GARRAS
La otra noche soñé
con un inmenso león. Esta hermosa bestia estaba acostada a unos
veinte metros y me observaba, di un paso hacia él y se levantó
exaltado mostrando apenas su filosa dentadura. Entonces lo mire a los ojos
y los reconocí, aquellos eran los ojos del temor. Seguí
acercándome, pero él mantenía su distancia.
No podía comprender
por qué semejante bestia tenía tal temor frente a mí,
hasta que noté un cosquilleo detrás de la palma de mi mano
izquierda, al bajar la vista observe que estaba totalmente ensangrentada,
y sujetaba firmemente en ella una pistola negra de grueso calibre.
Entonces en medio del sueño recordé haber matado anteriormente
otros animales, volví la vista sobre mis pasos y en un sendero de
sangre que se abría en medio de la selva, la muerte rondaba con
olor a pólvora en medio de montones de cuerpos caídos y despedazados
que, yo personalmente había procurado despedazar.
Fue así como sentí
el poder, que poco a poco fue transformándose en el mismo dolor,
dolor por aquel animal; ¿como podía yo haber hecho algo semejante?.
Volví a mirarlo y
me acerqué más, quería tocarlo y algo dentro de mí
detestaba aquel poder que asustaba, aquel poder que la bestia temía.
Probé acercarme una vez más, solo quería tocarlo,
quería acariciarlo pero se alejaba con su rostro lastimado, un rostro
impregnado de dolor y soledad.
En ese momento lo decidí, ¡arrojé el arma!, y entonces
en menos de un segundo sentí aquel temor... sentí sus garras
sobre mi pecho y mi rostro.
Cuando desperté estaba
muy exaltado, con el corazón bombeante y el cuerpo totalmente empapado
de sudor. Recapacite por unos segundo y pense tratando de recordar... si
alguna vez, fui como aquella bestia.
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