En la soledad de un valle
 

Espero al dueño de los sueños,
para que me saque de éste valle
quejumbroso en que mueren las quimeras.
Valle donde se separa mi sombra de su luz,
donde necesito beber el sudor de su piel.

Valle desolado y oscuro,
donde su imagen se me cruza
como un ángel de esperanza:
Tan dulce, tan inocente, tan pura.

Dueño de los sueños, ¡traedmela!,
necesito beber de esa pureza
que desborda en cataratas
erosionando mi cuerpo.

¡Traedmela!;
no dejes al descubierto mi alma
anhelante, que infunde este
apetito voraz sobre su belleza.

¡Traedmela!;
para que este valle silencioso
se transforme en bosques y jardines
después de que el eco de su vos
le dé la luz de la vida.

 



 
 


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