En el Palacio de la Venganza
...Quienes llegaban veían en aquel valle de la Dicha, a través de dos ventanas transparentes, a los espíritus que se movían armoniosamente al son de un laúd bien tañido.Edgar Allan Poe, de "La caída de la Casa Usher".
No era más que una noche de otoño, allá por mil novecientos treinta y cuatro; me encontraba en uno de mis transes intelectuales leyendo y fumando de mi pipa en mi balcón, el más horrendo de los balcones de la ciudad en aquella época. Intentaba al fin alejar pensamientos fallidos que me acompañaban incansablemente, ayudándome con la afanosa lectura que domina mis instintos, cuando el resplandor de ciertas luces me hicieron desviar la vista, y entonces... recuerdo, pude contemplar a la distancia, majestuoso, sombrío y señorial, el más lúgubre de los palacios y sus fantasmas que se asoman por sus ventanas brillando en la plena oscuridad de su sombra, haciéndome muecas o saludándome atentamente. Sabía que en cada una de sus muecas escondían algo; por más simpáticas que aparentaban ser, había algo que no cerraba.
No podía dejar de observarlo, estaba ahí contemplándome a lo lejos; aquel palacio que nunca antes había visto, erigiéndose ahí delante de mí, rozando las nubes que hacía unos momentos flotaban solitarias.
Observe mi pipa, pensando, tratando de recordar que extraña hierva estaría yo fumando como para alucinar semejante belleza, pero al vaciarla sobre mis manos pude sentir el suave aroma del tabaco que surgía entre mis dedos. Lo arrojé y restregué mis ojos, pensando que tal vez la soledad estaba penetrando en mí, produciendo aquel desequilibrio mental del que tanto me habían hablado. Volví a fijar aquella imagen, cuando flotando en la nada, se posó frente a mí el más simpático de aquellos espectros, que hizo que me levantara repentinamente haciendo que cayera el libro que sostenía sobre mis piernas. Me observo con sus órbitas oscuras y me tendió sus manos, elevándome. Dejé atrás las balaustras de mi balcón rogándole a aquel espectro que no me dejara caer, y flotando en plena oscuridad fuimos empujados por una ventisca que nos llevo en cuestión de segundos hacia sus aposentos.
Al entrar por una de sus aberturas redondeadas que se encontraban a gran altura, mis pies buscaron rápidamente el sustento del piso granítico que reflejaba en plena oscuridad la luz de la luna. Voltee rápidamente esperando encontrarme con aquel fantasma que allí me había dejado, en busca de algunas respuestas... pero él había desaparecido. Continúe caminando por el sendero que la luz lunar me mostraba, cuando comencé a escuchar gritos, gritos fríos y secos que retumbaban en las paredes que podía imaginar ocultas detrás de aquella oscuridad infinita. A medida que me fui adentrando pude observar delante de mí un pasillo decorado con antorchas que proponían en medio de sombras movedizas un color anaranjado a sus paredes. Entré en él, y note el eco de aquellos gritos.
Que espantoso momento fue aquel; me preguntaba por qué yo tenía que estar ahí, por qué causa mi castigo sería aquel que me había arrastrado ante las puertas del mismo infierno o hasta su propia antesala.
Intentaba recuperar el poco animo que me quedaba, cuando detrás de mí sentí un frío aterrador que adormeció mi cuello; me volví con el corazón en la boca... y nada, gire nuevamente y sentí que mi pecho se habría al medio al encontrarme con aquel rostro desvaído delante de mí.
- No tengas miedo, solo vengo a guiarte hacia el lugar que te corresponde.- dijo con una vos tan quebrada como sus labios aquel hombre de mediana estatura que se ocultaba en una manta.
- ¿Y a donde es que me llevas?, ¿y por qué estoy aquí?. - Dije exaltado.
- Ya lo veras... - concluyo.
Repetí una y otra vez aquellas preguntas, pero el sujeto se había adelantado unos paso y en silencio se mezclaba ante la oscuridad venidera.
Continuamos caminando por aquel pasillo, cruzando montones de puertas a cada lado de sus paredes, de las cuales escapaban sonidos ensordecedores, ahora acompañados por los más fétidos olores que jamás halla sentido, olores nauseabundo que revolvían mi estomago al solo imaginar su procedencia. En una de aquellas puertas, escuche las suplicas de una mujer que parecía agonizar, me detuve por unos segundos delante de aquella y pude notar que entre sollozos, pronunciaba un nombre, un nombre totalmente extraño para mí; lo pense nuevamente, dirigí mi mano derecha hacia el picaporte de hierro, y casi en el mismo instante en que me decidía a hacerlo, una mano huesuda sujeto mi muñeca.
- No lo hagas, si entras allí nunca más podrás salir.
- Pero está sufriendo, ¿no la escucha?.
- Sí, tras esas puertas, todos están sufriendo. - Me dijo aquel espectro que cada vez se hacia más real, o al menos cada vez se parecía más a mí. Se adelanto nuevamente y no volví a escucharlo.
Cuando terminamos de cruzar aquel pasadizo que me pareció infinito, se abrió ante mí un salón iluminado a la distancia por un grupo de candelabros. A sus costados podían verse reflejadas altísimas columnas redondas unidas por grandes arcadas a una cúpula superior. Miraba a ambos lados, deslumbrado ante aquella belleza maligna que tanto me fascinaba. Comencé a sentirme un poco mejor, no me podía quejar, después de todo aquel individuo se había mostrado muy cortes y educado, y no veía por qué tenía que afectarme a mí su forma o sus vestimentas.
Observaba el punto central hacia el cual parecíamos dirigirnos, no podía distinguir que había en medio de aquellos candelabros. De repente, mi guía se detuvo, se hizo a un costado, y en una especie de reverencia me indico el camino con uno de sus brazos para que continuara solo. No sabía que hacer, titubee unos segundos, comencé sentir calor y a sudar ante el temor inesperado, trate de enfocar mi vista en aquel punto, pero no podía, me sentía mareado nuevamente, me detuve, sequé de mi frente el sudor, me volví sobre mis pasos esperando encontrarme con aquel que me había aconsejado, pero tampoco estaba. ¿Que podía hacer?, ¿salir corriendo hacia la oscuridad, o buscar al menos el significado de aquella luz que tenía delante mío?. Apreté mis mandíbulas, y seguí adelante.
Ahora más que nunca tenía ganas de marcharme de aquel lugar, me sentía observado, incomodo, quería que aquello terminara de una vez por todas, sea cual fuese el resultado, no me interesaba, pero tampoco me interesaba volver a mi casa, a la triste soledad que me paralizaba. Si estaba allí era por algo, y deseaba saberlo, me intrigaba saberlo.
Aceleré mis pasos, pero seguía sin distinguir aquello que tenía en frente, y a medida que me acercaba aumentaba el calor, me ardía el estomago y me sentía más y más débil. De repente el silencio comenzó a disiparse, unos coros lejanos surgieron entre aquella oscuridad, de donde podía sentir la presencia de sus autores que proclamaban venganza. Comencé a correr con todas mis fuerzas hacia la luz, pero al poder distinguir aquello que se encontraba en medio... me detuve por completo.
Debajo de aquellas llamas que ahora parecían iluminarlo todo; pendía el cuerpo desnudo de una mujer sujeto por medio de sus manos a una pared adoquinada. Se encontraba arrodillada con su cabello cubriéndole el rostro; me acerque lo más que pude, impedido de tocarla por una fosa que nos separaba, y de donde surgió la voz más tenebrosa y elocuente que podría haber escuchado jamás:
- Este es el reino de la venganza, donde los asesinos decapitados imploran clemencia a sus víctimas asesinadas; donde yacen los violadores azotados por los violados, donde se paga el robo, la traición, la injusticia... donde tu venganza será hoy consumada; así se pagan aquí las traiciones al corazón las que destrozan los sentimientos, las que rompen las promesas del amor. Solo tienes que desearlo, desearlo con placer. La venganza es el placer que los dioses te hemos otorgado, solo debes desearlo y caerá por este pozo que es tan profundo como el hueco que ella ha sabido dejar en tu corazón. Y a cambio se te otorgara tu vida anterior, sin vacío, sin estupor en el alma, sin el dolor creado por la desilusión.
Aquellas palabras habían introducido en mí un sentimiento de venganza. Las ataduras comenzaron a aflojarse y su cuerpo hizo el primer leve movimiento hacia delante, y otro..., y otro, su cabello pendía ya cerca del foso, perdiéndose en la oscuridad... hasta que zafó.
Mis manos fueron tan rápidas en aquel momento que pude sujetarla antes de que el susto llegue a mi pecho. Había logrado retenerla por sus brazos mientras que su cuerpo ya parecía tragado por la oscuridad. Salió entonces de mí, aquella misma fuerza que me había llevado hasta ahí, y por fin, logre subirla. Me quede arrodillado, abrazándola por unos segundos, fueron los últimos segundos. Parecía dormida, la apoye en el suelo, dejándola tendida con su cabello a ambos lados del rostro que ahí sí, logre ver. La bese en los labios por ultima vez y me aleje para siempre, y entonces nunca jamás, volví a escuchar a su corazón, ni al eco de la venganza.