Sin título


INICIO

ASESORÍA PSICOPEDAGÓGICA GRATIS. INFORMACIÓN PARA TODOS

BIBLIOTECA VIRTUAL DE MARÍA GUINDO:

Biblioteca virtual dedicada a las obras de María Guindo. Literatura para jóvenes y adolescentes. Narrativa indiscreta. Literatura educativa. Educación sexual, valores del siglo XXI.

AZUL ULTRAMAR

No sé muy bien quién ha dicho que, de los muchos hermanos que somos, Óscar es el segundo menos trabajador, después de no sé cual. Ahora resulta que el bueno de Oscarcito tiene un bonito segundo puesto en el rankin de los vagos ¿y maleantes?

De esta mala valoración hacia Óscar, no teníamos ni idea vamos, pero ni noción. ¡Si se fue de casa con 21 años y nunca ha tenido que pedir nada, ni le ha dado sablazos a nadie! ¿Quién habrá sido la mala pécora que anda hablando mal de los hermanos a sus espaldas y metiendo cizaña a mis viejos que ya no están para que les demos disgustos? Claro que como dice Flavio, para darlos, mi padre está superior.

Con su pan se lo coman y a los cotillas envidiosos que les nazcan trillizos, no, mejor quintillizos, igual que mis gazapos, que por fin han salido de su madriguera, pequeños, perfectos, corriendo como flechas a sus casi tres semanas de vida. Y yo que pensaba que se habían ahogado por las lluvias torrenciales de los días pasados. Ay, qué alivio cuando he visto al primero mirando con su cara chulita:

Aquí estoy yo, parecía que andaba pensando con sus manitas en jarras. Y claro, donde ha sobrevivido uno, han sobrevivido más y hasta ahora, que yo haya visto, tenemos cinco de Sussi, más los cuatro de Pirracas, gordos de tanto mamar.

Tan contento, pienso que algo llevo en la sangre que me hace feliz al ver tanto gazapo junto.

En el fondo lo de mis padres, que criaron tantos hijos, es también comprensible y hasta encomiable, aunque a muchos les parezca una barbaridad. Que yo sepa, mis ancestros no han tenido que regalar o vender a ninguno de sus vástagos. Óscar, como era de esperar estaba disgustado, después de tener que escuchar cosas como que si todos tus hermanos van por delante de ti, que si estás majareta, o mejor dicho: de psiquiatra. Y claro, ésta, –estar de psiquiatra– es la auténtica descalificación personal en nuestra cultura, es como una enmienda a la totalidad, es como decirte: habla chucho, que no te escucho, total, para qué van a escuchar a un pobre loco, si nunca va a tener la razón, (porque la locura, como todo el mundo sabe es la sinrazón).

Según parece, estaba el muy perezoso trabajando, cuando se acordó de nuestra madre que se quejaba de lo poco que les visitaba, y se preguntó por qué no hacer una escapadita y comprarle alguna cosa mona, para luego ir con ella. Y se fue sin ser visto o quizá habiendo sido visto y fichado por la conserje chivata. ¡Qué más da! Una madre es lo primero y un padre, lo segundo, aunque te fastidien sin darse cuenta.

Cogió el coche, lo sacó de su plaza y dio un par de vueltas por el barrio para ver si encontraba unos “chinos” y como no los veía, se metió por dirección prohibida en aquellas calles, famosas por la muy celosa vigilancia policial de tráfico que consigue multas al por mayor.

No contento con su hazaña, se subió a una acera para aparcar de primera junto a un local: Contra corriente y tapando el paso a los peatones, ganándose por ello una mirada reprobatoria del comerciante que no se creía lo que estaba viendo. Pero Óscar, poniendo cara de niño bueno, lejos de darse por aludido, le preguntó:

–Oiga usted, ¿sabe por dónde hay unos “chinos”? El mercader pasmado, le dio unas indicaciones y Óscar salió corriendo al tiempo que el de la tienda cerraba, por si acaso. Óscar buscaba algo bonito de cerámica para su madre, pero se le hizo tarde, buscando entre todos aquellos objetos sin sentido y salió a la calle. Allí dio varias vueltas sobre sí mismo hasta comprender que estaba del todo perdido. Súbitamente escuchó una voz familiar que le preguntaba: – ¿Estás mareado? –Uy no qué va, estoy buscando mi coche, que lo tengo un poquito mal aparcado y no sé dónde. La discípula de mi hermano le pidió alguna pista para poderle ayudar: –Ah sí, ya me acuerdo: había una tienda donde vendían esas copas o copones que les dan luego a los deportistas, ¿Sabes lo que te digo? –Bueno...No sé, pero vamos por aquí, dijo Rosarito sabiendo muy bien hacia dónde iban.

Llegaron enseguida y Óscar se admiró de lo mucho que cantaba el coche amarillo chillón mal aparcado en el sitio aquel. –Mira, profe, ahí está la tienda de trofeos (y dijo la palabra en voz alta para que Óscar la aprendiera de una vez).

–Ah claro, eso es lo que yo quería decir. Ay, qué cabeza. –Anda, que te llega a ver la poli y te mete un paquete que hasta de muerto te ibas a seguir acordando.

–Bueno Rosarito, si no es por ti... Y Óscar, el pasado de rosca, arrancó el coche dirigiéndose a casa, porque había perdido todo el tiempo que se había tomado gratis por primera o segunda vez en su vida y ya era muy tarde. Por el camino mi hermano se iba preguntando cuál de los dos era el verdadero límite, si su avispada alumna borderline o el pedagogo educador demasiado despistado y un poquito transgresor, o sea, él mismo.

El día siguiente, Óscar regaló a nuestro padre cuatro figurillas de Belén, representando otros tantos trabajadores en diferentes oficios:

–Toma papá en premio a tu amor al trabajo. Pero lo dijo de buena fe y sin retintín, lo dijo en serio, como sólo los Pérez sabemos ponernos: a veces, demasiado serios. A nuestra madre le dio una botella de cristal azul ultramar y también muchas caricias. Ella dijo muy bajito: –Son de los chinos, ¿verdad? –Bueno sí, pero de los buenos.

María Guindo, septiembre 2008

Hosted by www.Geocities.ws

1