Romance del águila y el león
Un animal tarado come unos huesos con pasión
Su boca resalta el rojo medallón de carne;
Locas alas mueren en libertad, caídas salvajes del aire
El tiempo es veloz para esta velada selvática
Donde el calor no interfiere en la digestión del amante devorador
Situado bajo la sombra de un árbol soñador.
Su amada siempre lo observó del aire
Y él siempre fue dueño de todo anhelo;
Solo compartirá un instante este frívolo amante la feliz presa del desastre
Con su pequeños infantes, que contentos lamerán sus patas y, emocionados
Sentirán el amor de su frívolo padre.Este amante, dueño del amor y de la carne
Es un inconfundible tesoro del arte que,
Junto a su celesial amante
Se va escapando en el sueño de esta tarde
Digiriendo el placer, del amor y del hambre.October de 2000, año de amor.
Por Pablo Molinari