Trepanosomos

A Andrea


Recordaba haber sentido con frecuencia en la cama cierto dolor, producido sin duda por alguna postura incomoda, y que, una vez levantado, resultaba ser obra de su imaginación...
Franz Kafka “La Metamorfosis”

       He visto hace mucho tiempo, un huevo muy pequeño de color blanco, que luego se torno de un color amarillento, o rosado. Se encontraba en una masa gelatinosa, ligada por una secreción, muy pegadiza, sin forma.
        Eran muchos los huevos como éste, más de trescientos, pero había uno en particular que me llamaba siempre la atención, y entonces lo veía todas las noche antes de irme a dormir.
        Lo había observado todas las noches durante dos o tres semanas, hasta que cambio; se transformo en una joven ninfa, sin que yo haya podido ver su metamorfosis.
        Ella se escondía siempre durante el día, pero por la noche, mientras pensaba que dormía, salía de su rendija, que estaba pegada a la pared junto a mi cama, y me observaba; y yo la observaba a ella; con su pico recto y fino, antenas insertadas en ambos lados de su cabeza, ésta aparecía extrañamente alargada delante de los ojos, su tórax era constreñido en su región interior o media. No me es fácil decir cual era su color, nunca fui bueno para distinguir colores que no sean los primarios, pero creo que se encontraba entre el blanco y el pardo, también estaba salpicada con manchas rojas, o amarillas, de formas muy irregulares.
        Me quedaba totalmente inmóvil, esperando que saliera de su escondite; y así lo hacia, salía unos milímetros de la puerta de su caverna y me observaba sigilosa, esperando mi más leve movimiento, para adentrarse nuevamente en su guarida, y eso también así lo hacia en cuando mi respiración cambiaba, o mi corazón se aceleraba. Aveces creía que podía escucharlo.
        Me relajaba tanto esperando que la ninfa saliera, que me terminaba durmiendo. Cada día que pasaba se me hacia mas difícil levantarme, sintiendo el cuerpo mas pesado por mañana, y me daba cuenta de que estaba durmiendo menos, solo para poder observarla.
        Una de esas tantas noches recuerdo que la vi esconderse en su guarida, donde tubo que hacer un gran esfuerzo para meterse, ya que había realizado una muda y se encontraba más hinchada y más peluda. Seguro de que se había alimentado sonreí y continúe durmiendo.
        A la mañana siguiente el cuerpo me pesaba verdaderamente demasiado, tanto que sentía que no podía ya levantarme, aunque en aquel ultimo intento lo logre. Ese día estuve totalmente fatigado y rodaba en mi cabeza la curiosidad de aquel alimento que había ingerido, que debería de ser, por lo menos unas diez veces su peso. Tanto imaginar me produjo tal revoltijo en el estomago, que cuando regrese a mi casa fui directo al baño, donde tuve que devolver lo poco que había comido aquel mediodía. Me observe en el espejo, y note tal oscuridad alrededor de mis ojos que me asuste, al ver como resaltaba frente al contraste que hacia con el resto de mi desvaído rostro.
        Me dirigí directo a la cama, y caí totalmente exhausto, pero mi intriga por verla era terrible. Mantuve la luz lo más alejada posible, sabiendo que si no, no saldría, y espere a su encuentro. Cuando salió, me di cuenta de que ya era otra, había mudado nuevamente, y se alejaba de su guarida con mas confianza que otros días; cambié el tiempo de mi respiración, para ver como regresaba con su habitual rapidez, pero solo dejo de moverse; intente moverme solo apenas, para ver si la espantaba... pero no pude, estaba tan cansado, que ni siquiera lo intente nuevamente y me deje llevar por el sueño.
        Al despertar, me dolía todo el cuerpo, lo sentía más pesado que nunca, -me excedí en sueño-, pensé, mientras miraba de reojo el escondite de las ninfas, que recordaba había visto.
        Aquel día no me levante, no tenía ganas, o no podía hacerlo. Ya no sabía lo que pensaba, y no tenía ni siquiera noción del tiempo.
        En la ultima noche de esta pesadilla pude observar que salía nuevamente, y esta vez en su ultima mutación había adquirido alas, como lóbulos redondeados.  Ya como un año había pasado, y aquel huevito de color blanco se había transformado en una ninfa adulta. Entonces, sentí un fuerte desprecio por aquel pequeño monstruo, e intente aplastarlo durante el vuelo, pero fue totalmente inútil, no pude siquiera mover un dedo.
        Ella se poso sobre mí, pero no puedo decir exactamente en donde, por que sentí solo un cosquilleo que me recorrió desde el pecho hasta el cuello. Entonces, vi que la segunda salía de la grieta -que ahora se extendía en casi medio metro-, ¡y la tercera!, ¡y otra!, y de otras grietas que jamás había visto, de los nudos de mi cama, de los muebles, debajo de la alfombra, salían, ¡una, y otra, y otra!.
        La desesperación se apodero de mí, surgían pensamientos de todo tipo dentro de mi cerebro, imágenes en las que no podía encontrar un único sentido, cruzaban unas tras otras, y volvían a hacerlo. Imágenes en las que me veía recostado, totalmente inmóvil, y succionado hasta parecer una pasa de hombre. Hundido en aquella desesperación, junte todas mis fuerzas con mi esperanza, ¡y lo hice!, me levante tan bruscamente que sentí que flotaba, y comencé a correr, o a deslizarme; salí del cuarto, y no he regresado durante todos estos años, hasta hoy.
        No sé que me ocurrió en el transcurso de este tiempo, no sé si estuve muerto, o he cambiado, pero en mi cuarto ya no hay muebles, ya no hay alfombras, y tapé con enduído, hasta la más pequeña de las grietas, para poder dormir tranquilo, como si estuviera dentro de un bello huevo de color blanco, o amarillento rosado.



 
 


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