad
que fuera adquirida para el Río de la Plata.
A principios de agosto de 1857 la línea estaba
concluída y la comisión directiva marchando
a pie por la vía se propuso cerciorarse de su
buena ejecución antes de librarla al servicio
público.
El Gobierno por su parte había auxiliado a la
Sociedad en la medida que lo permitían los escasos
recursos del tesoro público suscribiendo primero
300.000 pesos y prometiendo un millón más,
cuando se hubiera terminado la línea.
Entre tanto la obra había costado 6.900.000 pesos,
de los cuales 2.000.000 correspondían a la suscripción
de particulares, 1.300.000 a la del Gobierno y el saldo
de 3.600.000 pesos, pesaba como deuda personal de los
miembros de la Comisión Directiva.
Al fin llegó el momento de inaugurar el ferrocarril
hasta San José de Flores.
La crónica cuenta que el día anterior,
es decir el 29 de agosto, se llevó a cabo una
experiencia definitiva, efectuando el primer recorrido
un tren que conducía a la Comisión Directiva
remolcado por La Porteña diijida por el ingeniero
don Juan Allan, mientras que el nuevo administrador
don Bernardo Larronde temeroso de algún contratiempo,
hizo el trayecto a caballo a manera de piloto.
Pastor S. Obligado nos ha contado en su manera insuperable
lo que pasó en éste primer viaje y he
aquí la reproducción:
Al fin, pues aquí abajo todas las cosas tienen
fin, en el último reconocimiento decidióse
la comisión Directiva a subir en cuerpo y alma,
aunque llevando el alma en un hilo, afrontando con gran
valor el viaje de ensayo. Y como a la ida marchaba todo
bien, regresaba la máquina con mayor velocidad,
a razón de 25 millas por hora, cuando cerca del
puente del Once de Setiembre, sin decir Agua vá!
Agua vino por demás caliente en su descarrilamiento,
cayendo desde el alto terraplén a la zanja.
Tumbado el vagón de encomiendas, las cabezas
del secretario Van Praet y del vicepresidente Gowland
chocaron fuertemente, al mismo tiempo que la del tesorero
Francisco Moreno golpeaba al robusto señor Lavallol
hasta dejarle un momento sin respiración.
Don Mariano Miró que viajaba fumando, fue fumado,
saliéndole humo por la espalda y no por las narices,
pues asustado el habano huyó de su boca dando
media vuelta a la derecha para esconderse entre ropa
y carne, debajo de sus asentaderas.
Los otros señores de la Comisión Directiva
salieron mejor parados y en asamblea improvisada a campo
raso resolvieron no resolver nada; es decir, no decir
cosa alguna a persona viviente, sobre aventura locomotriz
tan poco edificante, tapándose oídos y
boca y alguna otra cosa machucado, para que no fuera
a traslucirse lo sucedido.
Cuando llenas de ansiedad sus inquietas esposas salían
a preguntar: como habían pasado, los maltrechos
y graves señores con semblante compungido que
se esforzaban en presentar risueño contestaban:
"muy bien" disimulando chichones y cardenales.
Aquel año no hubo "Santa Rosa". La
linda limeña, caprichosa como toda deidad, no
se daba a los vientos de otros años. Reservaba
sus ímpetus sin duda para el siguiente en el
cual como en 1780, no dejó títere con
cabeza, viejo con peluca, mástil con vela, ni
chimenea con veleta, bien que contadas eran las estufas
fuera de casa inglesa.
La mañana azul de ese sábado a la hora
en que generalmente andan trancando puertas y ventanas
en previsión de tormentas y ventarrones, amaneció
tibia, perfumada, transparente llena de dorada luz y
de tan suave brisa que parecía aurora de anticipada
primavera.
Leve viso de tisú argentado con que el alba velaba
sus encantos, sonrosó las primeras horas matinales,
y cuando el sol desde el zénit derramaba claridades
explendentes, todos los habitantes se echaron a la calle
en traje de día de fiesta.
Sin duda, que era una gran fiesta. banderas, gallardetes
y flámulas de todos los colores al viento, músicas
militares poblaban los aires con marciales armonías
que entusiasmaban los ánimos.
Hombres, mujeres, ancianos y niños se diriían
en grupos interminables hacia el parque y una concurrencia
tumultuosa se desbordaba por puertas y ventanas, balcones
y azoteas, mientras una multitud de muchachos colgados
de los árboles y faroles parecían racimos
humanos.
No menos de 30.000 espectadores se calculó -
cuarta parte de la población de la ciudad - cuyo
número duplicábase a lo largo de la vía
hasta la Floresta, por uno y otro costado.
A pie, a caballo, en carruaje, carreta, carro, carretilla,
castillo de cañas y en toda clase de vehículos
el pacífico ejército extendía línea
de dos leguas, saludando con aclamaciones, pañuelos
y sombreros, la primera locomotora que adornada de flores
y banderolas corría a vencer el desierto, flameando
en alto su estandarte de humo y llamas.
En el centro de la plaza, se alzaba un altar improvisado
entre mástiles revestidos de los colores patrios
ornados de guirnaldas, escudos y gallardetes de todas
las naciones.
Con paso majestuoso, adelantóse el Ilustrísimo
señor Escalada, a tiempo que coronada de flores
avanzaba lentamente hacia el altar "La Porteña"
y la "Argentina" (las dos primeras locomotoras)
para esparcir sobre ellas el agua bautismal, bendiciendo
el venerable prelado la vía la locomotora y los
viajeros.
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Alfonso
Carranza, primer maquinista de "La Porteña". |
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En
ese momento que era la primera hora de la tarde, se
asestaban focos de cuatro daguerrotipos, y el clisé
del activo fotógrafo Pozzo , reprodujo con fidelidad
la viva escena del instante solemne y conmovedor.
Al soltar bandadas de palomas mensajeras, esmaltaron
el firmamento claro y sereno, llevando la buena nueva
a otras regiones.
Al pasar el tren rápidamente sobre el elevado
puente del Once de Setiembre, un compadrito de clavel
en la oreja, cruzó al galope bajo aquel gritando:
"VIVA LA PATRIA".
En aquella plaza de frutos del país, doscientas
carretas vacías abrían sus negras bocas
al cielo y sus pértigos en descanso, vencido
el buey por el vapor.
Un gaucho viejo venía entrando entre nubes de
polvo con su tropa de ganado a los corrales; desmontóse
luego e hincando sobre el pasto se persignó al
pasar la locomotora, descubriéndose al secarse
con el poncho lágrimas de santa emoción.
Al regresa en treinta minutos no faltaron episodios
curiosos como el del muchacho que por apuesta se tendió
entre los dos rieles pasando el tren sobre el ileso
y el del valiente cacique Tanquetruz subiendo miedoso
a buscar donde escondían el caballo ."come
carbón y respira llamas."
Aquellas dos primeras leguas de rieles han valido más
a la vida y al adelanto de Buenos Aires, no obstante
las guerras posteriores, que cuando se proyectó
y realizó en todos los cuarenta años anteriores.
La primera línea partía de la manzana
comprendida entre las calles Tucumán, Cerrito,
Viamonte y Libertad (la misma donada por Rosas a los
soldados que participaron en la expedición al
río Negro) adonde se construyó la estación
principal (sitio donde se encuentra ahora el teatro
Colón).
Luego
atravesaba la actual Plaza Lavalle (del Parque, entonces),
enfilaba por calle Lavalle hasta tomar la curva y contracurva
de los "Hornos del Rayo" , tambien llamadas
"las Curvas de la Muerte" por los numerosos
descarrilamientos que tuvieron lugar aquí (hoy
calle Rauch), doblaba por Corrientes hasta Centro América
(hoy Pueyrredón), y por ésta entraba en
la estación Once. Del Once la vía seguía
paralela al Camino Real (hoy Rivadavia) con estaciones
en Caballito, Flores y Floresta, terminal de la línea.
En la actual calle Lavalle, a la altura de Montevideo
vivía un cuartedor, cuyo caballo era el crack
de las cinchadas.
A este buen caballero y algunos amigos se les ocurrió
desafiar a La Porteña a una cinchada con el bayo.
Los hermanos Allan traviesos y de excelente humor, aceptaron
el reto. Se cambiaron las apuestas, La Porteña
fue enlazada, el bayo hizo pie y ocurrió algo
inaudito.
En medio de la burlas y aplausos de la paisanada La
Porteña se moviò ante el empuje del bayo
y principió a retroceder.
Cuando era ya un hecho la derrota, la suerte cambió
para el bayo y su propietario. Dio un resoplido la locomotora,
restalló el lazo al romperse y en una nube de
lodo rodó por los suelos aquel Quijote criollo
con su maltrecho rocín.
Los Allen, a fin de infundir confianza al criollo, habían
dado máquina atrás, para luego, probarle
el valor de la locomotora.
Por decreto del 29 de abril de 1878, se le prohibió
al F.C. del Oeste el hacer correr trenes entre la estación
Parque y la del Once de Setiembre, dándole, al
efecto, el plazo de un año para levantar sus
vías.
Pero solo fue cumplida esta resolución el 1º
de enero de 1883, fecha en que cesaron de llegar los
trenes a la estación Parque.
El 30 de agosto de 1887, trigèsimo aniversario
del F.C. del Oeste, se entregaron al servicio público
la estación de La Plata y los talleres de Tolosa.
Estos fueron proyectados por el ingeniero Otto Krause,
quien dirigió su construcción completa
hasta terminar".
Esta
crónica, textual, de W. Rögind, fue publicada
en el año 1927 por la Revista del FCS
Las ilustraciones corresponden a la citada crónica
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Croquis, de comparación, entre el primitivo
riel utilizado en la primera línea
del FCO y un riel "moderno". |
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Un aniversario Glorioso
El Primer Ferrocarril Argentino
Así
titulaba el diario Bahía Blanca, a una crónica,
publicada en sus páginas el 30 de agosto de 1907,
y que decía:
"El
12 de enero de 1857 se labró la primera acta
para construir un FC en Buenos Aires.
Suscribieron el acta, entre otros, los señores
Castro Madero, Castinan, Gowland, Maschwitch, M. Haedo,
M. Miró, etc.
El 25 de febrero se contrato la construcción
y explotación de la mencionada línea.
Entre ésta fecha y el 29 de agosto de 1857 se
convino en hacer transferencia de los derechos al gobierno
de la provincia de Buenos Aires de modo que cuando en
dicha fecha se corrió el primer tren entre el
Parque (hoy Plaza Lavalle) y la Floresta (hoy Velez
Sarsfield) ya la línea pertenecía al gobierno
provincial. Su extensión era de 7 kms.
Al día siguiente, 30 de agosto, día de
Santa Rosa, se inauguró esta línea, la
primera de la República.
El primer viaje fue realizado por un tren especial en
el cual iba la comitiva oficial y varios ingenieros.
La vía férrea en su extensión total
de 7 kms. fue construída con rieles de todas
clases y condiciones y en algunas partes se emplearon
barras de hierro cuadrados de m 0,06 x 0,06 y varios
metros de largo. Esto obedeció a la circunstancia
de haberse perdido en alta mar el buque que conducía
la última carga de rieles.
Actualmente pueden verse éstas barras de hierro
que sacaron de apuro a los constructores convertidos
en columnas de la verja de una de las quintas más
próximas a la estación Flores dando frente
a la vía férrea.
Cinco eran las estaciones sin contar las paradas, a
saber: 11 de Septiembre, Almagro, Caballito, Flores
y Floresta.
El material rodante estaba formado por dos locomotoras
La Porteña y La Argentina, 2 coches de primera
clase, 2 de segunda, 2 de tercera y 8 vagones entre
cubiertos y plataformas.
La empresa del Oeste contrata como maquinista al ingeniero
Thomas Allan que trabajaba como maquinista del vapor
Constitución, que hacía la carrera entre
Buenos aires y Montevideo.
Habiéndose concluído por aquella época
la guerra de Crimea se encontró en ello una ocasión
para comprar material rodante barato. Por ésta
circunstancia la primera vía férrea en
la Argentina fue de trocha ancha que es la adaptada
en Rusia.
Las locomotoras adquiridas en Europa, en las condiciones
a que hacemos referencia fueron armadas en el Parque
(hoy plaza Lavalle) por el ingeniero mecánico
Juan Allan bajo la dirección de su hermano Thomas.
En el transporte de las calderas desde el puerto al
Parque se produjeron muchas peripecias dando ocasión
a escenas pintorescas que atrajeron gran cantidad de
curiosos y causaron el asombro de muchos pacíficos
vecinos de Buenos Aires.
No habiendo carros suficientemente fuertes para cargar
calderas, de las cuales una sola pesaba 2100 kilos,
se encargó de resolver la dificultad el mecánico
don Juan Bums quien despues de luchar con todas las
dificultades inimaginables como la falta de elementos
y los malos caminos consiguió colocarlas sobre
varios carros especialmente preparados.
Uno de ellos estuvo encajado frente a la iglesia de
San Miguel, calle de La Piedad esquina Suipacha, por
muchos días, pues todas las yuntas de bueyes
que pudieron conseguirse para tirar del carro no consiguieron
sacarlo del pantano.
El primer tren fue corrido yendo como maquinista don
Juan Corasi bajo la vigilancia de don Juan Allan.
El servicio de vías y obras y tracción
estaba bajo las órdenes de don Thomas Allan.
El primer administrador del FC fue el sr. Luis Elordi.
El servicio de trenes los primeros tiempos fue limitado
porque el pueblo que les temía preferían
servirse de otros medios de transporte para realizar
sus viajes.
Existe en la actual estación 11 de Setiembre
la campana que avisó por primera vez a los pasajeros
se preparan para tomar el tren.
Esta campana relegada al lote de las cosas inservibles
fue recojida y conservada por el sr. Alejandro Lértora,
actual gerente del FCO.
Los hermanos Allan tendieron y hablaron por el primer
hilo telegráfico entre la estación Parque
y Cabildo ( hoy Tribunales) por medio de los aparatos
alfabéticos e implantaron después el sistema
Morse, hoy existente.
Tambien armaron los sres. Allan las primeras máquinas
en el depósito de la Recoleta y el antiguo tanque
de la plaza Lorea que fue por muchos años la
admiración de la gente."
Los puertos del FCS
Un país exportador de cereales,
como el nuestro, necesitaba rapidez en la colocación
de las cosechas, en los mercados mundiales, de alli la
obligación de que, tanto el transporte ferroviario
como el marítimo, pudiera realizarse con la mayor
rapidez posible, lo que dependía a su vez de la
capacidad de recepción y embarque en los puertos.
Con visión de porvenir y dado los progresos del
país como Nación exportadora a gran escala,
la empresa del FCS inició en 1885 la construcción
de un muelle propio en la ribera sur del Riachuelo, cuando
aún no se pensaba en la construcción del
Puerto Madero.
Casi en forma simultánea la misma empresa obtuvo
la concesión para la construcción de un
muelle en el puerto de Ingeniero White, cimentando de
esta manera las bases del actual puerto, el más
importante del país.
El 25 de septiembre de 1885 se habilitó el muelle
(en curva) del FCS en el puerto de Bahía Blanca,
construído a un costo de 70.000 libras esterlinas
con espacio para atracar a sus costados tres buques de
ultramar y tres de cabotaje en forma simultánea.
Estos trabajos del ferrocarril dieron lugar a la construcción
de edificios para aduana y resguardo por parte del Gobierno
de la Provincia.
En 1889 la empresa daba cuenta al Poder Ejecutivo de la
Nación de haber terminado por su cuenta el dragado
del banco que existía por entonces en la desembocadura
del arroyo Napostá hasta una profundidad de más
de 42 pies con marea ordinaria.
En 1900 el FCS comenzó la construcción de
un muelle en forma de T que ampliaba los 220 metros del
primitivo muelle a 980 metros lineales del conjunto.
Como muelle de acero era uno de los más grandes
del mundo y a sus costados podían atracar diez
vapores de ultramar y varios de poco calado.
El muelle de los elevadores de chapa, en White, de la
empresa ferroviaria, fue inaugurado el 24 de marzo de
1908.
Los dos elevadores construídos por aquel entonces
tenían 72 silos con una capacidad de almacenaje
de 9.000 tons. de cereal a granel y piso suficiente para
el depósito de 4.000 tons. de cereal embolsado.
En el año 1932 fue construído por el FCS
un tercer elevador de hormigón armado con capacidad
para 80.000 tons.
A poca distancia de White se encuentra Puerto Galván
construído por el FCBBNO y ampliado por el FCBAP.
En el año 1924 el FCS se hizo cargo de este puerto
(al adquirir el FCBBNO) que con un muelle de 1.350 metros
permitía el atraco de 12 vapores de ultramar con
28 pies de calado. Los elevadores de granos permitían
el movimiento de 5.000 a 8.000 tons. diarias de cereales.
Contaba con galpones de almacenaje con una superficie
de 36.700 m2.
Por último una de las instalaciones de mayor importancia
del FCS era la del Dock Sud, administrada por la Southern
Dock Co. Ltda. Desde la estación Plaza Constitución.
Contaba con 3200 metros lineales de muelles con caminos
afirmados de acceso a las diversas instalaciones del dock.
El canal de acceso contaba con 25 a 27 pies con marea
baja ordinaria.
Superficie cubierta para depósitos : 7 galpones
con capacidad para 46.000 tons.
Disponía de 47 guinches eléctricos y servicios
de aguas corrientes con hidrantes para abastecer a los
buques y energía eléctrica que además
era provista a los importantes establecimientos industriales
que allí se ubicaban.
www.rumboalsud.com.ar
( la revista virtual de Marcelo Arcas, desde Tandil).
//pagina.de/trenes,
(alternativa //pagina.de/ferrocarriles) por Roberto Yommi.
//www.arar-cc.org
, Asociación Rosarina Amigos del Riel.
//www.tranvia.org.ar,
Asociación Amigos del Tranvía.
afena.fateback.com,
el sitio más completo de modelos ferroviarios nacionales
en escala HO.
www.ccbrailroad.com.ar,
(el sitio de Andrés Saez Cox).
museotaller.blogspot.com
(Museo Taller)
undocumentalenvivo.blogspot.com
(Archivo White)
archivocaballero.blogspot.com
(vivencias de un ferroviario)
Del
editor
En septiembre venidero, el día 30, se cumplen 150
años de la inauguración del primer ferrocarril
en nuestro paìs, el FCO.
Presentamos en este boletín dos crónicas
con respecto al tema, una de W. Rögind publicada
en 1927, por la Revista del FCS y la otra por el diario
Bahía Blanca, fechada en 1907.
Ambas con relatos coincidentes y también, dispares
en algún punto; tal vez con visos de leyenda, en
ambos casos.
Pero, la realidad, con respecto al tema central, es que:
"El Ferrocarril" como en todas partes del mundo,
con sus caminos de hierro, marcó, como se dice
cómunmente, una bisagra en la historia de los medios
de transporte y comunicación, que aún hoy,
no solo continúa vigente sino, en franco desarrollo
( en el primer mundo), con el aporte de tecnología
de punta, como lo son los trenes de alta velocidad, magnético,
etc.
Cordialmente
HFG
Boletín
informativo ferrófilo
Caminos de hierro en Bahía Blanca
FC Pago Chico
Año VIII, Nº 37
Es
una publicación de Héctor F. Guerreiro,
desde Bahía Blanca, Bs. As., Argentina
Aparece bimestralmente a partir del mes de marzo.
Distribución gratuita.
[email protected]
[email protected]
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